¡AGÁRRENSE A SUS ASIENTOS…!

            Cuando yo era pequeño, Antonio Lobato era un chavalín poco mayor que yo y las retransmisiones televisivas de la Fórmula 1, en blanco y negro, eran capaces de dormir a las cabras. Todo comenzaba con ese círculo en pantalla y esa música tan característica, que anunciaban la conexión con Eurovisión, luego una voz en off que te informaba de que iban a retransmitir las cinco últimas vueltas  – eso era todo lo que se daba – del Gran Premio de donde fuera y, finalmente, unos cuantos puntitos haciendo un ruido grave y moviéndose por el gris de la pista, rodeado del gris de césped. Por supuesto, no había planos subjetivos desde el monoplaza. El comentarista utilizaba poco más o menos el mismo tono con que Matías Prats retransmitía el fútbol para informarte de las evoluciones de pilotos con nombres impronunciables. Lo más parecido que existía a la Play era aprovechar esas migajas de F1 para mirar a la pantalla de la tele con cara de velocidad mientras, con los brazos semi extendidos, hacías girar a izquierda y derecha un plato de postre fingiendo que aplicabas un esfuerzo muscular extremo. Pero todo eso a mí me gustaba, me gustaba mucho.

            Las carreras eran otra cosa. Sigo recordando con angustia a Niki Lauda en su Ferrari envuelto en llamas en aquel lejano 2 de agosto de 1976, en Nurburgring, y sigo maravillado de que sobreviviera – por lo visto llegaron a darle la extremaunción – con la sangre envenenada por los gases del incendio, y sigo preguntándome, entre la curiosidad morbosa y el miedo, por los horrores que oculta el hoy anciano bajo su eterna gorra juvenil. Los pilotos, como ahora, se hacían una foto de grupo al comienzo de cada temporada, pero, mientras posaban, todos sabían que, estadísticamente, al final del año dos de ellos ya no existirían… Sí, eran tiempos duros.

            La última temporada que seguí al completo fue la de 1982, con el duelo entre los atmosféricos y los turbo y con Keke Rosberg, envuelto en constante polémica por sus maniobras en pista, que se salvó por los pelos de convertirse en el campeón del mundo de F1 más gris de la historia, porque estuvo a punto de conseguir el título sin una sola victoria. Del año 1983 sólo me llamaron la atención algunas escaramuzas protagonizadas por Nelson Piquet con aquel BMW que parecía un brick de Parmalat gigante. Luego la F1, que tanto me había gustadoo, se marchó de mi vida sin saber por qué.

            En 1994, ya desconectado por completo del mundo del motor, la muerte de Ayrton Senna me llegó simplemente como una noticia de información general, y sólo me hizo pensar que, en el fondo, Senna había sido afortunado por su vida tan intensa aunque breve, pero lo sucedido no me trajo ningún eco especial de mi infancia.

            En 1999 el accidente de Schumacher en Silverstone me llegó a través de un diario que ojeaba en el hospital donde acababa de nacer mi hija, pero esa vez ni siquiera le dediqué una reflexión de corte general a la noticia, tan ocupado como me tenía esa muñequita de aspecto frágil e imponente al mismo tiempo, que parecía que se iba a ir cada cosa por su lado al cogerla en mis brazos torpones de padre primerizo.

            Y así llegó el 2005, en el que pasé por un momento difícil. Un domingo a mediodía, no sé por qué, encendí mi denostada tele y oí el aullido del motor V10 de aquel asturiano que tenía a toda España pendiente de si sería capaz de hacer realidad lo que parecía ciencia-ficción. Y, en respuesta a ese aullido, la memoria me trajo el sonido más grave de los monoplazas de antaño.  Aquello fue como descubrir por accidente un juguete que enterraste de niño en el jardín. A partir de ahí me enganché otra vez a la F1 con la fuerza que sólo surge del afán de recuperar el tiempo perdido. Grande o pequeño, lo auténtico nunca se va del todo, y siempre se encuentra rebuscando en la niñez.

            La ilusión por ver correr a Fernando Alonso el domingo se convirtió en una buena razón para mirar con otros ojos el resto de la semana. Me contagié de las vibraciones del R 25 y aquel año Interlagos me convenció de que cualquiera que se lo proponga puede, no sólo vivir haciendo realidad el potencial que lleva dentro, sino convertir esa labor en el centro de su vida, pese a todos los obstáculos y, a la vez, gracias a ellos; cualquiera puede llegar a proclamarse campeón del mundo de sí mismo. Por eso el Nano siempre representará algo muy especial para mí. A la vez, cada uno de sus éxitos me ayudó a ir bajando del podio de mi soberbia. Para mi propia sorpresa, empecé a verme a mí mismo como uno más de los que comienzan cada lunes volcados sobre la prensa deportiva, bajo la luz pálida de los andenes del metro, dándole vueltas a la competición del pasado fin de semana y sufriendo, eso sí, con mucho disfrute, por lo que pueda pasar el próximo: – ¡A ver si llegamos “vivos” a la final…! -. Comprendí que lo que antes me parecía banal puede ser, y es para muchos, uno de los condimentos de cada nuevo día que hacen que valga la pena levantarse y vivirlo.

            Luego vino el 2006, y la ansiedad de repetir lo que ya había sido realidad una vez, y la agonía de contemplar esa sangría implacable de puntos de Fernando, perseguido por el Kaiser, y, finalmente, como la llegada del Séptimo de Caballería, la rotura del motor del alemán en Japón, equilibrando así la tuerca de Hungría y la cacicada de Monza. Después, ese 2007 en que no todo es para olvidar: siempre quedará ahí la cara de Fernando, con esa expresión de una intensidad explosiva, aún con huellas de rabia extrema recién convertida en alegría desbordada; estaba en lo más alto del podio de Nurburgring tras haber adelantado a Massa a cinco vueltas del final bajo la lluvia, bajo la lluvia de fuera y bajo la que le seguía cayendo cuando estaba dentro de su propio garaje. Luego la travesía del desierto de 2008 y 2009, hasta el 30 de septiembre del año pasado, en que no quiero decir que “comienza la leyenda”, porque eso ya lo dijo alguien el 1 de enero de 2007, y mira tú…

            Me gusta la F1,  me gusta mucho más que las motos – hay quien es de coches y hay quien es de motos -. Comprendo a quien se aburre pero, aunque no haya adelantamientos, sólo con ver el plano de la pista desde el monoplaza y con escuchar el aullido del motor, y el sonido del cambio de marchas cuando se lanza el coche en las rectas, y al frenar a la entrada de las curvas, ya se me pone la carne de gallina. Es la cumbre tecnológica, pero la paradoja es que toda esa tecnología no valdría nada si no fuera por la humanidad que se esconde en los egos de los grandes pilotos, esos egos tan brutales que en ocasiones los llevan a comportarse como niños y les causan problemas, pero que son la única fuente capaz de inyectar una energía tan desaforada a la competición. Muchas veces se les critica por eso, pero , ¿qué otra cosa más que un ego del tamaño del dirigible Hindemburg puede impulsar a alguien a meterse en un habitáculo que parece una lata de sardinas y a lanzarse, a más de trescientos kilómetros por hora, dentro de un misil atiborrado de gasolina?

            Luego la velocidad opera como una especie de alquimia espiritual, el ego ya no puede seguir al piloto y se va quedando atrás, y alrededor de los 300 Km/h los pilotos prácticamente se convierten en maestros Zen: dejan de pensar, dejan de recordar, dejan de planificar y, por supuesto, dejan de temer; ya no existe el futuro, todo es acción instantánea. Tras la bandera de cuadros, su ego va regresando en la slow-down lap, y al bajarse del coche ya vuelven a ser los de antes, a picarse unos con otros, a mosquearse con el equipo, a responder con suficiencia o a tratar de seducir a la prensa, según los casos, a dejarse adorar por los fans…

