DOÑA SANCHA DE ARAGÓN

220px-Condesa_Sancha_de_Aragón

La imagen que encabeza esta entrada, una mujer sentada en una silla de tijera, es probablemente una representación de la condesa doña Sancha en la decoración de su propio sepulcro. La silla de tijera simbolizaba en esa época una sede regia o de gran prelado, por lo que, como vamos a ver, es probable que la represente a ella misma. El sarcófago se conserva actualmente en el convento de las Benedictinas de Jaca y es considerado el mejor del románico aragonés.

Sancha de Aragón nació hacia 1045 y falleció en 1097. Fue hija de Ramiro I de Aragón y desempeñó una intensa actividad en apoyo de la política de su hermano, el rey Sancho Ramírez.

Como hecho notable cabe destacar que, desde 1082 hasta su muerte, fue abadesa del monasterio de San Pedro de Siresa, importante centro político y cultural regio de regla masculina.

Pero lo verdaderamente insólito, por chocar frontalmente con la ley canónica, es que por decisión regia fuera nombrada obispo de la diócesis de Pamplona, lo que desplazó de este cargo a su otro hermano, García.

Posiblemente tan extraordinario nombramiento se debió a la alianza del rey Sancho Ramírez con el Papa Alejandro II para sustituir el rito mozárabe por el romano, a lo que se oponía García, hasta entonces obispo – infante de Aragón y Pamplona. Esto podría explicar que el monarca tratara de hacerse fuerte situando en el obispado a su hermana, al parecer dama de “armas tomar”, y firme soporte de las políticas de Sancho.

La historia de la condesa doña Sancha de Aragón es de esas que añaden unos trazos de color a los ecos apagados que nos llegan de la vida que vibraba en tiempos ya muy lejanos.

Si no me falla la memoria, fue George Orwell quien expresó de un modo muy plástico el carácter histórico de los conceptos (y por tanto del sentir que nos transmiten) con el siguiente ejemplo: si a alguien del Medioevo le dijéramos que todos los hombres son iguales lo negaría rotundamente, ya que algunos son rubios y otros morenos y unos más altos que otros; en ningún momento relacionaría nuestra afirmación con la igualdad política, simplemente porque esa idea no podía estar en la mente del hombre medieval. Es decir, aun con un lenguaje formalmente idéntico, sería imposible entendernos en ciertas áreas, ya que, separados por la barrera del tiempo, el verdadero sentido de los términos empleados, con su carga de significación depositada por la historia, no sería el mismo.

En este orden de cosas, el historiador británico David Craig ha tenido ocasión de referirse al sentimiento angustioso de pérdida de libertad con que la clase trabajadora debió recibir la llegada de la Primera Revolución Industrial en Gran Bretaña. En su prólogo a una edición de “Hard times” de Dickens, Craig escenifica la crisis vital experimentada por una familia de carpinteros acostumbrados a administrar el tiempo que dedican a realizar cada encargo en su taller doméstico y a celebrar la culminación de los más importantes, cuando pasan a tener que recorrer largas distancias y someterse cada día al horario impuesto por la fábrica para poder sobrevivir integrándose en una dinámica de producción que les es completamente ajena. En un contexto mucho más restrictivo de la libertad política que el actual, quizás muchos hombres disfrutaron de una vivencia de libertad personal más intensa de lo que es común hoy en día. Nuevamente la noción de libertad se queda en un cascarón vacío si no somos capaces, al menos, de entrever la carga emocional que le da vida en cada momento histórico. Y es que acercarse a comprender la historia a partir de una mera relación “notarial” de sus hechos más relevantes es tan poco realista como tratar de reconstruir los rasgos, la vestimenta y la forma de moverse de alguien estudiando su esqueleto mondo.

Volviendo al ejemplo que nos ocupa, encuentro insólito que unas instituciones tan obstinadamente rígidas y tan profundamente patriarcales como las eclesiásticas llegaran a ceñirse a las hechuras de doña Sancha como un vestido a medida. Quizás un hecho semejante pueda sugerir a nuestro paladar algo del sabor que quizás tuvo la vida en sus tiempos.

Parece que Dios era proclive a intervenir con frecuencia en la existencia del hombre del Medioevo, dejando puntualmente en suspenso sus propias leyes mediante milagros cada vez que lo creía conveniente para lograr Sus fines, pero sin menoscabo de aquéllas. Como una transposición del modo de actuar divino, el rey Sancho Ramírez no dudó en volver del revés momentáneamente las disposiciones canónicas precisamente para garantizar su alianza con Roma.

La mentalidad contemporánea es muy proclive a la normatividad y para nosotros, una de las garantías más importantes de la libertad individual es que las leyes tengan sustantividad propia e independiente de la voluntad subjetiva de quien ejerce el poder, por lo que las excepciones que se imponen a la regla suelen considerarse como un ejercicio intolerable de arbitrariedad. Probablemente no era exactamente esa la vivencia del hombre medieval.

Quizás la Edad Media no fue más que el crisol en que lo ordinario y lo extraordinario se fusionaron para formar la urdimbre de la existencia. ¿Pudo la magia de esa alquimia arrancar unos destellos de alegría  a la durísima vida de la persona corriente?

Pura fantasía o intuición, frente a la visión oscura que solemos dar por supuesta, me quedo con una imagen mucho más libertina del Medioevo, en que casi cualquier conducta se pasaría por alto con tal de que ésta, aun opuesta a la regla, no llegara a cuestionar su validez general como fundamento del orden social. Creo que fue Agustín de Hipona quien dijo aquello de: “peca fuertemente y arrepiéntete más fuertemente aún y serás salvado”.

©Photo. R.M.N. / R.-G. OjŽda

©Photo. R.M.N. / R.-G. OjŽda

Estoy convencido de que la historia, individual o colectiva, es el canal que conecta el pensamiento con la vida. Ningún concepto tendrá un sentido completo si no somos capaces de entrar en contacto con la vivencia que lo alimenta y que, a su vez, se nutre de aquél.

Sólo desde esa perspectiva, que pretende ver más allá de la función puramente lógica del concepto, es posible comprender cabalmente quiénes somos y quiénes son los demás en este momento. Únicamente desde ahí podremos entender auténticamente, no sólo las razones del otro, sino nuestras propias reacciones ante éstas.

 

Fuentes:

Wikipedia

http://www.estrelladigital.es/articulo/artes/primera-mujer-obispo-fue-espanola/20150131233724227067.html

Cuadro: Hermanos Limbourg, miniatura de febrero de “Las muy ricas horas del duque de Berry”, hacia 1416 (detalle)

Anuncios

0 Responses to “DOÑA SANCHA DE ARAGÓN”



  1. Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




Una frase:

"El tiempo es lo que impide que todo suceda de golpe."

ESTADÍSTICAS

  • 24,222 visitas

Categorías

Escribe tu dirección de correo electrónico para suscribirte a este blog, y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo.

Únete a otros 29 seguidores


A %d blogueros les gusta esto: