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PERO, ¿CUÁNDO VA A EMPEZAR EL S. XXI?

2000

Si seguimos a Antonio Muñoz Molina, los siglos no suelen empezar en una cifra redonda; concretamente, el s. XX empezó en 1914, cuando la potente química que había ido creciendo entre el deseo recíproco de exterminar de forma masiva al oponente y la capacidad tecnológica de llevarlo a cabo se resolvió en la Primera Guerra Mundial.

En esa línea, creo que el s. XXI no ha empezado aún. En mi opinión el s. XXI se iniciará cuando esas partículas elementales (en todos los sentidos) del universo económico que somos los consumidores decidamos autoproclamarnos “ciudadanos” y agruparnos en entidades capaces de influir en los operadores económicos. Creo que en ese punto encontraríamos una síntesis de fuerzas actualmente encontradas y, como resultado, una noción más amplia de la libertad de mercado que incorporaría el servicio a las personas (no lo contrario) como elemento a la vez axiológico y finalista; no creo que nadie pueda poner en duda que se trata de una visión completamente alejada de cualquier veleidad “estatalista” y plenamente respetuosa de la iniciativa individual.

Como avanzadilla de tal tendencia quizás se puedan señalar las compras colectivas de energía y carburante que ya están funcionando o las propuestas de que asociaciones ciudadanas hagan acto de presencia en empresas del sector eléctrico mediante la adquisición y sindicación de muchos pequeños paquetes de acciones, con el fin de estar más próximos a los centros de control de bienes y servicios de primera necesidad. Como corolario, se iría abriendo paso la creación de mecanismos de información pública sobre la situación económica real de cada país y de exigencia de responsabilidad efectiva a cualquier tipo de poder que tome decisiones que afecten a la economía.

Para ello cada uno de los miembros de la ecuación (o inecuación) del mercado tendría que cambiar un poco su actual punto de vista; uno de los lados tendría que aprender a evaluar sus posibilidades reales y a priorizar sus demandas para ajustarse a aquéllas y el otro tendría que tomar conciencia de que, por necesidad ontológica, no hay libertad sin un medio en que ésta se desenvuelva, es decir, sin límites, lo mismo que, por más que le estorbe el rozamiento, un pájaro no podría volar en un espacio del que previamente se ha expulsado el aire.

Probablemente la democratización de la economía mediante la participación activa, no sólo pasiva, de sus sujetos, simplemente sería un aspecto más de un proceso de regeneración democrática  que sin duda pugna por ver la luz, más allá de la mera elección periódica de representantes políticos.

Mientras escribo esto tengo la sensación de que todas las imágenes a mi alrededor se tiñen de tonos sepia y de que me encuentro en las faldas de un nuevo siglo cuya cumbre jamás llegaré a pisar.

 

Foto: listas.20minutos.es

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DOGMA DE FE

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La verdad es que no estoy muy enterado de esas cuestiones, pero me suena que hace varios años la Iglesia consideró permisible la inseminación artificial, siempre que se utilizara el siguiente procedimiento: como es pecado masturbarse, el esperma debía obtenerse en el curso de una relación sexual lícita. La manera más eficaz de lograrlo era reteniendo el fluido en un preservativo, pero como el uso de anticonceptivos también es pecaminoso, el preservativo tenía que estar perforado para que no obstaculizara la fecundación. Para aprovechar el semen que quedaba retenido se cerraba el extremo contrario al orificio practicado y se estrujaba el preservativo, convertido así en una especie de manga de pastelero.

Aquello me dejó a medio camino entre la risa y el pánico. Primero te sientes transportado al extremo de lo grotesco, pero inmediatamente algo bien distinto te golpea la conciencia: los actos descritos son de tal crudeza, están tan ciegamente subordinados al fin perseguido y a las limitaciones impuestas por el dogma, que llegan a perder por completo su sentido propio y a desligarse de realidad. El discurso exhala tal falta de humanidad que roza lo psicopático y esto produce escalofríos, porque sin el freno interior de la empatía los únicos límites que conoce el psicópata son los que logren imponerle los demás por la fuerza. Hemos llegado a eso muchas veces a lo largo del tiempo y, a mi juicio, sucede siempre que el pensamiento encalla en el dogma y logra arrastrar tras de sí a los sentimientos más básicos del ser humano.

