Archivo para 23 febrero 2017

LA FIESTA A LA QUE NO FUE NADIE

El 28 de junio de 2009 Stephen Hawking, genio de la Física y cachondo mental, dio una fiesta en Cambridge a la que no asistió nadie. El problema: había mandado las invitaciones después de terminar el guateque.  ¿Por qué? Porque la fiesta se dirigía a posibles viajeros del tiempo.

Supongo que el científico de Oxford no se sintió muy ofendido, dado que, en su opinión, el viaje al pasado es imposible.

También hubo quien se tomó el tema más en serio. Al parecer en 2014 un equipo de científicos dedicó cierta dosis de esfuerzo a escrutar las redes sociales en busca de pruebas de que había personas que sabían cosas antes de que ocurrieran:

https://www.xataka.com/investigacion/el-dia-en-que-stephen-hawking-organizo-la-fiesta-del-siglo-y-no-fue-nadie

Sin embargo, la evidencia de que es posible viajar en el tiempo aún estaba por llegar. Hawking la tenía muy cerca, pero no supo verla. Hela aquí.

Es bastante conocido que la pronunciación de los Británicos tiene una particularidad que no comparte ninguna otra variedad del inglés: ellos no pronuncian la “r” post-vocálica, pero luego, para compensar, la añaden al final de la palabra y la enlazan con la siguiente si empieza por vocal. Un ahorro de energía, supongo.

Así, por ejemplo, para pronunciar la palabra “barbeque” dirían algo así como “báhbiquiu” (lo siento, para mí los signos de transcripción fonética pertenecen al arcano de lo incognoscible). Por tanto, al decir “this barbeque is delicious!” pronunciarían algo así: “dzis bahbequiu ris delicius”.

Hasta ahí bien, pero expresiones como “law and order” (pronúnciese “loo rend ohdah”) siguen siendo un rompecabezas para los lingüistas. Esa erre al final de “law” no puede venir de atrás, porque “law” es la primera palabra de la expresión. ¿De dónde sale entonces?

¡Pues la explicación es evidente! Los ingleses, viajeros por antonomasia, también viajan en el tiempo. Primero dicen “loo end ohdah” y luego, al darse cuenta de que han robado dos erres a la palabra “order”, impulsados por su sempiterno deseo de devolver lo que se llevan, viajan unas centésimas de segundo al pasado y depositan una de las erres justo al final de “law”. Elemental, mi querido Watson, que dirían ellos.

Stephen Hawking tenía lo que buscaba delante de sus narices, pero inmerso en sus abstrusas teorías cosmológicas se le escapó lo evidente. Podía haberse ahorrado el champán y los exquisitos canapés de pepino.

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Y es que a veces la inteligencia puede ser perjudicial. Por eso muchos hemos pasado la vida resguardándonos de ella como de un nublado.

CIENCIA Y MITO

Se acaba de publicar en el Washington Post una noticia sobre dos estudios científicos que apuntan a la posibilidad de desarrollar órganos humanos en embriones de animales de cara a su utilización para transplantes. Los híbridos de humano y animal han empezado ya a denominarse “quimeras”, en recuerdo de la criatura mítica con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de serpiente:

https://www.washingtonpost.com/news/speaking-of-science/wp/2017/01/26/scientists-create-a-part-human-part-pig-embryo-raising-the-possibility-of-interspecies-organ-transplants/?utm_term=.edf280cde667

¿Hay algo inconsciente que empuja a la ciencia a devolvernos el mito? Como en la conocida anécdota atribuida a Bernard Shaw (1), en vez de animales con órganos humanos, ¿podríamos fabricar humanos con partes de animal? Por ejemplo, ¿un minotauro? Históricamente la explicación mítica del mundo precede con mucho a la científica, ¿es que ahora la ciencia pretende cerrar el círculo? ¿Por qué?

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Algo ha llamado al minotauro a la palestra de la conciencia. ¿Ha venido a explicarnos algo esa criatura mítica?

