HISTORIAS CON INTENCIÓN: MARTIN LUTHER KING

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Rosa Parks y Martin Luther King

El pasado día 20 se celebró el día de Martin Luther King, tan conocido por su lucha a favor de los derechos de los negros en Estados Unidos que huelga cualquier presentación de la persona, no así de su lucha como tal.

En su libro “La no violencia explicada a mis hijas” Jacques Sémelin nos cuenta cómo el origen de todo:

“Empieza en 1955. En el sur del país existe un gran racismo, así como segregación racial, lo cual significa que los negros no tienen derecho a mezclarse con los blancos. En  los autobuses, por ejemplo, deben sentarse en la parte de atrás y dejar los asientos delanteros para los blancos. En algunos restaurantes o cafés no tienen derecho a entrar. Aquí y allá un letrero proclama: <<Prohibida la entrada a los negros y a los perros>>. Suele darse el caso de que blancos extremistas ataquen a los negros, los golpeen e incluso los maten.

Sin embargo un día, en una ciudad particularmente racista, en Montgomery, Alabama, se producirá un acontecimiento extraordinario. Comienza por algo muy sencillo. El día 1 de diciembre de 1955 una costurera negra, Rosa Parks, vuelve a su casa después del trabajo. Está muy cansada y cuando sube al autobús, en lugar de dirigirse a la parte de atrás, como tendría que haber hecho, se sienta delante. Evidentemente, un blanco quiere sentarse en su sitio y va a quejarse al conductor: “¿Qué hace esta sucia negra en el sitio de los blancos?” La mujer es detenida por la policía. Un viajero negro corre a pagar la multa a los agentes a fin de que no la lleven a la cárcel. No obstante, Rosa Parks no consigue aplacar su cólera. Hoy diríamos que está llena de odio. Ya no puede soportar esta segregación. En compañía del hombre que la ha ayudado decide ir a ver a un  joven pastor negro que acaba de llegar a la ciudad: Martin Luther King.  Tiene 26 años, está casado y tiene un hijo.

Tampoco él soporta ya la segregación racial. Quiere que las cosas cambien. Es cierto, los negros ya no son esclavos como un siglo atrás. Dicen que son libres. Pero en realidad todos los días son humillados por los blancos; todos los días son tratados como perros. Martin Luther King tiene energía para luchar, pero no quiere utilizar la violencia. ¿Qué hacer entonces?

A la tarde siguiente se celebra una reunión con Marin Luther King y otros amigos. Todos están de acuerdo, aquello tiene que acabar. De pronto, alguien tiene una idea genial: “Organicemos un boicot. ¡Neguémonos todos a coger el autobús! Cuando la compañía de autobuses [evidentemente dirigida por blancos] vea que pierde dinero, nos tratará un poco mejor”. Al día siguiente, piden a todos los negros de la ciudad que dejen de coger el autobús: “No cojáis más el autobús para ir al trabajo, a la escuela, a la ciudad”. ¿Resultado? Un tremendo éxito: los autobuses circulan vacíos, o casi. Sin embargo, los negros se ven obligados a organizarse: para desplazarse, comparten entre varios un mismo coche, o cogen taxis. Muchos van a pie, aunque tengan que recorrer varios kilómetros.

Los blancos no ceden: “Esos negros han encontrado un nuevo jueguecito; ¡acabarán doliéndoles los pies y se hartarán!” Los más racistas pasan al ataque; Martin Luther King recibe amenazas por teléfono: “¡Sucio negro, basura, te arrancaremos la piel a tiras!” Los insultos se producen con regularidad. El 30 de enero de 1956 una bomba explota delante de su casa; por suerte, nadie resulta herido.  Algunos negros quieren vengarse y atacar a los blancos con armas, pero Martin Luther King se lo impide: “Nuestra arma es la no violencia – dice -. Queremos que los blancos nos respeten. Si empezamos por agujerearles la piel, no obtendremos nada. Además, hay blancos no racistas que nos apoyan”. Pero resulta duro. Martin Luther King es detenido varias veces por la policía; tras meterlo en la cárcel siempre acaban por soltarle. Los racistas quieren retirarlo de la circulación, pero no tienen nada que reprocharle, puesto que rechaza la violencia.

