Archivo para 29 julio 2015

TASSILI

La Meseta de Tassili es un área montañosa en pleno desierto del Sahara, en el sudeste argelino, a unos 700 km de la capital. Con más de 15.000 muestras de pintura y grabadorupestres, algunas con una antigüedad estimada de 15.000 años, presenta una de las más importantes y ricas manifestaciones artísticas procedentes del Paleolítico superior y del Neolítico.

La enérgica erosión a que está sometida la arenisca es responsable de más de 300 arcos naturales rocosos, así como de muchas otras estructuras llamativas; se trata de una zona dura e inhóspita.

tassili

Sin embargo, Tassili n’Ajjer  significa “planicie de los ríos” en bereber, lo que da idea de que en otros tiempos el clima y los ecosistemas de la zona eran muy diferentes. Así lo confirman muchas de las pinturas rupestres, que muestran animales y modos de vida que hace mucho abandonaron este área desértica.

animales

Probablemente la dificultad de acceso y el escaso atractivo del lugar motivaron que las pinturas no fueran descubiertas hasta principios del pasado siglo por un cuerpo expedicionario de la Legión Francesa. A partir de ahí el arqueólogo francés Henri Lothe realizó diversas expediciones a esta llamada (quizás con cierto abuso de la expresión) “Capilla Sixtina del Paleolítico con el objeto de estudiar y reproducir estas remotas creaciones de nuestros antepasados.

La cultura que habitó Tassili nos ha dejado al menos un misterio, la ausencia de enterramientos, y una controversia relativa a las pinturas del llamado “Período de las cabezas redondas” (9.500 a 7.000 a.C), entre las que se encuentran algunas tan sugestivas como ésta,

 Marciano

que el propio Lothe bautizó (de broma) como el “dios marciano”, u otras que muestran supuestos caracteres de mucho antes de la aparición de la escritura (ver video más abajo).

Esta otra ha sido interpretada como la abducción de un grupo de mujeres  a las que un alienígena, unido por un tubo a su nave, conduce a ésta:

abducción

Así es fácil comprender que el tema de las pinturas de Tassili sea terreno abonado para la llamada “arqueología alternativa”.

Al menos en mi caso estas imágenes están investidas de una especie de “numen” que las ha transformado en máquina del tiempo o, al menos, de la ucronía. Y es que, pese a haberlas conocido hace no más de un año, puedo decir que, en cierta forma, se han añadido a los mitos de mi infancia.

Yo fui un niño en los 70. Por lo tanto, crecí bajo el influjo cultural (si se me permite el uso aquí de ese término) de todos los Von Daniken y los Charles Berlitz que contribuyeron con ahínco a llenar nuestro humilde planeta de lugares de poder, geografías alucinantes y sucesos incomprensibles. Recuerdo que en los días de lluvia nos obligaban a permanecer en la biblioteca del colegio durante el recreo y allí, siempre que estaba disponible, me gustaba sumergirme en un cuento sobre la Isla de Pascua, no por la historia en sí, más bien de corte costumbrista, si la neblina de la memoria no me engaña, sino por las fotos de las estatuas, que arrebataban mi imaginación por su supuesto origen extraterrestre.

Siempre me he preguntado de dónde salió aquella moda de buscar fuera de este mundo todo lo que en él hay de extraordinario, como si el ser humano no fuera de por sí suficientemente extraordinario y desconocido. Quizás fue la resaca del “vuelo orbital” de los 60; un empeño por seguir jugando a esa revolución, que quizás nunca pasó de un juego, desafiando como niños rebeldes los dogmas históricos y religiosos mediante el regreso al reconocimiento y adoración de dioses paganos.

