Archivo para 31 octubre 2014

LA CORRUPCIÓN Y SUS RIESGOS

 

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Era un día tan frío, tan frío que hasta los abogados tenían las manos metidas en sus propios bolsillos.

Era un escándalo de corrupción tan apestoso, tan apestoso que hasta el Presidente del Gobierno dejó de escrutar la macroeconomía con aire de suficiencia y, con gesto robótico, se tapó la nariz un instante con su pañuelo de seda delante del Congreso.

Eso sí, un vistazo al histórico basta para constatar que, por mucho hedor que emane de las alturas, nuestra prima de riesgo no sube ni un ápice. Creo que las razones no son difíciles de entender: nuestros acreedores no corren realmente ningún riesgo.

Ya en agosto de 2011 el PSOE (entonces en el Gobierno) y el PP volvieron al hemiciclo como alma que lleva el diablo, con las toallas de playa aún enrolladas a la cintura, para aprobar una modificación de la Constitución que sometía el déficit público español a los dictados de la Unión Europea y, entre otras cosas, hacía decir al artículo 135.2 de nuestra Carta Magna:

“3. El Estado y las Comunidades Autónomas habrán de estar autorizados por ley para emitir deuda pública o contraer crédito.

Los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta. Estos créditos no podrán ser objeto de enmienda o modificación, mientras se ajusten a las condiciones de la ley de emisión”

En la práctica, eso significa que nuestros prestamistas cobrarán la deuda soberana “con prioridad absoluta” y que, si hay que quitar de alguna parte, será de la carne de los ciudadanos (v. “El Mercader de Venecia”). Esa deuda, como es bien, conocido, se genera en gran parte porque los bancos a los que se “inyecta” dinero público a precio de amigo lo utilizan para prestárselo al Estado a interés de mercado.

Por lo tanto, los acreedores de este maltrecho país saben que, no importa cuánto dinero se vaya por las cloacas de la política, ellos van a cobrar sí o sí. También saben que los españolitos vamos a aguantar lo que nos echen, porque a veces nos ponemos farrucos, pero en el fondo somos segadores que madrugan mucho la víspera, gallardos toreros de tendido de sombra, fieros entrenadores de pantalla de plasma. Sí, y también revolucionarios de Internet.

Entre tanto, el empleo es cada vez más precario, las prestaciones sociales más raquíticas y el mercado del lujo hace su agosto, porque el número de millonarios crece con un vigor envidiable (v. informe de Oxfam Internacional en http://www.oxfam.org/es/informes/iguales-acabemos-con-la-desigualdad-extrema).

La verdad es que la posición de los grandes financiadores y sus consecuencias para la mayoría de los ciudadanos de tantos países permite cuestionarse si en este momento histórico es válido el principio de que la búsqueda del propio interés individual, regulada a través del mercado, conduce al mayor nivel de bienestar común que es posible alcanzar. A mí me parece que no, pero es que quizás falta algo en la ecuación, y ese algo es la responsabilidad.

Es cierto que “nos han robado por encima de nuestras posibilidades”. Tampoco puede negarse que, con todos los matices que se quiera, “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. El despilfarro de recursos públicos ha sido patético y gran cantidad de ciudadanos de a pie han creído poder colarse en el guion de “El Gran Gatsby” gracias a los años de despendole crediticio. ¿Quién salía a protestar a la calle cuando un salario medio, convenientemente “apalancado”, permitía vivir en un chalet y tener aparcado un coche de alta gama en el garaje, cuando las tarjetas de crédito se repartían como panfletos publicitarios o cuando hasta una tostadora se podía financiar en cómodos plazos?

Ahora bien, vamos a imaginar que Juan Nadie acude a su médico de cabecera y logra convencerlo de que le recete un medicamento que su cuerpo no puede tolerar. O, peor aún, que es el médico quien insiste a Juan en que vaya a su consulta para prescribirle el “bálsamo de Fierabrás” porque el laboratorio fabricante le da comisión. En un caso así, ¿de quién es la culpa si esa medicina mata al Sr. Nadie? ¿Quién está desempeñando una actividad lucrativa? ¿A quién le son exigibles los conocimientos técnicos necesarios  para llevarla a cabo? ¿Quién está obligado por el correspondiente deber de diligencia profesional? Evidentemente, el facultativo.

