REFLEXIÓN

¿Y si no somos más que dos espejos mirándose, que se devuelven constantemente una imagen sin referente real, hasta que ésta se desvanece?

v. https://escritodesdelastripas.wordpress.com/2019/09/13/sarao/

 

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SARAO

Igual que una flecha quiebra la imagen reflejada en un espejo, aquella noche algo parecido a un soplo de frío rompió el paréntesis en que me había sumido entre el frescor de los jardines, la música relajante y la buena comida.

Me volví hacia mi amigo, que me acompañaba en aquel sarao lúdico-profesional al que asistíamos y le espeté – De repente he comenzado a sentirme como un quiste dentro de este grupo de personas.

–  Claro – me contestó, con el tono sentencioso con que se enuncia cualquier verdad científica sólidamente establecida desde hace siglos – la mayoría son pijos y nosotros no.

– A ver, a ver, ¿a qué llamas ser pijo? – Mi amigo estaba considerado como una persona más bien cerebral y poco empática por quienes lo conocían superficialmente, pero lo cierto es que su forma de ayudar a los demás consistía a menudo en facilitarles una mayor claridad de ideas, ayudándolos a precisar conceptos, igual que un coleccionista ensarta mariposas en un cartón.

– El pijo se caracteriza porque todos los aspectos de su existencia, desde los profesionales a los más personales, se aglutinan en torno a un objetivo muy claro: hacerse con determinados signos de identidad, que comprenden desde el coche que conducen hasta los apellidos de su pareja, pasando por el colegio de sus hijos e incluso el número de ellos. Y ojo, no se trata sólo de ganar mucho; tan importante como lo material es la forma de hablar o de moverse. No se es pijo si los demás te ven como un “parvenu”. Las maneras del pijo suelen ser amistosas, mostrando su sonrisa como la respuesta lógica a una vida que les sonríe, pero un poco sobreactuadas, como para dejar claro que, aunque trata a todos como si fueran sus iguales, su pijería es el resultado de una concienzuda preparación que arranca desde la cuna.

– Ya y, según tú, ¿qué buscan en todos esos signos?

– Demostrarse que son pijos – afirmó contundente con la boca aún llena, mientras se limpiaba los dedos con una servilleta de papel-. Ser pijo es el sentido de la existencia de un pijo.

– ¿Quieres decir que “ser” es totalmente equivalente a acumular los signos externos propios de lo que se quiere ser? ¿Cómo el dibujo de la mano que dibuja otra mano, que a su vez dibuja a la primera…?

– ¿De qué te sorprendes? Le pasa a todo el mundo. Mira a los neoliberales.

– Nuevamente te apoyas en etiquetas que no sé si significan algo mínimamente concreto.

– ¿No te parece que quizás esas etiquetas a las que tenemos que recurrir para hablar de las “tribus urbanas” del momento son sólo un síntoma más del vacío del “ser” que tú mismo acabas de mencionar?

Lo que te decía, los neoliberales defienden, generalmente, a veces hasta con arrogancia, un orden de cosas que favorezca al que ya tiene una posición ventajosa de por sí. ¿Por qué? Porque la teoría es que quien, apoyado en la iniciativa privada y pasado por el crisol de la competencia, ha adquirido esas ventajas, es porque es “mejor” que los demás, luego tiene derecho a conseguir más aún.

En la práctica, ¿qué más da si la iniciativa privada – y remarcó esta palabra con un tono de ironía – se apoya en influencias de amiguetes con mando en plaza? ¿Y qué importa si el estado tiene que acabar interviniendo para rescatar a esos intereses privados? Ese aparente fracaso también es un triunfo neoliberal, porque sirve para demostrar dos cosas – dijo mi amigo extendiendo sucesivamente los dedos índice y medio con la palma de la mano vuelta hacia sí, mientras oteaba los movimientos de las bandejas de catering – “a”, que la culpa de lo ocurrido la tiene el estado por no ser más radicalmente liberal y “b”, que sus intereses particulares son rescatados por lo importantes que son, a su vez, para la economía nacional; es decir, el rescate no es una contradicción con sus propios planteamientos, sino tan sólo una evidencia más de que ellos merecen ser rescatados, porque son los mejores.

