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EL SER Y EL VIENTO

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“El ser es y no puede no ser”, dijo Parménides de Elea, y con tal anuncio no sólo inauguró la metafísica, sino que demostró que el movimiento en realidad no existe, porque en el opresivo reino del “ser” no hay, por definición, hueco para moverse. Se cuenta – y esto es probablemente una leyenda urbana, o más bien “política”, en el sentido de “polis” – que alguien, por toda refutación, echó a andar delante de las narices del filósofo.

Y ya que en la política hemos recalado, creo que la anterior anécdota puede servir de soporte a la afirmación de que, cuando en política se duda de la posibilidad de cambio, lo primero es demostrar que éste cabe en la realidad – “el movimiento se demuestra andando”-.

No me canso de citar el ejemplo de Václav Havel, que hizo de la voluntad de cambio una experiencia vital y, junto con otros, canalizó el deseo de libertad de una generación de checoslovacos frente a la opresión del comunismo soviético (v. https://escritodesdelastripas.wordpress.com/2012/10/26/historias-con-intencion-vaclav-havel/). Tal y como recogíamos allí:

“En esa lucha (Havel) aprendió una nueva táctica: cuando te enfrentes con un centro de poder, no te pierdas en vagos debates ideológicos; lucha por cosas concretas y mantén tu posición hasta el final.”

En línea con lo anterior, su primera negociación con las autoridades tuvo un objetivo muy concreto: la derogación del artículo de la Constitución donde se declaraba que el partido comunista era el único intérprete válido de la voluntad del pueblo checoslovaco; a partir de ahí el sistema cayó por su propio peso.

En España ningún partido político que no cuente con una amplia mayoría puede llevar a cabo cambios normativos en las materias que afectan a la calidad democrática de nuestra organización política, pero pienso que sí se podrían poner en práctica iniciativas capaces de demostrar que un cambio sustancial es posible, sin más requisito que la voluntad de dar los pasos necesarios.

Por ejemplo, conforme a nuestra Constitución la iniciativa legislativa popular está excluida “en materias propias de ley orgánica, tributarias o de carácter internacional, ni en lo relativo a la prerrogativa de gracia”. Si tenemos en cuenta que las leyes orgánicas son  “las relativas al desarrollo de los derechos fundamentales y de las libertades públicas, las que aprueben los Estatutos de Autonomía y el régimen electoral general”, es fácil apreciar la importancia de las cuestiones sustraídas, no ya a la democracia directa, sino incluso de la posibilidad de que los ciudadanos promuevan el impulso legislativo ante el Parlamento, a quien en todo caso correspondería decidir sobre lo propuesto. Huelga decir que la iniciativa legislativa popular tampoco procede en relación con cualquier reforma constitucional.

Sin embargo, es relativamente simple ejercer la iniciativa legislativa para los parlamentarios, ya que un diputado con la firma de otros catorce o un grupo parlamentario con la sola firma de su portavoz pueden presentar proposiciones de ley en el Congreso. Siendo así, cualquier partido político deseoso de ampliar el ámbito de la iniciativa legislativa popular podría actuar como “correa de transmisión” de la voluntad ciudadana comprometiéndose ante los electores a presentar cómo propuestas de ley aquellas iniciativas que, avaladas por un número significativo de firmas debidamente comprobadas, le dirijan los ciudadanos, siempre que no choquen con su programa electoral.

Otra forma de compartir el poder con quienes lo otorgan a través del voto sería que los partidos se ofrecieran a plantear interpelaciones al Gobierno por iniciativa popular, también suficientemente sustentada.

El objetivo de estas actuaciones no sería tanto que las iniciativas propuestas prosperaran, sino dejar patente que nuestra voluntad colectiva va más allá de la elección de nuestros representantes y no se “desenchufa” con sólo introducir la papeleta en la urna, que valoramos y exigimos respeto para esa voluntad que sigue viva y que ya hemos derribado la barrera mental del sentimiento de impotencia frente al cambio que mantenía al elefante de la fábula atado a una minúscula estaca – v. https://escritodesdelastripas.wordpress.com/2015/12/20/elogio-del-elefante/ -.

También sería un importante triunfo político que el pueblo pudiera crear situaciones que obligaran a sus representantes a adoptar posturas y ofrecer respuestas concretas – positivas o negativas -, porque eso les arrebataría el monopolio de escribir el “guión” del curso político.

Por último, pero no menos relevante, quizás es hora de dejar claro que un valor tan importante como la iniciativa individual puede expresarse no sólo a través de la competición, sino también de la cooperación, y que no es forzoso que como resultado de ella sólo queden en el campo vencedores y vencidos.

Se trata en definitiva de afirmar la fuerza de la – a mi juicio mal llamada – “contrademocracia ciudadana o contrapoder articulado a partir de los movimientos sociales, que sirva para mantener las exigencias de servicio al interés general por parte de las instituciones” – v. https://presnolinera.wordpress.com/2015/09/23/normas-y-formas-para-la-regeneracion-democratica/ -.

