SOS

<<¿Una democracia, tal como la entendemos, es el último logro posible en materia de gobierno? ¿No es posible dar un paso adelante tendente a reconocer y organizar los derechos del hombre? Jamás habrá un Estado realmente libre y culto hasta que no reconozca al individuo como un poder superior e independiente, del que se deriven su propio poder y autoridad y le trate en consecuencia. Me complazco imaginándome un Estado que por fin sea justo con todos los hombres y trate a cada individuo con el respeto de un amigo. Que no juzgue contrario a su propia estabilidad el que haya personas que vivan fuera de él, sin interferir con él ni acogerse a él, tan sólo cumpliendo con sus deberes de vecino y amigo. Un Estado que diera este fruto y permitiera a sus ciudadanos desligarse de él al lograr la madurez, prepararía el camino para otro Estado más perfecto y glorioso aún, el cual también imagino a veces, pero todavía no he vislumbrado por ninguna parte.>>

Esto que acabamos de leer es algo así como clavar una piqueta en las nieves del Himalaya y, al retirarla, encontrarse con que por el boquete asoma un tulipán.

El texto es de Henry D. Thoreau y pertenece a su ensayo “Sobre el deber de la desobediencia civil”. Thoreau nació en 1817 en un pueblecillo del  Estado de Massachusetts, donde pasó toda su vida. Inmerso en el mundo rural de la América de mediados del XIX, se acercó al confucionismo y de él beberían, un siglo después, Gandhi y Luther King. En relación con él se ha destacado lo siguiente: “(…) su talante libertario y a un tiempo solidario, resulta de una extraordinaria actualidad. Antiimperialista, en el apogeo del imperialismo norteamericano de la primera mitad del siglo XIX; defensor del derecho a pensar por uno mismo (…); ecologista convencido, en contacto con la naturaleza, cien años antes de los <<verdes>>; defensor acérrimo de las minorías indias, en proceso de exterminio; antiesclavista convicto y confeso, en plena efervescencia racial que había de culminar muy poco antes de su muerte en el estallido de la guerra civil; defensor del derecho a la pereza, o reivindicador de aspectos creativos del ocio con dignidad, mucho antes de la formulación de Paul Lafargue. Y todo esto hasta límites de un radicalismo que lejos de disminuir con los años, se fue agudizando conforme éstos pasaban. Defensor ardiente y convencido de causas perdidas. No por perdidas menos justas.” (1)

Thoreau propugnó la práctica de un cierto aislamiento con el fin de preservar la autenticidad de la persona frente a la inercia de la sociedad y, a raíz de la guerra de Estados Unidos contra Méjico (1846-1848) y de la actuación de determinados Estados del Norte, que devolvían esclavos fugados a sus propietarios  del Sur, abogó por negarse a pagar impuestos como medio de retirar todo el apoyo del individuo a un Estado que perpetraba esa clase de acciones, y como forma de proclamar el derecho de cada uno a  situarse al margen de aquél. Creo que las líneas que acabamos de leer pueden entenderse mejor si se enmarcan en este contexto histórico y personal de su autor.

 Resulta interesante comparar el texto de Thoreau con los siguientes párrafos:

<<(la justicia humana) Es una expresión parcial y muy imperfecta todavía, hay que reconocerlo, pero sin embargo útil de la “justicia divina”. Como seres humanos que somos, generamos una justicia humana correspondiendo a nuestro nivel colectivo de conciencia. Cuanto más evolucionados estemos colectivamente (…) más nuestra justicia humana se acercará a la perfección de la “justicia divina”. Es uno de los retos de la humanidad actual; llegar a poder dotarnos de una justicia humana basada en la sabiduría, la integridad, el conocimiento y la compasión; una justicia que esté fundamentada más sobre el aspecto reeducación que sobre el aspecto castigo.

Pero la evolución se hace poco a poco; incluso a las más hermosas flores les cuesta tiempo abrir. El Estado actual de la justicia humana, tanto en lo bueno como en lo malo, no es más que el reflejo del Estado de la conciencia colectiva. A medida que esta conciencia cambie, las instituciones creadas por los hombres mejorarán. Ya hemos podido observar esta evolución en el curso de la historia de la humanidad. No nos encontramos ahora en la época de “ojo por ojo, diente por diente” (al menos para cierta parte de la humanidad más consciente). Por supuesto que todavía queda mucho que hacer.  Mientras tanto, la justicia humana, tal como es, tiene su papel y su utilidad en el proceso evolutivo de la humanidad.>>

Este último texto es moderno. Pertenece al libro “El poder de elegir”, de Annie Marquier. (2)

Creo que ambos escritos coinciden en su percepción de las instituciones (el Estado en un caso, la “justicia humana” en el otro) como entes capaces de evolucionar y que deben hacerlo en la dirección señalada por determinados valores (libertad, cultura, justicia, respeto, amistad y madurez en un caso y sabiduría, integridad, conocimiento y compasión en el otro). Pero si consideramos el texto de Thoreau desde una perspectiva más “sistemática”, que englobe otros de sus trabajos, podemos encontrar indicios de un paralelismo entre ambos autores mucho más profundo que todo eso.

Y así, en su “Apología del capitán John Brown”, Thoreau se refiere a aquellos que no pueden morir “porque nunca ha habido suficiente vida en ellos” y escribe:

<<¿Cree usted, señor, que se va a morir? ¡No! No hay ninguna esperanza. No ha aprendido la lección aún. Debe quedarse después de clase.>>

¿No es ésta una perspectiva completamente “orientalista” de la función de la vida como un espacio para la evolución de la conciencia, con la posibilidad de “repetir curso” si no se han aprendido todas las lecciones que se han ido presentando?

En definitiva, creo que el texto de Thoreau con el que comenzaba este post puede considerarse revolucionario, no porque sea más o menos libertario, sino porque, si lo contemplamos desde la perspectiva “orientalista” que acabamos de señalar, es decir, desde el papel que representa la conciencia individual, nos sugiere una visión de la colectividad que está en la línea de Marquier y de otros autores modernos: la forma de las instituciones de la comunidad como expresión del nivel de conciencia de los individuos en cada momento, como horizonte en la evolución de esa conciencia individual “la madurez” y como horizonte en la evolución de las instituciones la posibilidad del individuo de “desligarse” del Estado manteniendo una buena relación con él. Basta reparar en que este enfoque resulta anticonvencional aún hoy en día, para darse cuenta de que estaba a años luz de la visión de los contemporáneos de Thoreau.

Digo que ese punto de vista resulta anticonvencional incluso hoy en día porque aún la mayoría de nosotros pasamos casi todo el tiempo identificados con nuestra mente, encerrados en ella, y, por tanto, en general nos cuesta mucho ver que exista algo en la persona más allá de su mente y aceptar que exista otra evolución posible que no sea la del conocimiento puramente intelectual. Y si esto es en lo individual, no digamos en lo que a la vida en comunidad se refiere. Desde esta perspectiva, creo que la metáfora del tulipán en el Himalaya que he utilizado al principio está plenamente justificada, porque las ideas de Thoreau, situadas en el marco de la América rural de mediados del siglo XIX, son como una flor que brota en un sitio inimaginable; también porque la aparición de las flores, hace muchos millones de años, representó un salto cualitativo respecto del universo vegetal existente hasta entonces; y, finalmente, porque bastante antes de la primera floración generalizada debieron surgir flores dispersas aquí y allá como avanzadilla de lo que había de venir.(3)

¿Podemos aceptar que Thoreau era una de esas raras flores anacrónicas que prefigura lo que estaba – y sigue estando – por venir? La verdad es que cuando trato de evaluar el alcance de sus ideas, me imagino a Thoreau sentado a mi lado y yo mirándolo de reojo con una mezcla de reverencia y aprensión. Es la clase de emoción que surge cuando piensas en todas las visiones de Julio Verne y en cómo han coincidido, incluso en los detalles, con muchos logros científicos y técnicos del siglo XX, y te dices: “Había algo extraño en ese hombre. Algo tenía que saber …”

¿Cómo sería esa forma más evolucionada del Estado que Thoreau vislumbró? ¿Qué nos pueden decir sobre esto los 150 años de perspectiva en que le “aventajamos”? ¿Seríamos capaces de ir concretando algo más de lo que él nos dice?

