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ANONYMOUS

Simon Church, de VerySign, albergaba los más siniestros presagios para Internet imaginando, entre otras muchas posibilidades siniestras, que un hacker comercializara una web que combinara información robada a las agencias de viaje con Google Maps, para proporcionar a los ladrones las indicaciones precisas para llegar a cualquier domicilio tan pronto como sus habitantes se marcharan de vacaciones. La perspectiva, decía, bastaba para hacerle volver a las palomas mensajeras y al dinero en matálico [citado en “LAW A Very Short Introduction”, Raymond Wacks, Oxford University Press, pág 143].

Por otra parte, el colectivo Anonymous ha anunciado que mañana, día 31.03.12, intentará provocar un apagón mundial en Internet. Justifican el ataque como un rechazo a «SOPA, Wall Street, nuestros irresponsables líderes y los queridos banqueros, que están haciendo que el mundo se muera de hambre para satisfacer sus necesidades egoístas basada en pura diversión sádica», según recoge ABC.es.

Uno puede sentir mucha antipatía hacia la política económica que estamos padeciendo – y vive Dios que yo siento toda la del mundo -, pero visto el inmenso potencial dañino que encierra el uso perverso de Internet, hay que pensárselo unas cuantas veces antes de apoyar, aunque sólo sea jaleándola, cualquier acción que dé carta de naturaleza al “lado oscuro de la Red”. Estamos ante una caja de Pandora que nos puede pesar mucho abrir.

La mente, cuando se le da cuerda, se convierte en una especie de corredor de triatlón, que empieza a cruzar las barreras del espacio y del tiempo hasta depositarnos en los sitios más insospechados. Y la mía, salvando las distancias (en todos los sentidos de esa expresión) me ha llevado a ese inmenso error de tantos y tantos militantes de izquierdas que, en el tardofranquismo, se regocijaban con cada crimen de ETA – “ése algo habrá hecho” – , hasta que aquéllos les explotaron en las narices cuando se dieron cuenta de que la organización terrorista se había convertido en uno de los peores lastres del proceso de democratización español.

Alguien podría argumentar que en este caso “sólo” se trata a atacar la propiedad,  y además una forma de propiedad no directamente tangible. Pero, al margen de que la propiedad privada es muy digna de respeto – creo que fue Sabina quien dijo que él era anarquista, pero que paraba en los semáforos y pagaba sus impuestos -, no hay que olvidar que, en el fondo, quizás el blanco más frágil de los ciberataques sean los derechos de la personalidad, como el derecho a la intimidad, a la propia imagen o a disponer de nuestros datos personales.

En la antigua Roma a los vencidos en la guerra que, por la razón que fuera, se mantenía con vida, se los consideraba técnicamente muertos; por eso dejaban de ser sujetos de derechos. Ahora es esencial tomar conciencia de que ese camino es de doble vía: si con un afán de defensa de la justicia mal entendido permitimos que se menosprecien nuestros derechos de la personalidad, acabaremos siendo aún más esclavos.

Mi agradecimiento y mis mejores deseos para cualquiera que luche por la justicia con cabeza.

 

Ilustración: we‑are‑anonymous.png

TEMPUS REGIT ACTUM

El 30 de enero de 1649 Carlos I de Inglaterra fue ejecutado como reo de traición tras varios años de creciente conflicto con el Parlamento, que trataba de oponerse al absolutismo del monarca negándole la financiación que el soberano solicitaba, mientras éste se empeñaba en continuar avasallando a la cámara de representantes. El 1 de septiembre de 1789 Luis XVI se dejó la cabeza en la guillotina, como respuesta de una nación empobrecida y desesperada ante los abusos de un monarca absolutista, que no dudó en pedir la ayuda del ejército prusiano contra su propio pueblo cuando vio peligrar el trono. Probablemente estos sangrientos hechos contribuyeron a grabar a fuego en los genes de las sucesivas generaciones de ingleses y franceses que cualquier poder humano tiene sus límites, y que cuando se los salta, responde. Pienso que a nosotros, para graduarnos como nación moderna, aún nos falta una revolución que también nos demuestre que el poder responde.

Lo primero que tendríamos que tener claro es si estamos realmente convencidos de que el poder político se lo prestamos a los gobernantes y que éstos tienen que rendir cuentas de lo que hacen con él, más allá de las meras declaraciones de los textos legales. Mi planteamiento dubitativo surge a raíz de los muchos votos recibidos por el PP, que parece obtener más apoyo electoral precisamente donde más se pone en tela de juicio el comportamiento de sus dirigentes. En cuanto al PSOE, ¿qué se puede decir de su respuesta interna ante el último batacazo electoral, eludiendo un congreso o unas primarias y designando a dedo a su candidato a las próximas generales? El PSOE me recuerda mucho a una historia que me contaron sobre un individuo que, en la terraza de una cafetería, pidió un café vienes. El camarero, muy joven y probablemente eventual para el verano, le preguntó que qué era aquéllo, a lo que el cliente respondió que el café vienés es como el irlandés, pero sin whisky, y aprovechó para aclarar que quería el café descafeinado. Quizás eso ya fue demasiado para el bisoño mozo, que ya no pudo reprimirse más y, mirando con guasa al cliente le soltó: “Oye, ¿tú fumas porros?” Pues eso, para mí el PSOE es algo así como un café irlandés sin whisky, con el café descafeinado, la nata baja en calorías y, además, endulzado con sacarina; no sé yo si estarán para muchas revoluciones. Aparentemente este partido ha sido bastante castigado por sus habituales votantes, pero qué hará el electorado de izquierdas a partir de ahora no deja de ser una incógnita. En cualquier caso, si hay verdadera voluntad de un cambio profundo no tengo duda de que ésta tendrá que expresarse y sostenerse desde “la calle”; no me parece que los partidos vayan a cambiar por propia iniciativa las ofertas habituales en sus catálogos.

Entonces, si una voluntad general de regeneración política se hace patente, el siguiente paso sería dejar claro al poder que eso es lo que queremos; la cuestión es cómo. Aquí me parece oportuno traer a colación un viejo aforismo jurídico que reza: “tempus regit actum”, es decir, aun en los casos excepcionales en que el contenido de un acto esté regido por una norma del pasado, su forma debe adecuarse a lo dispuesto en las reglas en vigor en el presente. Que yo recuerde, en España nunca hemos ejecutado a un rey y, afortunadamente, ya no es tiempo histórico de hacerlo. Entonces, ¿cómo llevar a cabo esa revolución pendiente que es como un fantasma del pasado que nos persigue exigiendo redención? En la actualidad, ¿cómo se demuestra al poder que de ahora en adelante se le va a exigir una responsabilidad efectiva por sus decisiones?

Hace casi medio siglo Eric Berne puso de manifiesto la dinámica de los juegos psicológicos en que a menudo todos nos embarcamos sin darnos cuenta. En ellos, dos o más personas van asumiendo sucesivamente el papel de perseguidor, víctima y salvador, en una carrera en círculo que sólo se detiene si alguien interviene desde fuera, o mediante una toma de conciencia por parte de los jugadores. Tal vez ésa sea una de las razones del fracaso histórico de todos los sistemas políticos estatalistas, porque de un modo u otro éstos fueron establecidos contra algo o contra alguien, o ambas cosas a la vez. De ser así, también podríamos encontrar aquí la razón del triunfo del capitalismo. En efecto, si bien se piensa, en realidad este sistema no se dirige específicamente contra nadie. Lo que sucede es que, en sus formas más descarnadas, simplemente ignora por completo a aquellos individuos que constituyen un simple instrumento a su servicio. Pero la reacción de alguien a quien se ignora suele ser buscar la aceptación, para lo cual a menudo pasa a su vez a ignorar a otros. En definitiva, el objetivo secreto o explícito del ignorado es, en muchos casos, tener la fortuna de ser absorbido por el sistema, y así éste tiende a perpetuarse sin cambios, o a restablecerse tal cual una vez superada cualquier conmoción traumática.

Seguramente, la alternativa más constructiva a esta clase de juegos de perseguidores y víctimas, tan habituales a grande y pequeña escala, es tratar de plantear las relaciones personales, laborales y políticas en clave de: “yo gano, tú ganas”. A mi juicio, de aquí se pueden extraer al menos dos conclusiones: La primera es que la regeneración política habría de centrarse más en la forma en que el poder debe tomar las decisiones, y en el control de su ejecución, que en el contenido de éstas; así, procurando no decantarse por opciones políticas muy específicas, es más difícil que cualquier sector quede fuera del proceso de cambio. Desde este punto de vista, en las manifestaciones de “indignados” creo que sobran, por ejemplo, las banderas republicanas (con toda la simpatía que me inspiran); desde luego, no creo que ahora mismo haya un sentimiento generalizado a favor de tal giro, y menos de su urgencia. La segunda es que deberíamos huir como del fuego de la tentación de tratar de hacer reformas a la contra: contra los bancos, contra los burgueses, contra los políticos; otra cosa es hacer por colocar a estos últimos, y con ellos al conjunto de la ciudadanía, en su sitio.

Para concluir estas ideas introductorias, si tratamos de ser constructivos, probablemente no esté de más reflexionar que ese “yo gano, tú ganas” no sólo se proyecta en un “deber ser”, sino que ya está, de hecho, en la base de cualquier organización social (aunque no con todo el alcance que sería deseable). Es decir, como contrapunto a las tendencias individualistas a ultranza, vendría bien tomar conciencia de cuánto nos reporta a todos y cada uno nuestra relación con la sociedad a la que pertenecemos: llevándolo al extremo, creo que ningún emprendedor ni ningún líder sería más que un homínido que dirige a sus huestes bramando y enarbolando un fémur, si no se hubiera apoyado en los medios creados por la colectividad para cultivar sus virtudes personales y materializar su potencialidad. Por lo tanto, de la realidad de ese “yo gano, tú ganas” pueden extraerse de forma natural planteamientos sobre la justicia distributiva y, en particular, sobre el reparto de los riesgos derivados de la actividad política y económica. Ya decía Steven Covey, uno de los actuales gurús del “coaching”, que la clave para que una empresa funcione correctamente, y además pueda mantener un nivel de desempeño satisfactorio de forma continuada, es que los jefes sólo obtengan incentivos si también los obtienen los empleados que están bajo su responsabilidad. Y sin duda ese planteamiento podría hacerse extensivo a colectividades tan amplias como queramos.

A partir de lo anterior quisiera esbozar algunas sugerencias para concretar esa supuesta voluntad de regeneración política. Me gustaría que pudieran inspirar a otros a depurarlas y a desarrollarlas y, de esa forma, contribuir a que surjan proyectos capaces de convertirse en actuaciones, aunque tales proyectos acaben tan alejados de estas ideas como el último mensaje del primero en el juego de “el teléfono descacharrado”:

1) Reforma de la ley electoral. Creo que es casi unánime el deseo de modificar radicalmente la ley electoral para que el voto minoritario esté debidamente representado. Actualmente cada uno de los dos partidos mayoritarios sabe casi seguro que sólo es cuestión de esperar ocho años para que le toque su ciclo de gobierno. De esta forma ninguno de ellos tiene que arriesgarse a interpretar la voluntad de la ciudadanía y a traducirla en propuestas electorales novedosas. Por eso, sin negar del todo la representatividad de los actuales representantes electos, pienso que no es irrazonable matizarla, porque sólo podemos elegir en función de lo que nos ofrecen, y en la práctica no tenemos ningún control sobre tal oferta política que, de forma machacona, viene a ser siempre la misma.

2) Democracia participativa. Me gusta la propuesta de la acampada de Málaga: reducir el número de firmas necesarias para promover la iniciativa legislativa popular y hacerla extensiva a todas las materias, sin limitaciones (aunque el número de firmas requeridas podría reforzarse en caso de materias cualificadas). Añado que, en caso de prosperar la iniciativa, al grupo proponente debería dársele voz (aunque no voto, claro) para defenderla en la correspondiente cámara de representantes en un debate público. De esta forma, aunque la iniciativa no prosperase, al menos todos podríamos valorar las distintas posiciones mantenidas y la negativa del poder político a llevarla a cabo… y decidir la próxima vez a quién votamos.

3) Eliminación de los privilegios de la clase política. De la supresión de las pensiones vitalicias poco se puede decir, porque es que cae de su peso. En mi opinión, también deberían rebajarse los sueldos de los políticos, siempre en el marco retributivo de un trabajador al que se supone un nivel de cualificación y dedicación alto. Sé que esto es discutible, pero a mí me parece una barbaridad que, por ejemplo, los Presidentes del Congreso y del Senado cobren en torno a nueve mil euros mensuales. Con esa medida se conseguiría, entre otras cosas, atraer a políticos vocacionales, no a personas para las que el dinero asociado al cargo (que en muchos casos ya les sobra por otro lado) es un broche más con que vestir su ambición. Se me puede objetar, como he escuchado otras veces, que disminuyendo las retribuciones no se logra atraer a la política a individuos brillantes. Pero es que de hecho ahora cobran mucho y tampoco lo son. Además, pongo la mano en el fuego de que la gente corriente no queremos que nos dirijan fenómenos de los negocios, sino personas con cierta sensibilidad y con deseo de mejorar las condiciones de vida de sus conciudadanos. Dentro de este apartado, también debería haber un control estricto del patrimonio de los servidores de la cosa pública, empezando por el Rey, que es el primero de ellos. Una total transparencia y control parlamentario de las finanzas de la Casa Real tendría un impacto psicológico importantísimo para afirmar la idea de que todo poder humano ha de responder, y además es una alternativa moderna, respetuosa y limpia a la polvorienta idea de guillotinar al Rey en una plaza pública. En este punto estoy completamente seguro de que al menos una persona, si me leyera, se mostraría de acuerdo conmigo: el monarca.

4) Responsabilidad civil de los gobernantes. Bromas más o menos irreverentes al margen, es evidente que ya no es momento de guillotinar a nadie. Por otra parte, las exigencias del Estado de Derecho han reducido el Derecho penal tan sólo a un último recurso del Estado frente las conductas más antisociales. Eso, junto con el principio de tipicidad, el derecho a la presunción de inocencia, el principio “in dubio pro reo” y la inmunidad parlamentaria, hacen prácticamente imposible, y en la mayoría de los casos creo que indeseable, someter a la sanción penal algo que puede ser tan difuso en su intencionalidad y consecuencias como los actos políticos. Pero, ¿y la responsabilidad civil? Nada impide que un gobernante pueda responder civilmente (esto es, indemnizando) del daño causado a otros con sus decisiones, y esa responsabilidad civil es mucho menos exigente en cuanto a sus requisitos que la responsabilidad penal; creo que en este sentido merecería la pena estudiar el caso de Islandia. Para asegurar la efectividad de esa responsabilidad, la ley podría obligar a los principales bancos a avalar hasta cierta cuantía a las personas con determinado nivel de responsabilidad de gobierno. Hasta tiempos relativamente recientes, regía el sistema electoral de sufragio censitario, es decir, se otorgaba valor a cada voto en función del nivel de rentas del votante. Desde antiguo (creo recordar que esto ya aparece en textos de Cicerón) se intentaba justificar este criterio en virtud del razonamiento de que deben tener más poder de decisión quienes más intereses económicos ponen en juego en la marcha de los asuntos públicos. Quizás es hora de darle la vuelta del todo a ese argumento: los bancos siempre ganan, más o menos, pero siempre ganan mucho, vayan las cosas como vayan. Por eso deberían asumir una mayor porción del riesgo que comportan las consecuencias de las decisiones políticas. De paso, la obligación de los grandes bancos de prestar aval a los gobernantes serviría de indicación a los jueces de que, si se cumplen rigurosamente los requisitos legales, nada ni nadie les impide exigir al poder que compense en lo posible el daño que ha hecho. Por supuesto, si los avales bancarios fueran ejecutados en un supuesto semejante, lo primero que harían los avalistas sería perseguir los bienes personales del gobernante, por lo que éste acabaría respondiendo de su incorrecta gestión.

5) Equilibrio entre beneficios y riesgos en las relaciones laborales. Se acusa a varios gobiernos, en especial a los de España, Portugal y Grecia, de no haber previsto y, después, valorado correctamente el alcance de la crisis, y probablemente haya parte de razón en esa crítica. Pero, por otra parte, si la crisis era tan fácilmente adivinable, ¿qué decir de tantas sociedades que han venido repartiendo dividendos fastuosos durante la época de vacas gordas? Siguiendo la misma lógica hasta sus últimas consecuencias, habría que concluir que muchos empresarios han estado descapitalizando a sus empresas por negligencia o por mala fe ante la evidencia de una crisis inminente. Parto de la base de que el empresario debe tener el control de la organización productiva y debe ganar más que sus trabajadores, porque para eso corre con el riesgo empresarial. Ahora bien, la situación que estamos viviendo nos enseña, entre otras cosas, que el trabajador también acaba compartiendo, de hecho, el riesgo empresarial (ojalá estos tiempos nos ayuden a todos, cuando menos, a matizar nuestras posturas y a hacerlas más realistas). La idea de ligar parte del salario a la productividad tiene una base de justicia y puede ser un incentivo, pero para lograr que todos salgan ganando en las relaciones laborales, me parece indicado ligar también la distribución de dividendos por parte de la empresa a una serie de indicadores diseñados para medir la calidad de las relaciones laborales, y también exigir la creación de un fondo de contingencias sociales capaz de servir de parachoques en caso de necesidad.

Por último, creo que el esfuerzo de todos los grupos de “indignados” sería muy útil para el cambio si se centrara en unas pocas propuestas concretas y se marcara como objetivo que alguno de los partidos con más apoyo las incluyera en su programa electoral. De no ser así, quizás la mejor respuesta sería promover el voto nulo en las próximas elecciones, mediante algún mensaje específico escrito en la papeleta. En mi opinión, la idea de convocar una huelga general en otoño podría resultar suicida para el movimiento, entre otras cosas porque cualquiera puede pensar que, para colectivos que en gran parte aglutinan parados, resulta muy fácil pedir a otros que se compliquen aún más las cosas en sus puestos de trabajo mediante una propuesta como la huelga, sin ponerse en su lugar.

Los colectivos de “indignados” han venido demostrando hasta ahora una iniciativa y una capacidad de auto-organización como no se ha visto desde hace muchos años en el ruedo político ibérico. Éste puede ser el momento de hacer ver al poder quién manda. Si el resultado es que, al final, siguen mandando los políticos, bien por falta de voluntad o de capacidad de los ciudadanos para cambiar las cosas, al menos descansemos de una vez en la aceptación de que tenemos lo que queremos o lo que nos merecemos.

Foto: nomegustamessi.blogspot.com

EN CLAVE DE SOL

El sábado 21 estuve reflexionando en la acampada de Sol. Todo funcionaba muy bien: un equipo de limpieza recogía continuamente los pocos restos que no eran depositados en los muchos cubos de basura disponibles al efecto, un equipo de mantenimiento del orden se ocupaba de retirar a los asistentes que se desbordaban sobre la calzada para permitir el tránsito de los vehículos, algunos de cuyos conductores pasaban sacando por la ventanilla el pulgar en alto, numerosos carteles recordaban que allí no se iba a beber y, desde luego, pese al ambiente festivo no vi a un solo borracho; había hasta una guardería de niños, por si algún papá tenía necesidad de dejar a sus pequeños un rato a buen recaudo. En fin, se trataba de transmitir la idea de que aquello no era un botellón o una juerga de vagos, sino una reunión de personas cuyas habilidades, y entre ellas la capacidad de organización y el sentido de la responsabilidad, están siendo injustamente desaprovechadas por la actual organización de la sociedad.

La nota de creatividad la ponían multitud de lemas que rezaban en cartones pegados a paredes y mobiliario urbano. Me acuerdo de los siguientes:

 DEMOCRACIA, ME GUSTAS PERO TE NOTO COMO AUSENTE…

ME SOBRA DEMASIADO MES DESPUÉS DE LLEGAR A FIN DE SUELDO

PREDICÁIS AUSTERIDAD DESDE EL MERCEDES CLASE “A”

NUESTROS SUEÑOS NO CABEN EN VUESTRAS URNAS

JUNTA GENERAL PROHÍBE ZUMO DE FRUTAS POR ESTAR CONCENTRADO

SI VOTAR SIRVIERA PARA ALGO ESTARÍA PROHIBIDO

 La verdad es que las informaciones que me llegan de la acampada de Sol son confusas. Estoy de acuerdo con un bloguero que dice que algún portavoz del movimiento debería informar periódicamente a los medios de comunicación de las propuestas aprobadas en asamblea, así habría una versión “oficial” de las mismas; tal vez eso se está haciendo ya, pero yo no he sido capaz de localizar el correspondiente documento. Si ya de por sí es corriente que la prensa transmita las cosas como le viene en gana, no hay que insistir en el riesgo de posibles contaminaciones, maliciosas o no, que supone la propagación de esos contenidos por canales difusos.

Yo he encontrado este listado en Internet. Vaya por delante que simpatizo con el movimiento, pero me gustaría llamar la atención sobre algunos aspectos de las propuestas que han salido de él. Mis comentarios van en rojo.

Listado de propuestas aprobadas por la Asamblea general de la Acampada Sol

1. Cambio de la Ley Electoral para que las listas sean abiertas y con circunscripción única. La obtención de escaños debe ser proporcional al número de votos.

Totalmente de acuerdo. Creo que esta debe ser una prioridad del movimiento.

2. Atención a los derechos básicos y fundamentales recogidos en la Constitución como son:

– Derecho a una vivienda digna, articulando una reforma de la Ley Hipotecaria para que la entrega de la vivienda en caso de impago cancele la deuda.

– Sanidad pública, gratuita y universal.

– Libre circulación de personas y refuerzo de una educación pública y laica.

El derecho a la vivienda digna, por supuesto que me parece bien. Eso ya lo dicen todos, lo difícil es ponerlo en práctica, entre otras cosas porque los precios los regula el mercado y porque construir viviendas protegidas requiere unos recursos, no sólo voluntad de hacerlo.

El tema de la hipoteca es complicado, porque si no se le dan suficientes garantías nadie querrá prestar dinero y eso también será un problema. Otra cosa es regular que las garantías que pidan los bancos no puedan ser abusivas respecto de la cantidad garantizada. Ese principio, por ejemplo, ya lo recoge la Ley de Enjuiciamiento Civil del 2000 respecto de los embargos. A lo mejor en el caso de los bancos también está regulado en alguna parte, pero de forma que, en efecto, da lugar a abusos.

La sanidad, salvo error mío, ya es gratuita, pública y universal.

De lo de la religión, ver comentario a la propuesta 8.

La “libre circulación”, ¿a qué se refiere?

3. Abolición de las leyes y medidas discriminatorias e injustas como son la Ley del Plan Bolonia y el Espacio Europeo de Educación Superior, la Ley de Extranjería y la conocida como Ley Sinde.

Habría que señalar qué aspectos de dichas normas se consideran indeseables y por qué regulación, en su caso, se sustituirían los mismos.

4. Reforma fiscal favorable para las rentas más bajas, una reforma de los impuestos de patrimonio y sucesiones. Implantación de la Tasa Tobin, la cual grava las transferencias financieras internacionales y supresión de los paraísos fiscales.

Como principio estoy completamente de acuerdo, pero lo de “favorable a las rentas más bajas” me parece inconcreto.  Entiendo que, para que las cuentas salgan, esto supone incrementar la presión fiscal sobre las rentas más altas, y con eso también estoy de acuerdo como principio, pero cuidado, que todo tiene un límite. Hay estudios que demuestran que llega un momento en que aumentando la presión fiscal no se recauda más y se frena la actividad económica.

5. Reforma de las condiciones laborales de la clase política para que se abolan sus sueldos vitalicios. Que los programas y las propuestas políticas tengan carácter vinculante.

Totalmente de acuerdo hasta el primer punto y seguido; es más, creo que tendrían que tomarse medidas para sancionar a los representantes políticos que no asistan a las reuniones de sus correspondientes órganos de representación.

Con el segundo punto, ojo. ¿Qué se quiere decir, que los programas políticos sean jurídicamente vinculantes, igual que un contrato? Aun suponiendo buena fe, los programas políticos muchas veces no dependen de la exclusiva voluntad del que gobierna. Si se convirtieran en un contrato, acabarían siendo interpretados por los jueces, que se convertirían en responsables últimos de la acción política, sin haber sido elegidos. Esto casa mal con la propuesta 13.

6. Rechazo y condena de la corrupción. Que sea obligatorio por la Ley Electoral presentar unas listas limpias y libres de imputados o condenados por corrupción.

Cuidado con esto también. La condena por determinados delitos ya lleva aparejada la inhabilitación para el ejercicio de cargo público, eso no es nuevo. En cuanto a la imputación, bastaría con que un Juzgado admitiera a trámite una querella contra alguien, aunque luego resulte infundada, para impedir a esa persona concurrir a las elecciones. Esto podría ser un arma muy peligrosa en manos de un oponente político desaprensivo.

7. Medidas plurales con respeto a la banca y los mercados financieros en cumplimiento del artículo 128 de la Constitución, que determina que “toda la riqueza del país en sus diferentes formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”. Reducción del poder del FMI y del BCE. Nacionalización inmediata de todas aquellas entidades bancarias que hayan tenido que ser rescatadas por el Estado. Endurecimiento de los controles sobre entidades y operaciones financieras para evitar posibles abusos en cualquiera de sus formas.

Lo del rescate de los bancos nunca lo he entendido. Hay una tendencia “posibilista” a gobernar pensando en que el poder económico, ya con saltos de alegría, ya con resignación, porque “son los que tiran del carro”. Eso es un retorno encubierto al sufragio censitario, que tanta lucha costó en convertir en sufragio universal. Efectivamente, el banco que necesite ayuda que lo nacionalicen. Sin embargo, dudo de que ahora mismo sea el momento de plantear eso.

8. Desvinculación verdadera entre la Iglesia y el Estado, como establece el artículo 16 de la Constitución.

¿A qué se llama “desvinculación verdadera”? ¿A denunciar el Concordato con la Santa Sede? ¿A no dar efectos civiles al matrimonio canónico? ¿A no subvencionar la enseñanza religiosa? Pues sí, personalmente de acuerdo, pero, ¿es esta la cuestión ahora? ¿No son propuestas demasiado “ideológicas”? El mensaje de “indignación” que yo, al menos, escucho en Sol es algo así como cuando el vecino de arriba te está destrozando la casa con una fuga de agua a la que sólo pone parches y un buen día te plantas en su casa  y le dices: “¡Eh!, ¡a ver si te enteras de una vez de que abajo vive gente y de que así no se puede vivir! ¿Te lo tengo que explicar de otra forma para que me hagas caso?” Y seguramente ese grito es también el de mucha gente que, sin embargo, no comparte la visión propuesta de la religión. Pienso que si el grito es de todos, las propuestas deberían ser capaces de acoger a todos.

9. Democracia participativa y directa en la que la ciudadanía tome parte activa. Acceso popular a los medios de comunicación, que deberán ser éticos y veraces.

Cuidadín con lo de la “democracia directa”. El proceso legalmente establecido para la toma de decisiones de cualquier tipo tiene, entre otras, la misión de dar a los que deciden la oportunidad de reflexionar y proporcionarles una perspectiva suficiente, a través de un cierto distanciamiento de los hechos o circunstancias de que se trate. Como dice un amigo mío, la concurrencia de la actual tecnología de las comunicaciones con la democracia directa podría ser, sencillamente, catastrófica. El ejemplo que el siempre pone es el siguiente: crimen especialmente atroz y nauseabundo; se detiene al culpable y, ante la indignación popular, la democracia directa decide on line que se implante de nuevo la pena de muerte (para mí una aberración moral) y, además, con efecto retroactivo (aberración jurídica). Es un ejemplo muy extremo, pero creo que sirve para llamar la atención. ¿A qué se llama “democracia directa” y qué alcance se le quiere dar?

10. Verdadera regularización de las condiciones laborales y que se vigile su cumplimiento por parte de los poderes del Estado.

Ya existe la Inspección de Trabajo y, por cierto, suele ser bastante “feroz” con las empresas grandes. ¿Qué quiere decir “regularización”?
11. Cierre de todas las centrales nucleares y la promoción de energías renovables y gratuitas.

Hombre, sí, a mí desde luego me dejaría más tranquilo, pero ¿es realmente viable? (pregunto de verdad, no lo sé), y, sobre todo, ¿es ése el tema que nos ocupa ahora mismo?

12. Recuperación de las empresas públicas privatizadas.

¿Ése es el tema ahora?

13. Efectiva separación de poderes ejecutivo, legislativo y judicial.

Como principio, de acuerdo, claro. Pero, ¿en qué consiste eso? ¿Autogobierno de los jueces? Sí, no estaría mal, porque el sistema de nombramiento de los miembros del CGPJ y del TC convierten, muchas veces a sus miembros en “correas de transmisión” de las directrices de quienes los han nombrado. Pero la alternativa del autogobierno…; me temo que iba a producir un Poder Judicial de un conservadurismo casi paralizante para la sociedad.