Pero si Parménides nos enseña que el “ser” es obstinado y contundente como una piedra, la experiencia nos dice que el “deber ser” es ligero y volátil como una pluma, por eso se lo suele llevar el viento, por eso novelas como La educación sentimental han sobrevivido a su tiempo, tan distinto y a la vez tan parecido a cualquier otro.

Acercarse a esa obra requiere paciencia, porque uno va recorriendo sus más de setecientas páginas con la impresión permanente de que no ocurre nada significativo; y es que, en efecto, no ocurre nada significativo, y ahí está la clave de la cuestión. Flaubert, según sus propias palabras, quiso escribir “la historia moral de los hombres de mi generación”, una historia de la inacción donde el amor y la política, la peripecia individual del protagonista y la colectiva de su generación, se van dando la réplica mientras la mirada pesimista del autor nos ofrece un muestrario de ideales que sólo esconden vanidad y de ambiciones tan lastradas de pasividad que ni el fragor de la revolución del 1848 es bastante para evitar que naufraguen en lo fútil, es decir “muchos sueños, un poco de agitación y de acción, bastante poca”.

Creo que en el momento actual uno no pierde nada con acercarse a la Educación Sentimental o por visitarla de nuevo, siquiera sea porque la perspectiva histórica que ésta nos ofrece sirva de revulsivo para evitar que los deseos de renovación que muestra nuestra sociedad acaben en la anécdota de una fiesta campestre o en el espectáculo de una hoguera de vanidades. Ojalá esta vez no.

Fuentes:

http://keepschool.com/fiches-de-cours/lycee/francais/education-sentimentale.html

L’éducation sentimentale Gustave Flaubert  Project Gutenberg

 

Foto: susanacaceres.com

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¡CÓMO SE PASA LA VIDA…!

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Recuerde el alma dormida,

avive el seso e despierte …

En España el sistema electoral del Congreso de los Diputados no garantiza la igualdad de electores y partidos políticos en cuanto a la designación de sus representantes por parte de los ciudadanos.

En España la creación de una comisión parlamentaria de investigación puede ser bloqueada con los votos del partido mayoritario.

En España la inculpación de un diputado o senador en un procedimiento criminal requiere la autorización de la correspondiente cámara, aun cuando los hechos no tengan nada que ver con el ejercicio de su cargo.

En España las cuestiones de mayor relevancia están excluidas de la participación directa de la ciudadanía en el procedimiento legislativo; por supuesto la iniciativa popular está vetada para la reforma de la Constitución.

En España no está previsto que una representación de la ciudadanía pueda opinar durante el proceso de elaboración de las leyes o interpelar en sede parlamentaria.

En España los diputados y senadores sólo necesitan siete años de permanencia en el escaño para cobrar la pensión máxima, mientras que el resto de los trabajadores precisa cotizar durante quince años para cobrar un cincuenta por ciento de aquélla.

En España la Ley de Transparencia no configura el derecho de acceso a la información como un derecho fundamental; están excluidas del ámbito de la ley la Casa del Rey, los partidos, los sindicatos y fundaciones que reciben mucho dinero público; entre las causas de denegación de información existen algunas tan inespecíficas como los “perjuicios para los intereses económicos y comerciales” (intereses que, en cambio, sí permiten que el nombre de cualquier ciudadano aparezca en fichero de morosos).

En España la responsabilidad penal de las personas jurídicas por no evitar la comisión de delitos en el ejercicio de sus funciones por quienes están servicio de las mismas no alcanza a partidos políticos ni a sindicatos.

En España la Ley de Seguridad Ciudadana castiga conductas que se consideran amenazas a la seguridad ciudadana sin exigir que ésta haya sido efectivamente lesionada; además de establecer sanciones de una enorme desproporción, la ley abre la puerta a la incautación administrativa de imágenes informativas, vulnerando la doctrina constitucional que sólo permite adoptar tal medida a los jueces y tribunales con la debida cobertura legal (*).

Hace cuarenta años mi generación llevaba pantalón corto. Cuando comenzó la Transición quizás parecía que simplemente “andábamos por medio”, pero la conciencia que teníamos de lo que estaba sobre el tablero era tan nítida que casi cortaba, porque de nuestros mayores nos llegaba la vivencia del momento histórico en toda su intensidad.

Conocimos la implantación progresiva de leyes formalmente democráticas, pero la tarea de superar la herencia del franquismo en el funcionamiento de las instituciones requería un esfuerzo denodado cada día para hacer frente a la resistencia tenaz de los nostálgicos del “bunker” o simplemente a la inercia o al miedo al futuro. Muchos antes siquiera de haber usado una maquinilla de afeitar ya anhelábamos que el desgaste de esa lucha de España con su otra cara finalizara en unos pocos años y que lo se llamaba democracia acabara siéndolo de veras.

Recuerde el alma dormida,

avive el seso e despierte

contemplando

cómo se pasa la vida …

 

(*) v. https://presnolinera.wordpress.com/2015/12/13/ministerio-del-interior-balance-de-la-legislatura/

 

Foto: revistafractalario.wordpress.com

ESE OTRO “NACIONALISMO” QUE NOS SEPARA

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Empezaron por prohibir a los judíos compartir los mismos espacios que los arios, así que, pasado un tiempo, un judío y un ario ya no podían ser amigos, porque no tenían nada en común. Finalmente, como se habían convertido en desconocidos, cuando empezaron a llevarse a los judíos a los campos de concentración muchos arios pensaron que algo malo habrían hecho”.