¿Sería factible que el Estado permitiera una relación más “a la carta” del individuo con él? ¿Una relación en la que cada individuo pudiera negociar con el Estado hasta dónde está dispuesto a colaborar con éste y, correlativamente, hasta dónde va a participar de lo que el Estado ofrece? ¿No hay, por ejemplo, en la objeción de conciencia, un germen de lo primero? Pero esto, ¿hasta dónde? Parece que a todos nos ofendería, por ejemplo, que alguien pudiera pactar con el Estado que él no estará sujeto del Código penal – con lo cual tal individuo podría hacer lo que quisiera sin castigo -, a cambio de renunciar a la protección del Estado frente a las posibles acciones de otras personas contra él (o ella, claro).

¿Quién llegó antes al mundo, el individuo o el Estado? Entonces, ¿por qué no podrían el Estado y un grupo de individuos decidir de común acuerdo en un momento dado que estos últimos iban a ocupar una parte del territorio que hasta entonces se consideraba “del” Estado para vivir “al margen de él” y “sin interferir con él”, simplemente como buenos “vecinos” y “amigos”?. En tal caso, ¿quién resolvería los conflictos que surgieran entre los “vecinos”? Porque, evidentemente, no podría ser el Estado, que sería una parte más, en pie de igualdad, con aquéllos. ¿Podrían crearse tribunales supraestatales para llevar a cabo esa función?

Al hacer estas consideraciones me viene a la cabeza que existía una institución en el antiguo Derecho germánico que se denominaba “la pérdida de la paz”. La pérdida de la paz consistía en que, cuando se producía una conducta gravemente antisocial de un individuo, el juez declaraba que éste “había perdido la paz”, es decir, la protección de la colectividad, lo cual significaba que cualquier miembro de ésta podía acabar con el infractor sin sufrir ningún tipo de reproche por ello. La interpretación de esta institución que nos explicaban en la Facultad es que el “Estado” germánico era tan débil que ni siquiera podía ejecutar las resoluciones judiciales, así que dejaba dicha ejecución a iniciativa de los súbditos.

Creo que cuando consideramos la posibilidad de “debilitar” el Estado de cualquier forma surge enseguida el temor, quizás por asociación de ideas con el desorden por un lado y con el feudalismo o con instituciones arcaicas como la pérdida de la paz, por otro. Así que mi última pregunta, sería: La forma de relación del individuo con el Estado que acabamos de plantear, ¿representaría realmente una evolución respecto de la situación actual? Y no se me ocurre una respuesta que no venga desde el “orientalismo”: Cada cosa contiene en sí el germen de su opuesto, y el resultado de las acciones depende de la intención y del estado de conciencia con que se lleven a cabo.

Yo no sé ir más allá. De ahí el título de este post: SOS. Me gustaría que estas líneas fueran como un mensaje lanzado en una botella y que quien las leyera pudiera orientarnos con sus aportaciones, bien personales, bien por referencia a libros o artículos de otros, sobre esa posible relación “a la carta” entre el individuo y el Estado.

Y si no, tendremos que esperar a que surja uno de esos genios políticos que nos ayude a subir el siguiente peldaño y a ver a un nivel por encima de donde estamos.

FIN

 

(1)     Henry D. Thoreau. Desobediencia civil y otros escritos. Ed. tecnos. Cuarta edición. Estudio preliminar de Juan José Coy.

(2)     Annie Marquier. El poder de elegir. Ed. Luciérnaga. Cuarta edición, págs. 270 – 271.

(3)     La idea de la aparición de las primeras flores como metáfora de la evolución de la conciencia es de Eckhart Tolle: “Un nuevo mundo ahora”. Edit. Debolsillo. Segunda edición.

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26 Responses to “SOS”


  1. 1 JotaEle 19 febrero 2010 en 22:23

    A mi, por el contrario, más que de la nieve, me parece que las ideas de Thoreau nacen como una flor de un campo abonado y regado. Es innegable la capacidad innovativa de Thoreau y su influencia en corrientes de pensamiento modernas como el ecologismo, libertarianismo y pacifismo, pero yo lo veo como un producto del caldo de cultivo que son los Estados Unidos de mediados del Siglo XIX, recogiendo la herencia de los padres fundadores, a su vez importantes innovadores. Massachusetts en tiempo de Thoreau ya era (como hoy en día) una importante zona industrial y comercial, y, a la vez, Estados Unidos era un país en expansión mirando a su salvaje frontera del oeste. Como ves, un entorno demasiado complejo como para despacharlo como “La América rural”.

    Después de Thoreau ha habido una evolución y en cuanto a las preguntas que planteas sobre la relación del hombre con el estado, las contestan los libertarios o anarco-capitalistas contemporaneos de forma contundente: Lo que llamamos “el estado” tiene su legitimidad basada únicamente en el monopolio del uso de la violencia, que viene a utilizar para vendernos protección de manera análoga a la mafia, a costa de nuestra libertad. El estado es por tanto fundamentalmente ilegítimo y los individuos, en su ausencia, son capaces de organizarse en sociedad mediante acuerdos voluntarios según sus mejores intereses. Esto va mucho más allá (o quizá no, quizá es exáctamente lo mismo) de la relación “a la carta” con el estado de Thoreau, estado que tú pareces dar por supuesto pero que es en realidad un concepto discutible. He asistido a largos debates entre libertarios y otros acerca de la posible organización de una sociedad sin estado y sus posibles precedentes históricos. Personalmente no estoy de acuerdo con los libertarios, pero es cierto que tienen algunos buenos argumentos y, desde luego, respuestas para todo.

    • 2 joseignacioandolz 24 febrero 2010 en 12:52

      Me alegro de tu comentario, porque creo que sirve para aclarar. Thoreau era de Concord, al parecer, en su época, un pueblecito de Massachusetts del que casi no salió en su vida, pero es cierto que estudió en Harvard, así que, de acuerdo, decir que salió de la América rural ha sido un poco efectista por mi parte.

      La imagen de la flor saliendo del hielo sólo pretende transmitir sorpresa de encontrar algo en un lugar donde no lo esperabas, no quiere ir más allá. Sin duda la Norteamérica del s. XIX era un caldo de cultivo de muchas cosas y, por tanto, no es sorprendente que de ese caldo salieran aportaciones a la teoría política. Para mí la sorpresa, y es lo que he intentado transmitir en el post, es que la posición política de Thoreau no tiene que ver con la realización de determinados valores o económicos, sino que tiene que ver con la expresión de algo tan universal y, a la vez, tan particular y tan subjetivo como el estado de evolución de la conciencia de los individuos que forman una determinada comunidad (y aquí no empleo “conciencia” en el sentido moral); o al menos eso es lo que yo veo en Thoreau. Pienso que ese planteamiento, que enlaza con concepciones “orientalistas”, está lejos del sentir común aun ahora y debía de ser casi inimaginable en tiempos de Thoreau, en que había mucha menos permeabilidad entre Oriente y Occidente que hoy en día. De ahí mi admiración por la visión de futuro de su autor.

      Saludos,

      JI

  2. 3 Al Rio 4 marzo 2010 en 9:01

    hola, posiblemente la tecnología permita hacer lo que dices. Yo quiero pagar para todos los departamentos gubernamentales pero como soy pacifista, nada a Dept. de Defensa. O incluso Defensa, pero sólo para que la Marina lucha contra piratería.

    O como soy liberal, todo menos Educación, Políticas Sociales o Cultura.

    Y esto lo hago al rellenar mi declaración de impuestos en la página web de Economía. Allí quito y pongo programas.

    Esto no libera a todo el mundo, pero haría menos infelices a muchos.

    al

    In Technology We Trust.

    (es una broma para pinchar un poco)

    • 4 joseignacioandolz 4 marzo 2010 en 16:08

      Jo, jo, jo, que es difícil eso ya lo sabíamos…

      • 5 Al Rio 16 marzo 2010 en 20:52

        Entonces no lo ves factible? Las empresas hacen sus liquidaciones de impuestos telemáticamente, es sólo decidirse a poner una página web para que los pacifistas no paguen defensa y los liberales no mantengan burocracia que entienden perjudicial.