El boicot continúa durante meses y la compañía de autobuses no cede. No obstante, el movimiento empieza a ser conocido tanto en el resto de Estados Unidos como en el extranjero. No sólo Martin Luther King, sino todos los negros de Montgomery se convierten en estrellas, ¡y eso sin destruir nada! Finalmente, logran despertar el interés de los periodistas, que les conceden el uso de la palabra: “Queremos los mismos derechos que los blancos”. Por fin, el 10 de octubre de 1956 el Tribunal Supremo de Estados Unidos declara que la segregación en los autobuses es contraria a la ley, pues ante ella todos los ciudadanos son iguales. Los negros obtienen el derecho a sentarse junto a los blancos. El boicot ha durado 382 días.”

Pese a las ingentes cantidades de crema solar con factor de protección 50 que tengo que utilizar cada verano, yo soy un “negro” en Montgomery. Soy tan “negro” como quienquiera que es arrojado a los acreedores para que éstos se cobren con su carne y con su sangre deudas de dudosa legitimidad que aquél no ha generado. Tan “negro” como cualquier persona a la que se reduce a mero elemento de producción y consumo para que pueda funcionar a tope una maquinaria de la que sólo recibirá migajas.

Propongo un experimento mental: sustituir “negro” por “ciudadano” y “blanco” por “casta político – empresarial” y volver a leer así la historia transcrita… Al menos por estos lares todavía hay distancias; el resultado de ese experimento no es una imagen mental de la realidad, pero sí de la verdad profunda que hay tras ella. Y, como dicen que decía Billy Wilder: “a mí me importa mucho más la verdad que lo real”.

Dos cosas me llaman la atención de esa historia: en primer lugar, que el tratar a las personas como si fueran una “cosa” más del mundo que nos rodea es fuente de la iniquidad del sistema en que vivimos, pero, al mismo tiempo, el germen de su propia vulnerabilidad: si alguien rompe sus herramientas para vengarse de que el trabajo no ha salido a su gusto, deja de disponer de ellas para la siguiente tarea. En segundo lugar, que la afirmación de uno mismo desde un planteamiento del tipo “yo gano, tú ganas” es seguramente la forma de individualismo más productiva que existe.

Foto: morallowground.com

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2 Responses to “HISTORIAS CON INTENCIÓN: MARTIN LUTHER KING”


  1. 1 Enrique Girondo 26 enero 2014 en 12:03

    Buena entrada. De todas formas, esta historia tiene algo en común con la no violencia de Gandhi: hay un sector de la población que se encuentra discriminada y tiene conciencia de serlo, lo que facilita que se organice. Muchos de nosotros, los “negros” trabajadores de este país, no tenemos conciencia de serlo, los medios y la propaganda oficial hacen su trabajo, y así es difícil conseguir una movilización.

    El recurso a la no violencia me parece mejor para dar el último empujón a un sistema que ya está casi caído, pero no se si funcionaría siempre. El sabotaje al sistema necesita quizás menos consenso para dañar las bases de un sistema más firme. No se.

    • 2 José Ignacio 30 enero 2014 en 11:51

      Gracias por tu visita, Enrique. Yo no creo que sea una falta de conciencia de ser tratado injustamente. Pienso que más bien se trata de que nos han cebado mucho y nos agarramos a las migajas como lapas, a costa de lo que sea. A la vez, amplias capas de la sociedad, incluso las más humildes, demonizan lo público y parecen fascinadas por la ideología de la iniciativa privada sin regulación alguna, como si ese modelo de empresario fuese una especie de Robin Hood capaz de redimirlos… No sé, no entiendo nada.

      Un abrazo,

      JI


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