Este es el resumen dramatizado que me hicieron hace algún tiempo del proceso que culminó en el genocidio de los judíos en la Alemania nazi. El tema surgió al hilo de una conversación sobre el nacionalismo en Cataluña, porque en el nacionalismo muchos ven el mismo sustrato del totalitarismo: la negación de un espacio común, más allá de las diferencias entre los individuos, y es cierto que, en los casos más extremos, el “otro” puede llegar a ser tan ajeno que incluso se pierda de vista su condición humana.

Sin embargo, creo que la situación de Cataluña sólo es un síntoma más que expresa, y a veces por su impacto eclipsa, un proceso más profundo y generalizado que consiste en el progresivo estrangulamiento de ese espacio común ciudadano y que pone de manifiesto el agotamiento de nuestro actual modelo político, social y económico. Estoy convencido de que el “fundamentalismo nacionalista” es sólo uno de tantos agresores de dicho espacio colectivo – https://escritodesdelastripas.wordpress.com/2014/04/12/la-secesion-como-sintoma-de-todos/ -.

La tasa AROPE (“At Risk Of Poverty or social Exclusión”) es uno de los indicadores de la estrategia Europa 2020 de la Unión Europea. Combina tres conceptos: el riesgo de pobreza, la carencia material y la baja intensidad en el empleo. Se define como aquella población que está al menos en alguna de estas tres situaciones. En España la mide el Instituto Nacional de Estadística – http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INESeccion_C&cid=1259941637944&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayout . De su última actualización se desprende que dicha tasa se situó en España en un 29,2% en 2014, con un repunte del 1,9% (790.801 personas con cara y ojos) respecto de 2013 – http://www.20minutos.es/noticia/2579829/0/arope/maximos-pobreza-espanoles/2014/ -. Paralelamente, la brecha entre las retribuciones de los directivos y administradores de las empresas del Ibex 35 y las del común de los trabajadores ha aumentado en el mismo período – http://cincodias.com/cincodias/2015/08/23/empresas/1440353141_811224.html -.

Creo que merece la pena dedicar unos minutos a la ponencia que hizo Michel Sandel para Ted Talks en relación con este fenómeno (en inglés con subtítulos en castellano):

Sus palabras reflejan respecto de la desigualdad social la misma preocupación que a muchos inspira el nacionalismo: de proseguir la tendencia actual, la sociedad únicamente estará dividida en dos clases de personas que no irán a curarse a los mismos sitios, ni a aprender a los mismos centros, que no pisarán las mismas zonas de las ciudades ni respirarán el mismo aire; no tendrán nada en común. Pero la democracia, reflexiona Sandel, requiere la disponibilidad de un cierto espacio común a todos y las desigualdades económicas, más allá de un cierto límite, levantan una barrera que impide cualquier clase de encuentro entre las personas.

Es cierto que las leyes raciales de Hitler comenzaron su siniestro rodaje prohibiendo a los judíos pasear por los mismos parques que los arios; la supresión del espacio físico va de la mano con la del espacio político y ambas pueden acabar en la de la propia persona. Volviendo al caso de la desigualdad económica, en un mundo dividido entre ricos y pobres, ¿quién duda de que muchos ricos pensarían que todos esos extraños “algo habrán hecho” para merecer su pobreza? Por desgracia ya no es infrecuente escuchar voces que apuntan en esa dirección; ya hay quien defiende la aplicación de impuestos regresivos para incentivar un mayor esfuerzo en el trabajo con el fin de tributar menos, como si el trabajo colgara de los árboles y como si ser pagado con cicatería fuera una elección del desfavorecido.

La existencia de un espacio – físico, político y social – común como lugar de encuentro de los ciudadanos es un elemento fundamental de la democracia, pero a la vez aquél sólo puede ser el fruto de ésta. Por eso, si en España queremos darnos una mínima oportunidad – que no certeza – de convivencia no basta con tratar de suprimir el secesionismo o cualquier otro síntoma de agotamiento de nuestro actual marco de convivencia legislando “contra el enemigo” – https://escritodesdelastripas.wordpress.com/2015/02/06/prontuario-para-deteccion-de-iniquidades-y-atropellos/ – , sino que es necesario emprender el camino de la renovación de éste mediante la regeneración democrática.

Tomo prestadas las palabras del Profesor de Derecho Constitucional Miguel Ángel Presno Linera, “invitado” ocasional de este blog – https://presnolinera.wordpress.com/2015/09/23/normas-y-formas-para-la-regeneracion-democratica/ -:

En mi opinión, la regeneración democrática significa mucho más que luchar contra la corrupción; exige también limitar las “inmunidades del poder” y propiciar que el pueblo gobernado sea, en la mayor medida posible, pueblo gobernante. Para ello haría falta, entre otras cosas, garantizar la transparencia institucional, promover lacontrademocracia y asegurar una representación realmente representativa.