        Técnicamente no es tan difícil. Pero si no se debate nunca la posibilidad, no hay manera de ponerlo en marcha…

        Por cierto, he puesto en marcha seguimiento de este post y no me ha notificado tu comentario.

        al

  3. 6 Al Rio 17 marzo 2010 en 9:52

    Consideraciones:

    1 Respecto a la institución germánica de la pérdida de la paz, yo podría perfectamente vivir como cazador de recompensas para ejecutar condenados. Mi rifle y yo contra los más buscados por homicidio, violaciones, etc. Y con estas cosas que tenéis aquí, como que os vuelan a seis soldados en Líbano y no es algo que lleven los milicos sino los juzgados (???), mi campo de acción también podría extenderse, gracias a los proponedores de la jurisdicción universal, a países en conflicto como el mencionado. San Baltasar Garzón.

    Obviamente, las penas aplicables a los cazadores por errores o conducta corrupta deberán ser muy duras, como ocurre en bastantes estados en US. Pero en general la vuelta atrás hacia la pérdida de la paz creo sería más rápida, más barata y para las víctimas más justa que el sistema actual.

    Pero harían falta: reforma constitucional, reforma de los tratados de la Unión, reformas de las leyes penales y procesales. Mucho trabajo, no creo que la élite lo vaya a hacer, fuese cual fuese el grado de acuerdo alcanzado por el pueblo.

    En fin, por soñar un poco…

    2 Lo de vivir en reservas al margen del gobierno ya lo han intentado los racistas blancos en Suráfrica tras la caída del apartheid, comprando y federando terrenos amplísimos donde no se entra más que invitado. No sé qué resultado ha habido, me imagino que son los parias del nuevo régimen.

    Al final, las cosas más graves, como homicidio, no puedes guardarlas en tu megafinca privada, pero muchos otros conflictos son abordables sin recurrir a instancias gubernamentales. Por ejemplo, los condos (condominiums) en las ciudades de US, u otras fórmulas donde casi no tienes ningún derecho de propiedad. En estos casos, eres una especie de inquilino sujeto a la disciplina impuesta por la poderosísima junta de vecinos, que puede prohibir fumar, tener perros, etc., bajo pena de expulsión del edificio y pérdida del depósito de dinero que diste al inicio. Y como firmaste un contrato muy clarito con esas obligaciones y penas, pues nada, fuera.

    Por supuesto, en mi condo no se admitirían familias con hijos, ni nazis, ni comunistas, ni ayurvédicos, ni opusdeístas, ni lectores de El País, y habría tests de uso de ducha y de racionalidad. Por ejemplo, fuera vecinos que vayan en bici al trabajo en ciudades como Madrid. Fuera vecinos que crean que la tierra es plana. Fuera vecinos que llevan los vaqueros rotos. Fuera vecinos que coman “orgánico.” Fuera vecinos que… Bueno, te haces una idea, no? Una dictadura, pero no personal, eh?, sino de la comuna (comuna racionalista, no de hippies).

    Esto no es nada original, por supuesto. Además de lo de los blancos en Suráfrica ya citado, ni siquiera la parlamentarización de la junta de vecinos es algo nuevo, no es más que una extensión de un juego propuesto en Scientific American en los 1980s, tengo que tener la revista por algún lado en casa de mi padre si te interesa.

    al

  4. 7 Al Rio 17 marzo 2010 en 10:29

    Más: Philip Pettit, el gurú del primer ministro (o quizá ya no, el muy traidor se ha ido a una universidad USA, seguramente por la pasta), escribe esto:

    On The Promotion of Liberty. Cato Unbound, March 15th, 2010

    http://www.cato-unbound.org/2010/03/15/philip-pettit/on-the-promotion-of-liberty/

    al

    • 8 joseignacioandolz 23 marzo 2010 en 16:37

      Gracias por tus comentarios.

      En primer lugar, me temo que en tu comuna, tal como la tienes diseñada, acabarías aburriéndote, pero bueno, eso es sólo una impresión. También te digo que a veces me sentiría tentado de irme allí de vacaciones una temporada.

      Yo creo, y anticipo que mi respuesta no te va a gustar, que lo que plantea Thoreau no es algo que se pueda resolver a través del desarrollo tecnológico o de cazadores de recompensas. No es una cuestión de ceder el monopolio de la violencia a manos privadas ni de contribuir o no a esto o a lo otro en función de la propia ideología. Pienso que la esencia de la relación de “buenos vecinos” que propone Thoreau está en la autodependencia, no en seguir dependiendo, pero sin contribuir.

      Creo que el desarrollo de las organizaciones sociales ha tendido siempre a asegurar el control de los riesgos que provienen del medio. Ese control ha permitido el aumento del bienestar material a través de la acumulación de excedentes y, en última instancia, la acumulación de los excedentes de energía necesarios para alimentar la mente hasta el punto de engordarla cada vez más. Pero la mente es por esencia controladora y se busca sus mañas para justificar, no ya su propia supervivencia, sino “pegarse la vida padre” haciéndose cada vez más necesaria, aunque sea a costa del sufrimiento emocional del individuo. La mente nace del control y tiende a aumentar más y más el control en un círculo vicioso que hace del Estado una organización extremadamente compleja que te resuelve muchas cosas, pero de la que es imposible no depender.

      Siento que el cambio en la forma de relación entre el individuo y el Estado no depende de qué se haga sino, como dije en mi post, de “desde dónde se haga”, de la intención y del estado de conciencia desde el que el individuo actúe. Supongo que es una cuestión de irse desidentificando poco a poco de la mente, de la personalidad e ir superando así los conflictos asociados a la búsqueda de poder de aquélla. A partir de ahí, la necesidad de control por parte del Estado se quedará sin la energía que la alimenta y se aflojará ella sola. Al final del proceso me imagino comunidades pequeñas, que no tendrán la capacidad de generar, por ejemplo, un sistema de la Seguridad Social como el que actualmente nos protege, pero en las cuales la gente enfermará mucho menos que ahora, porque nuestra forma de vida mata.

      En fin, supongo que con esto ya he hecho méritos más que de sobra para ganarme una prohibición perpetua de pisar tu comuna, así que ¡adiós vacaciones!

  5. 9 Al Rio 23 marzo 2010 en 16:57

    hola de nuevo. Sólo matices:

    1 Respecto a “no es algo que se pueda resolver a través del desarrollo tecnológico”, creo que por lo menos podría servir de paso intermedio. Es pragmático enfocar a liberar a los más posibles de cosas que les disgustan, o como dije en mi primer post, “Esto no libera a todo el mundo, pero haría menos infelices a muchos”, aunque eso no sea “la Solución”.

    2 Temo que no explique bien algo. Veo en tu “pero sin contribuir” la señal de que piensas que proponía que la gente pague menos que lo que los cálculos le dicen. No es así, mi propuesta es un paso para, pagando lo mismo, contribuyendo y sosteniendo pecuniariamente a esas obligaciones impuestas, reducir la lista de tus obligaciones, quitando lo que más desasosiego o falta de paz de espíritu te produzca. Pero se paga igual en total.

    3 Aseveraciones como “La mente nace del control” son algo que no puedo dejar sin mencionar para que no se entienda que las apoyo. Es mucho salto para mí afirmar eso.

    4 Y esta es aún más fuerte: “me imagino comunidades pequeñas […] en las cuales la gente enfermará mucho menos que ahora, porque nuestra forma de vida mata.”

    De los restos de nuestros antecesores vemos que la que mataba bien muerto era su forma de vida de “comunidades pequeñas” sin investigación médica ni clínicas/hospitales/etc., ni agricultura de alto rendimiento, ni ganadería de aprovechamiento intensivo.

    Y encima, llevamos desde 1972 bajando la presencia de contaminantes en la atmósfera a niveles bastante bajos en mi opinión. Y nuestras mejoras tecnológicas devuelven la vista a los ciegos y las piernas a los cojos. En fin…

    al

    • 10 joseignacioandolz 24 marzo 2010 en 8:07

      Creo que te comprendo. De hecho, después de escribir, me quedé pensando en algunas cosas de las que dices. Efectivamente, todo esto hay que matizarlo.

      Respecto a mi visión de la mente hablas de “salto”, y lo entiendo como una referencia al discurso lógico. La lógica pertenece al dominio de la mente y, por definición, para observar la mente tienes que salirte de ella y, por tanto, situarte al margen de la lógica. Después de escribir que nuestra forma de vida mata pensé que me había dejado en el tintero lo más importante: que lo que mata no es nuestra forma de vida en sí, sino la mente que la produce. Siento que identificarse con los mensajes de nuestra mente, personalidad, ego, o como quieras llamarlo, tiene unos efectos devastadores y puede producir enfermedades psicosomáticas que lleven al individuo a la muerte, y que vivimos en una sociedad que engorda ese tipo de mente que mata, que a su vez refuerza ese modelo de sociedad. Insisto en que la percepción de la relación de uno con su propia mente y los efectos que dicha identificación produce es algo muy personal que se encuentra al margen de la lógica, así que no tiene sentido buscarlo ahí.

