MISIÓN CUMPLIDA

Al comienzo de la pasada tarde de Reyes murió Luis Munuera Martínez y, al marcharse, se llevó consigo el secreto de la máquina de partir en dos las horas que debía de tener escondida en algún lugar de su consulta. Fue un prestigioso traumatólogo, catedrático de universidad,  infatigable ponente en congresos en todo el mundo, miembro de multitud de organizaciones médicas, siempre dispuesto a dar una conferencia en cualquier parte… ¡Ah!, y además era mi tío Luis.

Los profesionales de la Unidad de cuidados paliativos que lo atendieron en el hospital también se preocuparon de los que se quedaban aquí y, para evitar la aún más penosa coincidencia de fechas, trataron de conseguirle “el billete” para después de Reyes; pero claro, estamos hablando de un viaje que sólo obedece a sus propias leyes. Desde hace mucho tiempo siento una profunda admiración por todos aquellos a los que el contacto diario con la muerte hace tan sabios como para hablar de ella con cariño y con humor.

El alcance de su obra profesional, científica y docente la verdad es que se me escapa, porque yo nunca me planteé seriamente seguir los pasos de mi tío y, además, me consta que muchas publicaciones del mundo de la Medicina ya se están ocupando de ella.  No, yo quiero destacar algo diferente.

Como científico mi tío Luis buscaba la verdad. Por eso, por el mero hecho de escribir y además por hacerlo sobre él, me siento doblemente en deuda con la verdad. Y la verdad es que nuestra relación no siempre fue fácil. De hecho estuvo marcada por muchos, y largos, períodos de distanciamiento. Sin embargo hubo algo en esa relación que me hace sentir un privilegiado: en cada uno de nosotros siempre quedó una parte abierta al otro, que indefectiblemente acabó reuniéndonos. Y llamo a esto privilegio en todos los sentidos de la palabra, empezando por el etimológico de “ley privada”, ley particular de determinadas relaciones, frente a la “ley general” que marca la pauta del común de ellas. Creo que hoy en día la regla general es la de lo “políticamente correcto”, la de las técnicas de relaciones públicas y humanas, la de lo que Stephen Covey denominó “ética de la personalidad”, por contraposición a la “ética del carácter”, centrada “en cosas tales como la integridad, la humildad, la fidelidad, la mesura, el valor, la justicia, la paciencia, el esfuerzo (…)” (1).  Esta última, por desgracia, parece constituir la excepción en lo que se refiere al trato entre las personas.

Quizás he tenido mala suerte, pero a lo largo de mi vida he conocido pocas relaciones capaces de sostener los desencuentros sin quedar dañadas para siempre. Por eso, cada vez que doy con una de ellas la valoro hasta el punto de considerarla un privilegio. Quiero pensar que cuando una relación se comporta de esa manera es porque no está basada en las técnicas de comunicación, en la “ética de la personalidad”, sino cimentada en los valores que conforman la “ética del carácter”. Quiero pensar que mi relación con mi tío Luis fue así.

Querido tío, a veces imagino que en el momento de tu partida te envolvió una especie de manto suave y te sacó dulcemente de entre las ruedas del tiempo. Merecías irte en paz; sembraste cosas buenas y cumpliste tu misión.

Yo, entre otras muchas cosas, te debía un recuerdo más allá de las alabanzas al difunto, un recuerdo tan personal y tan singular como la relación entre dos familiares que se quisieron desde su autenticidad. Ahora siento que también he cumplido y me quedo en paz.

(1)     Stephen Covey. Los siete hábitos de la gente altamente efectiva.

Foto: 47º Congreso Argentino de Ortopedia y Traumatología

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16 Responses to “MISIÓN CUMPLIDA”


  1. 1 JotaEle 10 enero 2011 en 12:50

    Siento mucho tu pérdida. Mi más sentido pésame.

    Javier

  2. 3 Diego Doblas 10 enero 2011 en 20:15

    Te acompaño en esa sinceridad con la que ves de forma tan sana como una persona, que ha vivido su vida de forma plena y fructífera, se va con la sensación de haber realizado su misión con éxito,

    … pero también te acompaño en ese otro sentimiento, no tan alegre, de despedida, aunque sea momentánea, porque todos sabemos ….

    … que es cuestión de tiempo.

    Con cariño, un fuerte abrazo.

    • 4 José Ignacio 11 enero 2011 en 7:58

      Diego, muchas gracias por tu cariño.

      Pues sí, es cuestión de tiempo…, lo cual convierte en algo valiosísimo el tiempo que nos es dado compartir. Al final, en cierta forma todos vivimos en una unidad de cuidados paliativos, ¿no? La verdad es que me gustaría ser capaz de vivir la vida con la serenidad y el humor de que hacen gala las personas que se dedican a atender a los enfermos terminales. Pero entonces lo primero que tendría que hacer sería dejar de ser tan vehemente y cambiarle el nombre a este blog…

      Un abrazote,

      JI

  3. 5 Alejandro Garcia Valdes 10 enero 2011 en 23:43

    Guardo un gran recuerdo de tu tio. Con 8 años, en los años 70 comenzo a tratarme de exostosis multiple con sus consiguientes operaciones. A parte del exito de dichas intervenciones consiguió que me sintiera una persona sana. Aprendi con el que las limitaciones de la enfermedad las establecia yo, no la enfermedad. Era duro y entrañable. Recuerdo también a Marina.
    Estoy seguro que fue un angel que paso por nuestras vidas. Descansa en paz y mi pesame a sus familiares

    • 6 José Ignacio 11 enero 2011 en 7:49

      Muchas gracias por dejarnos tu recuerdo, Alejandro. Hasta donde llega mi memoria, nunca le oí decir lo de que las limitaciones de tu enfermedad las estableces tú, no la enfermedad, pero creo que es una de esas afirmaciones poderosas que van directamente al corazón y ayudan a crecer. Ahora que lo escucho, me parece muy en la línea de mi tío Luis.