Por lo tanto, en la primera hipótesis – paciente persuasivo que logra que el Doctor le receta su pasaporte al otro mundo -, no creo que cupiera atribuir a la víctima  más de un 25% de responsabilidad en su propio deceso. En el segundo caso – médico que actúa movido por tal afán de lucro que hace dejación de sus más elementales deberes de diligencia profesional -, parece claro que la culpa sería enteramente del galeno. Pues creo que lo mismo puede decirse de las entidades financieras y la orgía de crédito que en sus tiempos celebraron en medio de una buena borrachera de ladrillo. A aquéllas, como profesionales y primeros beneficiarios de su propia actividad, era a quienes correspondía analizar cuidadosamente todas las circunstancias de la economía y de la persona concreta y valorar las posibilidades razonables de devolver lo prestado que tenía cada cual. Pero no fue así, y nos dimos cuenta tarde de que estábamos viviendo una orgía caníbal en la que tan sólo éramos el menú.

Frente a esto, ¿cuál fue la reacción de los que entonces gobernaban y de los que ahora lo hacen? No fue, por seguir con el paralelismo, pedirles cuentas a los responsables de las “mortíferas recetas financieras” que habían extendido por doquier. Fue reformar “a escape” – nunca mejor aplicado – la Constitución para dar a aquéllos garantías de cobro a lomos del país. Si España fuera una empresa (ya tenemos marca y todo), sus gestores serían muy probablemente acusados de administración desleal, primero, por haber permitido que se llegara a donde se llegó, y segundo, por no haber plantado cara a los marrulleros acreedores de la “compañía”.

No sé cómo denominar al poder financiero que ha terminado  por afectar profundamente a las vidas de todos, pero, desde luego, no “mercado”. La libertad propia del mercado, como cualquier otra – aceptaremos de forma puramente convencional que la libertad se puede “compartimentar” -, sólo puede basarse en la buena fe y en la asunción del riesgo que supone decidir buscando ser competitivos, es decir, en la responsabilidad por lo que uno hace. Bien tristemente, en el caso que nos afecta, con respecto a la buena fe sobran – o se quedan cortas –  las palabras; el riesgo únicamente lo soportamos “los sospechosos habituales” (v. “Casablanca”); la responsabilidad es “del maestro armero” y la competitividad de la “marca España” no es más que un programa de entrenamiento en “flexibilidad”, para que podamos plegarnos todavía un poco más ante nuestros prestamistas.

Las políticas económicas actuales – no sólo en España – me recuerdan al planteamiento filosófico del Dr. Pangloss en el Cándido de Voltaire. Según el grotesco personaje, de las desgracias individuales nace el bien común. Por lo tanto, cuanto más se extienden las desgracias individuales, mayor es el bien común. Y aún hay quien “cacarea” de sus supuestos éxitos ante esos “mercados”.

 

Foto “El País”

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EL HOMBRE QUE VENDIÓ EL COCHE PARA COMPRAR GASOLINA

Dicen que la biografía de cualquier colectivo humano se puede leer en la arquitectura que ha ido produciendo a lo largo del tiempo. En algunos casos, esa biografía se escribe a zarpazos. WP_20141020_004

Para muestra un botón. Lo que se ve en la imagen es el aborto de una biblioteca de la que iba a dotarse a un barrio bastante joven con necesidades educativas crecientes, en un municipio de la Comunidad de Madrid.

Hace ya unos años, con las obras casi terminadas, el Ayuntamiento de turno detuvo el proyecto, supongo que por falta de presupuesto, y dejó las instalaciones así, protegidas por unas rejas metálicas y por un coche de policía que, de vez en cuando, se instala a su vera al anochecer, como una patrulla costera vigilando los restos de un naufragio. Luego vinieron la crisis y los recortes y la biblioteca nunca llegó a levantar cabeza.

