Archivo para 20 junio 2015

MAÑANAS DE FÚTBOL

Son las 8,15h. de un sábado cualquiera al comienzo del verano. La luz del sol recorta contra el entorno los colores más vivos y los tonos metálicos con la precisión de un troquel. El cielo todavía no es una plancha al rojo blanco aplastada cruelmente contra el cráneo. Aún queda un rato de tregua, que aprovechan la brisa y el cantar de los pájaros, estos últimos obligados a compartir el aire de la mañana con el golpeteo de alguna que otra máquina de obra que ha madrugado en la lejanía.

El campo de fútbol aguarda, gigantesco en su soledad, indiferente y burocrático, el comienzo del partido amistoso de infantiles que cerrará la temporada. Los pocos padres que van llegando y distribuyéndose alrededor del campo no son más que pequeñas gotas de color, incapaces de teñir el océano de soledad que el polideportivo municipal es aún a esa hora.

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De pronto uno intuye una especie de presencia que traiciona la aparente quietud del lugar, un no sé qué, casi un fantasma, uno de esos estados de especial susceptibilidad que a veces alteran el entorno de un objeto como un campo fuerza. Entonces uno repara en que lo que mantiene erguida la hierba del césped no es el trabajo meticuloso de las máquinas cortadoras, sino el voltaje acumulado en esa región del espacio partido tras partido, en que la inmensidad del campo vacío y la del cielo limpio no son más que las placas de un condensador que ha ido acumulando tensión eléctrica a través de las décadas, para luego irla entregando a la indolencia de momentos como éste, igual que el mar acumula calor en verano y lo ofrece a la tierra durante cada invierno. O a lo mejor todas estas impresiones no son más que falta de sueño.

 

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LOS DOS GEMELOS

Circula por Internet un bonito cuento que merece ser compartido.

Amable lector, ¿alguna vez lo habías visto así?

 

Un cuento (los dos gemelos)

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En el vientre de una mujer embarazada se encontraban dos bebés. Uno pregunta al otro: -¿Tú crees en la vida después del parto? – Claro que sí. Algo debe existir después del parto. Tal vez estemos aquí porque necesitamos prepararnos para lo que seremos más tarde. – ¡Tonterías! No hay vida después del parto. ¿Cómo sería esa vida? – No lo sé pero seguramente… habrá más luz que aquí. Tal vez caminemos con nuestros propios pies y nos alimentemos por la boca…. – ¡Eso es absurdo! Caminar es imposible. ¿Y comer por la boca? ¡Eso es ridículo! El cordón umbilical es por donde nos alimentamos. Yo te digo una cosa: la vida después del parto está excluida. El cordón umbilical es demasiado corto. – Pues yo creo que debe haber algo. Y tal vez sea sólo un poco distinto a lo que estamos acostumbrados a tener aquí. – Pero nadie ha vuelto nunca del más allá, después del parto. El parto es el final de la vida. Y a fin de cuentas, la vida no es más que una angustiosa existencia en la oscuridad que no lleva a nada. – Bueno, yo no sé exactamente cómo será después del parto, pero seguro que veremos a mamá y ella nos cuidará. – ¿Mamá? ¿Tú crees en mamá? ¿Y dónde crees tú que está ella? – ¿Dónde? ¡En todo nuestro alrededor! En ella y a través de ella es como vivimos. Sin ella todo este mundo no existiría. – ¡Pues yo no me lo creo! Nunca he visto a mamá, por lo tanto, es lógico que no exista. – Bueno, pero a veces, cuando estamos en silencio, tú puedes oírla cantando o sentir cómo acaricia nuestro mundo. ¿Sabes?… Yo pienso que hay una vida real que nos espera y que ahora solamente estamos preparándonos para ella…

 

Foto: gemelosiameses.blogspot

 

 

IX CERTAMEN DE RELATOS BREVES DE RENFE

Amables lectores, seguidores incondicionales, sé que os voy a dar un disgusto, pero no tengo más remedio que comunicároslo: ya se ha fallado el IX Certamen de Relatos Breves de Renfe en 99 palabras y, como cada año, NO he resultado premiado.

A continuación comparto con vosotros mi relato.