En definitiva, como en la fábula del rey desnudo, el neoliberal funciona sobre la base de que, sólo por defender el mayor derecho de los “mejores” en cierta escala de valores, uno ya es de esos mejores. Aquí nuevamente, el hacer profesión de neoliberalismo sirve fundamentalmente para tener la satisfacción de “ser” neoliberal.

– Ok, así que otra vez navegando en círculo. Y ya por curiosidad, ¿has reservado alguna munición para los “progres” dentro de tu bestiario?

Con una expresión de alegría al ver acercarse a un joven con otra bandeja, mi amigo prosiguió-  El progre vive en un universo de conceptos muy abiertos y muy connotados.  El uso de conceptos con connotaciones negativas, como “oligarquía”, “poderes fácticos”, “la reacción”, “privilegiados”, “imperialismo”…  ahorra muchísimo esfuerzo intelectual a la hora de delimitar los problemas y apela, casi como un acto reflejo, a otros conceptos, también muy abiertos, pero sentimentalmente opuestos. Ahora está muy en boga lo diverso, lo inclusivo, la transversal y, sobre todo, lo femenino como respuesta a cualquier conflicto. Tanto que, si en vez de “abuso” decimos que se ha cometido una “abusa”, parece que ya estamos haciendo algo para luchar por la víctima – dijo intentando intensificar el efecto de la ironía con una expresión hierática, pero sin poder evitar un destello afilado en su mirada, acentuado por los puntos luminosos que el reflejo de las luces del jardín formaba en sus gafas.

–  Y con todo eso, ¿qué?

– Hombre, uno puede pasar toda la vida entre elevados conceptos incapaces de materializarse ni, por tanto, de ponerse a prueba. Es un poco como la historia de aquel individuo al que se acusaba de enriquecerse a costa de los errores ajenos…

– No me suena, ¿qué le pasaba?

– Pues que era fabricante de gomas de borrar. ¿No ves que ahí el significante es mil veces más potente que el significado? Pues aquí pasa lo mismo, para el progre vivir recreando el paraíso es vivir en el paraíso; el significante es tan fuerte que puede rellenar cualquier vacío de signficado.

En definitiva, ahora que ya no hay héroes, ni cajas de resistencia para aguantar las huelgas, que los defensores del obrero no sólo no van a la cárcel, sino que están subvencionados e incluso puede que se sienten en algún consejo de administración, y que Marx es sólo una momia polvorienta a la que resulta hasta de mal gusto mentar, el verdadero apóstol del progresismo no es otro que Barrie.

– ¿Barrie? ¿Qué Barrie?

– James Mathew Barrie, el creador de Peter Pan – dijo sin poder evitar esta vez una franca carcajada.

– Bueno, pues tus reflexiones me tranquilizan.

– ¿Por qué?

– Hombre, porque si eso es así, debemos de haber logrado el mejor de los mundos posibles, cuando parece que sólo tenemos hambre de signos y más signos. Si nos estuviéramos comiendo los mocos, verías como no teníamos ni tiempo ni ganas de vivir mirándonos al espejo en un mundo hecho de castillos de fuegos artificiales y de gilipolleces.

Entonces la expresión de mi amigo cambió tan bruscamente que me desconcertó, incapaz de relacionarlo con lo que le acababa de decir, hasta que seguí su mirada y tomé conciencia de que las conversaciones se habían silenciado a nuestro alrededor, de que todos los asistentes al sarao nos miraban arrugando un poco la nariz y alzando la cabeza, como si estuvieran oliendo una mierda de perro, y de que por en medio de ellos se abrían paso a grandes zancadas dos miembros del personal de seguridad del recinto, que estaban cada vez más cerca de nosotros.

