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EL HOMBRE QUE VENDIÓ EL COCHE PARA COMPRAR GASOLINA

Dicen que la biografía de cualquier colectivo humano se puede leer en la arquitectura que ha ido produciendo a lo largo del tiempo. En algunos casos, esa biografía se escribe a zarpazos. WP_20141020_004

Para muestra un botón. Lo que se ve en la imagen es el aborto de una biblioteca de la que iba a dotarse a un barrio bastante joven con necesidades educativas crecientes, en un municipio de la Comunidad de Madrid.

Hace ya unos años, con las obras casi terminadas, el Ayuntamiento de turno detuvo el proyecto, supongo que por falta de presupuesto, y dejó las instalaciones así, protegidas por unas rejas metálicas y por un coche de policía que, de vez en cuando, se instala a su vera al anochecer, como una patrulla costera vigilando los restos de un naufragio. Luego vinieron la crisis y los recortes y la biblioteca nunca llegó a levantar cabeza.

Es conocido que, faltas de mantenimiento, el deterioro natural de las infraestructuras progresa de forma exponencial, no digamos cuando algún alma caritativa les “echa una mano” en su trayecto a la ruina. Lógicamente, lo anterior se traduce en unos gastos de rehabilitación cada vez mayores, si alguna vez llega el caso.

Esto puede dar una idea del trato recibido por la biblioteca nonata a lo largo de este tiempo.

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No nos gastamos por estos lares unos niveles de educación como para matar de envidia al orbe, y a unos dos kilómetros de allí había ya un par de bibliotecas que funcionaban bien, pero alguien prefirió no invertir recursos públicos en calidad de enseñanza, a cambio, eso sí, de no tener tampoco una nueva biblioteca.

No sé si lo sucedido en el microcosmos de este municipio encaja más como alegoría de una España desbocada de vendedores de humo y reyezuelos faraónicos o como gag surrealista, pero en cualquier caso me recuerda mucho a la historia del hombre que vendió el coche para comprar gasolina.

Supongo que algún día el edificio se rehabilitará (curioso término para aquello que nunca ha llegado a ser “hábil”) y servirá para algo. Espero que, ya entonces, todo el mundo tenga claro que es preferible dedicar esfuerzos a mejorar el nivel de nuestra educación que a seguir inaugurando mamotretos en cualquier palmo desocupado de tierra. Como dice la Federación de Enseñantes Belga, “si la educación te parece cara, prueba con la ignorancia”. A ver si por fin los que deciden escuchan antes.

Entretanto, puestos a buscarle un fin educativo a los restos del naufragio de la biblioteca, quiero pensar que quedarán como icono fantasmal de una España de fantasmones y como aviso de que los que vienen detrás tienen derecho a no vivir en un país semi-esclavo del turismo, de la construcción y de quienes los manejan.

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Parece ser que, por si fuera poco, todos los fondos de la malhadada biblioteca ya están catalogados y arrumbados en alguna parte, a la espera de que alguien les dé un lugar en este mundo.

Con un poco de suerte, si es que algún año de estos sale a la luz, buena parte de dicho material ya estará obsoleto. Entonces los bibliotecarios tendrán que volver a trabajar para descatalogarlo y, como suelen hacer en esos casos, ponerlo a disposición del público, a ver si poco a poco la gente se va llevando los fondos descartados, ya que cada centímetro cúbico de biblioteca ocupado en balde supone un coste logístico inútil.

Se trata de un corolario del lamentable episodio de la biblioteca fantasma que yo desconocía hasta ahora. La guinda de este gran éxito de gestión, vamos. A menos, claro está, que esta vez las ratas vengan en auxilio del hombre y nos libren definitivamente de ese problema añadido.

 

 

 

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HISTORIAS CON INTENCIÓN: CRASO

Anterior: Solón https://escritodesdelastripas.wordpress.com/2012/06/13/historias-con-intencion-solon/

Marco Licinio Craso (ca. 115 a. C. – Junio de 53 a. C) fue un relevante aristócrata, general y político  romano de la era tardorepublicana, más conocido como Craso el Triunviro, por las razones que veremos inmediatamente.

La importancia de Craso en la Historia proviene, sobre todo, del apoyo financiero y político que brindó al joven y empobrecido Julio César, apoyo que permitió a éste embarcarse en su propia carrera política. Llegó a un pacto secreto con César y Pompeyo, el llamado Primer Triunvirato, para hacerse con el poder en Roma.

Su riqueza provenía de los bienes raíces y el “alquiler inmobiliario” y, como curiosidad histórica, se le atribuye el mérito de haber sido el organizador del primer servicio contra incendios de Roma. Los bomberos estaban dirigidos por Craso, que no daba orden de apagar el fuego si el dueño del edificio en llamas no se lo vendía a precio de saldo en ese mismo instante. Así, los infortunados preferían asegurarse un poco de dinero en el acto, antes que transformarse en propietarios de unos restos calcinados. Para asegurar que sus bomberos tuvieran siempre trabajo, se sospecha que Craso también organizó las primeras brigadas de “incendiarios” de las que se tiene referencias en la Historia. Este ejemplo de iniciativa y sagacidad comercial demuestra a las claras, mal que les pese a ese puñado de progres rabiosos que aún alborotan nuestras calles de cuando en cuando, que la mejor forma de gestionar los intereses comunes de manera eficaz es a través de la iniciativa privada guiada por el ánimo de lucro.

A pesar de su proverbial riqueza, Craso ansiaba la gloria militar, pero más que nada por afán de justicia distributiva. Sí, he dicho “distributiva”, pero no se me asusten, no hablamos de “justicia distributiva” en el sentido engañoso que da a esa expresión el populacho, no. Craso era consciente de que cualquiera que alcanza el éxito lo hace subido a hombros de otros, pasados y presentes, pero ni se le pasaba por la cabeza devolver parte de lo recibido a la llamada “sociedad”, ese concepto tan informe y maloliente como la chusma que se identifica con ella. Tal “distribución” hubiera sido una injusticia porque la chusma, obviamente, no merece nada, si no no sería chusma, sino que se contaría entre los de “buena estirpe” por obra y gracia de la selección natural. No, Craso, desde la cima de la gloria, decidió tomar las armas para compartir esa gloria con su patria, concepto este último que, a diferencia del tan manido de “sociedad”, sí que está transido de coherencia y solidez pues, como es bien sabido, la patria es ese ente sublime que se engrandece y brilla tanto más cuanto más sufren y encogen los que la integran.

En fin, que nuestro prohombre, guiado por tan noble propósito, se distinguió en el mando del ala derecha del ejército de Sila en la batalla de la Puerta Colina, aplastó la revuelta de los esclavos liderada por Espartaco – ¡eso es olfato para los negocios, pensar en los beneficios de la Universal Pictures a 2.000 años vista! – y, finalmente, se puso al frente de una campaña contra los partos en la que, por desgracia, encontró la muerte junto a su hijo y varias legiones en la batalla de Carras.

¡Qué animales! No cabe duda de que esos partos eran unos bárbaros incapaces de entender las nuevas ideas ni de respetar la meritocracia.

 

Fuente: Wikipedia


Una frase:

"El tiempo es lo que impide que todo suceda de golpe."

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