      Gracias nuevamente por compartir tu vivencia. Quizás la verdadera inmortalidad de una persona está en la capacidad de los que quedan para compartir lo que aquélla sembró.

      Un abrazo,

      JI

  4. 7 osumaremia 25 abril 2012 en 9:49

    las malas noticias siempre son malas, tengo un disgustazo que madre mía, que pechá a llorar me estoy dando. su tío trató a mi hijo entonces un chaval de 14 años, en el ruber internacional, yo sin medios, en situación personal terrible por otras causas, y su tio me lo operó y trató hasta que por fin, diez año después, en el 2005, el año de su jubilación, el milagro se obró. No tengo en este moment palabras para decirle lo que, todo lo bueno que opino de su tío, como persona y ser humano lo primero, y como doctor lo segundo, le doy mi más sincero pésame, hoy es un tristísimo día para mí, muy triste. Ariadna Menéndez.

    • 8 José Ignacio 26 abril 2012 en 6:44

      Muchas gracias por su visita. Siento mucho el disgusto que se ha llevado. Por si le sirve de consuelo, la forma tan emotiva en que Vd. recuerda a mi tío Luis es una alegría para mí y, estoy seguro, para el resto de su familia.

      Un cordial saludo,

      JI

      • 9 Ariadna Menéndez Rodríguez 29 noviembre 2013 en 1:51

        Gracias José Ignacio. Mi hijo es motivo de orgullo para mí, y gracias a Don Luis Munuera sigue caminando por este mundo unos años más, siendo motivo de felicidad y orgullo para quienes le hemos ayudado a crecer y vivir. Un abrazo eterno, Ariadna “Osumaremía”.

      • 10 José Ignacio 29 noviembre 2013 en 7:39

        Gracias a ti por tu visita y por seguir haciendo inmortal a mi tío Luis casi tres años después.

        Un abrazo,

        JI

  5. 11 Joan 3 diciembre 2012 en 16:46

    Hola . Yo no llegue a concer a tu tio Luis Munuera Martínez, ni tampoco a su padre Luis Munuera Morosoli. Me da la impresión que padre e hijo eran de la misma especie. Lo vengo a decir porque Lume interesaria conocer un poco mas sobre Luis Munuera Morosoli y tal vez tu me puedas ayudar.
    He realizado un trabajo de investigación respecto del Colegio Nacional de Ciegos de Madrid en el que trabajo como médico y durante la guerra vino refugiado con los alumnos a Ontinyent mi ciudad natal. Solo decirte que este es mi correu por si te pones en contacto y de doy más detalles de mis intenciones que no son más que hacer un poquito de historia.
    Gracias.
    jotorro@terra.es

  6. 13 juan dominguez 16 octubre 2015 en 10:23

    Perdonar, por escribir este comentario despues de tantos años del Fallecimiento del Doctor Munuera Hijo. Digo Hijo, porque yo conocia al padre y al Hijo. Tengo 57 años y soy uno de los niños afectado por poliomilitis. Operado varias veces por El Doctor Munuera Padre En el Hospital Infantil de San Rafael del Paseo de la Habana, y tambien por el Doctor Munuera Hijo en el Hospital de San Rafael, de la Calle Serrano.
    Tenia ganas de Ver en internet, a ver que era de sus vidas. Me he llevado la desasgradable noticia que el Doctor Munuera (hijo) habia fallecido, Lo del padre si que me esperaba que ya hubiese fallecido, por edad. Pero los del Hijo, no. Guardo un Gran recuerdo de los dos, en su momento estaban a la vanguardia de la cirugia ortopedida en españa. Gracias a ellos hoy puedo andar y sentirme util en esta socieda.
    Dese aqui quiero hacer llegar mi mas sentido pesame a sus familiares
    y decir que nunca podre agradecer lo que esta familia hizo por mi y por mis padres. Mil Gracias y que descansen en paz.
    En algun lugar del cielo hay dos personas que siguen haciendo felices a los que sufren.

  7. 15 Ana de Soler Serrano 18 agosto 2016 en 9:55

    Conocimos al Dr. Luis Munuera allá por los 80 cuando intervino a nuestro hijo Alvaro de un problema en el menisco. Su humanidad y estilo campechano nos dejó una huella indeleble. Despues de aquel tiempo nos instalamos en Hispanoamerica y EE.UU y todos los médicos que conocimos en ambos continentes tenían referencias y admiración hacia el Dr. Munuera.
    Nos apenó muchísimo conocer su fallecimiento, pero nos conforta saber que hoy en día es recordado como un extraordinario profesional, y a nivel personal guardamos un excelente recuerdo del trato e inestimable ayuda que prodigó a nuestro hijo, al igual que el afecto y cordialidad hacia la familia.
    Bendito sea esté donde esté Dr. Munuera.


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