MÁS TROMPAS Y MENOS TRAMPAS

Los elefantes inspiran respeto, por eso son protagonistas de muchas leyendas, historias y mitos. En Asia el elefante es un animal sagrado, considerado como un dios y venerados desde hace más de 5.000 años; de hecho Airavata, el primer ser en abandonar la concha creadora de Brahma, es el antepasado de los elefantes y sus poderosas piernas son los cuatro pilares que sustentan el peso del universo.

También en la mitología hindú el dios Ghanesha tiene cuerpo de hombre y cabeza de elefante. Con su vientre rechoncho y su aire bonachón suscita la simpatía popular. Protege el hogar y trae suerte en las empresas comerciales y también, como símbolo del conocimiento, es la divinidad de los estudios y los intelectuales. Asimismo, representa la armonía entre el hombre y el universo en una simbiosis perfecta. Hoy en día – permítaseme el inciso -, en estas latitudes, resulta cuanto menos chocante que un mismo icono sea símbolo, a la vez, de la prosperidad en las empresas comerciales y de la armonía entre el hombre y el universo. La causa de la sorpresa está, quizás, en que hemos perdido el contacto con ese antiguo espíritu de individualismo que sintetizaba lo personal y lo universal en la fuerza y el talento necesarios para buscar desde uno mismo, inspirado en la armonía con todo lo demás. Ghanesha también es considerado “el que abre los caminos” y el “destructor de obstáculos”.

Este dios sonriente siempre aparece acompañado por su montura preferida, un ratón – en algunas iconografías un armadillo, un tapir o un topo -. La fuerza del elefante queda así asociada a la habilidad del minúsculo roedor, una alianza destinada a vencer todos los obstáculos de la existencia – es decir, la versión ancestral del “yo gano, tú ganas”, en lugar del “yo lidero, tú te aguantas”, basado en la “meritocracia”, en alguna perversa interpretación de la teoría de la selección natural, o en cualquier otro desvarío de la mente.

El elefante también tiene un papel fundador en el budismo hindú. Según algunas versiones de la leyenda, la casta reina Maya soñó que un elefante blanco entraba en su cuerpo y, nueve meses después, dio a luz al Buda. Desde entonces, en el sureste de Asia se venera al elefante blanco. El color blanco significa humildad (sí, sí  H-U-M-I-L-D-A-D).

Conforme a otra tradición hindú los primeros elefantes volaban y se desposaban con las nubes, aunque la ira de un santón, provocada por un trágico accidente, privó de alas a los paquidermos para siempre jamás. Sin embargo, entre ellos y las nubes continuó la amistad, por lo que muchos creen que los elefantes siguen pudiendo hacer que sus antiguas compañeras descarguen lluvias.

Es muy interesante el que, a pesar de la distancia geográfica y cultural, los bosquimanos de África del sur creen que los elefantes tienen poderes mágicos y en su mitología éstos también aparecen estrechamente ligados a la lluvia y se les considera capaces de atraerla – un misterio más de la arquitectura de nuestra psique -, aunque, quizás, esta asociación de ideas de los bosquimanos se deba a la capacidad de los elefantes de encontrar agua en el desierto. Según parece, los elefantes buscan terrenos en los que cavan pozos para encontrar agua y poder tomarla o darse un baño y, después de desocupar el pozo, lo dejan abierto para que otros animales puedan tomar agua también. Esos pozos sirven, por otra parte, de lugares de encuentro, donde las familias de elefantes se reúnen e interactúan.

En fin, que yo creo que el elefante ha hecho méritos suficientes para convertirse, como el agua a la que tan ligado está, en el símbolo de la limpieza y regeneración que muchos anhelamos para esta desmoralizada España.

Por cierto, creo que la mejor disculpa que hubiera podido ofrecer el monarca habría sido instar al Gobierno a que, de forma inmediata, promueva una legislación que asegure de cara al futuro una total transparencia en cuanto a las actividades y a la gestión de la Casa Real y, posiblemente, una reforma constitucional que eliminase el privilegio de la inviolabilidad del Rey.