Es conocido que, faltas de mantenimiento, el deterioro natural de las infraestructuras progresa de forma exponencial, no digamos cuando algún alma caritativa les “echa una mano” en su trayecto a la ruina. Lógicamente, lo anterior se traduce en unos gastos de rehabilitación cada vez mayores, si alguna vez llega el caso.

Esto puede dar una idea del trato recibido por la biblioteca nonata a lo largo de este tiempo.

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No nos gastamos por estos lares unos niveles de educación como para matar de envidia al orbe, y a unos dos kilómetros de allí había ya un par de bibliotecas que funcionaban bien, pero alguien prefirió no invertir recursos públicos en calidad de enseñanza, a cambio, eso sí, de no tener tampoco una nueva biblioteca.

No sé si lo sucedido en el microcosmos de este municipio encaja más como alegoría de una España desbocada de vendedores de humo y reyezuelos faraónicos o como gag surrealista, pero en cualquier caso me recuerda mucho a la historia del hombre que vendió el coche para comprar gasolina.

Supongo que algún día el edificio se rehabilitará (curioso término para aquello que nunca ha llegado a ser “hábil”) y servirá para algo. Espero que, ya entonces, todo el mundo tenga claro que es preferible dedicar esfuerzos a mejorar el nivel de nuestra educación que a seguir inaugurando mamotretos en cualquier palmo desocupado de tierra. Como dice la Federación de Enseñantes Belga, “si la educación te parece cara, prueba con la ignorancia”. A ver si por fin los que deciden escuchan antes.

Entretanto, puestos a buscarle un fin educativo a los restos del naufragio de la biblioteca, quiero pensar que quedarán como icono fantasmal de una España de fantasmones y como aviso de que los que vienen detrás tienen derecho a no vivir en un país semi-esclavo del turismo, de la construcción y de quienes los manejan.

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Parece ser que, por si fuera poco, todos los fondos de la malhadada biblioteca ya están catalogados y arrumbados en alguna parte, a la espera de que alguien les dé un lugar en este mundo.

Con un poco de suerte, si es que algún año de estos sale a la luz, buena parte de dicho material ya estará obsoleto. Entonces los bibliotecarios tendrán que volver a trabajar para descatalogarlo y, como suelen hacer en esos casos, ponerlo a disposición del público, a ver si poco a poco la gente se va llevando los fondos descartados, ya que cada centímetro cúbico de biblioteca ocupado en balde supone un coste logístico inútil.

Se trata de un corolario del lamentable episodio de la biblioteca fantasma que yo desconocía hasta ahora. La guinda de este gran éxito de gestión, vamos. A menos, claro está, que esta vez las ratas vengan en auxilio del hombre y nos libren definitivamente de ese problema añadido.

 

 

 

RESCOLDO EN LA OSCURIDAD

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“Nos negamos a perder la esperanza en el ser humano. No tenemos la ambición irrazonable de salvar a los hombres, pero aun así queremos servirlos”.

Albert Camus

DE CONSULTAS, TELESCOPIOS Y KOANS

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Un koan no es una adivinanza ni un juego de palabras, es una herramienta del budismo Zen que, a través de las palabras, pretende “dinamitar” la lógica de nuestro discurso mental para permitir que brote una conciencia inefable y más profunda.

Un koan no tiene una “solución” unívoca. La respuesta suele ser extraña, a veces cargada de humor o ironía, depende de cada persona y sirve al maestro que lo ha planteado para observar el avance del discípulo.

Ejemplos clásicos de koan son: “¿cómo suena la palmada dada con una sola mano?” o “¿cómo suena una bofetada cuando no hay una cara?”.

http://para-mentes-despiertas.blogspot.com.es/2013/04/y-que-es-un-koan.html

Vemos si un koan puede arrojar algo de luz sobre un tema de actualidad.