      Por otro lado, es cierto que contamos con muchos avances que nuestros antepasados no tenían. Seguramente estamos en una encrucijada en la que dentro de no mucho tengamos la oportunidad de conjungar esos avances con un modelo de comunidad más sencillo que mejore la vida emocional y, por tanto, la salud de las personas, reforzando, digamos, sus “poderes espirituales”, aun a costa de reducir su nivel de vida en lo material. Hay un libro que me pareció muy interesante que se llama “Oriente y Occidente”, de Luis Racionero, donde esboza estos planteamientos.

      Por lo demás, quisiera salir al paso de que algo de lo anterior pudiera interpretarse como una “homilía”, porque yo disto mucho de estar en el Nirvana.

      En fin, nuevamente gracias por la oportunidad de reflexionar “en voz alta”.

  6. 11 Al Rio 24 marzo 2010 en 11:34

    hola, abundando en tu idea, mira esto, acerca de la reducción del dolor, del daño, acerca de remansos de tranquilidad de espíritu en medio de la dificultad:

    From “Holy Land: A Suburban Memoir” (1996) by D.J. Waldie, about the experience of living in Lakewood, Calif.:

    I once thought my suburban life was an extended lesson in how to get along with other people. Now I think the lesson isn’t neighborliness; it’s humility. When I stand at the end of my block, I see a pattern of sidewalk, driveway, and lawn that aspires to be no more than harmless. That’s important, because we live in a time of great harm to the ordinary parts of our lives, and I wish that I had acquired more of the resistance my neighborhood offers. . . . Loyalty is the last habit that more sophisticated consumers would impute to those of us who live here; we’re supposed to be so dissatisfied in the suburbs. But I’m not unusual in living here for all the years I have. Perhaps like me, my neighbors have found a place that permits restless people to be still. The primal mythmakers of California are its real estate agents, and one of them told me once that this suburb still attracts aspirant homebuyers because “it’s in the heart of the metroplex.” Maybe it’s just in the heart.

    WSJ, Mar 24, 2010, http://online.wsj.com/article/SB10001424052748704896104575140182258556618.html

    al

    • 12 joseignacioandolz 25 marzo 2010 en 8:13

      Como siempre, después de contestarte me acordé de algo: Hace tiempo me contaron que unas turistas en China se pusieron malas con placas en la garganta y mucha fiebre. Creo que fueron a la Seguridad Social de allí y el médico lo único que hizo fue enseñarles unos ejercicios de Chi Kung con los que mejoraron rápidamente. Bueno, no sé si será una leyenda urbana, pero va en la línea de la idea de que el bienestar físico de las personas se puede aumentar reforzando, digamos, sus “poderes espirituales”, y eso no tiene por qué estar reñido con el desarrollo científico al modo occidental. Tal vez esté llegando el momento en que podamos encontrar un nuevo modelo de sociedad sintetizando ambas cosas. Yo veo en Thoreau un precursor de esa idea, aunque tal vez ni él mismo podía en ese momento concretar cómo.

      Otra cosa que te quería comentar sobre el sufrimiento emocional en el pasado y en el presente: En el prólogo de una edición de “Hard Times”, de Dickens (creo que de editorial Penguin) se dice que el escritor inglés describió fundamentalmente en esta obra la quiebra de un mundo: por supuesto no estamos hablando del sentimiento de libertad política, pero antes de la Revolución Industrial un artesano y su familia tenían el poder de organizar su trabajo y su vida. Por ejemplo, recibían el encargo de hacer una mesa y trabajaban en ello en su casa siguiendo sus propios horarios. Luego, si la cobraban bien, podían pasar varios días de fiesta celebrándolo. Ese sentimiento de libertad personal, de poder sobre tu propia vida y, en definitiva, de felicidad, se desmorona cuando te tienes que integrar en un sistema al que no tienes más remedio que ceder tu capacidad de organizar tu trabajo. Entonces, como tu vida depende de tu trabajo, aquélla empieza a girar en torno a los intereses de otro y eso te hace perder una parte muy importante de tu sentido de totalidad como individuo y de tu felicidad. Sí, sé que todo eso ha traído también mucha protección social, avances científicos y médicos, etc, pero quería dar el contrapunto.

      Finalmente, otro contrapunto: En la práctica estas cosas no es tan fácil que funcionen. Creo que en la India un grupo de occidentales de varios países tienen organizada una especie de comuna que trata de realizar este tipo de aspiraciones acerca de una nueva forma de vida. Parece ser que la realidad ha sido que los occidentales viven servidos por colectivos desfavorecidos de indígenas (entre ellos muchos niños pobres) que sufren todo tipo de abusos. No me acuerdo de cómo se llama la comuna, pero seguro que lo puedes encontrar. Nuevamente pienso que el resultado no depende de lo que se hace, sino de “desde dónde” se hace. Es como ese dicho que, al parecer, estuvo de moda en informática: “garbage in, garbage out”.

      Oye, ¿tú crees que esto lo lee alguien aparte de ti y de mí?

  7. 13 Al Rio 25 marzo 2010 en 10:48

    la verdad es que no creo que lo lea nadie más — pero escribe bien, como usas, para que lectores futuros puedan apreciar la calidad de tu trabajo

    los jóvenes, que deberían empujar mucho, me están decepcionando enormemente

    ya ves que me permito un poco de SMS-lese, me aburro con las mayúsculas y “¡” y “¿”, así que si no hay ambigu..edad me cargo todo lo posible — espero que no confundas mi pereza con mal nivel de ortografía

    acerca de tu ilusión sobre un futuro nuevo modo de vida, yo pido, como siempre, a ver si puede ser sin obligar a los demás a hacer nada que no deseen, dados los beneficios que acompañan al triste modo de vivir actual — a mí me viene bien el trabajo estructurado, con medios abundantes para aumentar mi productividad, y temo que la emotividad que implica lo que comentas del artesano de la madera me acabe obligando to scale back my work ways in the name of Gaia

    lo del artesano de Dickens me recuerda al mito del pueblo galo irreductible que celebra una comilona al final de cada “episodio” (Asterix [sic], el personaje de Goscinni & Uderzo), y a lo que los primitivistas suelen comentar de lo muy deseable que era la vida pre-1500 en Canadá, donde se trabajaba lo justo y se holgaba mucho — véase la portada de The Atlantic, March 2002: http://www.theatlantic.com/past/docs/issues/2002/03/images/2002-03.cover.jpg . El pollo, A D 1491, lleva un reloj. Es una broma, claro, pero muestra de forma brutal la romanticización del buen salvaje — ejemplo de esto: en la ópera-ballet de Jean Philippe Rameau “Les Indes Galantes”, IV, 6 (en la Amazonía), se canta:

    Forêts paisibles,
    Jamais un vain désir ne trouble ici nos coeurs.
    […]
    Dans nos retraites,
    Grandeur, ne vien jamais
    Offrir tes faux attraits !
    Ciel, Ciel, tu les as faites
    Pour l’innocence et pour la paix.

    Selvas apacibles,
    Jamás un deseo vano nos inquieta aquí el corazón.
    […]
    ¡A nuestros retiros,
    Vanidad, no vienes nunca
    A ofrecer tu falso encanto!
    Cielos, los habéis creado
    Para la inocencia y para la paz.