            Igual que les pasa a los pilotos, cuando llega el plano subjetivo desde el coche a 300Km/h, el aficionado deja de pensar, y se olvida del oxígeno consumido en cada fin de semana de Gran Premio, de las fortunas tan inconcebibles que se amasan con la F1, en medio de un mundo cada vez más desigual, de los intereses tan poco deportivos que animan a ese deporte, de su carácter despiadado, y entonces, durante un rato que está fuera del tiempo, todo eso se queda atrás y para el aficionado sólo permanece la emoción pura. La F1 es lo más de lo más…

            Los tiempos de Fernando nada más coger el F10 ilusionan. Yo no creo que ni él ni nadie, por muy buen coche que tenga, pueda llegar a acercarse al palmarés del Kaiser, y no es cuestión de talento, es que éste es otro momento de la F1: mucha más competencia, muchas más limitaciones, otras reglas, escritas y no escritas…, pero bueno, ya hemos aprendido a no descartar nada de lo que se pueda llegar a soñar. Deseo muchísima suerte a Fernando en este año en que comienza su andadura con Ferrari; ni que decir tiene que es un deseo muy interesado por mi parte, porque quiero que nos siga regalando tantas emociones los fines de semana de Gran Premio. Y también mi enhorabuena a Pedro de la Rosa, porque se merecía coger este último tren y lo ha logrado, y a Jaime Alguersuari, por haber cogido el primero que se le presentó sin dudarlo. Y espero que Andy Soucek o Adrián Valles, o los dos, ¿por qué no?, también puedan subirse en el primer tren que se les acerque antes de marzo, que no están los tiempos para perder ni un minuto esperando en el andén.

FIN

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9 Responses to “¡AGÁRRENSE A SUS ASIENTOS…!”


  1. 1 J. Arce 4 febrero 2010 en 10:58

    “Me gusta la F1; me gusta mucho más que las motos – hay quien es de coches y hay quien es de motos -. Comprendo a quien se aburre pero, aunque no haya adelantamientos, sólo con ver el plano de la pista desde el monoplaza y con escuchar el aullido del motor, y el ruido del cambio de marchas al lanzarse el coche en las rectas, y al frenar a la entrada de las curvas, ya se me pone la carne de gallina. Es la cumbre tecnológica, pero la paradoja es que toda esa tecnología no valdría nada si no fuera por la humanidad que se esconde en los egos de los grandes pilotos…”
    Amén a esto, aunque un V8 no es nada comparable al añorado V12 Ferrari. Sólo espero que cuando Alonso no esté sigas ahí, disfrutando de esto tan raro que se llama F1.

    • 2 joseignacioandolz 4 febrero 2010 en 12:35

      Muchas gracias por escribir. Para eso se hace un blog, para compartir.

      Sí, desde luego el deporte es el deporte, independientemente de quién esté, lo que pasa es que a veces ese deporte que te gusta se vive de forma más especial aún a través de un deportista en particular con el que, por lo que sea, conectas más.

      Si te ha “calado” el párrafo que transcribes, seguramente te gustará VOLAVERUNT, en este mismo blog.

      Saludos,

      JI

  2. 3 ovif1 14 febrero 2010 en 14:36

    Me has emocionado!!!!!
    Has hecho que se me ponga la carne de gallina con este texto, sobre lo que te sugiere la Formula 1. Se nota que de verdad tu eres de los que lleva la F1, en la sangre. No tengo palabras para describir lo escrito.
    Solo me gustaría comentar, que antes que el Caiser, yo diría, que el insuperable sería Senna, porque Michael cosechó tantos éxitos en clave al coche, que daba mil vueltas a los demás y no tenía ningún oponente. Todo lo contrario que Senna, que demostró que el había nacido para conducir.
    De todas maneras es solo una opinión propia.
    Un saludo y espero leer muchas mas artículos tan buenos como este.

    • 4 joseignacioandolz 15 febrero 2010 en 7:59

      No sabes cómo me alegro de que te haya gustado. “Llegar” a los demás es algo que hace que valga la pena el esfuerzo de escribir. Y no es por intercambiar “flores”, pero yo con tu blog me quito el sombrero. A ti y a “Antuan F1” se os ve una pasión por la F1 y un buen hacer que ya quisieran muchos profesionales. Si te ha gustado el artículo de F1, seguramente también te gustará un relato corto que hay en mi blog que se llama “VOLAVERUNT”.

