CONSTELACIONES MUSICALES

“Sólo puede ser siempre feliz el que sepa ser feliz con todo”

Confucio

Bert Hellinger (n. 1925), filósofo, pedagogo, antropólogo y teólogo, formado en el psicoanálisis, fue misionero en Sudáfrica durante 16 años. Allí le llamaron la atención los profundos lazos psicológicos que las comunidades indígenas mantenían con sus ancestros y quiso ver en aquéllos la fuente de una relación más fluida del individuo con la comunidad y con la vida, por comparación con la situación que, por lo general, se da en el mundo occidental.

La teoría de Hellinger, que se conoce como “constelaciones familiares”, postula que al ser humano lo guía una conciencia grupal o colectiva, a través de la cual se va transmitiendo toda la historia de los conflictos familiares a través de las generaciones y que en un momento dado puede aflorar en un individuo concreto como expresión de esa historia; sin embargo esa conciencia grupal ya no es accesible para el individuo, por lo que la fuente del conflicto tiende a permanecer oculta y éste a perpetuarse en la línea del tiempo.

Según lo anterior, el origen de la conciencia colectiva se remontaría a los albores de la raza humana. La población estaba dispersa en pequeñas comunidades donde cada uno actuaba con vistas al beneficio del grupo, sin deseos individuales; sólo así podían sobrevivir. Por tanto, cuando alguien perseguía un objetivo meramente personal el sentimiento de culpa actuaba como elemento regulador de la conducta y la reorientaba al bienestar común; no había conflicto, todos conocían su posición dentro del grupo. Cuando las distintas comunidades empezaron a encontrarse surgió la rivalidad, la defensa del derecho propio y la conciencia individual, fuente de conflicto potencial con la colectiva. Esta última acabó cediendo en favor de la individual y ya no quedan vestigios de ella en nuestra conciencia, pero sigue ejerciendo una notable influencia inconsciente sobre nuestros pasos por la vida, como un rastro “fósil” de nuestros orígenes.

Hellinger postula que los integrantes de una familia están unidos por estrechos lazos de cariño y lealtad. Cada uno de sus miembros absorbe inconscientemente toda la historia del grupo y, fruto de un amor malentendido, uno de ellos puede llegar a tomar para sí los sentimientos, actitudes o patrones de vida de un ancestro del que quizás ni siquiera se guarde memoria y que murió joven, vivió enfermo o fue privado de sus derechos de pertenencia al sistema familiar y excluido de éste. Tal intento de disminuir el sufrimiento de otro miembro de la comunidad familiar ocurre de también de forma totalmente inconsciente y se traduce en un tipo de conflicto conocido como “implicaciones sistémicas”.

El modelo de intervención desarrollado por Bert Hellinger como respuesta a este tipo de conflictos, basado en trabajos anteriores, se suele desarrollar a través de un grupo terapéutico en que cada persona elige de forma puramente instintiva entre los asistentes varios representantes con los que configura su constelación familiar. Los representantes, supuestamente atraídos a esa sesión por un  impulso que está fuera del espacio y del tiempo, aun sin haber tenido ninguna relación previa con el afectado son capaces de percibir la situación familiar de aquél y de interactuar entre ellos de forma que escenifican el conflicto sistémico; en expresión propia de esta terapia “toda constelación es tu constelación”, es decir, si uno está ahí en ese momento es porque su vida algo tiene que ver con la problemática que saldrá a la luz. Esa puesta en escena permite que el terapeuta (facilitador en la terminología de las constelaciones familiares) recoja la información necesaria para interpretar el conflicto, llevarlo a la conciencia del grupo y desarrollar una solución de carácter simbólico.

En el siguiente video se presenta una explicación esquemática de las constelaciones familiares:

Y en este que aparece a continuación se puede ver un documental de unos 60’ sobre el tema, que muestra el desarrollo de una sesión:

En definitiva, el objetivo de la terapia sistémica basada en el modelo de las constelaciones familiares – terapia controvertida, como es fácil de imaginar – no es otro que ayudarnos a dar un “sí” a la vida, a los demás y a nosotros mismos, a todo tal como es, sin pedir que sea otra cosa, y en especial a nuestros padres, en tanto que vehículo de nuestra existencia. Pienso que la frase de Confucio que encabeza esta entrada podría sintetizarse aún más afirmando que “la vida no hace promesas”.

