LA FIESTA A LA QUE NO FUE NADIE

El 28 de junio de 2009 Stephen Hawking, genio de la Física y cachondo mental, dio una fiesta en Cambridge a la que no asistió nadie. El problema: había mandado las invitaciones después de terminar el guateque.  ¿Por qué? Porque la fiesta se dirigía a posibles viajeros del tiempo.

Supongo que el científico de Oxford no se sintió muy ofendido, dado que, en su opinión, el viaje al pasado es imposible.

También hubo quien se tomó el tema más en serio. Al parecer en 2014 un equipo de científicos dedicó cierta dosis de esfuerzo a escrutar las redes sociales en busca de pruebas de que había personas que sabían cosas antes de que ocurrieran:

https://www.xataka.com/investigacion/el-dia-en-que-stephen-hawking-organizo-la-fiesta-del-siglo-y-no-fue-nadie

Sin embargo, la evidencia de que es posible viajar en el tiempo aún estaba por llegar. Hawking la tenía muy cerca, pero no supo verla. Hela aquí.

Es bastante conocido que la pronunciación de los Británicos tiene una particularidad que no comparte ninguna otra variedad del inglés: ellos no pronuncian la “r” post-vocálica, pero luego, para compensar, la añaden al final de la palabra y la enlazan con la siguiente si empieza por vocal. Un ahorro de energía, supongo.

Así, por ejemplo, para pronunciar la palabra “barbeque” dirían algo así como “báhbiquiu” (lo siento, para mí los signos de transcripción fonética pertenecen al arcano de lo incognoscible). Por tanto, al decir “this barbeque is delicious!” pronunciarían algo así: “dzis bahbequiu ris delicius”.

Hasta ahí bien, pero expresiones como “law and order” (pronúnciese “loo rend ohdah”) siguen siendo un rompecabezas para los lingüistas. Esa erre al final de “law” no puede venir de atrás, porque “law” es la primera palabra de la expresión. ¿De dónde sale entonces?

¡Pues la explicación es evidente! Los ingleses, viajeros por antonomasia, también viajan en el tiempo. Primero dicen “loo end ohdah” y luego, al darse cuenta de que han robado dos erres a la palabra “order”, impulsados por su sempiterno deseo de devolver lo que se llevan, viajan unas centésimas de segundo al pasado y depositan una de las erres justo al final de “law”. Elemental, mi querido Watson, que dirían ellos.

Stephen Hawking tenía lo que buscaba delante de sus narices, pero inmerso en sus abstrusas teorías cosmológicas se le escapó lo evidente. Podía haberse ahorrado el champán y los exquisitos canapés de pepino.

physicist_stephen_hawking_in_zero_gravity_nasa

Y es que a veces la inteligencia puede ser perjudicial. Por eso muchos hemos pasado la vida resguardándonos de ella como de un nublado.

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Una frase:

"El tiempo es lo que impide que todo suceda de golpe."

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