Archivo para 20 agosto 2019

TRAGEDIA

Esperé a que el camarero se alejara de la mesa y empecé a hablar, no por discreción, sino por apuro; siempre he pensado que los camareros deben de sentirse muy incómodos cuando sus clientes empiezan a hablar sin dirigirse a ellos, como si estuvieran en presencia de un mueble – El otro día estuve en un espectáculo de improvisación que me encantó. Los actores lanzaban una pelota al público y, a quien le caía, le hacían unas cuantas preguntas sencillas sobre su vida y su carácter y los de sus acompañantes y, acto seguido, utilizando esos elementos, representaban una supuesta escena de la vida en común de esas personas, pero de un modo completamente esperpéntico, dislocado… -.

Mi amigo se acarició la barbilla en silencio unos instantes, que aproveché para beber un sorbo, y, al bajar el fondo del vaso, tuve la sensación de que la cabeza de éste emergía atravesando la superficie del líquido, como si saliera de la profundidad de sus propias reflexiones. Para mí, iniciar una conversación trivial con él solía ser como dejar caer una ramita en la superficie de un riachuelo; a menudo el pequeño trozo de madera avanza casi con dificultad bordeando la orilla para, de pronto, arrancar como una exhalación, capturado por el largo brazo de un remolino.

– Eso que dices me recuerda a algo – contestó él mirando a través de mí, mucho más allá de donde yo estaba -. Hace poco he visitado en el hospital a un anciano bastante irritante al que conozco desde hace años. Debido a la medicación que le daban y a la propia desorientación producida por el ingreso, se pasó toda la tarde delirando. Pero lo curioso es que su discurso delirante no era mucho más “delirio” que su discurso habitual, sólo un poco más exagerado: victimismo, desconfianza, exigencia, acritud, reproches… Lo mismo de siempre, sólo que llevado a un grado que resultaba tragicómico, porque su ruptura con la lógica más elemental había convertido aquella situación hospitalaria, bastante lamentable, pero muy anodina, en una auténtica película de 007, con secuestro, espionaje, conspiración y traiciones, todo incluido. La cuestión es – continuó, con la mirada un poco iluminada tras los cristales de sus gafas – ¿no podría existir una terapia basada en actores, como los que tú dices, dirigidos por un psicólogo, que pudieran representar nuestra conducta cotidiana, pero de un modo tan desaforado que no tengamos más remedio que tomar conciencia de que muchos de nuestros procesos mentales habituales no son más que delirios y comprender a qué extremos podemos llegar si no cambiamos de rumbo?

– Enhorabuena – fingí aplaudir-,¡acabas de inventar la tragedia griega!

– ¿La tragedia griega…?

– Sí, hombre, la catarsis que, según dicen, se buscaba con la representación de las tragedias. Bueno, salvo que eso era una “terapia de grupo”, y tú pareces querer convertirlo en una terapia individual. Mejor para el psicólogo, que se embolsará más dinero aún.

– Te advierto una cosa – continuó con su aire reflexivo, sin recoger el sarcasmo -, las palabras y los conceptos se desgastan con el uso como las piedras de río. Fíjate, si no, en la palabra “objeto”. Viene del latín “obiectus”, formada por “ob” (sobre) y “iacere” (arrojar). Un objeto viene a ser algo que lanza una avalancha de estímulos sobre nosotros, que alimentan a nuestros sentidos; de esa forma es como tomamos conciencia de aquél. Yo me lo imagino como un volcán, o como un trozo de material radiactivo, fosforescente, lanzándonos con violencia toda clase de rayos de alta energía. Y, sin embargo, fíjate hoy: “un objeto decorativo”, “un objeto sin valor”, “un objeto de culto”, “un objeto extraviado”… El significado tan potente de la palabra “objeto” ha quedado oculto bajo la pintura, muchas veces de brocha gorda, de los calificativos que le atribuimos, que quedan en primer plano.

– Ya. ¿Y eso qué tiene que ver?

– Pues que, a veces, reinventar algo y traer al presente un poco de su energía original, cuando ésta se ha perdido en el tiempo, puede ser casi tan valioso como el hecho de inventarlo. ¿No crees?

– Pues sí, la verdad es que, mirado así, tienes toda la razón. Y por eso te voy a proponer ahora mismo tu siguiente misión.

– ¿¿¿Cuál…???

– Reinventar la democracia.


Una frase:

"El tiempo es lo que impide que todo suceda de golpe."

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