 

 

 

 

 

REFLEXIÓN

pensador

Cumplir años es tomar conciencia de la limitación del tiempo compartido.

TRAGEDIA

Esperé a que el camarero se alejara de la mesa y empecé a hablar, no por discreción, sino por apuro; siempre he pensado que los camareros deben de sentirse muy incómodos cuando sus clientes empiezan a hablar sin dirigirse a ellos, como si estuvieran en presencia de un mueble – El otro día estuve en un espectáculo de improvisación que me encantó. Los actores lanzaban una pelota al público y, a quien le caía, le hacían unas cuantas preguntas sencillas sobre su vida y su carácter y los de sus acompañantes y, acto seguido, utilizando esos elementos, representaban una supuesta escena de la vida en común de esas personas, pero de un modo completamente esperpéntico, dislocado… -.

Mi amigo se acarició la barbilla en silencio unos instantes, que aproveché para beber un sorbo, y, al bajar el fondo del vaso, tuve la sensación de que la cabeza de éste emergía atravesando la superficie del líquido, como si saliera de la profundidad de sus propias reflexiones. Para mí, iniciar una conversación trivial con él solía ser como dejar caer una ramita en la superficie de un riachuelo; a menudo el pequeño trozo de madera avanza casi con dificultad bordeando la orilla para, de pronto, arrancar como una exhalación, capturado por el largo brazo de un remolino.

– Eso que dices me recuerda a algo – contestó él mirando a través de mí, mucho más allá de donde yo estaba -. Hace poco he visitado en el hospital a un anciano bastante irritante al que conozco desde hace años. Debido a la medicación que le daban y a la propia desorientación producida por el ingreso, se pasó toda la tarde delirando. Pero lo curioso es que su discurso delirante no era mucho más “delirio” que su discurso habitual, sólo un poco más exagerado: victimismo, desconfianza, exigencia, acritud, reproches… Lo mismo de siempre, sólo que llevado a un grado que resultaba tragicómico, porque su ruptura con la lógica más elemental había convertido aquella situación hospitalaria, bastante lamentable, pero muy anodina, en una auténtica película de 007, con secuestro, espionaje, conspiración y traiciones, todo incluido. La cuestión es – continuó, con la mirada un poco iluminada tras los cristales de sus gafas – ¿no podría existir una terapia basada en actores, como los que tú dices, dirigidos por un psicólogo, que pudieran representar nuestra conducta cotidiana, pero de un modo tan desaforado que no tengamos más remedio que tomar conciencia de que muchos de nuestros procesos mentales habituales no son más que delirios y comprender a qué extremos podemos llegar si no cambiamos de rumbo?

– Enhorabuena – fingí aplaudir-,¡acabas de inventar la tragedia griega!

– ¿La tragedia griega…?

– Sí, hombre, la catarsis que, según dicen, se buscaba con la representación de las tragedias. Bueno, salvo que eso era una “terapia de grupo”, y tú pareces querer convertirlo en una terapia individual. Mejor para el psicólogo, que se embolsará más dinero aún.

– Te advierto una cosa – continuó con su aire reflexivo, sin recoger el sarcasmo -, las palabras y los conceptos se desgastan con el uso como las piedras de río. Fíjate, si no, en la palabra “objeto”. Viene del latín “obiectus”, formada por “ob” (sobre) y “iacere” (arrojar). Un objeto viene a ser algo que lanza una avalancha de estímulos sobre nosotros, que alimentan a nuestros sentidos; de esa forma es como tomamos conciencia de aquél. Yo me lo imagino como un volcán, o como un trozo de material radiactivo, fosforescente, lanzándonos con violencia toda clase de rayos de alta energía. Y, sin embargo, fíjate hoy: “un objeto decorativo”, “un objeto sin valor”, “un objeto de culto”, “un objeto extraviado”… El significado tan potente de la palabra “objeto” ha quedado oculto bajo la pintura, muchas veces de brocha gorda, de los calificativos que le atribuimos, que quedan en primer plano.

