¿DESDE CUANDO LOS EMBUDOS SON TRANSPARENTES?

embudo

La llamada “Ley de transparencia” – http://www.boe.es/boe/dias/2013/12/10/pdfs/BOE-A-2013-12887.pdf -, que pretende regular el acceso a la información pública ha sido objeto de numerosas críticas desde su aprobación el 9 de diciembre de 2013, por ejemplo: https://presnolinera.wordpress.com/2014/03/29/transparencias-y-opacidades/.

Al margen de que el derecho de acceso a dicha información no se configura como parte del derecho fundamental a recibir información o de la opacidad con que se sigue envolviendo ciertas actividades de la Casa del Rey, las Cortes o el Banco de España, ha merecido especial censura la redacción del artículo 14 de la norma, que establece las causas por las que el derecho de acceso puede ser limitado. Aquí quiero detenerme en uno de ellos.

Dice el citado precepto:

Artículo 14. Límites al derecho de acceso.

  1. El derecho de acceso podrá ser limitado cuando acceder a la información suponga un perjuicio para:

 (…)

 h) Los intereses económicos y comerciales.

Ya antes de la entrada en vigor de la ley el Gobierno venía denegando cualquier solicitud de información, incluso por vía parlamentaria, sobre la identidad de los principales adquirentes de deuda soberana española. Muy probablemente la causa de limitación del derecho de acceso a información pública a la que nos referimos ha sido introducida para dar carta de naturaleza a esa práctica.

¿Los intereses económicos y comerciales de quién? No es difícil apreciar que la falta de precisión de este motivo es tal que incluso priva de sentido completo a la expresión que lo recoge.

Vayamos ahora a otra región de nuestro ordenamiento jurídico, concretamente al reglamento de desarrollo de la Ley de protección de datos de carácter personal – http://www.boe.es/buscar/pdf/2008/BOE-A-2008-979-consolidado.pdf – y, concretamente, a su artículo 10.1:

Artículo 10. Supuestos que legitiman el tratamiento o cesión de los datos.

  1. Los datos de carácter personal únicamente podrán ser objeto de tratamiento o cesión si el interesado hubiera prestado previamente su consentimiento para ello.
  2. No obstante, será posible el tratamiento o la cesión de los datos de carácter personal sin necesidad del consentimiento del interesado cuando: 

a) Lo autorice una norma con rango de ley o una norma de derecho comunitario y, en particular, cuando concurra uno de los supuestos siguientes:

El tratamiento o la cesión tengan por objeto la satisfacción de un interés legítimo del responsable del tratamiento o del cesionario amparado por dichas normas, siempre que no prevalezca el interés o los derechos y libertades fundamentales de los interesados previstos en el artículo 1 de la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre.

El quid de la cuestión está en que este precepto permite la creación de ficheros de morosos (tratamiento de datos) y su cesión a bancos y otros operadores económicos, basándose en su interés legítimo en saber con quién hacen negocios.

La redacción original de la norma era más restrictiva, porque exigía que dichos datos figurasen previamente en fuentes accesibles al público, pero tras un recurso interpuesto por la Federación de Comercio Electrónico y Marketing Directo, en el año 2012 el Tribunal Supremo declaró la nulidad de tal requisito, por contravenir una Directiva comunitaria, lo que despejó totalmente el camino al funcionamiento de las bases de datos de morosos.

Comparando este punto de vista – sinceramente creo que el Tribunal Supremo no hizo más que aplicar la ley – con el adoptado por la Ley de transparencia – aquí sí que dependía del legislador configurar la norma de una manera o de otra – no puedo dejar de pensar que se trata de la máxima expresión de la ley del embudo; los operadores económicos pueden saber de nosotros, pero no al revés, porque los intereses comerciales (sigo preguntando, ¿cuáles, de quién, en qué consisten, con qué límites…?) no sólo pesan más que el derecho a la privacidad de los individuos tutelado por las normas sobre protección de datos personales, sino incluso más que un derecho tan esencial en una democracia como es el de acceder a información relevante para la toma de decisiones políticas. Se nos podría decir que los compradores de deuda soberana sólo buscan cobrar y no meterse en política. Se nos podría decir, pero  podríamos asfixiarnos de risa por no ahogarnos en llanto.

Los embudos raras veces son transparentes. No lo son porque la transparencia no forma parte de la función para la que están concebidos, que es el trasvase de un líquido que se supone ya conocido por quien realiza la operación. La diferencia está en que el líquido sólo concierne a quien lo está manejando y el conocimiento de datos relevantes para la formación de la opinión pública y la toma de decisiones políticas es cosa de todos. Así es que creo que la conocida como Ley de transparencia en el fondo no tiene tanto que ver con la transparencia como con taparse “las vergüenzas”.

La Constitución (art. 10.1) propugna la dignidad humana como fundamento del orden político y la paz social, pero la dignidad humana presupone un mínimo de igualdad y justicia por encima de las diferencias entre los individuos.

La aplicación sistemática de la “ley del embudo” pisotea la dignidad humana y, al erosionar la asunción generalizada de los valores que sustentan la convivencia, alienta conductas como el fraude y la corrupción. Si no ponemos remedio pronto, el desprecio con que se nos gobierna nos llevará al “síndrome de la indefensión aprendida”, terminaremos por caer en una apatía venenosa, o acabará reventando la paz social como una olla a presión.

Antes de empezar a escribir pensaba que me estoy volviendo demasiado politiquero, que me estoy apartando del designio que tenía para este blog, de corte más personal, intimista incluso. Ya casi acabando me doy cuenta de mi error; es la política la que tiene que quitarse las orejeras de lo puramente contable, ni siquiera económico, para empezar a prestar atención a cómo se sienten tratados los ciudadanos, que debiéramos ser sus verdaderos protagonistas.

Alguien dijo alguna vez que no se puede vivir permanentemente sentado sobre las bayonetas. No será de extrañar que éstos acaben por pincharse.

 

Foto: http://www.bedri.es

 

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