    [Lo que los cielos han creado son los retiros (las selvas).]

    claro, yo, que he cavado y amasado cemento y puesto ladrillos cuando muchacho, y que ha ayudado (mínimamente) en labores del campo, sé en algún (reducido) grado lo duro que es levantarse durante meses y por décadas a las 5.30am para destripar terrones — yo no puedo ver los “forêts [tan] paisibles” como Rameau.

    junto con la gráfica de evolución histórica de GDP/capita, u otras medidas económicas que ya no están de moda (ahora gusta más el producto interior bruto de felicidad, dicen en Bhutan y los asesores de Sarkozy), hace falta otra de problemas, y hay muchos indicadores de ellos: suicidios, o criminalidad, o addicción, u otros, nos darían una gráfica de desventajas que habría que componer con la anterior

    mi hipótesis al respecto es que para resumir esa composición de funciones puedo presentar mi gráfica favorita, que se puede ver en la sección “No sólo en EE UU”, al final del artículo “El capitalismo extremo perjudica la salud” http://revista.libertaddigital.com/el-capitalismo-extremo-perjudica-la-salud-1276230022.html , y que muestra claramente los efectos ligados al modo de producción racionalizado

    aunque me alegro de que veas que esas mejoras no acompañan al trabajo no racionalizado, no optimizado, digamos, y que veas la falta de beneficios de salud, nutrición, etc., esperanza de vida en suma, de ese modo de trabajar, me ***impresiona*** mucho, pero mucho, que las personas que viven con estas ventajas y que tienen hijos que, gracias a Dios (o al diablo), también disfrutan de las mismas, sigan viendo aquel mundo precolombino de forma tan simpática (sensu stricto) — digamos que hay modos del primitivismo que resuenan en muchas personas y, tal como yo lo considero, es una resonancia que debe ser atenuada urgentemente

    lanzo otra hipótesis: quizá una cura para el sentimentalismo (además de para el fatalismo, la falta de diligencia en el estudio, etc.) es trabajar en la construcción como peón, cargando sacos de cemento (ya no son de 50 kg, no nos quejemos) y amasando “a mano”, podríamos decir, nada de hormigoneras — otra posibilidad es arar con arado romano, como en españa en los 1940 (y después, yo he conocido zonas donde se hacía en los 70).

    por cierto, muy bueno el cuento de Max. Weber sobre la transición del artesano dickensiano al de producción racionalizada, ¿puedo recomendarte vivamente leerlo? — aunque puede producirte irisipela, lo digo sólo como narrativa factible de esa transición

    —-
    hipótesis final: creo que hay una exagerada simpatía por el mundo bucólico, la tranquilidad pastoril (???) en las conurbaciones españolas contemporáneas porque aquí se está haciendo especialmente mal lo referente a la crianza de los hijos — yo veo a los niños de otras zonas, sea París, Londres, NYC o Wash. DC, o digamos grupos grandes, enormes, de turistas británicos en una isla canaria, y convivo con ellos meses (o una semana en el último caso) y no veo ni de lejos el stress que tienen los padres aquí, y con muchísimo mejor resultado

    en cambio, los padres urbanitas españoles ven cómo se resienten sus matrimonios desde que tienen hijos — algo se hace muy mal, no tengo duda, mientras que antes había un “colchón familiar”, y el resto ayudaba a cuidar de los hijos de los demás, y no era tan costoso ni en dinero ni en quebraderos de cabeza criarlos

    al

    • 14 joseignacioandolz 25 marzo 2010 en 11:33

      Que no, que no. Creo que tú planteas un antagonismo entre dos mundos y yo tengo la ilusión, no del buen salvaje, sino de que llegue una síntesis que los supere a ambos. Intuyo que esa síntesis podría venir de conjugar el desarrollo científico con el desarrollo de los poderes espirituales del individuo, pero no sé llegar más allá. Empecé a escribir sobre Thoreau porque percibí en su trabajo un germen de todo esto, y me fascinó la idea de que el de Concord pudiera haberse adelantado de esa forma a su tiempo aunque tal vez, si él levantara la cabeza y leyera la forma en que yo lo interpreto, me diría que si estoy loco. Titulé mi post SOS en busca (eso sí, sin mucha convicción, para qué vamos a engañarnos) de aportaciones que pudieran concretar un poco más cómo sería la sociedad fruto de esa síntesis superadora, pero supongo que para acercarse verdaderamente a eso hace falta un genio. De todas formas este intercambio de ideas me parece muy interesante. Estaría bien poder darle un formato radiofónico que lo hiciera más ágil, ¿no te parece? (aspirar a la TV me parece mucho).

  8. 15 Al Rio 25 marzo 2010 en 11:38

    hehehehe

    yo creo que vales para tertuliano, ya te dije

    de todos modos, de tu síntesis que “supere” a los dos opuestos, can I opt out? Me gustaría ver, no sé si podré, la mecanización total, pero esto sería como las playas nudistas, tendríais vuestra mitad del planeta para hacer lo que quisiérais, como en los condos y en las fincas surafricanas que comentábamos

    • 16 joseignacioandolz 26 marzo 2010 en 8:05

      ¿Y ese “opt out” no es precisamente lo que planteaba Thoreau? A lo mejor ahí está la esencia de la “síntesis”. Es curioso, hemos hablado tanto que ya casi me había olvidado de Thoreau y ahora me sorprende volver a encontrármelo agazapado en tu idea del “opt out”. Sorpresa un tanto ingenua, por mi parte, porque viene a ser como si fabricas un compuesto con aluminio (o con uranio 235, jo, jo, jo), lo sometes a mil procesos, finalmente analizas el producto resultante y, ¡milagro!, ahí vuelve a presentarse el uranio (o el agua bendita, o lo que sea).

      Yo creo que en esa idea de los condos ayudaría mucho la tecnología, mira por donde, porque uno podría vivir en el seno de un grupo integrado por personas suficientemente afines como para estar a gusto y, por ejemplo, hacer teletrabajo en un lugar completamente distinto. Así, tal vez, el modo de vida podría ser local y, al mismo tiempo, la estructura de producción ser bastante global. Insisto mucho en que yo no rechazo los avances tecnológicos, sólo que me gustaría que se utilizaran de un modo que ayudara a cada individuo a recuperar su propio sentido, su propio sentimiento de integridad, que creo que es algo hoy en día muy maltrecho y que, insisto también, es como una peste moderna para la salud. Y sigo viendo en Thoreau un germen de todo esto, y por eso su trabajo me parece tan valioso, porque fue desarrollado en circunstancias muy distintas y, sin embargo, va ganando actualidad conforme pasa el tiempo, en lugar de perderla. ¿No es eso el verdadero progresismo?

  9. 19 Al Rio 26 marzo 2010 en 8:08

    sabes qui’en me propuso hace tiempo eso mismo de teletrabajo viviendo en la comuna de tus afines? Rafa.

    Rafa, pls, contribuye, escribe aquí algo, anda.

    al

    • 20 joseignacioandolz 26 marzo 2010 en 9:33

      Yo, de verdad, siento mucho el tono de homilía, pero lo digo como lo siento: Yo creo que el hombre y la tecnología se llevarán bien y podrán construir juntos un hermoso futuro cuando la tecnología deje de llenar el vacío interior de las personas. Cuando el individuo se perciba a sí mismo como un ser completo, dejará de depender del exterior y de estar sometido al mismo, y por “exterior” entiendo la opinión de los demás, la moda, la publicidad, la tecnología, la necesidad de poseer y la forma de vida que nosotros mismos hemos creado. Pero para llenar ese hueco hace falta que descubramos nuestro propio poder espiritual, fuerza interior, como quieras llamarlo, que ampliemos nuestra conciencia. Y yo creo que precisamente el actual nivel de desarrollo económico y tecnológico nos puede ofrecer un excedente de energías suficiente como para lograr una evolución espiritual sin renunciar a un nivel razonable de desarrollo material. Me quedo con una idea que exponía Luis Racionero en “Oriente y Occidente”: Él decía que, frente al individualismo del comerciante, que surge a partir de la Baja Edad Media, y que consiste en quedar por encima del otro atesorando poder y riquezas, él admiraba el individualismo del hombre de la Antigüedad Clásica, que buscaba desde sí mismo la armonía con el universo; ése es el tipo de individualismo que no hace daño a nadie porque surge del deseo de armonía. Yo creo que esa idea de armonía, permitiéndote ser distinto y vivir como un “vecino” del Estado también está en Thoreau. Bueno, creo que no hay que agotar esa idea hasta el punto de pensar que el hombre de negocios por definición es malo, pero la idea del individualismo “sin pisar” me parece muy interesante, y yo creo que tal vez la humanidad esté ya en condiciones de empezar a llevarla a cabo sin necesidad de volver a formas de vida arcáicas como las que tú describías ayer, sino apoyándose precisamente en la tecnología. Y el cambio político correspondiente consistiría en pasar a ser lo menos demócrata y lo más anarquista posible, y ahí la tecnología también podría ayudar, como tú mismo sugerías. Pero claro, todo tiene que partir de la voluntad sincera de llevarlo a cabo.