En la antigua Roma el deudor respondía de sus obligaciones con su propia persona. En caso de que sus bienes no fueran suficientes para hacer frente a sus deudas, su acreedor podía venderlo como esclavo para cobrarse con el precio obtenido.

Si no me falla la memoria, fue en el s. XVIII cuando el Parlamento Inglés abolió la pena de muerte por robo.

Tal y como atestigua Dickens, en el s. XIX las prisiones inglesas estaban llenas de deudores insolventes, pero esa tentativa se consideró, no sólo inhumana, sino poco práctica y hoy en día el Convenio de Roma de 1950 prohíbe que los estados signatarios impongan a sus ciudadanos penas de prisión por el sólo hecho de que éstos no puedan hacer frente a sus obligaciones contractuales.

Ya en el plano interno, la legislación española desde antigüo ha contemplado límites a la posibilidad del acreedor de embargar bienes del deudor. De este modo, no sólo son inembargables las herramientas de trabajo, sino el salario mínimo y el lecho cotidiano, por ejemplo.

Por continuar con el caso de España, en el año 2003, gobernando José María Aznar, se aprobó en nuestro país la Ley Concursal, al menos teóricamente orientada, no a la satisfacción íntegra de los acreedores, sino a obtener soluciones que permitan garantizar la viabilidad de las empresas en dificultades económicas y, más recientemente, el Gobierno de Mariano Rajoy ha puesto en marcha los planes de pagos a proveedores, que en la práctica ofrecen a los acreedores de los Ayuntamientos la alternativa de renunciar a una parte de lo que les es debido y cobrar pronto o verse en riesgo de no hacerlo jamás.

Resulta patente que, a lo largo de la historia, la protección de los intereses materiales ajenos ha ido amoldándose a la convicción de que existen otros valores tanto o más dignos de ser preservados que aquéllos, y estoy convencido de que no hay ningún país de la UE donde el derecho interno otorgue carácter absoluto a la protección de los derechos de crédito. No creo que nadie pueda decir que esta tendencia histórica haya socavado los cimientos de la economía o la paz social,  más bien al revés, y sin embargo los sorprendente es que parece que el principio del pago íntegro e incondicionado de la deuda soberana ha alcanzado la categoría de dogma en el contexto de la UE, de forma que éste se ha convertido en un fin sagrado que justifica cualquier consecuencia que pueda desencadenar o cualquier sufrimiento que se pueda imponer en su nombre.

No obstante, incluso antes de las recientes elecciones griegas empezaron a aparecer signos de que una visión diferente del problema estaba ganando fuerza entre los expertos, como pone de manifiesto, por ejemplo, el siguiente artículo (en inglés) de Odette Lienau, profesora de la Cornell University Law School – http://blogs.lse.ac.uk/europpblog/2014/07/28/it-is-time-that-we-reconsidered-the-principle-that-states-must-always-repay-their-sovereign-debt/ – y, ya tras las urnas, el manifiesto (en francés) firmado por trescientos economistas y profesores universitarios de varios países – http://blogs.mediapart.fr/edition/que-vive-la-grece/article/050215/nous-sommes-avec-la-grece-et-leurope – o el artículo publicado en prensa la semana pasada por Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía http://www.huffingtonpost.es/joseph-e-stiglitz/una-fabula-griega-sobre-m_b_6641144.html.

En el primero, la autora expone que el cumplimiento estricto de las obligaciones en relación con la deuda soberana, sin importar las circunstancias ni los condicionantes que han llevado a contraer aquélla, no es una regla escrita en las estrellas, sino el producto fraguado en el último siglo por determinados factores políticos, corrientes ideológicas y, señaladamente, por el proceso de reconstrucción del sistema financiero internacional tras la Segunda Guerra Mundial. No obstante – señala la autora -, en otros momentos el rechazo de la deuda soberana no ha dañado la reputación de los estados ni ha impedido su financiación posterior y, por lo tanto, la citada regla del cumplimiento estricto no puede entenderse como una necesidad esencial inherente al funcionamiento del mercado.