El tiempo fue poco a poco privando de su halo sugestivo a los iconos que entonces se adoraban y resultó (¡ay vulgar e insípido dinero!) que la Lloyds nunca ha aumentado las primas de seguro de los transportes que atraviesan el Triángulo de las Bermudas, porque allí la frecuencia de los siniestros es exactamente la misma que en cualquier punto del mar; que las estatuas de la Isla de Pascua (los moai), obra (desde luego muy notable) de los antiguos rapa nui, pudieron ser transportadas por fuerzas puramente humanas haciéndolas bascular sobre su base mediante cuerdas, como si caminaran, y que los inmensos geoglifos del desierto de Atacama, como probablemente suceda con los pistas de Nazca, probablemente no querian ser vistas desde el aire, sino expresar (de forma colosal) del muy humano deseo de “domesticar” el medio, en este caso el desierto – http://www.abc.es/cultura/20141226/abci-misterio-desierto-atacama-201412261712.html -.

En fin, ¿por qué poner en duda las dimensiones colosales de lo que encierra el corazón del hombre? El tiempo me ha llevado a pensar que el famoso argumento ontológico propuesto por el monje medieval San Anselmo para probar la existencia de Dios, basándose únicamente en que todos tenemos la idea de Aquél, no habla realmente de la existencia de Dios, sino de la inmensidad del ser humano.

Como colofón, y quizá símbolo de la decadencia de la moda de lo extraordinario, hace pocos años el destructor USS Eldridge, supuestamente objeto del llamado “Experimento Filadelfia”, fue vendido como chatarra a Grecia por la Marina estadounidense. Miembros de su tripulación, que según la leyenda urbana sufrió las pavorosas consecuencias de los poderosísimos campos magnéticos aplicados para lograr la invisibilidad del buque, han manifestado que aquélla no se separó del barco ni un solo día durante la Segunda Guerra Mundial y que la primera noticia que tuvieron sobre el legendario experimento sólo les llegaría a través del boca a boca muchos años después.

De lo que no me cabe duda es de que, si el niño que fui hubiera sabido de las pinturas de Tassili, su magia se habría convertido instantáneamente en uno de mis iconos, hasta tal punto que ahora mismo las siento como si hubieran sido parte de mi imaginario personal de aquellos años, aun a sabiendas de que entonces no estaban ahí.

En general, los arqueólogos no han visto nada extraordinario en el origen de las pinturas. Normalmente resaltan su carácter simbólico o, en todo caso, su uso simbólico. En algunos casos las figuras de cabeza redondeada se muestran como flotando o nadando, como si se tratara de una experiencia de viaje “fuera del propio cuerpo”, lo que podría apuntar a prácticas de chamanismo y al uso de drogas naturales.

flotando

Algún estudioso ha señalado también que las representaciones de este período tienden a mostrar un mundo etéreo donde el hombre aún se siente como parte de la naturaleza y se somete sin temor a la divinidad.

¿Dónde está la frontera entre el charlatanismo y la especulación razonable?

Desde luego, aquel niño que contemplaba una y otra vez las mismas imágenes de las estatuas de la Isla de Pascua en lo días de lluvia sigue empeñado en que hace 10.000 años hubo en Tassili un encuentro con seres venidos de las estrellas.

El único dato objetivo que tenemos no es, sin embargo, muy alentador en esa dirección: desde los tiempos de la sonda Pioneer 10, hace más de cuarenta años que la humanidad viene desplegando un intenso esfuerzo tecnológico para entrar en contacto con civilizaciones extraterrestres y el resultado ha sido NADA – https://escritodesdelastripas.wordpress.com/2015/07/21/seti/ -.

Puede que estemos ante la crónica de un encuentro extraordinario con seres procedentes de otro planeta o, simplemente, ante la expresión simbólica del mundo interior de nuestros antepasados de Tassili (seguramente no menos lejano y desconocido que ese planeta que puede parecernos tan sugestivo). En cualquier caso, para mí las pinturas de Tassili están cargadas de una fuerza “numinosa” capaz de atravesar los milenios para abrir una puerta que conecta con esa parte de uno donde siguen habitando nuestros dioses paganos ancestrales.

Que cada cual las vea con su propia mirada.

 

Dedicado a aquél niño que miraba las estatuas de la Isla de Pascua y al mundo en que vivió su infancia.