Con apoyo del dictamen del Consejo de Estado emitido por unanimidad, el Gobierno ha impugnado ante el Tribunal Constitucional tanto la ley catalana de consultas – http://noticias.juridicas.com/base_datos/CCAA/536833-ley-10-2014-de-26-sep-ca-cataluna-de-consultas-populares-no-referendarias.html – como el Decreto del Presidente de la Generalitat de convocatoria de consulta el próximo 9 de noviembre – http://noticias.juridicas.com/base_datos/CCAA/536892-d-129-2014-de-27-sep-ca-cataluna-de-convocatoria-de-la-consulta-popular-no.html -, y se dispone a impugnar el Decreto de nombramiento de los miembros de la Comisión de Control de la consulta.

Conforme al artículo 2 del Decreto de convocatoria, el objeto de la consulta es:

conocer la opinión de las personas llamadas a participar sobre el futuro político de Cataluña, según los términos de la pregunta recogida en el artículo 3, con la finalidad de que la Generalitat pueda ejercitar, con pleno conocimiento de causa, la iniciativa legal, política e institucional que le corresponde”.

El Tribunal Constitucional ha admitido ambos recursos a pasos acelerados. Por aplicación del artículo 161.2 de la Constitución, en relación con el 77 de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional (LOTC), la admisión a trámite de las impugnaciones lleva aparejada la suspensión de las normas recurridas.

No obstante, tal y como algunos han señalado, parece necesario que se aporten motivos que justifiquen esa suspensión, ya que las leyes autonómicas también gozan de una presunción de constitucionalidad.

Por otra parte, la correspondiente providencia del Tribunal Constitucional ha acordado suspender, no solo el Decreto de convocatoria de la consulta del 9N y sus Anexos, sino “las restantes actuaciones de preparación para la convocatoria de dicha consulta o vinculadas a ella”, cuando el citado artículo 77 LOTC únicamente contempla la suspensión de “la disposición o resolución recurrida”.

http://presnolinera.wordpress.com/2014/09/30/las-impugnaciones-ante-el-tribunal-constitucional-de-la-ley-de-consultas-populares-de-cataluna-y-del-decreto-de-convocatoria/

Todo ello ha venido respaldado por el PSOE y aderezado con anuncios de querellas criminales contra el Presidente de la Generalitat por parte de UPyD y con la amenaza de poner en marcha la actuación del Ministerio Fiscal por parte del propio Gobierno.

En definitiva todos, el Gobierno, las instituciones y el llamado “bloque constitucionalista” se han lanzado como un solo hombre en pos de evitar la consulta catalana.

Ahora bien, por más legítimas o bastardas que sean las causas que han llevado a esta situación, el descontento de una parte importante de la sociedad catalana con su encaje en el resto de España es evidente, y la ya larga duración de este estado de cosas ha producido un profundo deterioro en las relaciones entre ambos colectivos.

La tozudez con que el Gobierno y quienes lo apoyan en esto hacen oídos sordos a esa realidad y únicamente saben llenarse la boca con las palabras de la ley, recuerda tristemente a la actitud del filósofo aristotélico Cesare Cremonini, que se negaba a mirar por el telescopio aduciendo que no necesitaba hacerlo para saber que lo que afirmaba Galileo era falso.

http://metode.cat/es/Revistas/Monografics/La-mirada-de-Galileo/Galileu-i-el-telescopi

Por otra parte, cualquier estudiante de Primero de Derecho sabe que lo que está en la cúspide de un Ordenamiento jurídico no es realmente la Constitución, como norma suprema de la que va derivando, en cascada, la validez de las demás normas de rangos sucesivamente inferiores. Lo que de verdad está en la cúspide de la pirámide normativa es “algo”que da validez a la propia Constitución y que para Peces Barba era el llamado “Hecho Fundante Básico”. En el caso de España, podríamos encontrar como ejemplos de un Hecho Fundante Básico la Guerra Civil o – de forma más dudosa – la Transición política, que dieron vida a nuevos sistemas jurídicos rompiendo con los anteriores.

En definitiva, de poco sirve hacer profesión de fe en la norma si una realidad social suficientemente poderosa se empeña en negarla. Es como tratar de curar a un enfermo negándose a certificar su grave dolencia o a prescribirle un tratamiento porque es muy agresivo.

