Archivo para 28 septiembre 2012

HISTORIAS CON INTENCIÓN: EL CAMPESINO DEVOTO

Anterior: Craso (https://escritodesdelastripas.wordpress.com/2012/09/13/historias-con-intencion-craso/)

Érase un hombre muy devoto que todos los días pedía a su dios que le diera una buena cosecha. Día tras día iba al santuario de la aldea y rezaba para poder tenerla ese año. Pasó el tiempo y la cosecha no se producía y no podía entender por qué su dios no le escuchaba. Transcurrieron los días y, aunque mantenía su firme e inquebrantable devoción, nada había cambiado. Un día decidió dirigirse a su dios diciéndole:

–          Mi Señor, he venido aquí sin interrupción en días soleados y de tormenta, con frío y calor, he cumplido mis rituales correctamente, ¿por qué no me escuchas?, ¿por qué has olvidado mi cosecha?

Y entonces, ese día su dios le respondió:

–          No te he olvidado, y estoy presente cada día en tus plegarias, pero al menos ¡planta tú las semillas!

Esta anécdota, sacada de un libro de crecimiento espiritual (1), trata de ilustrar “una actitud devota y pasiva, que evita la responsabilidad y el compromiso personal, en espera de recibir alguna gracia especial” y que generalmente encierra un profundo escepticismo acerca de la propia capacidad para llevar a cabo una transformación y una gran sensación de impotencia, basada en una falta de valoración personal.

Creo que estas consideraciones, hechas a propósito de la transformación personal, son en el fondo aplicables a la consecución del cualquier reto, a la superación de cualquier dificultad. Sin ir más lejos pueden venir al pelo para explicar la devoción de nuestro ínclito Presidente hacia las recetas económicas de la llamada Troika, que ya están matando a otros países enfermos. Una devoción que, en su éxtasis místico, lleva a ese personaje a olvidar sistemáticamente, como el labrador del cuento, que, para que algo crezca, además de someterse a Dios hay que plantar semillas.

Espero equivocarme, espero que el Mariano se algo más que un incapaz, un tonto de solemnidad que para contar hasta veinte necesita quitarse los zapatos. Preferiría pensar, como muchos, que es un canalla que, de forma metódica, quiere expoliar a España en beneficio de quienes luego le devolverán el favor (2). Preferiría pensarlo porque, como dijo alguien “la maldad descansa de vez en cuando, pero la tontería no”.

¡Ay Marianico, Marianico!, ¡qué ganas tengo de verte untado de brea, emplumado y paseado, Castellana arriba, Castellana abajo, ante las multitudes! Eso sí, la brea la pagas tú, que no estamos para dispendios.

 

(1)    El placer de meditar; Juan Manzanera; Edic. Dharma

(2)    http://ataquealpoder.wordpress.com/2012/08/24/banco-malo-gobierno-malo-insurreccion-buena-2/

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HISTORIAS CON INTENCIÓN: CRASO

Anterior: Solón https://escritodesdelastripas.wordpress.com/2012/06/13/historias-con-intencion-solon/

Marco Licinio Craso (ca. 115 a. C. – Junio de 53 a. C) fue un relevante aristócrata, general y político  romano de la era tardorepublicana, más conocido como Craso el Triunviro, por las razones que veremos inmediatamente.

La importancia de Craso en la Historia proviene, sobre todo, del apoyo financiero y político que brindó al joven y empobrecido Julio César, apoyo que permitió a éste embarcarse en su propia carrera política. Llegó a un pacto secreto con César y Pompeyo, el llamado Primer Triunvirato, para hacerse con el poder en Roma.

Su riqueza provenía de los bienes raíces y el “alquiler inmobiliario” y, como curiosidad histórica, se le atribuye el mérito de haber sido el organizador del primer servicio contra incendios de Roma. Los bomberos estaban dirigidos por Craso, que no daba orden de apagar el fuego si el dueño del edificio en llamas no se lo vendía a precio de saldo en ese mismo instante. Así, los infortunados preferían asegurarse un poco de dinero en el acto, antes que transformarse en propietarios de unos restos calcinados. Para asegurar que sus bomberos tuvieran siempre trabajo, se sospecha que Craso también organizó las primeras brigadas de “incendiarios” de las que se tiene referencias en la Historia. Este ejemplo de iniciativa y sagacidad comercial demuestra a las claras, mal que les pese a ese puñado de progres rabiosos que aún alborotan nuestras calles de cuando en cuando, que la mejor forma de gestionar los intereses comunes de manera eficaz es a través de la iniciativa privada guiada por el ánimo de lucro.

A pesar de su proverbial riqueza, Craso ansiaba la gloria militar, pero más que nada por afán de justicia distributiva. Sí, he dicho “distributiva”, pero no se me asusten, no hablamos de “justicia distributiva” en el sentido engañoso que da a esa expresión el populacho, no. Craso era consciente de que cualquiera que alcanza el éxito lo hace subido a hombros de otros, pasados y presentes, pero ni se le pasaba por la cabeza devolver parte de lo recibido a la llamada “sociedad”, ese concepto tan informe y maloliente como la chusma que se identifica con ella. Tal “distribución” hubiera sido una injusticia porque la chusma, obviamente, no merece nada, si no no sería chusma, sino que se contaría entre los de “buena estirpe” por obra y gracia de la selección natural. No, Craso, desde la cima de la gloria, decidió tomar las armas para compartir esa gloria con su patria, concepto este último que, a diferencia del tan manido de “sociedad”, sí que está transido de coherencia y solidez pues, como es bien sabido, la patria es ese ente sublime que se engrandece y brilla tanto más cuanto más sufren y encogen los que la integran.

En fin, que nuestro prohombre, guiado por tan noble propósito, se distinguió en el mando del ala derecha del ejército de Sila en la batalla de la Puerta Colina, aplastó la revuelta de los esclavos liderada por Espartaco – ¡eso es olfato para los negocios, pensar en los beneficios de la Universal Pictures a 2.000 años vista! – y, finalmente, se puso al frente de una campaña contra los partos en la que, por desgracia, encontró la muerte junto a su hijo y varias legiones en la batalla de Carras.

¡Qué animales! No cabe duda de que esos partos eran unos bárbaros incapaces de entender las nuevas ideas ni de respetar la meritocracia.

 

Fuente: Wikipedia


Una frase:

"El tiempo es lo que impide que todo suceda de golpe."

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