En lo que a la transprencia se refiere, la Ley vigente (19/2013) deja mucho que desear: el acceso no es parte del derecho fundamental a recibir información, prevé múltiples y muy genéricos motivos de denegación, configura un silencio negativo, no exige lo necesario a los obligados, como, por ejemplo, el conocimiento de sus agendas (reunión Fernández Díaz/Rato),… Además, se mantiene la opacidad en otras normas, como la de financiación de partidos, los reglamentos parlamentarios (prevén sesiones y votaciones secretas) o la Ley de secretos oficiales (podrán ser declaradas «materias clasificadas» los asuntos, actos, documentos, informaciones, datos y objetos cuyo conocimiento por personas no autorizadas pueda dañar o poner en riesgo la seguridad y defensa del Estado)… Por si fuera poco, el sistema vigente obstaculiza el debate público y el control parlamentario: se abusa delDecreto-Ley, en el Congreso de los Diputados la mayoría debe admitir la creación de las comisiones de investigación y las comparecencias de miembros del Gobierno,…

Por lo que respecta a la contrademocracia ciudadana o contrapoder articulado a partir de los movimientos sociales, que sirva para mantener las exigencias de servicio al interés general por parte de las instituciones, hay que recordar las carencias en materia de iniciativa legislativa popular, referendos, propuesta de reforma constitucional,…

No conozco otra forma duradera de estar juntos que no sea el “yo gano, tú ganas” (aunque cada uno ganemos menos de lo que nos gustaría). Pretender auparse permanentemente sobre las cabezas de los demás es como vivir sentado sobre bayonetas.

 

Fuentes: http://matemolivares.blogia.com/2014/052702-arope-indicador-de-riesgo-de-pobreza-o-exclusion-social-en-aumento-en-espana..php

Foto: Taringa.com

ARTE, POLÍTICA Y VICEVERSA

Parthenon

Nunca quise hacer de este un blog político, pero, inmersos en la “berrea” de la campaña electoral, no puedo sustraerme, una vez más, a la necesidad de hablar de “esa cosa”.

Recordemos con Aristóteles que:

Es (…) manifiesto que la ciudad es por naturaleza anterior al individuo, pues si el individuo no puede de por sí bastarse a sí mismo, deberá estar con el todo político en la misma relación que las otras partes lo están con su respectivo todo. El que sea incapaz de entrar en esta participación común, o que, a causa de su propia suficiencia, no necesite de ella, no es más parte de la ciudad, sino que es una bestia o un dios. (Aristóteles, Política, libro 1,1)

Como es conocido, respecto al origen y constitución de la sociedad el estagirita sostenía la “sociabilidad natural” del hombre.

Se ha afirmado que, más que por el diseño de la sociedad ideal, Aristóteles se sentía atraído por el análisis de la experiencia, en este caso, el de la experiencia de la vida colectiva o social del hombre.

Si del análisis de la experiencia colectiva se trata, experiencia, además, muy próxima, no puede perderse de vista un clásico del tamaño de “El miedo a la libertad”. En esta obra, publicada en Estados Unidos en 1941, Erich Fromm se propone explicar el auge del totalitarismo en Europa en el contexto de un estado de civilización muy desarrollado; ¿por qué millones de personas en Alemania estaban tan ansiosas de entregar su libertad como sus padres lo estuvieron de combatir por ella?, se pregunta el autor.

Fromm, fundador de la llamada escuela humanista de psicoanálisis, apelará a la irracionalidad y al inconsciente para brindarnos una nueva perspectiva sobre la fascinación que puede ejercer la pérdida de la libertad sobre el individuo.

Partiendo de la base de que las necesidades humanas están socialmente determinadas en gran medida, la tesis central de Fromm es que:

(…) el hombre, cuanto más gana en libertad, en el sentido de su emergencia de la primitiva unidad indistinta con los demás y la naturaleza, y cuanto más se transforma en individuo, tanto más se ve en la disyuntiva de unirse al mundo en la espontaneidad del amor y del trabajo creador o bien de buscar una forma de seguridad que acuda a vínculos tales que destruirán su libertad y la integridad de su yo individual.

Es de ver que, en las concepciones de ambos pensadores, tan lejanos en el tiempo y en sus planteamientos, el desarrollo individual y colectivo del ser humano están estrechamente vinculados, punto de vista que, por otra parte, siempre ha sido ampliamente compartido.

En atención a ello, parece que la actividad política debiera orientarse a facilitar esa unión de la persona con el mundo a través de los afectos y del trabajo creador de que habla Fromm; es decir, la política habría de ser ante todo un cauce que facilitara la integración espontánea del individuo en la comunidad. A este respecto, abundan al alcance de la mano ejemplos que demuestran que la armonía entre lo individual y lo común no sólo es posible, sino cotidiana; una de las frases más entrañablemente hermosas que he leído de Fernando Savater (Ética para Amador) reconoce que: <<no hay nada a la vez tan individual y tan universal como la relación entre un padre y un hijo>>.

