LOS VENGADORES

“Ahorra lágrimas a tus hijos, para que un día éstos puedan usarlas para regar tu tumba” Eso dice una inscripción sepulcral romana, y tal vez fue la contundencia de ese mensaje lo que me empujó a decir “sí” y a llevar a mi hijo a ver una película que, para mí, era la crónica de un dis-gusto anunciado.

Las primeras tres cuartas partes de “Los Vengadores” se me hicieron pesadas hasta la desesperación, desgranando lentamente los conflictos internos de los personajes e incluso metiendo en liza alguna que otra cuestión con resonancias ideológicas. ¿A quién va dirigido ese discurso? ¿A los niños de hoy? ¿A los niños de ayer?

Disfruté de las historias de superhéroes en los 70 – yo era más bien de Spiderman que de Los Vengadores, pero bueno -, leyendo aquellos tebeos de Marvel impresos en blanco y negro y en papel malo, y mucho antes de sumergirme en la oscuridad de la sala ya sabía que no iba a ver a “mis” superhéroes. El superhéroe exige de su público unas dosis de ingenuidad que rayan en lo grotesco incluso para un niño, así que, en mi opinión, la verdadera hazaña de cualquier superhéroe no es más que eso: caer en lo grotesco sin que nadie le pierda el respeto; lograr que su público lo salve a él del ridículo, pero sin darse cuenta. Para ello, el superhéroe debe reunir una serie de poderes extraordinarios por lo contradictorio: su difícil misión requiere el candor necesario para que le abras la puerta de tu ingenuidad y, a la vez, le exige la suficiente dosis de “garra” como para entrar arrollándote y dejarte preso del campo de energía de la historia hasta que ésta acaba.

Pues bien, echo de menos en Los Vengadores ese toque de ingenuidad, que queda arrasada hasta los cimientos cuando la cinta se centra tanto y durante tanto tiempo en la tortura interior de algunos de los protagonistas y de los conflictos entre ellos. Eso no es una historia de superhéroes, es un diálogo de besugos entre unos tipos vestidos de espantajo que no se sabe si parecen sacados de un baile de carnaval o directamente del manicomio. En cuanto a la parte final, sí, es de una acción trepidante y los efectos especiales son dignos de verse, pero sin negar su valor técnico, incluso artístico – se acepta “pulpo” como animal de compañía -, me quedé con la sensación de que, en el fondo, me estaban privando del privilegio de volver a sentirme niño y completar el mensaje de la pantalla con mi imaginación. En fin, un bodrio.

Foto: http://elaguijonmusical.over-blog.es/article-comienza-a-rodar-la-cita-con-los-vengadores-en-un-ambiente-de-compa-erismo-noticias-del-cine-un-di-104044220.html

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2 Responses to “LOS VENGADORES”


  1. 1 Daniela Campos 20 noviembre 2013 en 17:25

    Está película es de mis favoritas, y a pesar de que no soy muy fan de los cómics, el trabajo del director Joss Whedon logró atraparme de principio a fin, por los personajes, la historia y los increíbles efectos que presenta.

    • 2 José Ignacio 21 noviembre 2013 en 9:15

      Muchas gracias por tu visita. La película me resultó demasiado densa, demasiado compleja. No tenía la frescura de las aventuras de superhéroes que conocí en mi infancia, que son mi barra de medir. Quizás simplemente es que soy ya un poco viejo.

      Un abrazo,

      JI


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