La historia del toro – hombre es bastante conocida: el legendario Minos se disputaba el trono de Creta con sus hermanos y pidió al dios Poseidón que mandara un toro del mar como señal de que el trono le correspondía por derecho divino, con el compromiso de sacrificar al animal en su honor. El toro fue enviado y Minos coronado rey, <<pero, cuando pudo apreciar la majestad de la bestia (…) pensó en las ventajas que le traería ser dueño de tal ejemplar y decidió arriesgar una sustitución mercantil, que supuso que el dios no tomaría en cuenta. Por lo tanto, ofrendó en el altar de Poseidón el mejor toro blanco que poseía y agregó el otro a su ganado>>. El caso es que, durante una de las belicosas ausencias de Minos, su esposa, la reina Pasifae, fue poseída por el toro y, fruto de aquella unión nació un monstruo, mitad hombre y mitad toro, el Minotauro. Como se verá enseguida, Minos se sintió culpable de lo sucedido y, para ocultar un hecho tan vergonzoso, hizo construir un laberinto en cuyo centro ocultó al monstruo <<y desde entonces fue alimentado con mancebos y doncellas vivos, arrebatados como tributo a las naciones conquistadas por el dominio cretense>>.

Los párrafos entrecomillados en cursiva pertenecen al libro “El héroe de las mil caras”, de Joseph Campbell, al que ya me he referido en otra entrada:

https://escritodesdelastripas.wordpress.com/2012/02/09/el-minotauro/

El símbolo es el escondrijo y, a la vez, el plano que conduce a encontrar lo que se ha escondido. La leyenda del minotauro es una historia de robo y de sacrificio, de un don divino, el toro blanco, que se convierte en una maldición cuando es sustraído a la finalidad legítima con que fue otorgado y del subsiguiente sacrificio humano necesario para minimizar los estragos que eso causa. Sólo superando el desafío del laberinto se puede encontrar la salida a este drama.

Quizás el conocimiento, de luz liberadora ha pasado a ser la sombra de su propia luz, y esta paradoja es a su vez el laberinto que encierra al monstruo en que se ha convertido el propio conocimiento. Un monstruo que crece alimentándose de la capacidad de las personas para decidir su propio destino. Cada vez el mundo está más lleno de “gurús”, señores de cualquier conocimiento o pseudo-conocimiento de parcelas específicas del saber que son los únicos que tienen respuestas “sensatas” a cualquier dilema. Cada vez se cuestiona más el principio democrático argumentando que no todo se puede votar, que hoy en día los problemas son demasiado complejos para el hombre común, que sólo los técnicos, principalmente los economistas, saben lo que, dentro de lo que es posible, nos conviene (como si cualquier solución “técnica” no implicara necesariamente un juicio de valor sobre lo que es conveniente lograr). Hoy en día al que tiene la sartén por el mango le basta con decir que lo que ha decidido “era lo único que se podía hacer” para justificarse, como si el que piensa lo contrario fuese un iluso que habita el cuento de la lechera. Creo que fue Jefferson quien dijo algo así como que, en lo concerniente a la vida de la comunidad, el voto de un campesino vale tanto como el de un erudito, porque las decisiones que allí han de adoptarse no pertenecen al ámbito del saber, sino que son de índole moral. Por cierto, también hay campesinos o, en este caso, ganaderos, eruditos, como José Pinto (2).

¿Y si el minotauro, traído esta vez, no por Poseidón, sino por la genética, hubiera aparecido de nuevo para decirnos que es en nuestra capacidad de perseguir el conocimiento donde reside el don que los cielos o la evolución han otorgado a nuestra especie, y para urgirnos a no tolerar que nadie nos arrebate esa dignidad, y menos aún en nombre del conocimiento?

De todos modos, en España no creo que deba preocuparnos la llegada del minotauro. Probablemente esta línea de investigación genética reciba todo tipo de apoyos siempre que se enfoque a cruzar cerdos con ciempiés para que den más jamones.

 

(1) Se dice que una hermosa dama propuso a Bernard Shaw tener un hijo, esperando que éste naciera con la belleza de ella y la inteligencia de él. El escritor declinó cortésmente la oferta ante el temor de que el retoño, en cambio, adquiriera la belleza de él y la inteligencia de ella.

(2) Para quien no lo conozca, José Pinto es un ganadero de Casillas de las Flores que ha participado en noventa y ocho programas de Saber y Ganar haciendo gala de una inteligencia y una erudición casi tan impresionantes como su sencillez y su sentido del humor. Vaya esta entrada por él.


Una frase:

"El tiempo es lo que impide que todo suceda de golpe."

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