En mi opinión, de todo esto se desprende que:

  1. La política tiene mucho que ver con los sentimientos de las personas, ya que son éstos los que guardan la llave de cualquier proceso de integración en que estén presentes la espontaneidad y la creatividad.
  2. La política ha de velar celosamente por el mantenimiento de la dignidad humana, concepto histórico, como casi todos, que hoy exige el respeto a un mínimo de igualdad y de justicia, sin las cuales no se puede hablar de integración, sino más bien de “compactación”.
  3. Centrar la política en lo meramente económico, no digamos en lo macroeconómico, constituye un ejercicio de reduccionismo rayano en el avasallamiento o en la ceguera.
  4. La experiencia histórica demuestra el inmenso peligro colectivo que encierra cualquier orientación política que desprecie las condiciones mínimas de igualdad y justicia que permiten la construcción de identidades individuales sólidas.

En su Introducción al psicoanálisis, Freud presenta al artista como alguien capaz de evitar la neurosis satisfaciendo de forma constructiva sus impulsos individuales (su necesidad de reconocimiento, fama y riqueza, por ejemplo), porque posee la habilidad de despojar a aquéllos de sus componentes más estrictamente personales y la destreza necesaria para darles una forma universalmente reconocible. De esta forma, los demás pueden conectar con sus propias pulsiones y satisfacerlas a través de la obra y, por esta vía indirecta, el artista acaba obteniendo el reconocimiento que buscaba.

Pienso que sería deseable que cualquier político tuviera la inteligencia emocional necesaria para entender los anhelos de la colectividad que constituye el sujeto de su política. Además, sería esencial que fuera capaz de renunciar al cumplimiento de sus propios deseos (su necesidad de reconocimiento, fama y riqueza, por seguir con el ejemplo) tal y como éstos se le presentan, para “sublimarlos” en una actividad al servicio de los demás que acabaría otorgándole la satisfacción buscada en una forma diferente. Por tanto, quizás no sería atrevido afirmar que ese político ideal habría de tener algo de artista.

Las elecciones autonómicas y locales que se avecinan van a ser un simple ensayo de las generales. Me muero de ganas de admirar los coros y danzas que nos van a ofrecer nuestros “artistas”.

 

Fuentes:

http://www.webdianoia.com/aristoteles/aristoteles_polis.htm

http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=18112178025

 

Foto: Wikipedia

PRIMAVERA EN LA RESIDENCIA

residencia1920

Bonita experiencia de esparcimiento, darse un paseo por la Residencia de Estudiantes durante la escueta primavera madrileña y sentir, o al menos soñar, que flotando aún queda algo de tantos talentos como en otro tiempo florecieron entre sus muros. La reconstrucción de una habitación típica de la Residencia en su época dorada y un pequeño folleto añaden unas cuantas pinceladas (o versos, o acordes, o fotogramas) sobre la historia del lugar que enriquecen la imaginación.

En el folleto puede leerse:

La influencia de la Institución (Libre de Enseñanza) fue decisiva en la definición espacial de las habitaciones, en las que tuvo un relevante papel la búsqueda de una buena ventilación, un correcto soleamiento o una adecuada iluminación; también en la revalorización del arte popular como un signo de refinamiento y distinción que se puso de manifiesto en la utilización (…) de piezas artesanales, como la cerámica de Talavera, de tejidos y estampados procedentes de diversas regiones, como los paños de Lagartera, o de otros elementos y objetos populares.

Algunos de los elementos que pueden verse en la habitación pertenecen al patrimonio de la propia Residencia de Estudiantes y de las Institución Libre de Enseñanza (…). Otros son reproducciones fabricadas para la ocasión (…).

Todos ellos proponen con una clara voluntad armónica e integradora un ambiente de sobriedad no exento de confort, ajustándose al modelo heredado de la Institución. Unas pautas que son producto de un significado más profundo.

Bonita experiencia sería ver surgir de las próximas elecciones generales un significado más profundo de España que el que ha sido capaz de extraerle hasta el momento el bipartidismo; una España regenerada con una buena ventilación, un correcto soleamiento, una adecuada iluminación, una revalorización de lo creativo y una clara voluntad armónica e integradora en un ambiente de sobriedad no exento de confort o, al menos, de unas prestaciones públicas correctamente gestionadas que garanticen una atención digna a las necesidades básicas de todas las personas.

Fotos:

http://www.edaddeplata.org/edaddeplata/content.jsp?guid=%7BBA88C6AE-05FC-4E69-9A24-904CB8A4098B%7D

http://www.iesamoreno.es/gh-informacion/2230-el-universo-de-la-institucion-libre-de-ensenanza-hasta-1936-mapa-conceptual.html

TEMPUS REGIT ACTUM

El 30 de enero de 1649 Carlos I de Inglaterra fue ejecutado como reo de traición tras varios años de creciente conflicto con el Parlamento, que trataba de oponerse al absolutismo del monarca negándole la financiación que el soberano solicitaba, mientras éste se empeñaba en continuar avasallando a la cámara de representantes. El 1 de septiembre de 1789 Luis XVI se dejó la cabeza en la guillotina, como respuesta de una nación empobrecida y desesperada ante los abusos de un monarca absolutista, que no dudó en pedir la ayuda del ejército prusiano contra su propio pueblo cuando vio peligrar el trono. Probablemente estos sangrientos hechos contribuyeron a grabar a fuego en los genes de las sucesivas generaciones de ingleses y franceses que cualquier poder humano tiene sus límites, y que cuando se los salta, responde. Pienso que a nosotros, para graduarnos como nación moderna, aún nos falta una revolución que también nos demuestre que el poder responde.

