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DE JOSÉ MOTA Y FERNANDO VII

 

A través de Bartolo el siguiente sketch del programa “José Mota Presenta” explica mucho mejor de lo que yo lo hice – v. https://escritodesdelastripas.wordpress.com/2015/03/25/paradojas-temporales-o-no/ – cómo, si pudiéramos retroceder en el tiempo, el futuro influiría en el pasado y éste, a su vez, condicionaría el futuro de forma que ambos habrían de ser necesariamente coherentes en su mutua ligazón, lo que excluiría cualquier paradoja temporal de las que se suelen asociar a tales viajes. Pero basta de palabras:

 

¡Bravo por el humor inteligente!, ese cascanueces que puede incluso con la dureza de la Física teórica.

Por razones que el amable lector comprenderá enseguida, aprovecho para insertar el sketch sobre las promesas electorales del Sr. Rajoy que TVE ha decidido eliminar en la reposición de uno de los capítulos  de “La hora de José Mota”:

Al parecer, según TVE, la supresión se debe a motivos “estratégicos”; http://www.vertele.com/noticias/por-que-quita-tve-los-gags-de-rajoy-en-las-reposiciones-de-jose-mota/.

Si atendemos a la tercera acepción que la RAE recoge para el término “estratégico” y consideramos la proximidad de la primera cita electoral que los españoles afrontaremos en breve, la explicación del Ente resulta bastante verosímil:

3. adj. Dicho de un lugar, de una posición, de una actitud, etc.: De importancia decisiva para el desarrollo de algo.

Y ahora, a donde yo quería ir a parar después de tanto prolegómeno: tenemos ante nosotros un horizonte lleno de prodigios que sólo los sueños más ambiciosos eran capaces de vislumbrar hasta hace nada:  hemos alcanzado la certeza de que, contra todo pronóstico, SÍ es posible pulverizar la barrera del tiempo.

¡Amantes de los viajes temporales, incondicionales del Ministerio del Tiempo: votad al PP y, de golpe, todos seremos catapultados a la época de Fernando VII! ¡¡¡ Vivan las “caenas”!!!

PARADOJAS TEMPORALES (O NO)

rivertime

Cuando terminé de leer el resumen en la tapa de atrás me sentí como si el libro que tenía entre las manos estuviera hecho de la materia con que se fabrican los sueños; siempre había deseado que alguien escribiera “The river of time” (1), un viaje por la historia del pensamiento acerca del tiempo desde Platón hasta el s. XXI.

Su autor, Igor Novikov, cosmólogo y astrofísico ruso, parece ser uno de esos hombres de ciencia cuyo saber tiende a expandirse como los gases, engarzando la divulgación científica con un horizonte mucho más amplio que abarca otras inquietudes humanas. Así, a lo largo del libro nos asoma en un tono cercano al nacimiento de su vocación científica cuando era un niño, nos va llevando a través del desarrollo de ésta bajo la opresión política soviética y termina por contagiarnos su pasión por sumergirse hasta lo más profundo en las raíces del tiempo, del espacio y de la materia, si es que uno no padecía de antemano esa “enfermedad”.

Los últimos capítulos de “The river of time” están dedicados a examinar la posibilidad teórica de trasladarse en el tiempo y, lo más novedoso para mí, al intento de desmontar mediante ejemplos las objeciones más habituales que se suelen levantar contra el viaje al pasado en forma de paradojas aparentemente irresolubles.

En esta línea, Novikov parte de la base de que la mayoría de tales paradojas están mal planteadas. En efecto, sin la máquina del tiempo los acontecimientos se ven influidos por el flujo de información que proviene del pasado, pero no del futuro. Viajar al pasado equivaldría a abandonar una autovía describiendo un bucle que nos lleva a incorporarnos antes de la salida. En el bucle se pierde cualquier referencia al futuro o al pasado y todos los acontecimientos influyen en los demás de modo circular. Es como un grupo de personas caminando unas tras otras en círculo,  ¿tendría sentido preguntarse cuál va la primera o la última? Al eliminar la dirección de la “flecha del tiempo”, la máquina del tiempo da lugar a que cada acontecimiento tenga que ser consistente, no sólo con su pasado, sino también con su futuro; pasado, presente y futuro se entremezclan y cada suceso habrá de verse influido por todos ellos. Por lo tanto, debemos considerar los sucesos objeto de nuestros “experimentos” sobre las paradojas temporales en su conjunto.

La primera paradoja, y la más sencilla, con la que lidia el autor se construye mediante una mesa de billar con “puertas del tiempo” incorporadas: el agujero de una de las esquinas del tablero es una máquina del tiempo por donde entra una bola para salir por otro agujero de la misma banda un segundo antes.

Ahora imaginemos que lanzamos la bola hacia la entrada de la máquina del tiempo con una velocidad tal que, al salir por el agujero de la banda un segundo antes, la bola más “vieja”, procedente del futuro, choca contra su versión del presente que se dirige a la esquina y la desvía de su trayectoria. Así, la bola del presente no llegará nunca a introducirse en la máquina del tiempo ni, por tanto, a salir por el agujero de la banda, por lo que el suceso que contemplamos se habrá producido y, a la vez, no se habrá producido…

Novikov sostiene que se debe considerar la interacción de las dos “versiones” de la bola en su conjunto y que los cálculos demuestran que, para que la bola “saliente”, procedente del futuro, tenga la dirección y la velocidad necesarias para desviar a la bola entrante, esta última debe ir dirigida hacia un punto del tablero distinto de la entrada de la máquina del tiempo, en la esquina. Por tanto, ¡¡es la propia bola saliente, procedente del futuro, la que, al chocar con la entrante, la desvía y la hace introducirse en la máquina del tiempo, causando que ésta viaje al pasado!!, lo que deshace la supuesta paradoja temporal.

