FRANCO Y LAS ICNITAS

icnitas

Según parece, Franco sentenció que sólo respondería  ante Dios y ante la Historia; lo de Dios no tenemos manera de comprobarlo, en cuanto a lo de la Historia, no sé si fue más una fanfarronada o una lacerante ironía. En el segundo caso, desde luego creo que quienes han acordado retirar la Medalla de Oro de la ciudad de Valencia al dictador han entrado de lleno al trapo; si Franco lo está viendo desde algún sitio, debe de estar riéndose a mandíbula batiente.

Hay un dicho que me gusta referir por su fuerza visual: cualquier necio puede arrojar una piedra al fondo de un lago, pero ni mil sabios serían capaces de devolverla a su lugar. En esta misma línea podríamos decir que la Historia es el sendero de nuestras huellas sobre la geografía del tiempo;  pero esas huellas son como icnitas, marcas fósiles dejadas por los dinosauros sobre el barro de otra era, hoy obstinada piedra que ni la rabia ni la nostalgia ni ningún otro sentimiento humano pueden alterar un milímetro.

Franco nunca respondió de nada, al menos no en este mundo, que es del que nos urge ocuparnos. En mi opinión, retirar al General la medalla de la ciudad no es más que un intento patético de escenificar la lozanía de nuestra democracia, que ya no somos los de antaño, cuando todos sabemos que el problema de raíz no ha cambiado, que en esta España con miles de aforados, con una Ley de Transparencia que sólo permite a los ciudadanos fisgar por el ojo de la cerradura de quienes deciden, con una Ley de Seguridad Ciudadana que trata a los ciudadanos como enemigos, con comisiones de investigación bloqueadas por la aritmética parlamentaria, el poder, como siempre, sigue sin responder de nada. Esto es, en gran parte, el resultado de ese sempiterno sentimiento de desengaño de nuestro pueblo, que lo consume en la inacción y en el fatalismo, en el “no se puede hacer otra cosa”, y eso tampoco cambia.

Ante cualquier tragedia es preciso permitir que lo sucedido y sus circunstancias salgan a la luz, también es necesario escuchar los sentimientos de cuantos han sufrido, pero no hay forma de alterar la Historia.

Si se quiere liberar para el futuro la energía atrapada en un pasado doloroso hay que empezar por aceptar éste, y eso requiere enfrentarnos a un monstruo; nuestro propio ámbito irreductible de soledad: no puedo influir sobre todo lo que me pasa, yo sólo puedo decidir qué hago en mi fuero interno con eso que me pasa. Ese “yo sólo” implica que, en semejante tarea, únicamente yo tengo el poder, pero también que frente a ella estoy absolutamente solo.

Y es que el proceso de elaborar nuestra historia para abrir paso a otra historia requiere determinación, coraje y una buena dosis de esperanza, no cosmética y pantomimas.

 

Foto: icnitasdinosaurio.mcu.es

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"El tiempo es lo que impide que todo suceda de golpe."

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