Lo primero que tendríamos que tener claro es si estamos realmente convencidos de que el poder político se lo prestamos a los gobernantes y que éstos tienen que rendir cuentas de lo que hacen con él, más allá de las meras declaraciones de los textos legales. Mi planteamiento dubitativo surge a raíz de los muchos votos recibidos por el PP, que parece obtener más apoyo electoral precisamente donde más se pone en tela de juicio el comportamiento de sus dirigentes. En cuanto al PSOE, ¿qué se puede decir de su respuesta interna ante el último batacazo electoral, eludiendo un congreso o unas primarias y designando a dedo a su candidato a las próximas generales? El PSOE me recuerda mucho a una historia que me contaron sobre un individuo que, en la terraza de una cafetería, pidió un café vienes. El camarero, muy joven y probablemente eventual para el verano, le preguntó que qué era aquéllo, a lo que el cliente respondió que el café vienés es como el irlandés, pero sin whisky, y aprovechó para aclarar que quería el café descafeinado. Quizás eso ya fue demasiado para el bisoño mozo, que ya no pudo reprimirse más y, mirando con guasa al cliente le soltó: “Oye, ¿tú fumas porros?” Pues eso, para mí el PSOE es algo así como un café irlandés sin whisky, con el café descafeinado, la nata baja en calorías y, además, endulzado con sacarina; no sé yo si estarán para muchas revoluciones. Aparentemente este partido ha sido bastante castigado por sus habituales votantes, pero qué hará el electorado de izquierdas a partir de ahora no deja de ser una incógnita. En cualquier caso, si hay verdadera voluntad de un cambio profundo no tengo duda de que ésta tendrá que expresarse y sostenerse desde “la calle”; no me parece que los partidos vayan a cambiar por propia iniciativa las ofertas habituales en sus catálogos.

Entonces, si una voluntad general de regeneración política se hace patente, el siguiente paso sería dejar claro al poder que eso es lo que queremos; la cuestión es cómo. Aquí me parece oportuno traer a colación un viejo aforismo jurídico que reza: “tempus regit actum”, es decir, aun en los casos excepcionales en que el contenido de un acto esté regido por una norma del pasado, su forma debe adecuarse a lo dispuesto en las reglas en vigor en el presente. Que yo recuerde, en España nunca hemos ejecutado a un rey y, afortunadamente, ya no es tiempo histórico de hacerlo. Entonces, ¿cómo llevar a cabo esa revolución pendiente que es como un fantasma del pasado que nos persigue exigiendo redención? En la actualidad, ¿cómo se demuestra al poder que de ahora en adelante se le va a exigir una responsabilidad efectiva por sus decisiones?

Hace casi medio siglo Eric Berne puso de manifiesto la dinámica de los juegos psicológicos en que a menudo todos nos embarcamos sin darnos cuenta. En ellos, dos o más personas van asumiendo sucesivamente el papel de perseguidor, víctima y salvador, en una carrera en círculo que sólo se detiene si alguien interviene desde fuera, o mediante una toma de conciencia por parte de los jugadores. Tal vez ésa sea una de las razones del fracaso histórico de todos los sistemas políticos estatalistas, porque de un modo u otro éstos fueron establecidos contra algo o contra alguien, o ambas cosas a la vez. De ser así, también podríamos encontrar aquí la razón del triunfo del capitalismo. En efecto, si bien se piensa, en realidad este sistema no se dirige específicamente contra nadie. Lo que sucede es que, en sus formas más descarnadas, simplemente ignora por completo a aquellos individuos que constituyen un simple instrumento a su servicio. Pero la reacción de alguien a quien se ignora suele ser buscar la aceptación, para lo cual a menudo pasa a su vez a ignorar a otros. En definitiva, el objetivo secreto o explícito del ignorado es, en muchos casos, tener la fortuna de ser absorbido por el sistema, y así éste tiende a perpetuarse sin cambios, o a restablecerse tal cual una vez superada cualquier conmoción traumática.

Seguramente, la alternativa más constructiva a esta clase de juegos de perseguidores y víctimas, tan habituales a grande y pequeña escala, es tratar de plantear las relaciones personales, laborales y políticas en clave de: “yo gano, tú ganas”. A mi juicio, de aquí se pueden extraer al menos dos conclusiones: La primera es que la regeneración política habría de centrarse más en la forma en que el poder debe tomar las decisiones, y en el control de su ejecución, que en el contenido de éstas; así, procurando no decantarse por opciones políticas muy específicas, es más difícil que cualquier sector quede fuera del proceso de cambio. Desde este punto de vista, en las manifestaciones de “indignados” creo que sobran, por ejemplo, las banderas republicanas (con toda la simpatía que me inspiran); desde luego, no creo que ahora mismo haya un sentimiento generalizado a favor de tal giro, y menos de su urgencia. La segunda es que deberíamos huir como del fuego de la tentación de tratar de hacer reformas a la contra: contra los bancos, contra los burgueses, contra los políticos; otra cosa es hacer por colocar a estos últimos, y con ellos al conjunto de la ciudadanía, en su sitio.