El autor continúa planteando varios “experimentos” ideales hasta llegar a desmontar mediante un modelo simplificado la paradoja temporal más desquiciante, la del hijo que viaja al pasado y mata a su padre, y termina este libro tan fascinante  reconociendo la inmensa dificultad de los problemas ya suscitados y que podrían llegar a serlo al hilo de tales hipotéticos viajes, pero manteniendo su fe en que ninguno de esos problemas sería irresoluble, por tratarse sólo de paradojas aparentes fruto de un planteamiento erróneo de los mismos.

MDT

En fin, todas estas consideraciones me hacen sentirme aún más cercano a las peripecias de Amelia Folch, Alonso de Entrerríos y Julián Martínez, dignos funcionarios (¿o personal laboral?) del Ministerio del Tiempo, y es que, pese a no ser muy televidente, esta serie me ha atrapado con tenazas. Quizás sea mi pasión por rebuscar en lo cotidiano a la caza de alguna puerta de acceso a cualquier otro mundo, pasión que en su día me llevó a empezar alimentar, con mejor o peor fortuna, este blog: https://escritodesdelastripas.wordpress.com/2009/11/20/%C2%A1ya-estoy-en-el-mundo/.

 

(1) Cambridge University Press

 

Foto MDT: Cadena Ser

RECUERDOS DEL FUTURO, REMIENDOS DEL PASADO

ministerio_tiempo

“De lo que aconteció a un deán de Santiago con don Illán, gran maestro que moraba en Toledo” es para mí el cuento más poderoso de “El conde Lucanor”  – http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/juanma/xi.htm -. En él un mago del Toledo medieval pondrá a un eclesiástico delante del espejo de la verdad y le demostrará de qué pasta está hecho realmente permitiéndole pasar por su propio futuro.

Si atendemos a Luis Racionero (véase su ensayo “Oriente y Occidente”), no repugna al pensamiento oriental explicar el pasado en función del futuro. Por ejemplo: tal señor feudal no alcanzó preeminencia en vida porque a su muerte se le ofrecieron seres humanos en sacrificio.

Tanto en un caso como en el otro, no se trata ganar el poder de manejar el tiempo, sino más bien la capacidad de descubrir que éste en el fondo no es más que una ilusión.

Este parece ser el enfoque de “El Ministerio del Tiempo”. Recuerdo que en el primer capítulo de la serie el Subsecretario del Ministerio, con esos modales británicos a veces entreverados de casticismo, espeta a uno de los protagonistas algo así: “¿La máquina del tiempo…? ¡No diga usted tonterías, la máquina del tiempo no existe! ¿Cómo se le ha podido ocurrir algo tan absurdo…? Lo que tenemos nosotros son puertas del tiempo”. La propia imaginería del edificio ministerial nos muestra un pozo que se hunde en las profundidades de la Tierra, como un tronco común donde desembocan todas las puertas del tiempo y en los pasillos de aquél podemos asistir, en clave de humor, a la convivencia profesional de habitantes de todas las épocas, una vez desvanecidos las aparentes murallas que los separaban.

La idea del tiempo como mera apariencia está en el ADN de Oriente – https://escritodesdelastripas.wordpress.com/2015/01/16/campanadas-de-fin-de-ano/ -, pero, como hemos visto, no es ajeno a Occidente (quizás por influencia oriental; me llama la atención que en El Conde Lucanor se sitúa al poseedor de tal saber mágico en Toledo). Ahora bien, lo que sí lleva en la sangre el occidental es el afán de dominar todo lo que lo rodea. Así es que, sea el tiempo realidad o ficción, no han faltado entre nosotros intentos de “corregir la Historia” (piedra angular de la Alemania Nazi, como de cualquiera que se siente víctima y quiere pasar al lado “correcto”, el de los verdugos) o, al menos, de “reescribirla” (véase “1984”, de Orwell, y sígase el rastro hasta nuestros días).

Lo cierto es que cualquier esfuerzo en esa dirección resulta vano, y no hablo de paradojas temporales, sino del plano emocional. Creo que fue Freud quien acuñó el concepto de “impulso de repetición”, pero, cualquiera que sea su etiología, la realidad del mismo es desde hace mucho ampliamente aceptada por la psicología. Recordemos con John Bradshaw su propia conclusión: “Aunque, sabiendo lo que hoy sé, me fuera permitido regresar al punto de partida, acabaría por cometer de nuevo los mismos errores”.

Y es que la única manera de romper la dependencia del pasado es entenderlo y, para eso, como condición previa e ineludible, hay que aceptarlo. Eso sí, esto último es mucho más fácil de decir que de hacer. Para llegar a la aceptación primero hay que acopiar la inteligencia de una Amelia Folch, la lealtad (hacia uno mismo) de un Alonso de Entrerríos y el sentido práctico de un Julián Martínez.

 

Foto: cinefagos.es


Una frase:

"El tiempo es lo que impide que todo suceda de golpe."

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