VIVIR Y “MUSICAR”

En manos de los grandes músicos los sonidos son como las llamas, a pesar de su naturaleza efímera pueden dejar el alma de los artistas grabada a fuego en el porvenir.

Parte del legado de Schubert es la profundidad de su lamento por el amor imposible o perdido; se trata de esa clase de dolor que de momento resulta soportable, pero que va consumiéndolo a uno igual que una vela encerrada consume el oxígeno que mantiene su llama.

Es común distinguir entre música clásica y música moderna. Por eso, si alguien comparara a Schubert con, pongamos, Adele, quizás quienes acentúan esa supuesta dicotomía y se adscriben sin reservas a uno u otro bando se pondrían en pie de guerra.

No es, sin embargo, una postura unánime. El compositor británico Howard Goodall, presentador de la serie “The story of music” para la BBC, señala a Schubert como el inventor del género de la canción con acompañamiento de piano que gira en torno al infortunio amoroso. Si Goodall está en lo cierto, caso de que Schubert levantara la cabeza y tuviera ocasión de escuchar “No one like you”, lo único que le sorprendería es que una mujer fuera la intérprete del tema y no su objeto. El video a continuación ofrece, a partir del minuto 38, un fragmento de “Evening star”, del austriaco, y otro del popular tema de la británica, junto con una explicación sobre sus coincidencias (en inglés):

Vivir es como viajar en el vagón de cola de un tren mirando el paisaje que se escapa; la perspectiva deforma rápidamente los objetos y es difícil apreciar que en cada cosa que se va estaba el origen de lo que ahora es. O como escribir un diario y volver la página ya llena; a veces cuesta trabajo ser conscientes de que la cara en blanco que se presenta ante nuestros ojos y la que acabamos de pasar sólo pueden existir porque ambas son parte de una misma hoja.

Con el arte es diferente, porque nada significativo se marcha, todo sigue ahí, lo cual para mí es especialmente patente en el caso de la música. Por su carácter abstracto, la música es como la glucosa, puede alimentar directamente los sentimientos sin exigirnos que nos adaptemos forzosamente a la perspectiva del tiempo en que fue creada. Por eso, a través de ella nos resulta más fácil percibir la continuidad en el cambio, como cuando escuchamos a Schubert y a continuación, pulverizando doscientos años de un plumazo, a Adele, y no deja de sorprendernos ver como la música acaba por fundir las mil caras de su diversidad en el hilo conductor de un mismo sentimiento.

Imagino que, contemplando el devenir desde fuera de las ruedas del tiempo, así es más o menos como debe de sentirse Dios o quien esté en Su lugar, si es que hay alguien.

 

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"El tiempo es lo que impide que todo suceda de golpe."

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