  10. 21 Al Rio 26 marzo 2010 en 12:39

    para comentar esto (y posts anteriores) parto de dos observaciones que creo que no son demasiado polémicas:

    1 no veo ajustado “la tecnología deje de llenar el vacío interior de las personas”, será “de algunas”, “de muchas”, pero no “de las personas” — lo digo porque algunos no tememos, sino buscamos, ser cyborgs. Y podemos coexistir la comuna primitivista o de vacío relleno y la mía, del vacío individualista.

    2 lo mismo es aplicado a la necesidad de poseer, etc. — los migrantes votan con los pies y suelen ser bastante materialistas, otra cosa es que los hijos se orientalicen, espiritualicen, se hagan feministas, solidarios, llamen polución a la emisión de CO2, o cualquier otro oportunismo. Quiero decir, no es malo todo eso que comentas para todos. Otra cosa es que seáis mayoría, pero yo lo ligo a lo que decía ayer, si vives en las urbes lo ves distinto (puede que aquí seáis mayoritarios los agobiados por el Gran Vacío), pero si vives de arar te interesa la vida ajetreada de la gran urbe, vacía y todo.

    Además añado estas otras observaciones, más confrontacionales, y por ello a dos las llamo hipótesis, para rebajar su status:

    3 hipótesis: cuando más de la Liga de los Justos, menos sincero en lo que justificas — eso sí, es una insinceridad del tipo Lamparilla-cuando-perseguía-a-las-chicas, es decir, “por supuesto, con buena intención” (esto lo escribió Larra Jr.). Por qué digo esto? Me refiero a Racionero y su uso de el “hombre de la Antigüedad Clásica […] buscaba desde sí mismo la ***armonía con el universo***”. Si utiliza esos términos, y me lo creo, está introduciendo rollos (perdón, conceptos) contemporáneos, o más bien modernos. Todo ese vocabulario, IMHO hueco, es reciente y está ligado a posturas políticas, a deseo de justicia, reducción de la igualdad, etc., que puede ser bueno, pero que puede que no.

    4 en relación con esta insinceridad, cito a Juan Urrutia, digamos progre, pero no como Willy Toledo, retroprogre (término acuñado por Rafa):

    Las referencias de Krugman. By Juan Urrutia. Jan 08, 2010
    http://juan.urrutiaelejalde.org/las-referencias-de-krugman

    “Las referencias que Paul Krugman ofrece en algo que él mismo dice que es formalmente la Nobel lecture [http://www.princeton.edu/~pkrugman/CRISES.pdf] y que trata sobre la cisis a diferencia de la Prize lecture [http://nobelprize.org/nobel_prizes/economics/laureates/2008/krugman_lecture.pdf] ( en la que habla de trade y geografía, lo suyo propiamente) son escasas y no provienen de los mejores Journals. No, en cualquier caso, de aquellos que son reconocidos como los de mayor impacto a efectos de premios académicos incluyendo la promoción. Esto quiere decir que la profesión se ha divididdo en dos: los paperwriters que no son nada torturados y solo buscan, en caso de que la busquen, la verdad como coherencia y los torturados que se afanan en la búsqueda de la verdad como correspondencia y que a menudo escriben pocos papers.”

    Jo, tremendo. Exagera, empero, con su valoración: no se ha dividido la profesión en dos en 2009 o 2010. El problema es anterior, digamos décadas.

    Por supuesto, yo también caigo en el defecto de buscar la verdad de coherencia. Sin embargo, mi hipótesis (parágrafo 3) es que, si eres justicialista, peronista, socialista, leninista, ecologista-no-académico-sino-activista, feminista, etc., eres más insincero que si eres, digamos, yo. Hehehehehe. En cambio si eres monje trapense, tienes mecanismos de autocorrección más grandes durante varios siglos (hasta que degeneran las cosas).

    5 hipótesis: mejor más demócrata que más anarquista. Es lástima que sea polémico lo de ser demócrata, pero llegamos al first great divide, creo, con esto: “para lograr una evolución espiritual sin renunciar a un nivel razonable de desarrollo material”. Quién decide que se ha llegado al nivel razonable de desarrollo material y que no hace falta proseguir, o que sí hay que seguir desarrollándose? Yo lo tengo claro: la mayoría, ***sin pisar a la minoría***. Por eso las garantías constitucionales, la no retroactividad de aumento de pena, etc.

    A mí no me gusta mucho de lo que decide la mayoría, pero me parece de mucha cara dura que decidamos los de mi grupito, con los pocos que somos.

    6 derivado de 5: los ideales anarquistas pretenden que las comunidades pequeñas o muy pequeñas no son opresivas (que enlaza con la foto de portada que citaba arriba, 1491 en The Atlantic, March 2002, o con la irreductible aldea gala). Me parece una burrada creer eso. Con un poquito (o muchito) de demagogia: qué es más uniformizante, NYC o Villaconejos de Abajo?

    Prefiero apoyar “[the] government of the people, by the people, for the people.” Si no, pasaríamos de “mejor que el gobierno tema al pueblo que no al revés” a “temo a mis vecinos, que me pueden acusar de brujería”. O como decía Reagan, “somos un país con un gobierno, no al contrario”, que es lo que se decía de Prusia, un ejército que tenía un país.

    7 añado además que me quedo con Pablo en 2 Tesalonicenses 3:10: “He who does not work, neither shall he eat” (un principio fundamental del leninismo, por cierto).

    8 resumen:

    . tú en tu comuna con tus afines y la mínima opresión posible, y menos tecnología y más holganza, y más comilonas de raíces, setas, y ocasionalmente jabalíes galos si los ecologistas-activistas os dejan;
    . otros en su comuna intermedia entre la tuya y la mía (sospecho que el 85% de la población); y
    . yo en mi comuna con mis afines, nuestros robots-in-everything, comiendo hamburguesas de rata radiactiva, la mínima opresión posible (pero aplicando el principio de Pablo), dentro de un county/prefecture/mancomunidad con servicios comunes de basura, hospital del condado, prisión del condado, etc., y con nuestro exagerado individualismo, sin buscar paz interior, etc.

    Yo creo, JI, yendo a la meta, que nuestros problemas son 1 la falta de movilidad que introduce la vivienda y 2 el trabajo, que para mucha gente no es remoto: comerciante, conductor de autobús o metro. Pero una vez arreglado al menos lo del trabajo (tu caso y el mío se pueden arreglar con los ordenadores y las comunicaciones), para números crecientes de personas será posible vivir mejor. Luego quedará conseguir conjuntos de casas como donde tú vives, una manzana cerrada (vallada y electrificada si se desea 🙂 ), y con poco que tener que aguantar de los demás, los no afines. Está ahí mismo, busquemos poder construir nuestras comunas pero imponiendo lo mínimo a los demás, pasando por la etapa intermedia de aguantar en el trabajo a los “otros” pero no en la comuna (como los racistas en Suráfrica), o al revés donde la vivienda es la rigidez principal. Pero, por favor, no con (second great divide), la meta _universal_ de llenar el Vacío, o “que descubramos nuestro propio poder espiritual, fuerza interior”, o “que ampliemos nuestra conciencia”. A mí, y otros insufribles como yo, no nos parecen objetivos generales, sino de los de tu comuna, tu tendencia. Igual que no es universal lo de las hamburguesas y Coca-Cola Zero, que es de mi comuna, de mi, concession and confession, despicable mindset.

    al

    • 22 joseignacioandolz 29 marzo 2010 en 16:24

      La verdad es que mi pierdo un poco con tu comentario. Creo (pero no lo podría asegurar 100%) que los dos estamos de acuerdo en que nos gustaría que fuera posible crear comunidades donde cada una pudiera vivir siguiendo lo más posible su voluntad, en un entorno lo más afín con su estilo y con la mínima imposición en nombre de la colectividad. A eso es a lo que yo me refería con más anarquista que demócrata, aunque tal vez no haya estado bien expresado.

      Por lo demás creo que, en general, lo que dices va impregnado de mucha agresividad. En muchas de tus líneas siento que hay un juicio, no a acciones concretas, sino a una forma de ser o de sentir por parte de los demás (insinceros, huecos, primitivos…) y, no lo puedo evitar, me recuerda a aquél invento de los nazis que fue el derecho penal de autor, que castigaba más o menos en función del “tipo de persona”. No sé si yo no te he entendido bien o si tú no te has pensado lo que eso de juzgar la forma de ser de los demás supone.