 

Fotos:

afrotourism.com

pedromariafernandez.blogspot.com

gettyimages.com

 

SETI

SETI

“SETI” son las iniciales de “Search for Extraterrestrial Intelligence”, nombre completo de un programa de investigación que lleva a cabo la Universidad de Berkeley. El estudio es básicamente como sigue: el radiotelescopio de Arecibo escudriña el espacio en busca de señales radioeléctricas que hagan presumir algún tipo de codificación y, por tanto, de inteligencia fuera de nuestro planeta. La información recibida se envía a Berkeley, donde es “troceada” y distribuida por Internet a lo largo y ancho del mundo entre particulares que, de forma desinteresada, se prestan a que sus ordenadores personales la analicen mediante un software que previamente se han descargado. El resultado del proceso es devuelto automáticamente a la Universidad de Berkley que, de esta forma, puede disponer de una enorme capacidad de computación al servicio de este proyecto.

Para mí esto tiene dos lecturas. La positiva es que mucha gente piensa que no vivimos en el mejor de los mundos posibles, si no, seguramente no tendría sentido “llamar al mal tiempo” buscando otras posibles civilizaciones. De hecho Voltaire, que se reía mucho de eso del mejor de los mundos posibles, fue de los primeros en utilizar a un supuesto extraterrestre (Micromegas) para hacer una crítica de nuestra cultura. La negativa es que, aun seguramente convencidos de que nuestro mundo es muy mejorable, somos capaces de dedicar una herramienta valiosa y un esfuerzo digno de mejor causa a buscar referencias fuera de él.

El “modus operandi” del programa SETI demuestra que la cooperación a gran escala que permiten las tecnologías de la comunicación permiten concentrar un gran poder para el logro de un objetivo compartido. A mi juicio, una de las claves de ese poder está en la forma de su ejercicio, ya que de un modo muy simple permite mandatar a alguien para que lleve a cabo un encargo por cuenta de un colectivo y, con la misma facilidad, se puede revocar ese mandato y transferirlo a otra persona si el resultado no ha sido satisfactorio. Eso elimina la tendencia a la “esclerosis” y a la disociación de sus mandantes que han demostrado los órganos de representación estables en cualquier ámbito de ejercicio delegado del poder y, singularmente, en el político.

La cooperación generalizada a través de las nuevas tecnologías podría convertirse en un elemento de un valor incalculable a la hora de crear un contrapoder, articulado desde el corazón de la sociedad y desde el empuje de cada sentimiento individual, que convierta a los mercados de bienes y servicios en instrumentos al servicio del interés general, focalizando las fuerzas individuales de manera que la resultante sea capaz de mirar a los ojos a las entidades que hasta ahora se imponen en aquéllos.

Si las leyes protegen el principio de confianza legítima y de respeto a lo pactado que están en la esencia del funcionamiento del mercado es porque, al menos teóricamente, consideran que éste satisface un interés general digno de tutela. De otro modo no se explicarían, por ejemplo, los rescates bancarios generalizados que han reconvertido deudas privadas en públicas en países democráticos donde el ejercicio del poder sólo se justifica en aras a dicho interés general. Pues quizás ya va siendo el momento de entrar en un nuevo tiempo caracterizado porque ese postulado teórico que predica las bondades “urbi et orbi” del mercado se convierta en una realidad que nos aproveche a todos.

Saber decir no, esforzarse cada uno desde su puesto en crear los valores vitales de los que ninguna renovación podrá prescindir, mantener lo que vale, preparar lo que merece vivirse… son motivos de renovación y esperanza (Albert Camus)

 

Fuentes:

https://presnolinera.wordpress.com/2015/07/15/de-que-hablamos-cuando-hablamos-de-regeneracion-democratica/

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20110517/54155623278/caminamos-hacia-una-mente-colectiva-hiperconectada.html

http://www.seti.org/node/647?gclid=CJCOgo_n7MYCFSb4wgods-8DvA

EXTRATERRESTRES

Javier Gómez-Elvira y Daniel Martín Mayorga

Edit. CSIC

 

Foto: mysteriplanet.com.ar

PERO, ¿CUÁNDO VA A EMPEZAR EL S. XXI?

