MILLA DE ORO

Españolito que vienes

al mundo te guarde Dios.

Una de las dos Españas

ha de helarte el corazón.

 

Antonio Machado

 

Queridos revoltosos de la Milla de Oro,

Al enterarme de vuestras andanzas vespertinas en pro de la libertad sentí un cabreo descomunal, apoteósico, hercúleo, homérico.

Pensé en el drama que han vivido muchos durante los últimos meses, en el esfuerzo sobrehumano de otros, los que, al límite de sus fuerzas o incluso más allá, han estado luchando contra el Covid en hospitales atestados, en todos los que hemos tratado de poner nuestro modesto granito de arena obedeciendo las normas a rajatabla para no empeorar las cosas y a los que, con vuestra actitud, ahora nos estáis llamando gilipollas, en las personas que vienen a limpiaros vuestras casas desde barrios obreros y tendrán que tragarse y llevar a sus familias el cus-cus de gérmenes que estáis montando, porque resulta que ahora entre los Borjamaris y las Cayetanas se debe de haber vuelto muy “chic” eso de jugar a revolucionarios de opereta enarbolando palos de golf en la vía pública junto con “papuchi” y “mamuchi”.

¡¡¡Palos de golf!!! Más que el hecho de tratarse de una manifestación no autorizada que atenta contra la salud pública en la que, para más inri, exhibís masivamente instrumentos de un alto potencial lesivo, me jodío, sí, que éstos fueran precisamente palos de golf en lugar de garrotas de alcornoque.Y resulta que, a lo mejor, incluso es mentira que hayáis hecho un uso generalizado de tan lúdico y refinado instrumento para expresar vuestro furor y vuestras ansias de libertad, pero el hecho es que eso me jodió y mucho. Entonces pensé que ojalá la policía os barriera de las calles a palos y os embutieran a hostia limpia en furgones policiales para transportaros como ganado a los calabozos, ¡¡¡a ver si ahí os encontrabais a gusto o preferíais el confinamiento en vuestras moradas de marquesones!!!

Pero, en cuanto semejante idea se me pasó por la cabeza, se me encendieron todas las luces rojas y empezó a sonar un sonido de alarma taladrante en mi conciencia. ¿No era eso precisamente lo que antaño quería la “gente de orden” para los rojazos de melena y trenca que empezaban a ponerse respondones frente a la dictadura Franquista? Y empecé a rebobinar: en el Barrio de Salamanca no solamente viven Borjamari y Cayetana, también viven la Sra. Sagrario y el Sr. Modesto, ancianos que ocupan un piso de renta antigua y que comen todos los meses de una pensión como la de tantos. Pero, es más, ¿y qué si Borjamari y Cayetana viven en un piso de 500m2 y su papuchi y su mamuchi tienen tanta pasta que se le sale por debajo de la puerta? ¿Es que eso hace de ellos seres infrahumanos? ¿Y qué si practican el golf o la equitación? ¿Es que eso los hace de peor condición moral que quienes tienen problemas para llegar a fin de mes y bajan al parque a jugar a la petanca? ¿Es que es más deshonroso ser “pijo” que ser “choni” o “hípster”, lo que quiera que sea cualquiera de esas cosas?

Y mi conclusión fue que sí, que, mal que nos pese a algunos, casi todos llevamos un fascista (o un estalinista o un nazi, me da igual) dentro, cubierto de una fina capa de barniz, empezando por mí. Y que eso no es malo ni bueno, sino que depende del uso que hagamos de ello. Decía Erich Fromm que si él no tuviera algo de Adolf Eichmann no podría llegar a entender como persona al criminal nazi. Es decir, que nuestras propias “sombras” nos pueden servir de detector para tomar conciencia de la presencia de “La Sombra” que siempre planea sobre la Humanidad cuando ésta se acerca más de la cuenta (y lo hace periódicamente) y así tratar de guardarnos de ella.

También pensé en la fragilidad de nuestros sentimientos de empatía y de nuestra disposición a la sociabilidad cuando nos tocan aquello con lo que nos identificamos como individuos, sean nuestras posesiones, nuestras costumbres o nuestras ideas.

Y, finalmente, pensé que, siendo nuestras tendencias individualistas tan abrumadoras de por sí, cuando algunos machaconamente tratan de excitarlas hasta convertir el individualismo en pura arrogancia y desprecio por lo que nuestra posición debe a otros, es porque algún interés muy fuerte los mueve a gastar tiempo y recursos en esa actividad proselitista. O sea, que ahí hay gato encerrado y que ciertas maneras de entender el individualismo no son más que una de las muchas formas que adopta el aborregamiento.

En fin, revoltosos de la Milla de Oro, que sólo deseo que se os aplique la ley con humanidad y con proporcionalidad, entre otras cosas porque tengo un motivo de agradecimiento con todos vosotros. Y es que, sin saberlo me habéis prestado un gran servicio: me habéis ayudado (creo) a crecer un poco más.

3 Responses to “MILLA DE ORO”


  1. 1 Curra 15 mayo 2020 de 20:21

    Estoy absolutamente de acuerdo pero no lo basaría tanto en el dinero si no en la arrogancia que provoca la falta de responsabilidad individual y esto último solo se adquiere con educación, en casa, en la convivencia más primigenia, en el cuidado de unos a otros. Libertad es salir a la calle? Libertad para mí es decidir que aunque esté medio ansiolitica metida en casa tengo que ser prudente y cuidar de mi y de otros para otros también. Y además como tengo Salud encima doy mil gracias y aprovecho mi privilegio que tengo una casa que tengo una familia que estamos bien para no joder a otros solo porque no tengo la disciplina mental de estar un tiempo en casa cuidando de mi, de otros y para otros. Desde luego que gracias por tus letras!

    • 2 José Ignacio 17 mayo 2020 de 9:27

      ¡Hola Curra! Muchas gracias por tu visita.

      Efectivamente, mi intención no era centrarlo en el dinero, sino en la percepción que cada uno tenemos de nosotros mismos en relación con los demás. Hay personas con mucho dinero y, a la vez, con mucha conciencia social, supongo que porque reconocen que para llevar a cabo sus realizaciones se han tenido que subir en los hombros de mucha gente anónima que les facilita lo esencial.

      He conocido muchas personas que se sienten mejores que los demás desde su destreza física o por su fuerza de carácter o desde su inteligencia o desde una pretendida superioridad moral por las injusticias sufridas, reales o no. Esa arrogancia es la que puede llevarnos a negar la humanidad de los demás. Por otra parte, creo que esa tendencia es un “gusano” que casi todos llevamos dentro y es algo sobre lo que también quería alertar, sobre todo cuando empecé a notarlo en mí mismo.

      Un abrazo,

      JI

      • 3 Curra 20 mayo 2020 de 8:53

        Coincido plenamente. Muchas gracias por tus reflexiones que nos hacen pensar y sentir.


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