Para concluir estas ideas introductorias, si tratamos de ser constructivos, probablemente no esté de más reflexionar que ese “yo gano, tú ganas” no sólo se proyecta en un “deber ser”, sino que ya está, de hecho, en la base de cualquier organización social (aunque no con todo el alcance que sería deseable). Es decir, como contrapunto a las tendencias individualistas a ultranza, vendría bien tomar conciencia de cuánto nos reporta a todos y cada uno nuestra relación con la sociedad a la que pertenecemos: llevándolo al extremo, creo que ningún emprendedor ni ningún líder sería más que un homínido que dirige a sus huestes bramando y enarbolando un fémur, si no se hubiera apoyado en los medios creados por la colectividad para cultivar sus virtudes personales y materializar su potencialidad. Por lo tanto, de la realidad de ese “yo gano, tú ganas” pueden extraerse de forma natural planteamientos sobre la justicia distributiva y, en particular, sobre el reparto de los riesgos derivados de la actividad política y económica. Ya decía Steven Covey, uno de los actuales gurús del “coaching”, que la clave para que una empresa funcione correctamente, y además pueda mantener un nivel de desempeño satisfactorio de forma continuada, es que los jefes sólo obtengan incentivos si también los obtienen los empleados que están bajo su responsabilidad. Y sin duda ese planteamiento podría hacerse extensivo a colectividades tan amplias como queramos.

A partir de lo anterior quisiera esbozar algunas sugerencias para concretar esa supuesta voluntad de regeneración política. Me gustaría que pudieran inspirar a otros a depurarlas y a desarrollarlas y, de esa forma, contribuir a que surjan proyectos capaces de convertirse en actuaciones, aunque tales proyectos acaben tan alejados de estas ideas como el último mensaje del primero en el juego de “el teléfono descacharrado”:

1) Reforma de la ley electoral. Creo que es casi unánime el deseo de modificar radicalmente la ley electoral para que el voto minoritario esté debidamente representado. Actualmente cada uno de los dos partidos mayoritarios sabe casi seguro que sólo es cuestión de esperar ocho años para que le toque su ciclo de gobierno. De esta forma ninguno de ellos tiene que arriesgarse a interpretar la voluntad de la ciudadanía y a traducirla en propuestas electorales novedosas. Por eso, sin negar del todo la representatividad de los actuales representantes electos, pienso que no es irrazonable matizarla, porque sólo podemos elegir en función de lo que nos ofrecen, y en la práctica no tenemos ningún control sobre tal oferta política que, de forma machacona, viene a ser siempre la misma.

2) Democracia participativa. Me gusta la propuesta de la acampada de Málaga: reducir el número de firmas necesarias para promover la iniciativa legislativa popular y hacerla extensiva a todas las materias, sin limitaciones (aunque el número de firmas requeridas podría reforzarse en caso de materias cualificadas). Añado que, en caso de prosperar la iniciativa, al grupo proponente debería dársele voz (aunque no voto, claro) para defenderla en la correspondiente cámara de representantes en un debate público. De esta forma, aunque la iniciativa no prosperase, al menos todos podríamos valorar las distintas posiciones mantenidas y la negativa del poder político a llevarla a cabo… y decidir la próxima vez a quién votamos.

3) Eliminación de los privilegios de la clase política. De la supresión de las pensiones vitalicias poco se puede decir, porque es que cae de su peso. En mi opinión, también deberían rebajarse los sueldos de los políticos, siempre en el marco retributivo de un trabajador al que se supone un nivel de cualificación y dedicación alto. Sé que esto es discutible, pero a mí me parece una barbaridad que, por ejemplo, los Presidentes del Congreso y del Senado cobren en torno a nueve mil euros mensuales. Con esa medida se conseguiría, entre otras cosas, atraer a políticos vocacionales, no a personas para las que el dinero asociado al cargo (que en muchos casos ya les sobra por otro lado) es un broche más con que vestir su ambición. Se me puede objetar, como he escuchado otras veces, que disminuyendo las retribuciones no se logra atraer a la política a individuos brillantes. Pero es que de hecho ahora cobran mucho y tampoco lo son. Además, pongo la mano en el fuego de que la gente corriente no queremos que nos dirijan fenómenos de los negocios, sino personas con cierta sensibilidad y con deseo de mejorar las condiciones de vida de sus conciudadanos. Dentro de este apartado, también debería haber un control estricto del patrimonio de los servidores de la cosa pública, empezando por el Rey, que es el primero de ellos. Una total transparencia y control parlamentario de las finanzas de la Casa Real tendría un impacto psicológico importantísimo para afirmar la idea de que todo poder humano ha de responder, y además es una alternativa moderna, respetuosa y limpia a la polvorienta idea de guillotinar al Rey en una plaza pública. En este punto estoy completamente seguro de que al menos una persona, si me leyera, se mostraría de acuerdo conmigo: el monarca.