El manifiesto citado en segundo lugar hace hincapié en el fracaso de las políticas impuestas a Grecia hasta el momento y apela al realismo al considerar que la deuda actualmente existente es insostenible y nunca será devuelta, mientras que una mayor flexibilidad por parte de los acreedores favorecería el relanzamiento de la economía griega.

Finalmente, el artículo de Stiglitz incide también en el fracaso de la “medicina” de la Troika y destaca la cuota de responsabilidad que corresponde a los acreedores en la situación creada, al tratarse generalmente de instituciones financieras con mayor capacidad de evaluar los riesgos asociados a los préstamos, así como la necesidad de crear un proceso ordenado que dé a los países una oportunidad de comenzar de nuevo, como fue el caso de Alemania tras la II Guerra Mundial. En relación con este último punto, adjunto un enlace al llamado “Plan Morgenthay” sobre el futuro de Alemania tras la contienda, que prefiero no pensar a dónde nos habría conducido de haberse llevado a cabo – http://es.wikipedia.org/wiki/Plan_Morgenthau-.

En definitiva, los tres textos abogan por una posición más flexible por parte de los acreedores si se quiere abordar el problema de la deuda y del futuro de la Unión Europea con un enfoque constructivo y, en definitiva, realista.

En fin, tras presentar a tanta eminencia y dejar al amable lector con ellos si así lo desea, vayan un par de observaciones por cuenta propia.

La primera es que, cuando hay un problema en una relación, raramente las enseñanzas que de él se pueden extraer son unilaterales. La regla del estricto cumplimiento “caiga quien caiga” sólo sirve para engañar a los expertos financiadores profesionales sobre sus propios errores al no haber sido más diligentes “a priori”– o menos ambiciosos – al evaluar la situación económica de los prestatarios y sus posibilidades reales de devolver lo recibido. Ya que ahora está de moda tratar a los estados como empresas, quizás no sería malo que las prácticas del mercado llevaran a imponer a los países una auditoría periódica de su economía, llevada a cabo por un organismo internacional con garantías razonables de independencia. Esto también redundaría en beneficio de los ciudadanos y de la propia democracia, puesto que permitiría a aquéllos tomar sus decisiones en las urnas con más conciencia de la realidad y, por tanto, más libremente. Desgraciadamente, en este campo de la transparencia, creo que al menos España suspende. Sin ir más lejos, mientras que al amparo de nuestra Ley de Protección de Datos no hay problema en incluir a las personas físicas con deudas en ficheros de morosos, para protección de los prestamistas, la reciente Ley de Transparencia permite a la Administración denegar información si ésta tiene implicaciones económicas, también a mayor gloria de las entidades financieras.

La segunda es que si la economía es, como el derecho o el lenguaje, un producto genuinamente humano, no tiene ningún sentido que la aplicación de sus principios acabe abocando a resultados gravemente inhumanos. Y si se ha llegado a esto es porque, en alguna parte del camino, como si se tratara de un espíritu maligno que habita en las profundidades del bosque, nos hemos dejado secuestrar por algún dogma que nos ciega. Habrá que liberarse de él y volver a abrir los ojos.

Quizás no sea difícil de explicar la hostilidad de la mayoría de los gobiernos europeos frente a los planteamientos de Grecia. Como en la fábula del vestido nuevo del emperador – que había sido estafado e iba desnudo, pero nadie se atrevía a ponerlo de manifiesto –, si a Grecia le fuera medianamente bien por una vía diferente muchos gobernantes tendrían que reconocer que han hecho algo injusto y estúpido imponiendo a sus ciudadanos los dictados de la Troika.

DE LITERATURAS VARIAS

 PorciaPORCIA

Los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta. (…)

(Monólogo a dúo del PP y el PSOE en el artículo 135.3 de “La Constitución española”)

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PORCIA: Una libra de la carne de este mercader es tuya: el tribunal lo concede y la ley lo da.

SHYLOCK: ¡Justísimo juez!

PORCIA: Y habéis de cortar esa carne de junto al corazón: la ley lo permite, y el tribunal lo concede.