      No sé si será tu caso, esto sí que es un hipótesis: Se me ocurre que quizás hay muchas personas que hoy en día se sienten juzgadas por los demás, o sienten una fuerte presión social, o como quieras llamarlo, porque su discurso no va en línea con lo “políticamente correcto”. En tal caso, sólo quiero dejar claro que esa no ha sido nunca mi intención. Realmente mi post sólo pretende ser una reflexión sobre lo que conozco del mensaje de Thoreau y su presencia hoy en día en formas de pensar, o de sentir o simplemente de “estar”, que creo que pueden ir cobrando más fuerza en el futuro y llevar a un cambio social. Ese cambio puede que se produzca o no y puede gustar a unos sí y a otros no. Ojalá que, pase lo que pase, todos quepamos o quepan.

      • 23 Al Rio 30 marzo 2010 en 6:16

        hola, qué tal todo

        El lenguaje escrito es, sin duda, mucho más ambiguo que el hablado, y suele haber muchos enfados con los e-mails por eso… En mi caso, he intentado ser blandito:

        1 en vez de “insinceros” (que parece aplicado a un grupo) usé “hipótesis […] menos sincero” e “insinceridad”
        2 en vez de “huecos”, que también parece para un grupo, también en plural, dije “vocabulario ***in my humble opinion*** hueco”

        Yo creo que en los casos claramente intento rebajar el tono ayudándome de varios trucos para quitar hierro. Pero no ha sido suficiente.

        La verdad es que adolezco del vicio de la condensación. Me cuesta mucho dar una vuelta para no usar “primitivista”, por ejemplo, que es muy rico en connotaciones y que, sinceramente te digo, creo que he usado acertadamente. Cito porque lo tenía a mano:

        . el rechazo a los plaguicidas, cueste las vidas que cueste [1]
        . las recomendaciones de un líder de WWF-Italia en 2007 para no ducharse (sólo un baño por semana, el sábado de mañana, suficiente para no perjudicar el olfato del vecino, y para afeitarse el agua que tiene para todo el día un niño palestino), etc. (tengo scan del artículo para quien lo necesite) [2])
        . los slogans como «Carne igual a guerra» [3]
        . las constantes (semanales) acusaciones-barbaridades contra el modo de vida occidental como “La exposición prolongada a la contaminación ambiental causa enfermedades cardiacas – Un estudio experimental demuestra que la contaminación favorece la aterosclerosis”, cuando es un estudio con ratones y demostración no hay ninguna [4] y las enfermedades cardiacas bajan desde hace décadas, como hacen los cánceres desde hace unos veinte años.

        Tengo una lista larguísima de datos por el estilo que mostrar. Creo que es correcto llamarles así, y no sólo eso, lo veía como algo sabido y establecido. Vamos, igual que los Luddites estaban encantados con ser llamados así, y los protestantes con ser insultados como tales. Sin embargo, objeto a la mención a los nacional-socialistas, ya dije dije más arriba que en mi comuna no se admitirían nazis.

        Eso sí que podría alguien con piel fina interpretarlo como “impregnado de mucha agresividad”, hehehehe. Pero yo veo sagrada la libertad de expresión y estimulo activamente el debate (mejor con referencias, claro, que apoyen las acusaciones).

        Bueno, señor, cuídese.

        al
        ——
        [1] Calculo que, desde 1972, a 1.2 millones de personas por año, unos 45 millones, muy conservadoramente estimado. Algunos datos chocantes en:

        Peter Turner: Dezinformatsiya: Ecologistas y el uso de herramientas motivacionales. Libertad Digital, Jan 25, 2005.http://revista.libertaddigital.com/ecologistas-y-el-uso-de-herramientas-motivacionales-1276229535.html

        [2] Fulco Pratesi, Il Corriere della Sera, Apr 24, 2007

        Excerpts:

        Un solo bagno (100 litri) il sabato mattina consente di risparmiare molta acqua, senza pregiudicare l’olfatto dei vicini.

        Per farsi la barba basta mezzo lavandino, tenendo presente che quella è la quantità d’acqua di cui un bambino palestinese può disporre per tutto il giorno.

        La sera, prima di andare a letto, il lavaggio serale: il viso, le mani, le ascelle, i piedi e le cosiddette «parti basse». Il consumo di acqua per queste abluzioni è davvero

        minimo. D’altra parte un individuo sano, che non mangi troppo aglio e che non sudi in mani! era eccessiva, può benissimo avere una vita di relazione senza lavarsi troppo e senza usare gli orrendi deodoranti, oltretutto dannosi alla pelle e alla salute.

        [3] World Watch Institute: Comer carne, ¿es sostenible? Nov 2004? http://www.nodo50.org/worldwatch/ww/pdf/Carnes.pdf

        [4] La exposición prolongada a la contaminación ambiental causa enfermedades cardiacas. Un estudio experimental demuestra que la contaminación favorece la aterosclerosis. Jan 03, 2006. http://www.elpais.com/articulo/salud/exposicion/prolongada/contaminacion/ambiental/causa/enfermedades/cardiacas/elpporsoc/20060103elpepisal_3/Tes

  11. 24 Al Rio 26 marzo 2010 en 12:45

    vaya, copy paste lo ha estropeado un poco, en ciertos sitios faltan doble l’inea en blanco o doble blank space. Se leer’ia much omejor. En fin…

    al

  12. 25 Al Rio 28 marzo 2010 en 13:53

    hi, I got this interview with Gary Becker, 2008 Nobel Prize in Economics

    Leaving aside the thing about economics, I think it is of your interest what he says about keeping freedom up — we and our children will need to fight for liberty more than in decades past:

    ‘Basically an Optimist’—Still. By PETER ROBINSON
    The Nobel economist says the health-care bill will cause serious damage, but that the American people can be trusted to vote for limited government in November.
    WSJ, Mar 27, 2010
    http://online.wsj.com/article/SB10001424052748704094104575144011906222520.html

    Stanford, Calif.

    “No, no. Not at all.”

    So says Gary Becker when asked if the financial collapse, the worst recession in a quarter of a century, and the rise of an administration intent on expanding the federal government have prompted him to reconsider his commitment to free markets.

    Mr. Becker is a founder, along with his friend and teacher the late Milton Friedman, of the Chicago school of economics. More than four decades after winning the John Bates Clark Medal and almost two after winning the Nobel Prize, the 79-year-old occupies an unusual position for a man who has spent his entire professional life in the intensely competitive field of economics: He has nothing left to prove. Which makes it all the more impressive that he works as hard as an associate professor trying to earn tenure. He publishes regularly, carries a full-time teaching load at the University of Chicago (he’s in his 32nd year), and engages in a running argument with his friend Judge Richard Posner on the “Becker-Posner Blog,” one of the best-read Web sites on economics and the law.

    When his teaching schedule permits, Mr. Becker visits the Hoover Institution, the think tank at Stanford where he has been a fellow since 1988. The day he and I meet in his Hoover office, Mr. Becker has already attended a meeting with former Treasury Secretary Hank Paulson and spent several hours touring Apple headquarters down the road in Cupertino with his wife, Guity Nashat, a historian of the Middle East, and their grandson. “I guess you’d call our grandson a computer whiz,” he explains proudly. “He’s just 14, but he has already sold a couple of apps.”

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    winterrobinson
    Zina Saunders
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    I begin with the obvious question. “The health-care legislation? It’s a bad bill,” Mr. Becker replies. “Health care in the United States is pretty good, but it does have a number of weaknesses. This bill doesn’t address them. It adds taxation and regulation. It’s going to increase health costs—not contain them.”

    Drafting a good bill would have been easy, he continues. Health savings accounts could have been expanded. Consumers could have been permitted to purchase insurance across state lines, which would have increased competition among insurers. The tax deductibility of health-care spending could have been extended from employers to individuals, giving the same tax treatment to all consumers. And incentives could have been put in place to prompt consumers to pay a larger portion of their health-care costs out of their own pockets.