– Ya. ¿Y eso qué tiene que ver?

– Pues que, a veces, reinventar algo y traer al presente un poco de su energía original, cuando ésta se ha perdido en el tiempo, puede ser casi tan valioso como el hecho de inventarlo. ¿No crees?

– Pues sí, la verdad es que, mirado así, tienes toda la razón. Y por eso te voy a proponer ahora mismo tu siguiente misión.

– ¿¿¿Cuál…???

– Reinventar la democracia.

EL BUEN SECRETARIO

(A un amigo, antes que compañero)

 

Contempla el buen Secretario

el acta cual relicario,

el acta contempla y mira

que no contenga mentira.

 

Recibió su nombramiento

medio loco de contento.

Aceptó tan alto honor

como una muestra de amor

y trémulo por la emoción

cumplió con su obligación.

 

Ha de dejar su actual puesto,

mas no descompone el gesto.

Sube por las escaleras

Donde el éxito le espera.

Llega hasta la planta noble

¡quizá su sueldo le doblen!

Le asignan un gran despacho

y lo ocupa sin empacho

(él merece enorme sala,

no es hombre de pico y pala)

y le instalan “Internés”

para que siga el “procés”

y porque ha de tener correo

para mover papeleo

y si lees “Querido amigo”

es que un marrón te ha caído

o que él se quita de en medio

de algo que produce tedio.

 

Deja atrás un gran equipo

que a todos les quita el hipo,

salvo por cierto elemento,

al que ya echó en su momento.

Él su equipo no ha olvidado

y a todos dejó encargado

que lo vengan a buscar

para ir a desayunar.

 

Su puesto tanto le gusta

que, si lo piensa, se asusta.

“Lucerna iuris” lo llaman,

sus seguidores lo aclaman.

Muestra su sabiduría

y todos en él confían,

pues mantiene su criterio

de la cuna al cementerio

y aunque vea un proyecto caer

no da su brazo a torcer.

 

Cuando el Consejo es un leño

él le pone mucho empeño;

preferiría dormitar,

mas, ¿quién se lo iba a autorizar?

Y si el asunto es complejo,

él se dejará el pellejo,

pues su puesto tanto ama,

que es como de Adán manzana.

Ser Secretario le excita

y en vacaciones se irrita

y lo toma tan en serio

que podría ser adulterio.

 

Gracias al buen Secretario

todo funciona a diario.

Su porte y su dignidad

transmiten seguridad

y su masa corporal

nos mantiene la moral,

pues cuando uno está obeso

es que nada inquieta al seso.

Por tanto si él tiene panza,

no hay peligro en lontananza.

 

Aceptad ya mi consejo,

que en esto soy perro viejo:

cachondeo a la autoridad

con versos disimulad.

 

Foto Wikipedia: Meister des Maréchal de Boucicaut

FÍSICA MODERNA MEDIEVAL

El efecto túnel

(1) El efecto túnel

(en un lado de la estancia hay una puerta y en el otro un muro…)

 

(2) El agujero negro

 

(3) La superposición de estados cuánticos

 

(1) Robert Campin – L’Annonciation -imagen Wikipedia

(2) Dieu créateur de la terre – imagen Wikipedia –

(3) Capitel exterior Sta. María del Sar (Santiago) – Imagen y palabra.         Los pecados más frecuentes en la iconografía de Castilla medieval       (siglos IX al XV). Tesis doctoral de Faustina Vila-Belda Martí.

REFLEXIÓN

Si te intimida hablar ante muchas miradas atentas, ¿puede ser conveniente ir practicando con el género de la pescadería?

 


Una frase:

"El tiempo es lo que impide que todo suceda de golpe."

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