SHYLOCK: ¡Doctísimo juez! ¡Qué sentencia! ¡Vamos, preparaos!

PORCIA: Aguardad un poco: queda algo más. Este documento no os concede aquí ni pizca de sangre: las palabras expresas son: <<una libra de carne>>: toma entonces lo debido, toma tu libra de carne, pero, al cortarla, si viertes una gota de sangre cristiana, tus tierras y bienes, por las leyes de Venecia, quedan confiscadas para el Estado de Venecia.

(Diálogo entre Porcia y el prestamista Shylock en “El Mercader de Venecia”)

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Me dijeron que en el Reino del Revés
nadie baila con los pies,
que un ladrón es vigilante y otro es juez
y que dos y dos son tres.

Vamos a ver cómo es
el Reino del Revés.

Me dijeron que en el Reino del Revés
cabe un oso en una nuez,
que usan barbas y bigotes los bebés
y que un año dura un mes.

Vamos a ver cómo es
el Reino del Revés.

Me dijeron que en el Reino del Revés
hay un perro pekinés
que se cae para arriba y una vez
no pudo bajar después.

Vamos a ver cómo es
el Reino del Revés.

Me dijeron que en el Reino del Revés
un señor llamado Andrés
tiene 1.530 chimpancés
que si miras no los ves.

Vamos a ver cómo es
el Reino del Revés.

Me dijeron que en el Reino del Revés
una araña y un ciempiés
van montados al palacio del marqués
en caballos de ajedrez.

Vamos a ver cómo es
el Reino del Revés.
Vamos a ver cómo es
el Reino del Revés.

(“El Reino del Revés” María Elena Walsh)

En el reino del revés Porcia sería cabeza de lista electoral y Shakespeare su director de campaña. A ver si poniéndome cabeza abajo…

 

Imagen: Wikipedia

HISTORIAS CON INTENCIÓN: MARTIN LUTHER KING

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Rosa Parks y Martin Luther King

El pasado día 20 se celebró el día de Martin Luther King, tan conocido por su lucha a favor de los derechos de los negros en Estados Unidos que huelga cualquier presentación de la persona, no así de su lucha como tal.

En su libro “La no violencia explicada a mis hijas” Jacques Sémelin nos cuenta cómo el origen de todo:

“Empieza en 1955. En el sur del país existe un gran racismo, así como segregación racial, lo cual significa que los negros no tienen derecho a mezclarse con los blancos. En  los autobuses, por ejemplo, deben sentarse en la parte de atrás y dejar los asientos delanteros para los blancos. En algunos restaurantes o cafés no tienen derecho a entrar. Aquí y allá un letrero proclama: <<Prohibida la entrada a los negros y a los perros>>. Suele darse el caso de que blancos extremistas ataquen a los negros, los golpeen e incluso los maten.

Sin embargo un día, en una ciudad particularmente racista, en Montgomery, Alabama, se producirá un acontecimiento extraordinario. Comienza por algo muy sencillo. El día 1 de diciembre de 1955 una costurera negra, Rosa Parks, vuelve a su casa después del trabajo. Está muy cansada y cuando sube al autobús, en lugar de dirigirse a la parte de atrás, como tendría que haber hecho, se sienta delante. Evidentemente, un blanco quiere sentarse en su sitio y va a quejarse al conductor: “¿Qué hace esta sucia negra en el sitio de los blancos?” La mujer es detenida por la policía. Un viajero negro corre a pagar la multa a los agentes a fin de que no la lleven a la cárcel. No obstante, Rosa Parks no consigue aplacar su cólera. Hoy diríamos que está llena de odio. Ya no puede soportar esta segregación. En compañía del hombre que la ha ayudado decide ir a ver a un  joven pastor negro que acaba de llegar a la ciudad: Martin Luther King.  Tiene 26 años, está casado y tiene un hijo.

Tampoco él soporta ya la segregación racial. Quiere que las cosas cambien. Es cierto, los negros ya no son esclavos como un siglo atrás. Dicen que son libres. Pero en realidad todos los días son humillados por los blancos; todos los días son tratados como perros. Martin Luther King tiene energía para luchar, pero no quiere utilizar la violencia. ¿Qué hacer entonces?