Esto no lo dicen únicamente peligrosos dinamiteros anarquistas. En esa misma línea se ha pronunciado, por ejemplo, el jurista Francisco Rubio Llorente, exvicepresidente del Tribunal Constitucional y expresidente del Consejo de Estado – http://elpais.com/elpais/2012/10/03/opinion/1349256731_659435.html -, para quien “la negativa a convocar el referendo generaría una frustración que puede llevar a la búsqueda de vías alternativas de efectos impredecibles”, según ha manifestado hace poco en una conferencia en Barcelona.

Un planteamiento parecido puede encontrarse en un editorial del Financial Times, que sin duda se hace eco del miedo generado por las posibles consecuencias financieras de la agravación del conflicto.

http://www.ft.com/intl/cms/s/0/619a8200-d201-11e3-8ff4-00144feabdc0.html#axzz3FdgzzxW0

Desde luego, caben pocas dudas de cuál va a ser el pronunciamiento del Tribunal Constitucional en cuanto a los recursos presentados, a la vista de la Sentencia nº 103/2008, de 10 de octubre de 2008, que dictó en relación con el denominado “Plan Ibarretxe” – PDF (BOE-T-2008-16292 – 12 págs. – 98 KB) -.

Para el máximo intérprete de la Constitución, en la convocatoria de consulta enjuiciada en ese momento no es que “simplemente se interesa el parecer no vinculante del cuerpo electoral de País Vasco, puesto que con ella se incide sobre cuestiones fundamentales resueltas en el proceso constituyente y que resultan sustraídas a la decisión de los poderes constituidos” (Fundamento Jurídico Tercero de la Sentencia).

Desde luego, ni es mi intención ni estoy en condiciones de suscitar un debate doctrinal sobre el alcance con que el Tribunal Constitucional entiende el ejercicio del poder político, a los efectos de prohibir toda consulta al cuerpo electoral que “incida” en las “cuestiones fundamentales” propias de aquél, salvo que su cauce sea el referéndum en los términos del art. 92.2 de la Constitución, cuya autorización queda exclusivamente en manos del Estado. Eso sí, creo que merece la pena reflexionar sobre el hecho de que, si la interpretación de nuestro Texto Fundamental que hace el Tribunal Constitucional es la correcta, quizás las previsiones de aquél se queden muy cortas respecto a los deseos de participación ciudadana en los asuntos públicos que hoy demanda nuestra sociedad. Tal vez ahí esté una de las causas del desprestigio de la clase política, cuya gestión es prácticamente imposible de controlar en cuanto nuestros representantes se han aposentado en sus escaños.

Una vez establecidas las “condiciones de contorno” del conflicto, propongo hacer un ejercicio de política ficción. ¿Qué pasaría si el Gobierno de España se dirigiera a la Generalitat en términos parecidos a estos?:

Miren ustedes, es cierto que hay un profundo desgaste en las relaciones entre Cataluña y el resto de España. Por nosotros pueden hacer ustedes una consulta sobre su independencia o sobre lo que les parezca bien, ya que lo que puede chocar contra la actual organización política no es la opinión de cualquier colectivo, sino su puesta en práctica. Pero al margen de lo que ustedes hagan, el Gobierno va a convocar un referéndum, sin carácter vinculante, pero con todas las garantías de la ley. La consulta se va a llevar a cabo en todo el territorio español y el Gobierno, lógicamente, se propone llevar a cabo una campaña serena a favor del “no”, pero a lo mejor todos nos quedamos sorprendidos por la respuesta general, porque les garantizo que hay mucho cansancio acumulado respecto a este tema, y créanme, no sólo a ese lado del Ebro.

Una vez constatemos de un modo fiable la consistencia de sus aspiraciones independentistas y la opinión del resto de los españoles, empezaremos a hablar de todo lo que haya que hablar. Y ya les anticipo que no será fácil porque, en su caso, habrá mucho que hablar. Y es que no se trata sólo de cuestiones económicas, hay intereses españoles y de españoles en Cataluña cuya protección es preciso asegurar.