Un día de febrero de 1785 Wolfgang Amadeus Mozart presentó en Viena su Concierto para piano en Re menor (K.V. 466) – sin duda el amable lector que se haya imbuido del espíritu de las constelaciones me dará licencia para remontar de golpe el curso del río del tiempo – . Hacía dos años que el compositor y su padre Leopold, fuertemente enfrentados, no se veían. Leopold decidió aprovechar este gran acontecimiento musical, que atrajo incluso al emperador José II, para acercarse a su hijo y se presentó por sorpresa.

El próximo video (en inglés), a partir del minuto 48, lleva a cabo un análisis del concierto que me llamó la atención:

El presentador destaca el carácter profundamente innovador de esta obra, no sólo por su estructura formal, sino porque supone una verdadera declaración de independencia de los instrumentos de viento-madera, al presentar en el primer movimiento a dos oboes dialogando con el piano. El segundo movimiento es aún más interesante desde la perspectiva que nos ocupa; el piano sugiere un adulto que vuelve su mirada nostálgica hacia la infancia, invadido por el deseo de situarse de nuevo al amparo de la figura protectora que fue su padre. De pronto la dinámica de los instrumentos se transforma y el conflicto no resuelto entre padre e hijo estalla en una guerra entre el piano y la orquesta en el que ninguno de ellos consiente dar su brazo a torcer, para desembocar finalmente en un tercer movimiento lleno de tormento y pasión, capaz de despertar ecos de la grandeza y la tragedia de la experiencia vital propia de cada oyente. Al igual que sucede en una constelación familiar, podríamos pensar que Mozart, al concebir su Concierto en  Re menor, eligió los instrumentos y cómo debían aparecer al principio en cuanto que representantes de los miembros de su familia y les insufló la libertad propia del creador para que aquéllos se independizaran de él y dramatizaran el conflicto sistémico, lo que inconscientemente llegó a atraer la presencia al acto del padre alejado.

La visión musical de Mozart en esta obra se adelantó décadas al Romanticismo. Sé que hay muchas formas de interpretar la música y esta idea me lleva a preguntarme si a partir precisamente del Romanticismo, que introdujo la exaltación de la subjetividad propia de la burguesía ascendente, tendría sentido tratar de encontrar en muchas piezas orquestales la dinámica propia de una constelación, dramatizada a través de la relación establecida entre los instrumentos.

La verdad es que no sé apenas nada de música y, probablemente, poco de sentido común, pero el manifestarlo tan rotundamente me da una inmensa paz de espíritu a la hora de decir lo que me viene a la cabeza sin temor a que nadie confíe demasiado en mis puntos de vista. Al fin y al cabo, si ni la vida hace promesas, ¿cómo podría yo hacerlas?

 

Fuentes:

Wikipedia

¿Dónde están las monedas? – Joan Garriga Bacardí; rigden institut Gestalt

MUSIC A very short introduction – Nicholas Cook; Oxford University Press

 

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2 Responses to “CONSTELACIONES MUSICALES”


  1. 1 jorge mata 28 noviembre 2015 en 20:50

    hola, q tal

    No sabía q Hellinger hablaba de constelaciones familiares, pensaba que eran estructuras familiares. Pero igual me lo contaron mal, posiblimente como un intento de dar un poco de brillo o toque formal a algo tan polémico como esta “disciplina,” que ya con el nombre le veo un problema considerable.

    En fin, q te escribo porque mi esposa está muy interesada en este asunto y a veces va a reuniones donde se practica esta terapia con los asistentes. Por si te interesa ir a alguna. Son de pago, pero casi mejor, no? Dicen que los medicamentos funcionan mejor si son de sabor desagradable y los psicoanalistas tienen más éxito si al cliente le cuesta dinero la atención recibida…

    • 2 José Ignacio 13 diciembre 2015 en 12:59

      Hola, lamento la tardanza en contestar. Creo que la denominación “constelaciones” es una mala traducción del alemán. Gracias, conozco las sesiones y sé que son de pago; realmente, ¿por qué no habían de serlo? Ya se sabe: “there ain’t such a thing as a free meal” :-))))


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