Para más información ver:

 http://www.conciencia-animal.cl/paginas/temas/temas.php?d=911

 http://blogs.ekaternia.es/gyzzma/?p=11

 http://literaturauniversaliesmfernandez.blogspot.com.es/2008/11/elefante.html

http://www.taringa.net/posts/imagenes/2116783/Elefantes.html

Imagen: http://www.google.es/imgres?q=elefante+republicano&hl=es&biw=1600&bih=703&gbv=2&tbm=isch&tbnid=M_fCdL_QE-pcuM:&imgrefurl=http://elmundano.wordpress.com/2012/04/16/el-chaparron-real/&docid=39HOduO450IUXM&imgurl=http://elmundano.files.wordpress.com/2012/04/elefante-republicano.jpg&w=400&h=309&ei=jxmQT5-yHKW80QWCkuHbAQ&zoom=1&iact=hc&vpx=944&vpy=159&dur=12627&hovh=197&hovw=255&tx=147&ty=138&sig=106234233830129228450&page=1&tbnh=161&tbnw=220&start=0&ndsp=21&ved=1t:429,r:4,s:0,i:77

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9 Responses to “MÁS TROMPAS Y MENOS TRAMPAS”


  1. 1 Diego Doblas 20 abril 2012 en 2:13

    Como siempre, interesantes tus reflexiones.

  2. 3 emilio 20 abril 2012 en 7:20

    PUES MIRA, A MI ME PARECE QUE HABLAS DEMASIADO DE LOS ELEFANTES Y DEMASIADO POCO DE LA MONARQUÍA. CUANDO EMPECÉ A LEER EL ARTÍCULO ESPERABA ALGÚN “CATE” AL MONARCA Y ME HA SABIDO A CASI NADA. SI HUBIERA CAZADO JINETAS, COSA QUE ME PARECE IGUAL DE GRAVE: ¿HABRÍAS HABLADO TANTO DE LAS JINETAS?. ES QUE ME HA PARECIDO QUE TE HA MOLESTADO MAS QUE SE TRATASE DE ELEFANTES QUE EL HECHO MISMO DE “ESE TIPO DE CACERÍAS” QUE NOSOTROS PAGAMOS.

    • 4 José Ignacio 20 abril 2012 en 9:21

      Hola Emilio. No es tema de caza sí o caza no, o jinetas o elefantes. He tratado de aprovechar el simbolismo que en algunas culturas encierra el elefante para mostrar mi disgusto por la situación que vivimos que, a mi juicio, es el negativo de esa foto. Esa situación no se limita al Rey, sino a la crisis de valores que atravesamos, a las políticas que se han hecho y se hacen en España y a la actitud desmoralización que, a mi juicio, adoptamos ante ellas. Dentro de eso, por supuesto, está el Rey y la extremada falta de sensibilidad que muestra con su actitud, que es lo que ha servido de catalizador para esta entrada, que trata de condensarlo un poco todo.

      Luego, se te quedan muchas cosas en el tintero. Tú sabes tan bien como yo que el Derecho ha ido evolucionando de confundirse con la voluntad subjetiva del soberano a objetivizarse. Las disculpas del Rey en una comparecencia sin preguntas – tan del gusto de los mandamases de hoy en día – me parece que constituyen un gesto de “soberana” hipocresía, cuando no van acompañadas de una invitación al Gobierno de que promueva una legislación que someta a un mucho mayor control y transparencia todo lo relativo a la Casa Real, de manera que, en el futuro, nunca se pueda tener la impresión de que el Rey está desconectado de la realidad de sus conciudadanos, en una situación de privilegio donde hace lo que le da la gana. Tampoco hubiera estado mal – aunque supongo que eso es mucho pedirle – que se hubiera planteado públicamente si los españoles queremos un rey o no, que hubiera aceptado la legitimidad de esa elección, y que hubiera instado un referendum sobre la misma.

      Un abrazo,

      JI

  3. 5 emilio 20 abril 2012 en 10:30

    Te entiendo, y, al hilo, totalmente de acuerdo con lo de “soberana hipocresía”

    • 6 JAC. 3 mayo 2012 en 10:27

      Barrunto que lo público del foro no te ha permtido abundar en el propósito: La saga de los monarcas Españoles. ¿”La justicia es igual para todos”?.