¿Cuál sería la respuesta del electorado catalán y no catalán ante un planteamiento así? Jamás llegará a celebrarse tal consulta, así que no podremos dar respuesta a ese interrogante de un modo empírico. Sí podemos, quizás, hacerlo a través de un koan: ¿cómo suena un choque de trenes cuando sólo hay un tren en la vía?

 

Foto: agencias

JULES BIANCHI

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A propósito de los efectos positivos o negativos de la cobertura mediática, hace unos años leí el relato de un cámara sobre lo sucedido en un conflicto armado en algún lugar de África que ya ni recuerdo. Sus palabras tenían tanto poder visual como su cámara y me dejaron grabadas las imágenes de algo que, por definición, nunca llegué a ver.

El cámara venía a contar algo así:

“Yo estaba grabando en el campamento. De repente un hombre enérgico, con aspecto de ser un mando militar, surgió no sé muy bien de dónde y se abalanzó gritando sobre uno de sus soldados, sin duda cubriéndolo de improperios. Consciente de mi presencia, y seguramente deseoso de hacer alarde de su poder en aquel escaparate ante el mundo entero, desenfundó su pistola, la amartilló y la apoyó contra la cabeza del soldado, paralizado de terror. Entonces levanté una mano para llamar su atención y, ostensiblemente, dejé mi cámara apoyada en el suelo, diciéndole con ese gesto: <<no vas a matarlo para mí>>. Tras la inesperada interrupción aquél hombre brutal pareció aplacarse y se limitó a propinar un culatazo en la cabeza al soldado y a alejarse con paso firme>>.

Hoy, tras el Gran Premio de Fórmula 1 de Japón, el piloto de Marussia Jules Bianchi se debate entre la vida y la muerte, con graves lesiones en el cráneo. La carrera se desarrolló en todo momento bajo la lluvia y, en la curva 7 del circuito de Suzuka, Bianchi perdió el control de su monoplaza y se estrelló contra la grúa que estaba retirando otro coche accidentado, al Force India de Adrián Sutil.

Cualquiera que haya cogido los mandos de una Play Station – un simulador bastante realista, dentro de su nivel – sabe lo difícil que es mantener un Fórmula 1 sobre la pista seca, es como patinar sobre hielo. No es difícil darse cuenta de que conducir un monoplaza auténtico en condiciones de lluvia debe de ser una empresa sobrehumana. Concretamente, en la zona del accidente los coches tomaban la curva a 150 Km/h sobre el asfalto mojado, con escasa visibilidad y contando sólo con una pequeña escapatoria.

En un artículo en El País – http://deportes.elpais.com/deportes/2014/10/05/actualidad/1412502237_274261.html -, el periodista deportivo Oriol Puigdemont nos habla de los entresijos de este tristísimo suceso:

Por otro lado, la organización sabía desde hacía días que las precipitaciones derivadas del tifón Phanfone iban a cebarse el domingo en el área geográfica de Suzuka.

Después de múltiples reuniones, tanto Formula One Management (FOM), el titular de los derechos comerciales del campeonato, como Honda, el promotor del evento, decidieron seguir con el plan previsto a pesar de haber barajado la posibilidad de anticipar la prueba unas horas o incluso trasladarla al sábado, una medida que se descartó por cuestiones televisivas. La tormenta provocó estragos, obligó al pelotón a arrancar detrás del coche de seguridad y neutralizó el gran premio durante casi media hora, antes de que el accidente de Bianchi llevara a la suspensión definitiva ocho vueltas antes de las 53 que estaban programadas.

 Cada domingo de carrera me alegra el corazón ver el espectáculo de color, sonido y movimiento de los coches sobre la pista, pero yo no me siento delante de la pantalla a ver el circo romano, y espero que la mayoría de los aficionados tampoco.

Me pregunto si, en condiciones como las de la carrera de ayer, los amantes de este espectáculo (siempre me ha costado llamarlo deporte) no deberíamos apagar la televisión y decir todos a una, como el cámara de África: <<no van a matarse para mí>>.

Deseo profundamente que se recupere Jules Bianchi.

 

Foto EFE

 


Una frase:

"El tiempo es lo que impide que todo suceda de golpe."

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