LA NUBE DE ALGODÓN DE AZÚCAR

Por aquel entonces yo habitaba, como un templo sagrado, la mágica edad de cuatro años, cuando, llegado el caso, aún podía presentarse un duende bonachón para poner las cosas en su sitio, y las nubes unas veces traían agua y otras eran de algodón de azúcar.

Como muchas tardes, la profesora de Preescolar nos mandó hacer un dibujo, y yo escogí una escena doméstica. Con trazo torpón pinté una figura vagamente humana metida en una especie de rectángulo horizontal: se trataba del repartidor de la tienda atravesando el pasillo de casa para dejar el pedido en la cocina. Detrás del mozo, como la cola de un traje de novia, se extendía por el pasillo una misteriosa hilera de esferas suspendidas en el aire.

La profesora iba, uno por uno, mirando los dibujos de los niños y, de cada vez, los obsequiaba con exclamaciones de admiración fabricadas en serie. Cuando le llegó el turno al mío, la profesora, que, como casi todos los adultos, confundía la infancia con la estupidez, dijo primero: – ¡Qué bonito! – y luego me preguntó: – ¿Qué es?- Yo continuaba repasando obstinadamente los mismos trazos una y otra vez y, sin dejar de hacerlo, le contesté con mi lengua de trapo: – Un hombre que había en mi casa.- Ella aventuró: – ¿Y viene a visitar a tus papás?- Y yo, sin levantar la cabeza del papel, le aclaré: – No. Es el hombre de la tienda.-  Ella siguió indagando: – ¡Ah! Y esas bolitas que hay en el aire, ¿son globitos que te trae de regalo?- Entonces, levantando la cara con sonrisa cándida y mirada limpia, le contesté: – No. Son los pedos que se tira.-

En un instante perdí la sonrisa, perdí los recreos de toda la semana y a punto estuve de perder mi dentadura de leche. Pero lo que más me dolió fue que aquella mujer con modales de plástico y alma de Torquemada había profanado mi templo, porque acababa de rasgar delante de mí el velo que esconde la doblez del ser humano.

FIN

 

Dedicado a mí mismo cuando era niño.

 

 

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5 Responses to “LA NUBE DE ALGODÓN DE AZÚCAR”


  1. 1 Julián 7 abril 2010 en 7:51

    Me ha sorprendido este relato. Quizá me parece entrañable imaginarte en tu más tierna infancia, serías como un Noel rubio.

    Ya se vislumbraba tu afición por lo que con el tiempo se convertiría en presoterapia.

    Voy a ver si me da tiempo a leer algún relato más (y a asimilarlo, que es lo que más me cuesta).

    ¡Abrazo!

  2. 4 bego 21 febrero 2011 en 16:03

    buenísima la historia. Así es como se machaca a un futuro artista, que la profe lo lleve en su conciencia.

    • 5 José Ignacio 22 febrero 2011 en 12:50

      ¡Bienvenida, Bego! Muchas gracias por tu visita.

      En efecto, creo que todo niño es, por principio, un artista, al menos en la tarea de modelar su propia vida. Luego nos suelen contaminar con la mierda que llevan en la cabeza los demás, pero bueno, supongo que la tarea de sacudirte esa mierda es la que te lleva a ser otra vez tú mismo, pero de un modo más consciente.

      En el caso de aquella profesora, recuerdo que estaba separada (lo cual era casi un “poltergeist” en la España de los primeros 70) y que nos enseñaba dólares de sus viajes a Estados Unidos. O sea, que iba de mujer liberada…

      Un abrazo,

      JI


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