  4. 7 pinpinella 5 mayo 2012 en 8:18

    Gracias Ignacio por tus reflexiones que, como siempre, me parecen muy interesantes e invitan a reflexionar.
    El Rey solo no ha matado elefantes. Ha cazado la trasparencia (aunque la verdad no sé si puede matar lo que no existe o ya estaba muerto) y lo ha hecho de forma vergonzosa. Lo más escondido que ha podio. De forma furtiva.
    Con la que está cayento ha desvelado que la aparente sensibilidad populista del hombre teóricamente campechano que se va de putas como cualquiera dista mucho de ser real (en el sentido de “verdad”, claro).
    Y lo ha desvelado con la mala fortuna de que no hay escondite para ocultar un elefante. A estas alturas debe estar pensabdo la que ha liado…matar la trasparencia en silencio era lo que hasta ahora se hacía y resulta que ahora lo sabe todo el mundo.
    No: no va de putas como los demás y no le importan las mismas cosas que a los demás.
    De hecho su comportamiento revela una insensibilidad que me permite asegurar que le importa un carajo lo que pase al pueblo que ampulosamente proclamara suyo “su” pueblo frente al que no reponde porque, claro, para algo es el dueño.
    Eso sí. Le preocupa que se sepa y, claro está, hay que fingir que está arrepentido. ¿de verdad alguien cree que habría pedido perdón, ni siquiera en la intimidad, si no se hubiese visto cazado “in fraganti”?.
    La verdad, a un niño se le puede perdonar que haga una travesura, a un adolescente una gamberrada dentro de ciertos límites, pero al Rey…a estas alturas ni travieso, ni gamberrete, un personaje totalmente opaco del que no creo que pida perdón arrenpentido por lo hecho, sino por las consecuencias.
    Yo desde luego no, No le perdono. Que se vaya con la Monarquía a donde le quieran o que se quede como puto ciudadano que….que se entere ¡no tiene ni para ir de putas baratas!. ¡Ya está bien!.
    Un abrazo.
    Rafa

    • 8 José Ignacio 11 mayo 2012 en 8:04

      Muchas gracias por tu visita, Rafa. Un placer tenerte por aquí.

      Vivimos en una sociedad en la que, por ejemplo, abarrotamos nuestra “agenda” de los fines de semana con determinadas actividades para que nuestros hijos consuman cultura y estén más formados de cara a la “carrera de ratas” que les espera, y luego entramos como “hooligans” en la sala de exposiciones o en el taller, para pillar el mejor sitio. Es una sociedad que me recuerda un poco a los cuadros de Escher, esos que muestran escaleras y pasadizos que uno nunca llega a saber si suben o bajan o van hacia un lado o hacia el otro. Pues el mundo en que vivimos es, para mí, un poco así. ¿Y el rey? Pues el rey y su familia son tipos a los que, por un lado, se presenta como muy normales, para que resulten “democráticamente” aceptables, pero, a la vez, tampoco pueden ser demasiado “normales”, porque entonces no podrían encuadrarse en el lugar que ocupan. Entonces resulta que hay que hacer un auténtico encaje de bolillos, en el cual el rey es el máximo representante de un estado supuestamente láico, pero luego resulta que tiene que atemperarse a los valores del catolicismo oficial, que si no le apetece vivir con su mujer no puede divorciarse, que a su hijo lo tuvo que casar un cardenal en La Almudena aunque a su futura esposa hubo que enseñarle qué era ese sitio y dónde estaba, etc. En definitiva, todo un cuadro de Escher, donde no se sabe si suben o si bajan; todo se queda en una “cosmética” de la que lo que sí se sabe es que cuesta, en mi opinión, mucho más de lo que vale. Al final vamos a llegar a la conclusión de que el rey es un buen (en el sentido de “exacto”) representante de esta sociedad. Por cierto, saludo cordialmente a los policías, que, según parece, vigilan todas las expresiones díscolas que circulan por Internet. Un abrazote, JI

      • 9 José Ignacio 11 mayo 2012 en 8:11

        Hola Jacinto. Muchas gracias por tu visita. La verdad es que no le tengo más miedo a hablar del rey que a hablar de cualquier otro tema. Lo que quiero decir es que me da mucho miedo hablar de cualquier cosa, porque si expresara lo primero que me surge, seguramente acabaría en la cárcel o en el manicomio.

        En realidad quise aprovechar el “tropiezo” del rey y la simbología que encierra el elefante de determinadas culturas para expresar mi disgusto con el mundo que veo; el rey sólo sería una pieza, eso sí, muy visible, de ese mundo. Pero probablemente el propósito no está muy logrado, porque ha sido necesario explicarlo, y un artículo bien construido debe ser capaz de “defenderse solo”. Un abrazo. JI

        Un abrazo. JI


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