Archivo para 26 febrero 2011

UN UNIVERSO AMIGABLE (y 2)

se debe considerar el presente estado del universo como la consecuencia de su estado previo y la causa del subsiguiente. La inteligencia que en algún momento pudiera conocer todas las fuerzas que están actuando en la naturaleza y las posiciones relativas de sus elementos, y que fuera lo suficientemente poderosa como para someter este conocimiento a análisis, podría englobar en una sola fórmula el movimiento de los cuerpos más enormes del Universo y el de sus átomos más livianos; nada quedaría en el desconocimiento y tanto el futuro como el pasado se abrirían a su mirada.

Después de publicar la última entrada (https://escritodesdelastripas.wordpress.com/2011/01/31/un-universo-amigable/) me tropecé con esta frase del matemático Pierre Simón de Laplace (1749 – 1827) y sentí que me había dejado el comienzo del artículo incompleto; para mí es casi imposible transmitir con menos palabras la esencia del s. XVIII. La frase de Laplace fue escrita en 1820 y cobra todo su sentido en un mundo que aún no conocía la teoría cinética de los gases, la teoría de la relatividad, la mecánica cuántica, el psicoanálisis, el surrealismo…, en un mundo para el cual, seguramente, la peor plaga era el misterio.

Lo anterior me llevó a la idea de que también me había dejado incompleto el final. Aquí citaré al físico ruso Igor Navikov tratando de explicar la inmensa popularidad de Einstein en nuestro mundo:

En primer lugar, fue un gran investigador y sus descubrimientos se ocuparon de las propiedades más misteriosas del tiempo y del espacio. El rastro del misterio atrae invariablemente a aquellos que desean reflexionar sobre el significado del mundo y de nuestra presencia en él (y que son lo bastante fuertes como para encontrar tiempo para ello en el continuo ajetreo de la vida.)

No deja de ser curioso que la propia ciencia que pretendía acabar con la dimensión misteriosa de la existencia haya abierto la puerta a misterios inconcebibles. Probablemente un oriental diría que ésta es la mejor prueba de que cada cosa contiene el germen de su opuesto, lo cual es en sí mismo otra misteriosa y bella paradoja.

Finalmente, me he dado cuenta de que la prudencia me exige un matiz a mi anterior entrada: por mucho que se necesite descansar del misterio y de la paradoja, es preciso visitar siempre los cuadros del s. XVIII pensando en su sostenibilidad, no vaya a ser que acabemos matando a la gallina de los huevos de oro:

El cuadro es de Bansky, un artista sobre el que podéis leer más en el blog cuyo enlace pongo a continuación.

Fuentes:

The River of Time. Igor Navikov. Cambridge University Press

http://dondestaeldeposito.blogspot.com/2008_11_23_archive.html

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Una frase:

"El tiempo es lo que impide que todo suceda de golpe."

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