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EL VUELO

<<Vibran las vías, por fin llega el tren. Es como los cuartos del reloj de la Puerta del Sol, el anuncio de mi viaje inminente despegando del pasado. ¡Cuántas dudas! Ha sido igual que bucear sin oxígeno y desorientado en un túnel bajo el mar; ¿estás saliendo o sepultándote cada vez más? ¡Cuántas veces la locura ha cambiado de lado en mi cabeza como una pelota de tenis! Pero ahora que lo veo claro, si alguien quiere seguir dándole vueltas, ¡que sean ellos!>>

Y leve como una pluma voló desde el andén hasta las ruedas del tren.

 

Pensándolo bien, es mejor que no me hayan dado ningún premio; viajo diariamente en el Cercanías y me reconforta saber que en Renfe todavía se puede encontrar gente con un poco de sentido común.

 

Foto: decoracioninteriorismo.me

EL COPISTA DIGITAL

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No han llegado hasta nosotros los originales de los Evangelios (o de la multitud de documentos que narran los hechos de Jesús o se refieren a las primeras comunidades cristianas que, mucho más tarde, la Iglesia adoptó como tales). Hasta hace poco, las copias más antiguas de que disponíamos databan del s. II de nuestra era, si bien el reciente descubrimiento de un fragmento de aquéllos copiado hacia el año 80 d.C. – http://www.emol.com/noticias/tecnologia/2015/01/21/700161/encuentran-la-copia-mas-antigua-de-un-evangelio-en-la-mascara-de-una-momia-egipcia.html – parece que nos permite aproximarnos significativamente al momento del “Big Bang” evangélico.

En cualquier caso, lo cierto es que durante la mayor parte del período histórico que va desde la producción de las Sagradas Escrituras hasta el día de hoy no ha existido la imprenta ni tampoco la protección de los derechos de autor. Por otra parte, la gran mayoría de la población era analfabeta y muchas de quienes podían presumir de formación no pasaban de saber dibujar las letras que tenían delante, sin comprender el texto. Sumemos a lo anterior la mar gruesa de conflictos “ideológicos” en que se desenvolvió la comunidad cristiana de los primeros siglos hasta que la facción de los vencedores escribió la versión canónica de la historia; los escribas no fueron ajenos a esas disputas y muchos, probablemente de buena fe, añadieron, quitaron o enmendaron lo que les pareció necesario a fin de que la letra de las Escrituras no indujera a confusión sobre su verdadero mensaje. Visto lo visto, ¿a alguien le puede extrañar los años de preparación que requiere y el esfuerzo que conlleva la tarea de la exégesis bíblica? Y, sin embargo, la verdadera comprensión no llega sólo con la cabeza; es necesario que la vivencia ponga su “guinda”.

Hace poco, un amigo se sentía incómodo ante el compromiso que había asumido de leer un pasaje del Evangelio de San Juan en una boda al día siguiente; se trababa en la lectura porque el texto le parecía incomprensible. Se trata de un tipo sobradamente capaz, así que supongo que le pesaba el miedo escénico o, simplemente, en ese momento “no estaba en lo que se celebraba” (nunca mejor aplicado). Me asomé a la pantalla de su ordenador, le sugerí añadir un par de comas y surgió la luz (nunca mejor aplicado). El futuro orador se puso manos a la obra y delante de mí añadió, no sólo las sugeridas, sino alguna que otra como más.

Ese suceso tan trivial fue el catalizador de algo poderoso; de repente sentí que cada instante que vivimos contiene toda la eternidad, que, como sacudiéndose con fastidio las ataduras del tiempo, mi conciencia de individuo se fundía con otras muchas y delante de mí se desplegaba un panorama del que formábamos parte, en el mismo plano, nosotros, tecleando ansiosamente sobre artefactos llenos de pastillas de silicio, a la vez que otros hombres se dejaban la vista escribiendo con una pluma bajo la llama oscilante de una vela, mientras otros más preservaban y transmitían el conocimiento utilizando tecnologías que no podemos ni soñar; nuestro momento presente no es más que un corte transversal del tiempo de nuestra especie, algo no muy diferente a una rebanada de pan de molde. Fue una vivencia fugaz, pero de esas que me gusta atesorar para cuando vienen horas bajas.

Además, lo bueno de todo esto es que, sin duda, por haber inducido a alterar el Evangelio voy a ir de cabeza al infierno. ¡Qué bien para poder “charlar” con “gente” como Ipathia, Marx, Napoleón, Maquiavelo o Voltaire…! Vamos, que aquello debe de ser como un híbrido de café literario y sauna finlandesa.

Fuente: Misquoting Jesus; Bart Ehrman

Foto: enciclopedia.us.es


Una frase:

"El tiempo es lo que impide que todo suceda de golpe."

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