Archivo para 8 julio 2011

PESADOS

Es de sobra conocido que los efectos de las excreciones mentales de un pesado de los de verdad son devastadores. En efecto,  cualquier encuentro con uno de esos especímenes que dure más que una subida en ascensor (mientras su víctima asiente a todo con la cabeza como un muñeco mecánico) puede tener resultados tales que dejarían pálido a un manual de guerra química escrito por Sadam Hussein en una noche de dolor de muelas; a saber:

 

1)      Alteración del ritmo respiratorio

2)      Sudoración intensa

3)      Cefalea

4)      Cambios en la coloración de la piel

5)      Pérdida de la melanina en todo el vello del cuerpo

6)      Convulsiones

7)      Micción involuntaria

8)      Vómitos sanguinolentos

9)      Estertores

10)   Cianosis

11)   Parada cardiorespiratoria

12)   MUERTE*

 

*Algunos cadáveres de víctimas de pesados presentan síntomas de espasmo muscular consistentes en el puño cerrado, salvo el dedo medio,  completamente estirado apuntando al cielo.

 

Pues bien, quiero compartir con mis escasos lectores un antídoto que suelo emplear eficazmente contra tan trágico destino:

 

1)      Supongamos que estoy acorralado en un espacio reducido. El pesado ha tenido buen cuidado de bloquear el acceso a cualquier salida, se ha sentado en medio de la vía de escape y empieza a darme lecciones sobre la concatenación de los opuestos según las tesis de Fray Gerundio de Campazas; ya se sabe, sólo porque cree que sin su ayuda no soy nada. Cuando empiezan a aparecer los síntomas descritos más arriba, trato de conservar la presencia de ánimo; me digo a mí mismo que yo puedo lograrlo: si el pesado no me mata, me hará más fuerte.

2)      De antemano, y en previsión de una situación como ésta, me he aprendido de memoria las dos primeras páginas de la guía de teléfonos; empiezo a recitarlas mentalmente para proteger mi cerebro del despiadado ataque a que está siendo sometido.

3)      Dirijo la mirada a la cabeza del pesado.

4)      Sin parar de recitar mentalmente la guía (más o menos a la altura del abonado “Abad”), voy centrando la atención en su entrecejo.

5)      Aproximadamente al llegar a “Alcalde” clavo la mirada en su frente.

6)      Éste es el paso decisivo, el momento de la verdad, el “todo o nada”: ahora imagino que, por efecto de la indescriptible pesadez de su soliloquio, la sesera de mi verdugo ha ido aumentando de densidad hasta implosionar como un agujero negro. Entonces, víctima del colapso gravitacional, la parte media de la frente se le va estrechando, igual que el esbelto talle de una joven; es como si ahora viera esa plúmbea testa reflejada en un espejo deformante. A continuación, y conforme a los hallazgos de la astrofísica, el agujero negro empieza a emitir radiación. Visualizo la cabeza de esa Némesis que tengo ante mí rodeada de un halo fosforescente. Tan intensa iluminación constituye una forma más de tortura para la infortunada criatura que comparta lecho con el pesado; a ese pobre ser ya no le queda ni la tregua del sueño.

7)      Ante estas visiones, poco a poco las endorfinas empiezan a regar de nuevo mi corteza cerebral, el cachondeo se insinúa, la risa anuncia su aparición con ligeros movimientos de diafragma.

8)      Las contracciones musculares van subiendo de intensidad hasta que liberan por completo mi diafragma, la respiración vuelve, el resurgimiento de la vida se anuncia.

9)      Finalmente prorrumpo en una carcajada brutal.

10)   El pesado se mosquea y, con aire de dignidad ofendida, se larga.

11)   Me felicito a mí mismo. He vuelto a nacer gracias a mi entereza.

 

No, no me deis las gracias; estas cosas yo las hago solo por amor a la Humanidad.

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Una frase:

"El tiempo es lo que impide que todo suceda de golpe."

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