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HISTORIAS CON INTENCIÓN: EL CAMPESINO DEVOTO

Anterior: Craso (https://escritodesdelastripas.wordpress.com/2012/09/13/historias-con-intencion-craso/)

Érase un hombre muy devoto que todos los días pedía a su dios que le diera una buena cosecha. Día tras día iba al santuario de la aldea y rezaba para poder tenerla ese año. Pasó el tiempo y la cosecha no se producía y no podía entender por qué su dios no le escuchaba. Transcurrieron los días y, aunque mantenía su firme e inquebrantable devoción, nada había cambiado. Un día decidió dirigirse a su dios diciéndole:

–          Mi Señor, he venido aquí sin interrupción en días soleados y de tormenta, con frío y calor, he cumplido mis rituales correctamente, ¿por qué no me escuchas?, ¿por qué has olvidado mi cosecha?

Y entonces, ese día su dios le respondió:

–          No te he olvidado, y estoy presente cada día en tus plegarias, pero al menos ¡planta tú las semillas!

Esta anécdota, sacada de un libro de crecimiento espiritual (1), trata de ilustrar “una actitud devota y pasiva, que evita la responsabilidad y el compromiso personal, en espera de recibir alguna gracia especial” y que generalmente encierra un profundo escepticismo acerca de la propia capacidad para llevar a cabo una transformación y una gran sensación de impotencia, basada en una falta de valoración personal.

Creo que estas consideraciones, hechas a propósito de la transformación personal, son en el fondo aplicables a la consecución del cualquier reto, a la superación de cualquier dificultad. Sin ir más lejos pueden venir al pelo para explicar la devoción de nuestro ínclito Presidente hacia las recetas económicas de la llamada Troika, que ya están matando a otros países enfermos. Una devoción que, en su éxtasis místico, lleva a ese personaje a olvidar sistemáticamente, como el labrador del cuento, que, para que algo crezca, además de someterse a Dios hay que plantar semillas.

Espero equivocarme, espero que el Mariano se algo más que un incapaz, un tonto de solemnidad que para contar hasta veinte necesita quitarse los zapatos. Preferiría pensar, como muchos, que es un canalla que, de forma metódica, quiere expoliar a España en beneficio de quienes luego le devolverán el favor (2). Preferiría pensarlo porque, como dijo alguien “la maldad descansa de vez en cuando, pero la tontería no”.

¡Ay Marianico, Marianico!, ¡qué ganas tengo de verte untado de brea, emplumado y paseado, Castellana arriba, Castellana abajo, ante las multitudes! Eso sí, la brea la pagas tú, que no estamos para dispendios.

 

(1)    El placer de meditar; Juan Manzanera; Edic. Dharma

(2)    http://ataquealpoder.wordpress.com/2012/08/24/banco-malo-gobierno-malo-insurreccion-buena-2/

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HISTORIAS CON INTENCIÓN: SOLÓN

Solón (muerto en 559 A.C.) ha pasado a la historia como legislador ateniense. Nacido en el seno de una familia acomodada, fue comerciante y poeta y destacó por su sentido de la justicia junto con una gran habilidad política.

Estando Atenas al borde de la guerra civil por las tensiones existentes entre los ricos terratenientes y sus siervos, un grupo de ciudadanos, en la confianza de que actuaría de modo imparcial, propuso a Solón que se hiciera cargo del gobierno de la ciudad. Los ricos consintieron porque Solón era rico y los pobres porque era honrado, y así se dio carta blanca al sabio legislador para que reformara la constitución y las leyes de Atenas. Solón no defraudó y redactó normas que, en ciertos aspectos, han sobrevivido hasta la actualidad.

Según las leyes atenienses de aquella época, si alguien incumplía sus obligaciones de pago frente a su prestamista, éste podía tomar posesión del deudor y de su familia y venderlos como esclavos para cobrarse con el precio obtenido. La crueldad de esta norma había llevado a que los pobres se organizaran en grupos para protegerse y rescatar a los que habían sido reducidos a la esclavitud como consecuencia de la usura. La primera reforma de Solón fue prohibir que se usara a cualquier persona, incluso con su consentimiento, como garantía de una obligación. Los que habían sido esclavizados fueron liberados y los que habían sido vendidos a los extranjeros regresaron a Atenas como hombres libres. También ordenó el perdón de todas las deudas pendientes y la cancelación de las hipotecas constituidas sobre la propiedad. Parece ser que el sabio ateniense no satisfizo a nadie, porque ni los ricos ni los pobres lograron todo lo que buscaban. No se produjo una completa redistribución de la riqueza, como querían los pobres, y los ricos se mostraron muy descontentos con la pérdida de las cantidades que se les debían. Sin embargo, cuando los atenienses experimentaron los buenos resultados que, con el tiempo, ofrecieron las reformas de Solón, éste volvió a ser objeto de su admiración, y así ha pasado a la historia.

La influencia ejercida por Solón sobre el convulso panorama de sus conciudadanos resulta difícil de explicar solamente desde la perspectiva de la habilidad política, y menos aún, de la técnica legislativa. La actuación del sabio concita la idea de ataraxia, esa disposición de ánimo propuesta por varias escuelas de la filosofía griega gracias a la cual, mediante la disminución de la intensidad de nuestras pasiones y deseos, alcanzamos el equilibrio emocional y la fortaleza del alma frente a la adversidad.

En su libro “Oriente y Occidente” Luis Racionero aborda la ataraxia desde una perspectiva más amplia. Parte del humanismo como la más hermosa contribución de Occidente a la cultura mundial: los hombres vivían en una relación de dependencia ante los estados totalitarios y los imperios hasta que, en Grecia, el hombre se reveló por primera vez contra esta situación. Dicha rebelión se convierte en mito a través de Prometeo, el titán que robó el fuego a los dioses para regalarlo a los hombres.  Según dicho autor:

 “De todas las maravillas que lograron los griegos, entre todas las visiones que concibieron, la más trascendente fue el humanismo: la rebelión prometeica contra la autoridad y las fuerzas ciegas (…)

Pese a los innumerables libros escritos sobre ella, la cultura griega resulta difícil de comprender; hay un elemento no racional, un estado de ánimo, un ángel indefinible en la vida griega que no se puede explicar, pese a ser lo que más la caracteriza. Una maravillosa obra de arte como la vida griega no se consigue con leyes ni tratados filosóficos, tiene que venir de un estado de ánimo que sólo puede dar una experiencia interior. (…); instantáneamente viene a la cabeza la palabra <<ataraxia>> (…) ¿Qué se oculta tras la ataraxia que hizo a los griegos, entre todos los pueblos, soñar más bellamente el sueño de la vida? Ningún libro lo ha explicado todavía, y no podrá hacerlo porque lo escrito en el frontispicio de Delfos y en la sonrisa hermética, sólo se explicaba dentro del tempo; y los templos han desaparecido, los misterios se han perdido. Las experiencias de los misterios que vivieron Platón, Píndaro, Esquilo, Praxíteles y todos los creadores de la ataraxia griega no existen ya. (…)

La ataraxia es un estado de ánimo, y por lo mismo, difícil de comunicar con palabras.(…) Era una transmisión no verbal, de mente a mente, cuerpo a cuerpo, como la sonrisa de Praxíteles. Cuando Constantino clausuró los misterios, la vida de Grecia perdió su fuerza interior, aquel poder formativo del espíritu que, según Plotino, engendra la belleza en las formas materiales.”

Resulta significativo que Racionero se refiera al reinado de Constantino como el hito que marcó la disolución de ese poder espiritual que llamamos ataraxia. Constantino fue el primer emperador romano que se convirtió al cristianismo y éste, al menos en la versión que ha llegado hasta nosotros, y que el propio Constantino se dedicó tenazmente a depurar, es una religión muy centrada en el peso del pecado, en el peso de la deuda del ser humano. Nunca he sido capaz de entender el tema de la redención, porque que a pesar de que, supuestamente, aquélla tuvo lugar por la pasión y muerte de Jesucritos, el rito se empeña en hacernos repetir machaconamente que “he pecado mucho, de pensamiento, palabra, obra y omisión”. Es decir, no hay nada que pueda uno hacer para librarse del pecado, no hay nada que pueda hacer para librarse de su deuda. Bajo un peso tan asfixiante, no tiene nada de particular que la fuerza espiritual, la ataraxia, se desvaneciera, o al menos entrara en hibernación esperando mejores tiempos.

De Solón a Constantino parece que la paz espiritual de Grecia se mueve al compás del peso de las deudas asumidas. Hoy en día no se trata sólo de la paz espiritual y no se trata sólo de Grecia; probablemente la supervivencia de la civilización dependa de nuestra capacidad de decidir qué deudas estemos dispuestos a asumir y cuáles no.

Escritas en 1993, estas palabras de Luis Racionero podrían ser de antes de ayer:

“Por uno de los desconcertantes avatares de la historia, esta creación sublime de la cultura griega, el humanismo, ha degenerado en el vulgar y agresivo individualismo de la época actual. Pese al intento italiano por reinterpretar el ideal griego en el hombre universal del Renacimiento, al intento español por reinterpretarlo en el individualismo quijotesco, o el intento inglés de reinterpretarlo en el individualismo romántico, la burguesía mercantil e industrial banalizó estas alternativas y acabó imponiendo el individualismo del negociante: el empresario competitivo, agresivo y utilitarista. El individualismo de la cultura europea actual es una mutilación del ideal griego; es el retrato de Dorian Grey del hombre dórico, marchitado por veinte siglos de comercio y usura. (…)

El individualismo es una opción noble y heroica si es movido por un sincero altruismo interior, ¿quién no se emociona ante las incomprendidas rarezas de don Quijote?; pero cuando es movido, como hoy día, por el ideal utilitarista de lucro, poder y egoísmo, el individualismo es repugnante. Éste es el dilema que confronta hoy a Occidente: su mejor invención ha traído consigo un ideal humano despreciable, totalmente opuesto a lo que el individualismo griego se proponía en su origen. El individualismo sólo es beneficioso cuando nace de una serenidad interior como la griega, cuando el hombre, al obrar individualmente, está escuchando dentro de sí las innumerables resonancias entre todas las cosas y con los demás hombres.”

Repito que, en mi opinión, la supervivencia de lo que entendemos como civilización está en juego. Ya no creo que sea exagerado decir que, con los intereses económicos como justificación de cualquier barbaridad, al amparo de una sedicente libertad de empresa, nos hallamos en una encrucijada similar a la que supuso el advenimiento del nazismo. Y en esta encrucijada yo espero que el próximo domingo el pueblo griego elija, no desde el miedo, sino desde la serenidad que da la fuerza interior. Entonces, a lo mejor les toca empezar a pasar miedo a otros y a ver de nuevo la luz a muchos más.  

 

Créditos:

Luis Racionero, Oriente y Occidente, Edit. Anagrama

Foto: http://www.imagenesdeposito.com/nacionalidades/17159/caras+pintadas+con+la+bandera+griega.html

DR. PANGLOSS, SUPONGO

No entiendo nada. No entiendo de economía ni quiero entender. No entiendo por qué la legislación laboral española puede llegar a amparar que los empresarios confisquen parte del salario de sus trabajadores – y digo “confisquen” porque esto va más allá de dar a un particular poder expropiatorio, ya que la expropiación conlleva siempre una compensación al expropiado, que aquí, desde luego, no está prevista -. En el peor de los casos, si se trata de garantizar la viabilidad de una empresa en situación crítica, ¿no se podría haber articulado algo así como un “préstamo” forzoso de los empleados? – tú me financias mi actividad con parte de tu sueldo y yo me obligo a devolverte tu dinero, con intereses,  cuando venga a mejor fortuna, o a darte una participación en los beneficios de mi actividad -, por poner un ejemplo. ¿No se podrían haber establecido, además, ciertas garantías para evitar abusos, como la prohibición al empresario que tome dicha medida de repartir dividendos? No entiendo por qué, llegado el caso, se puede obligar a los trabajadores a dar apoyo financiero a fondo perdido a sus empresas mientras que a los bancos, que están precisamente para financiar, se les permite que incumplan su función social. No entiendo por qué a los asalariados se les puede imponer una quita de sus créditos contra la empresa, a las empresas se las puede forzar a una quita frente a la Administración – si me rebajas la deuda cobras antes; si no, ponte a la cola – y a los bancos nadie puede discutirles nada; a ellos sí que la ley nos obliga a devolverles hasta el último céntimo, y de esa obligación respondemos con todo nuestro patrimonio, presente y futuro. No lo entiendo y me preocuparía si llegara a hacerlo, porque todo esto es tan absurdo, tan aberrante, tan injusto, que si lo entendiera pensaría que estaba empezando a ser víctima de una droga o de un lavado de cerebro. Lo que sí sé es que el que carga contra los débiles no hace más que demostrar su propia debilidad.

Si es cierto que quienes han dirigido y dirigen nuestra política económica siguen a pies juntillas a “Bruselas”, al BCE y al FIM, debe de ser que los responsables de dichas instituciones tienen en sus mesillas de noche, no a Hayek o a cualquier otro economista, sino a Voltaire y su “Cándido”, porque lo que estamos viviendo apunta cada vez más a aquella frase del Profesor Pangloss que uno se iba tropezando,  como una especie de estribillo, a través del libro:

“Vivimos en el mejor de los mundos posibles. De las desgracias individuales nace el bien común y, por lo tanto, cuanto más se multipliquen las desgracias individuales, mayor será el bien común”.

Supongo que, con tal razonamiento, Voltaire trataba simplemente de convertir las doctrinas de Leibnitz en un esperpento. Como broma más o menos vitriólica está bien, pero conforme uno profundiza en su convencimiento de que hay gente de mucho peso que se ha tomado esto en serio, la sensación empieza a volverse angustiosa.

Me sorprende encontrar mucha gente con sensibilidad y sentido común que afirma, casi excusándose, que “no había otra alternativa”. ¿¡Cómo que no había otra alternativa!? Dejémonos ya de historias. ¿Es que los árboles no nos dejan ver el bosque? Para entender de verdad lo que nos está pasandono es necesario hacer un curso sobre los mercados de la deuda pública, sino tomar conciencia de qué impulsos se han escapado a nuestro control, acudiendo a los mejores frutos que ha producido la creatividad de la mente humana, desde los trabajos de psicólogos y sociólogos hasta el depósito de sabiduría que encierran los mitos ancestrales – https://escritodesdelastripas.wordpress.com/2012/02/09/el-minotauro/ -.

Ese “no había otra alternativa”, ese fatalismo que considera inevitable que unos estén arriba y otros tengan que estar abajo es uno de los rasgos distintivos del llamado “carácter autoritario”, cuyos rasgos estudió Erich Fromm en “El miedo a la libertad”; creo que en estos tiempos resulta imprescindible volver a a esta obra . En ella, el psicoanalista alemán analiza la evolución que lleva al hombre europeo desde la sociedad pre-individual hasta el auge del nazismo. Enfrentado con la “tierra de nadie” que supone la ruptura de sus antiguos vínculos (libertad “de” o libertad negativa), pero sin ser aún capaz de dar un sentido a su libertad (libertad “para” o libertad positiva), la persona buscará defenderse de su angustia desarrollando un carácter autoritario – término aplicable tanto al de quien está “arriba” como al del que está “abajo”-, que le llevará a la sumisión a regímenes dictatoriales, como los totalitarismos de los años 30 en Europa, o bien, a través del mecanismo de la “conformidad automática”, a esa “autoridad difusa” que impregna a las democracias contemporáneas.

Respecto de estas últimas, Fromm se centró sobre todo en la sociedad de la abundancia, en el hoy llamado (ya casi como referencia histórica) estado del bienestar, sin duda por razón del momento en que aquél escribió la obra comentada. No obstante, pienso que todo cuanto dijo acerca de la “conformidad automática” a la “autoridad difusa” es perfectamente aplicable a la “globalización del malestar”, idea que parece orientar toda acción política en este momento. Sólo esa “conformidad automática” permite explicar que gente de buen sentido, ante actuaciones injustas hasta lo repugnante, repita como un mantra que “no había otra alternativa”, no ya siguiendo a “Bruselas” (bonita ciudad, que acabará equiparándose a la localidad de Auschwitz en la mente de muchos), al BCE o al FMI, sino a ese estado de opinión, a esa “autoridad difusa” que ha decidido que hay que tirar por tierra, sí o sí, los logros sociales obtenidos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Esto tampoco es nuevo. En sus elucubraciones sobre el entonces lejano (y ahora ya también) 1984, Orwell nos pintó una organización política totalitaria y despiadada que, de propósito, mantenía permanentemente varias guerras de baja intensidad, tenía al grueso de los individuos inmersos en una vida gris de escasez (recuerdo que el agua para el baño sólo salía fría o “a penas templada”), y que incluso investigaba con el fin de suprimir las reacciones neurológicas que llevan al orgasmo; todo ello, supongo, como una manera tan eficaz de suprimir el auténtico individualismo como lo es fomentar la voracidad por el consumo.

Eso sí, a diferencia de otros, yo no creo que este estado de las cosas obedezca a un designio consciente por parte de nadie. Más bien creo que es un nuevo brote de esa enfermedad que aún no hemos logrado superar, que se desarrolló violentamente en los años 30 en forma de totalitarismo, que después siguió presente en la forma más atenuada de adicción al consumo y que, nuevamente, se manifiesta, cada vez con mayor claridad, en forma de una especie de adicción al “malestar”, materializado en esa fiebre de imponer “recortes” más que cuestionables. Y estoy convencido de que el primer paso para salir de donde estamos es tomar conciencia de que esa pandemia que nos amenaza se llama, nuevamente, “miedo a la libertad” y, para el caso de que ellos aún no lo hayan hecho, dejar claro al poder que nosotros ya nos hemos despertado.


Una frase:

"El tiempo es lo que impide que todo suceda de golpe."

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