2000

Si seguimos a Antonio Muñoz Molina, los siglos no suelen empezar en una cifra redonda; concretamente, el s. XX empezó en 1914, cuando la potente química que había ido creciendo entre el deseo recíproco de exterminar de forma masiva al oponente y la capacidad tecnológica de llevarlo a cabo se resolvió en la Primera Guerra Mundial.

En esa línea, creo que el s. XXI no ha empezado aún. En mi opinión el s. XXI se iniciará cuando esas partículas elementales (en todos los sentidos) del universo económico que somos los consumidores decidamos autoproclamarnos “ciudadanos” y agruparnos en entidades capaces de influir en los operadores económicos. Creo que en ese punto encontraríamos una síntesis de fuerzas actualmente encontradas y, como resultado, una noción más amplia de la libertad de mercado que incorporaría el servicio a las personas (no lo contrario) como elemento a la vez axiológico y finalista; no creo que nadie pueda poner en duda que se trata de una visión completamente alejada de cualquier veleidad “estatalista” y plenamente respetuosa de la iniciativa individual.

Como avanzadilla de tal tendencia quizás se puedan señalar las compras colectivas de energía y carburante que ya están funcionando o las propuestas de que asociaciones ciudadanas hagan acto de presencia en empresas del sector eléctrico mediante la adquisición y sindicación de muchos pequeños paquetes de acciones, con el fin de estar más próximos a los centros de control de bienes y servicios de primera necesidad. Como corolario, se iría abriendo paso la creación de mecanismos de información pública sobre la situación económica real de cada país y de exigencia de responsabilidad efectiva a cualquier tipo de poder que tome decisiones que afecten a la economía.

Para ello cada uno de los miembros de la ecuación (o inecuación) del mercado tendría que cambiar un poco su actual punto de vista; uno de los lados tendría que aprender a evaluar sus posibilidades reales y a priorizar sus demandas para ajustarse a aquéllas y el otro tendría que tomar conciencia de que, por necesidad ontológica, no hay libertad sin un medio en que ésta se desenvuelva, es decir, sin límites, lo mismo que, por más que le estorbe el rozamiento, un pájaro no podría volar en un espacio del que previamente se ha expulsado el aire.

Probablemente la democratización de la economía mediante la participación activa, no sólo pasiva, de sus sujetos, simplemente sería un aspecto más de un proceso de regeneración democrática  que sin duda pugna por ver la luz, más allá de la mera elección periódica de representantes políticos.

Mientras escribo esto tengo la sensación de que todas las imágenes a mi alrededor se tiñen de tonos sepia y de que me encuentro en las faldas de un nuevo siglo cuya cumbre jamás llegaré a pisar.

 

Foto: listas.20minutos.es

IRENE VILLA

Irene

Impresionante, escalofriante, de los que dejan sin aliento es el gesto que ha tenido Irene Villa; no con Guillermo Zapata, sino consigo misma.

Habla de alguien que ha sido capaz de aceptar que no podemos elegir lo que nos sucede, pero sí como utilizamos la experiencia de lo que nos sucede.

Dicen que los primeros montañeros que escalaron el Everest por la cara norte utilizaron algo tan prosaico como una escalera de mano para salvar el llamado segundo escalón. Pero, naturalmente, superado ese punto tuvieron que continuar confiando únicamente en sus propias fuerzas, porque ya no podían llevarse consigo la escalera.

La actitud de Irene Villa ante el Juez Pedraz también habla de alguien que, aun sin piernas, ha llevado a cabo su personal ascensión a la cima más alta del mundo, de quien ha tenido el valor de alcanzar esa zona del propio ser donde uno está más solo que nunca, porque nadie lo puede ayudar a decidir si quiere consumir sus días odiando o quiere otorgarse el don de una existencia que valga la pena.

Quizás su reciente maternidad también haya tenido algo que ver en esto; creo que fue Balzac quien dijo que “la bondad no nos hace tan felices como la felicidad nos hace buenos”.

Mi profundo agradecimiento a quien me ha recordado el orgullo y la emoción de ser Humano.

 

Foto: kaosenlared.net


Una frase:

"El tiempo es lo que impide que todo suceda de golpe."

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