      De lo del Kaiser estoy de acuerdo contigo. Sin negarle un ápice de su talento, yo creo que se encontró unas circunstancias excepcionalmente favorables durante muchos años seguidos. Hoy las cosas están mucho más ajustadas y creo que lo que él hizo es prácticamente irrepetible. Yo no he vivido nada de Senna, coincidió con mis años de ausencia de la F1, pero muchos aficionados dicen que muchos de los títulos de Schumi hubieran sido para Senna si hubiera vivido más.

      En fin, muchas gracias de nuevo por la inyección de moral y ¡a seguir!

      Un abrazo,

      José Ignacio

  3. 5 mamenf1 14 junio 2010 en 22:18

    Que recuerdos has traido a mi mente leyendo esto tan bonito que has hecho, me quedo sin palabras por que realmente si tengo que contestarte dicindote todo lo que siento al leerlo probablemente esto se me quede corto.
    Solo decirte que yo tambien empeze a ver carreras cuando era tan tan tan pequeña que mis recuerdos son igual de vagos a los de cuando comenze andar, pero poco a poco mis años fueron haciendome conciente en todo y como no, en este deporte tambien, segui pie a pie milimetro a milimetro la carrera del que para mi es el mas grande Ayrton Senna y llore lo indeciso ese 1 de Mayo que jamas olvidare.
    Siento la F1 como parte de mi vida y de mi misma no sabria vivir sin ella, ya en los tiempos en los que aqui en españa no se hablaba ni se veia, bien me tenia que vuscar la vida para aunque fuera de madrugada molestar algun amigo que tuviera antenas y poder verla como mas de una vez la vi por el canal Aleman y Portugues……….en fin hay tantos recuerdos tantas historias.
    Que bonito todo lo que has dicho genial fantastico mi enhorabuena y me alegro de tenerte en mi blog espero devolverte las visitas cada vez que pueda.Un saludo amigo jose
    PD: leyendo esto y viendo muchas cosas por ahi cada dia me siento mas una privilegiada de poder haber tenido la suerte de estar en muchas de esas carreras historicas en vivo y directo esas son imagenes que no salen por la tele las tengo bien grabadas en mi retina y jamas las olvidare, ese sentir solo lo sabemos los que los llevamos en la sangre y es inexplicable con palabras, un gusto poder compartirlo con gente como tu.

    • 6 José Ignacio 15 junio 2010 en 8:21

      Hola Mamen. Muchas gracias por tu visita. Me alegro mucho de que te haya gustado el post. Eres tú quien me ha emocionado con tu comentario. Cuando escribes, es muy bonito sentir que has llegado a alguien. En tu respuesta a uno de mis comentarios en tu blog hablabas de agradecimiento a Fernando Alonso y eso me llevó a querer compartir contigo mi post, porque yo también siento agradecimiento hacia él por tantas emociones vividas. Ya que te apasiona la velocidad, si tienes un hueco tal vez te guste otro de mis post, “VOLAVERUNT”.

      Un abrazo,

      JI

  4. 7 mamenf1 14 junio 2010 en 22:22

    Ya tienes un hueco en mi blog te voy a poner ahora mismo en mis favoritos, si te parece bien lo compartimos y me pones por aquí, y cuando puedas me gustaria verte en mis segidores yo no encuentro los tuyos para apuntarme…….en fin seguiremos en contacto. Un saludo y buena semana

    • 8 José Ignacio 15 junio 2010 en 8:25

      Muchas gracias. Tú también estás enlazada en mi blog. Es lógico que no hayas encontrado mis seguidores, porque no los tengo. Soy un desastre informático. A ver si me pongo y hago el blog un poco más completo.

      Un abrazo,

      JI


  1. 1 Los números de 2010 « ESCRITO DESDE LAS TRIPAS Trackback en 3 enero 2011 en 8:26

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