    “Here in the United States,” Mr. Becker says, “we spend about 17% of our GDP on health care, but out-of-pocket expenses make up only about 12% of total health-care spending. In Switzerland, where they spend only 11% of GDP on health care, their out-of-pocket expenses equal about 31% of total spending. The difference between 12% and 31% is huge. Once people begin spending substantial sums from their own pockets, they become willing to shop around. Ordinary market incentives begin to operate. A good bill would have encouraged that.”

    Despite the damage this new legislation appears certain to cause, Mr. Becker believes we’re probably stuck with it. “Repealing this bill will be very, very difficult,” he says. “Once you’ve got a piece of legislation in place, interest groups grow up around it. Look at Medicare and Medicaid. Originally, the American Medical Association opposed Medicare and Medicaid. Then the AMA came to see them as a source of demand for physicians’ services. Today the AMA supports Medicare and Medicaid as staunchly as anyone. Something like that will happen with this new legislation.”

    Bad legislation, maintained by self-seeking interest groups. Back in 1982, I remind Mr. Becker, the economist Mancur Olson published a book, “The Rise and Decline of Nations,” predicting just that trend. Over time, Olson argued, interest groups would form to press for policies that would almost invariably prove protectionist, redistributive or antitechnological. Policies, in a word, that would inhibit economic growth. Yet since the benefits of such policies would accrue directly to interest groups while the costs would be spread across the entire population, very little opposition to such self-seeking would ever develop. Interest groups—and bad policies—would proliferate, and the nation would stagnate.

    Olson may have sketched his portrait during the 1980s, but doesn’t it display a remarkable likeness to the United States today? Mr. Becker thinks for a moment, swiveling toward the window. Then he swivels back. “Not necessarily,” he replies.

    “The idea that interest groups can derive specific, concentrated benefits from the political system—yes, that’s a very important insight,” he says. “But you can have competing interest groups. Look at the automobile industry. The domestic manufacturers in Detroit want protectionist policies. But the auto importers want free trade. So they fight it out. Now sometimes in these fights the dark forces prevail, and sometimes the forces of light prevail. But if you have competing interest groups you don’t end up with a systematic bias toward bad policy.”

    Mr. Becker places his hands behind his head. Once again, he reflects, then smiles wryly. “Of course that doesn’t mean there isn’t any systematic bias toward bad policy,” he says. “There’s one bias that we’re up against all the time: Markets are hard to appreciate.”

    Capitalism has produced the highest standard of living in history, and yet markets are hard to appreciate? Mr. Becker explains: “People tend to impute good motives to government. And if you assume that government officials are well meaning, then you also tend to assume that government officials always act on behalf of the greater good. People understand that entrepreneurs and investors by contrast just try to make money, not act on behalf of the greater good. And they have trouble seeing how this pursuit of profits can lift the general standard of living. The idea is too counterintuitive. So we’re always up against a kind of in-built suspicion of markets. There’s always a temptation to believe that markets succeed by looting the unfortunate.”

    As he speaks, Mr. Becker appears utterly at ease. He wears loose-fitting clothes and slouches comfortably in his chair. His hair, wispy and white, sets off his most striking feature—penetrating eyes so dark they seem nearly black. Yet those dark eyes display not foreboding, but contentment. He does not have the air of a man contemplating national decline.

    I read aloud from an article by historian Victor Davis Hanson that had appeared in the morning newspaper. “[W]e are in revolutionary times,” Mr. Hanson argues, “in which the government will grow to assume everything from energy to student loans.” Next I read from a column by economist Thomas Sowell. “With the passage of the legislation allowing the federal government to take control of the medical system,” Mr. Sowell asserts, “a major turning point has been reached in the dismantling of the values and institutions of America.”

    “They’re very eloquent,” Mr. Becker replies, his equanimity undisturbed. “And maybe they’re right. But I’m not that pessimistic.” The temptation to view markets with suspicion, he explains, is just that: a temptation. Although voters might succumb to the temptation temporarily, over time they know better.

    “One of the points Secretary Paulson made earlier today was how outraged—how unexpectedly outraged—the American people became when the government bailed out the banks. This belief in individual responsibility—the belief that people ought to be free to make their own decisions, but should then bear the consequences of those decisions—this remains very powerful. The American people don’t want an expansion of government. They want more of what Reagan provided. They want limited government and economic growth. I expect them to say so in the elections this November.”

    Even if ordinary Americans still want limited government, I ask, what about those who dominate the press and universities? What about the molders of received opinion who claim that the financial crisis marked the demise of capitalism, rendering the Chicago school irrelevant?

    “During the financial crisis,” he replies, “the government and markets—or rather, some aspects of markets—both failed.”

    The Federal Reserve, Mr. Becker explains, kept interest rates too low for too long. Freddie Mac and Fannie Mae made the mistake of participating in the market for subprime instruments. And as the crisis developed, regulators failed to respond. “The Fed and the Treasury didn’t see the crisis coming until very late. The SEC didn’t see it at all,” he says.

    “The markets made mistakes, too. And some of us who study the markets made mistakes. Some of my colleagues at Chicago probably overestimated the ability of the Fed to smooth disruptions. I didn’t write much about the Fed, but if I had I would probably have overestimated the Fed myself. As the banks developed new instruments, economists paid too little attention to the systemic risks—the risks the instruments posed for the whole financial system—as opposed to the risks they posed for individual institutions.

    “I learned from Milton Friedman that from time to time there are going to be financial problems, so I wasn’t surprised that we had a financial crisis. But I was surprised that the financial crisis spilled over into the real economy. I hadn’t expected the crisis to become that bad. That was my mistake.”

    Once again, Mr. Becker reflects. “So, yes, we economists made mistakes. But has the experience of the past few years invalidated the finding that markets remain the most efficient means for producing economic growth? Not in any way.

    “Look at growth in developed countries since the Second World War,” he continues. “Even after you take into account the various recessions, including this one, you still end up with a good record. So even if a recession as bad as this one were the price of free markets—and I don’t believe that’s the correct way of looking at it, because government actions contributed so greatly to the current problem—but even if a bad recession were the price, you’d still decide it was worth paying.

    “Or look at developing countries,” he says. “China, India, Brazil. A billion people have been lifted out of poverty since 1990 because their countries moved toward more market-based economies—a billion people. Nobody’s arguing for taking that back.”

    My last question involves a little story. Not long before Milton Friedman’s death in 2006, I tell Mr. Becker, I had a conversation with Friedman. He had just reviewed the growth of spending that was then taking place under the Bush administration, and he was not happy. After a pause during the Reagan years, Friedman had explained, government spending had once again begun to rise. “The challenge for my generation,” Friedman had told me, “was to provide an intellectual defense of liberty.” Then Friedman had looked at me. “The challenge for your generation is to keep it.”

    What was the prospect, I asked Mr. Becker, that this generation would indeed keep its liberty? “It could go either way,” he replies. “Milton was right about that.”

    Mr. Becker recites some figures. For years, federal spending remained level at about 20% of GDP. Now federal spending has risen to 25% of GDP. On current projections, federal spending would soon rise to 28%. “That concerns me,” Mr. Becker says. “It concerns me a great deal.

    “But when Milton was starting out,” he continues, “people really believed a state-run economy was the most efficient way of promoting growth. Today nobody believes that, except maybe in North Korea. You go to China, India, Brazil, Argentina, Mexico, even Western Europe. Most of the economists under 50 have a free-market orientation. Now, there are differences of emphasis and opinion among them. But they’re oriented toward the markets. That’s a very, very important intellectual victory. Will this victory have an effect on policy? Yes. It already has. And in years to come, I believe it will have an even greater impact.”

    The sky outside his window has begun to darken. Mr. Becker stands, places some papers into his briefcase, then puts on a tweed jacket and cap. “When I think of my children and grandchildren,” he says, “yes, they’ll have to fight. Liberty can’t be had on the cheap. But it’s not a hopeless fight. It’s not a hopeless fight by any means. I remain basically an optimist.”

    Mr. Robinson, a former speechwriter for President Ronald Reagan, is a fellow at Stanford University’s Hoover Institution.

  13. 26 Al Rio 14 abril 2010 en 15:21

    On libertarian paternalism/soft paternalism:

    http://www.cato-unbound.org/2010/04/05/glen-whitman/the-rise-of-the-new-paternalism/

    Check on the right side to see essays replying to the one linked above. The reply by Thaler (co-author of libertarian paternalism foundations along with Cass Sunstein) is unbelievably derisive and insulting, hehehe.


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