14. Reducción del gasto militar, cierre inmediato de las fábricas de armas y un mayor control de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Como movimiento pacifista creemos en el “No a la guerra”.

Básicamente de acuerdo. ¿Qué vergüenza haber estado vendiendo armas a Gadafi para luego esto.  Ahora bien, no sé si esto es en lo que estamos ahora mismo.

15. Recuperación de la Memoria Histórica y de los principios fundadores de la lucha por la Democracia en nuestro Estado.

La memoria no equivale al rencor. Creo que la memoria es esencial para dar su lugar a todos y que sanen las heridas. Lo hizo Alemania (y lo sigue haciendo), lo hizo Argentina, lo hizo Chile. Pero insisto en que no sé si esta es ahora nuestra guerra (nunca mejor aplicado).

16. Total transparencia de las cuentas y de la financiación de los partidos políticos como medida de contención de la corrupción política.

Ya hay mecanismos de control. Si no funcionan, habrá que pedir responsabilidades y arreglar lo que no marcha.

En resumen, creo que el movimiento desborda ilusión y que es muy positivo que en España, un país poco dado a la protesta, alguien se haya decidido a echarse a la calle, y más aún desafiando la arbitraria prohibición de la Junta Electoral Central. Pero para aprovechar esta ocasión, que puede ser histórica, y que toda esta efervescencia social no quede en agua de borrajas, creo que los “indignados” deberían superar cuanto antes la fase de “La imaginación al poder” y asumir un cierto pragmatismo.

En su libro “Disturbing the peace”, Vaclav Havel, primer presidente de la ex – Checoslovaquia tras la caída del régimen comunista, narra su trayectoria de opositor al mismo y explica cómo el éxito de cualquier movimiento de lucha pacífica contra un sistema se cifra en centrarse en algún elemento muy concreto que suponga una puerta abierta al cambio. En su caso, el esfuerzo de los opositores se concentró en la reforma de un artículo de la constitución de su país que venía a decir que el partido comunista era el único intérprete de la voluntad del pueblo. En el caso que nos ocupa – salvando, afortunadamente, las distancias -, pienso que el éxito de cualquier movimiento de cambio pasa por elegir bien unas pocas propuestas muy concretas, capaces de acoger a un grupo de descontentos lo más amplio posible y de abrir la puerta a un cambio de gran calado. Estamos en un país donde nunca ha habido una revolución liberal y donde, por tanto, el poder lleva grabado en los genes que no responde. Por tanto, seguramente ese cambio de gran calado pasa  por poner a la clase política en su sitio (a) reformando la ley electoral para asegurar una mayor representatividad al Parlamento y (b) aboliendo los privilegios de Derecho y de hecho de que goza la clase dirigente, empezando por adecuar sus sueldos y períodos de vacaciones a la realidad del común de los españoles, suprimiendo, por supuesto, las pensiones vitalicias de los antiguos miembros del gobierno, sancionando cualquier dejación de funciones y, en definitiva, haciendo aterrizar a los depositarios del poder del pueblo para que tomen conciencia de que están hechos de la misma pasta que el común de los mortales. Con esas dos propuestas: reforma de la ley electoral y reforma del “estatuto del dirigente”, por decirlo así, me conformaba yo ahora mismo.

Creo que los “Indignados” deberían aprovechar el momento y tratar de tomar impulso de aquí a las próximas elecciones generales. Se trataría, primero, de definir una o dos propuestas muy concretas de cambio que pudieran abrir la puerta a una regeneración del tejido político, social y económico de España. El segundo paso sería luchar por convencer al mayor número posible de ciudadanos para que voten en blanco o emitan un voto nulo si ningún partido acoge claramente dichas propuestas en la próxima campaña electoral. Por otro lado, aunque la protesta ya está teniendo cierta repercusión internacional, seguro que un poco más de exposición mediática allende nuestras fronteras no le vendría nada mal; ¿no se sentirá llamado a hacer una visita al oso y al madroño Michael Moore? ¿No podría hacer algo al respecto algún grupo de actores con buenos contactos? ¿O eso, en el fondo, no es lo que les interesa?

Es hora de demostrar a los políticos españoles quién manda, con el riesgo, claro está, de que ante esa actitud de los ciudadanos acepten el envite y nos vuelvan a demostrar que mandan ellos.


Una frase:

"El tiempo es lo que impide que todo suceda de golpe."

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