A la tarde siguiente se celebra una reunión con Marin Luther King y otros amigos. Todos están de acuerdo, aquello tiene que acabar. De pronto, alguien tiene una idea genial: “Organicemos un boicot. ¡Neguémonos todos a coger el autobús! Cuando la compañía de autobuses [evidentemente dirigida por blancos] vea que pierde dinero, nos tratará un poco mejor”. Al día siguiente, piden a todos los negros de la ciudad que dejen de coger el autobús: “No cojáis más el autobús para ir al trabajo, a la escuela, a la ciudad”. ¿Resultado? Un tremendo éxito: los autobuses circulan vacíos, o casi. Sin embargo, los negros se ven obligados a organizarse: para desplazarse, comparten entre varios un mismo coche, o cogen taxis. Muchos van a pie, aunque tengan que recorrer varios kilómetros.

Los blancos no ceden: “Esos negros han encontrado un nuevo jueguecito; ¡acabarán doliéndoles los pies y se hartarán!” Los más racistas pasan al ataque; Martin Luther King recibe amenazas por teléfono: “¡Sucio negro, basura, te arrancaremos la piel a tiras!” Los insultos se producen con regularidad. El 30 de enero de 1956 una bomba explota delante de su casa; por suerte, nadie resulta herido.  Algunos negros quieren vengarse y atacar a los blancos con armas, pero Martin Luther King se lo impide: “Nuestra arma es la no violencia – dice -. Queremos que los blancos nos respeten. Si empezamos por agujerearles la piel, no obtendremos nada. Además, hay blancos no racistas que nos apoyan”. Pero resulta duro. Martin Luther King es detenido varias veces por la policía; tras meterlo en la cárcel siempre acaban por soltarle. Los racistas quieren retirarlo de la circulación, pero no tienen nada que reprocharle, puesto que rechaza la violencia.

El boicot continúa durante meses y la compañía de autobuses no cede. No obstante, el movimiento empieza a ser conocido tanto en el resto de Estados Unidos como en el extranjero. No sólo Martin Luther King, sino todos los negros de Montgomery se convierten en estrellas, ¡y eso sin destruir nada! Finalmente, logran despertar el interés de los periodistas, que les conceden el uso de la palabra: “Queremos los mismos derechos que los blancos”. Por fin, el 10 de octubre de 1956 el Tribunal Supremo de Estados Unidos declara que la segregación en los autobuses es contraria a la ley, pues ante ella todos los ciudadanos son iguales. Los negros obtienen el derecho a sentarse junto a los blancos. El boicot ha durado 382 días.”

Pese a las ingentes cantidades de crema solar con factor de protección 50 que tengo que utilizar cada verano, yo soy un “negro” en Montgomery. Soy tan “negro” como quienquiera que es arrojado a los acreedores para que éstos se cobren con su carne y con su sangre deudas de dudosa legitimidad que aquél no ha generado. Tan “negro” como cualquier persona a la que se reduce a mero elemento de producción y consumo para que pueda funcionar a tope una maquinaria de la que sólo recibirá migajas.

Propongo un experimento mental: sustituir “negro” por “ciudadano” y “blanco” por “casta político – empresarial” y volver a leer así la historia transcrita… Al menos por estos lares todavía hay distancias; el resultado de ese experimento no es una imagen mental de la realidad, pero sí de la verdad profunda que hay tras ella. Y, como dicen que decía Billy Wilder: “a mí me importa mucho más la verdad que lo real”.

Dos cosas me llaman la atención de esa historia: en primer lugar, que el tratar a las personas como si fueran una “cosa” más del mundo que nos rodea es fuente de la iniquidad del sistema en que vivimos, pero, al mismo tiempo, el germen de su propia vulnerabilidad: si alguien rompe sus herramientas para vengarse de que el trabajo no ha salido a su gusto, deja de disponer de ellas para la siguiente tarea. En segundo lugar, que la afirmación de uno mismo desde un planteamiento del tipo “yo gano, tú ganas” es seguramente la forma de individualismo más productiva que existe.

Foto: morallowground.com


Una frase:

"El tiempo es lo que impide que todo suceda de golpe."

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