4) Responsabilidad civil de los gobernantes. Bromas más o menos irreverentes al margen, es evidente que ya no es momento de guillotinar a nadie. Por otra parte, las exigencias del Estado de Derecho han reducido el Derecho penal tan sólo a un último recurso del Estado frente las conductas más antisociales. Eso, junto con el principio de tipicidad, el derecho a la presunción de inocencia, el principio “in dubio pro reo” y la inmunidad parlamentaria, hacen prácticamente imposible, y en la mayoría de los casos creo que indeseable, someter a la sanción penal algo que puede ser tan difuso en su intencionalidad y consecuencias como los actos políticos. Pero, ¿y la responsabilidad civil? Nada impide que un gobernante pueda responder civilmente (esto es, indemnizando) del daño causado a otros con sus decisiones, y esa responsabilidad civil es mucho menos exigente en cuanto a sus requisitos que la responsabilidad penal; creo que en este sentido merecería la pena estudiar el caso de Islandia. Para asegurar la efectividad de esa responsabilidad, la ley podría obligar a los principales bancos a avalar hasta cierta cuantía a las personas con determinado nivel de responsabilidad de gobierno. Hasta tiempos relativamente recientes, regía el sistema electoral de sufragio censitario, es decir, se otorgaba valor a cada voto en función del nivel de rentas del votante. Desde antiguo (creo recordar que esto ya aparece en textos de Cicerón) se intentaba justificar este criterio en virtud del razonamiento de que deben tener más poder de decisión quienes más intereses económicos ponen en juego en la marcha de los asuntos públicos. Quizás es hora de darle la vuelta del todo a ese argumento: los bancos siempre ganan, más o menos, pero siempre ganan mucho, vayan las cosas como vayan. Por eso deberían asumir una mayor porción del riesgo que comportan las consecuencias de las decisiones políticas. De paso, la obligación de los grandes bancos de prestar aval a los gobernantes serviría de indicación a los jueces de que, si se cumplen rigurosamente los requisitos legales, nada ni nadie les impide exigir al poder que compense en lo posible el daño que ha hecho. Por supuesto, si los avales bancarios fueran ejecutados en un supuesto semejante, lo primero que harían los avalistas sería perseguir los bienes personales del gobernante, por lo que éste acabaría respondiendo de su incorrecta gestión.

5) Equilibrio entre beneficios y riesgos en las relaciones laborales. Se acusa a varios gobiernos, en especial a los de España, Portugal y Grecia, de no haber previsto y, después, valorado correctamente el alcance de la crisis, y probablemente haya parte de razón en esa crítica. Pero, por otra parte, si la crisis era tan fácilmente adivinable, ¿qué decir de tantas sociedades que han venido repartiendo dividendos fastuosos durante la época de vacas gordas? Siguiendo la misma lógica hasta sus últimas consecuencias, habría que concluir que muchos empresarios han estado descapitalizando a sus empresas por negligencia o por mala fe ante la evidencia de una crisis inminente. Parto de la base de que el empresario debe tener el control de la organización productiva y debe ganar más que sus trabajadores, porque para eso corre con el riesgo empresarial. Ahora bien, la situación que estamos viviendo nos enseña, entre otras cosas, que el trabajador también acaba compartiendo, de hecho, el riesgo empresarial (ojalá estos tiempos nos ayuden a todos, cuando menos, a matizar nuestras posturas y a hacerlas más realistas). La idea de ligar parte del salario a la productividad tiene una base de justicia y puede ser un incentivo, pero para lograr que todos salgan ganando en las relaciones laborales, me parece indicado ligar también la distribución de dividendos por parte de la empresa a una serie de indicadores diseñados para medir la calidad de las relaciones laborales, y también exigir la creación de un fondo de contingencias sociales capaz de servir de parachoques en caso de necesidad.

Por último, creo que el esfuerzo de todos los grupos de “indignados” sería muy útil para el cambio si se centrara en unas pocas propuestas concretas y se marcara como objetivo que alguno de los partidos con más apoyo las incluyera en su programa electoral. De no ser así, quizás la mejor respuesta sería promover el voto nulo en las próximas elecciones, mediante algún mensaje específico escrito en la papeleta. En mi opinión, la idea de convocar una huelga general en otoño podría resultar suicida para el movimiento, entre otras cosas porque cualquiera puede pensar que, para colectivos que en gran parte aglutinan parados, resulta muy fácil pedir a otros que se compliquen aún más las cosas en sus puestos de trabajo mediante una propuesta como la huelga, sin ponerse en su lugar.

Los colectivos de “indignados” han venido demostrando hasta ahora una iniciativa y una capacidad de auto-organización como no se ha visto desde hace muchos años en el ruedo político ibérico. Éste puede ser el momento de hacer ver al poder quién manda. Si el resultado es que, al final, siguen mandando los políticos, bien por falta de voluntad o de capacidad de los ciudadanos para cambiar las cosas, al menos descansemos de una vez en la aceptación de que tenemos lo que queremos o lo que nos merecemos.

Foto: nomegustamessi.blogspot.com


Una frase:

"El tiempo es lo que impide que todo suceda de golpe."

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