HOSPITAL SEVERO OCHOA: DESBORDAMIENTO

Esta es la carta que una persona, cuyo padre falleció en el Hospital Universitario Severo Ochoa de Leganés hace poco más de dos meses, dirigió al Gerente del mismo, quejándose de la mala atención recibida. Sin respuesta.

Mi padre falleció el pasado domingo 12 de enero, a las 06:37 horas en la habitación 405 B del Hospital Universitario Severo Ochoa de Leganés.

Quiero poner de manifiesto mi descontento con el trato y la atención recibidos.

Centrándonos en su último día de vida,  llegué al hospital antes de las 09:00 horas de la mañana del sábado 11 a sustituir a mi hermano que había estado cuidándole toda la noche, el hedor en la habitación era manifiesto, hacía más de una hora que mi hermano había avisado para que le cambiaran porque se había hecho caca en el pañal, según la auxiliar, no podía hacerlo sola y tenía que subir un/a celador/a a ayudarla con los aseos de la mañana.

Pasó el tiempo, a las diez, mi padre seguía sin cambiar, la auxiliar estaba apuradísima, entrando de vez en cuando,  pero como el/la celador/a seguía sin subir, no podía cambiarle.

¿Qué clase de atención es esa? Un hombre que está moribundo, con una úlcera de presión en el sacro, ingresado en un hospital público y con su caca pegada al cuerpo varias horas. ¿Se imagina que quien está en esa cama es usted? ¿Le gustaría recibir ese trato?

Al poco de llegar yo al hospital, mi padre estaba intranquilo y dijo que quería vomitar, en ese momento echó por la boca un coágulo de sangre, la tarde anterior, había ocurrido lo mismo.

Llamé al enfermero, en ese momento avisó a los internistas que estaban de guardia para que subieran, estamos hablando de alrededor de las 9 y media de la mañana.

No sé cuándo fue exactamente pero en un momento dado, desde la cabecera de la cama en la que me encontraba, vi que una mujer con traje verde y chaqueta gris se acercaba a la puerta entreabierta, apoyando la espalda como para abrirla….pero se fue, pensé que alguien la habría llamado y que volvería, al ver que no, salí pero no la vi por ningún sitio.

En torno a las 12 de la mañana, tras varias veces preguntando al enfermero por qué no subían a ver a mi padre, aunque según  él ya tenían varios avisos, volví a salir a preguntarle. En ese momento, estaba en el pasillo una mujer con bata blanca a la que se dirigió el enfermero y que se identificó como la “médico de refuerzo”. Le contó la situación y me dijo que ahora iría a la habitación.

Cuando vino la “médico de refuerzo”, le auscultó, le mandó Furosemida y dijo que subiría con un internista de guardia para que le vieran.

Mi padre tenía cada vez más ruidos en el pecho, estaba decaído y a veces abría los ojos extendiendo las manos con cara de angustia. Llevaba sin comer desde el día anterior, sin tomar medicación por vía oral. Plantee a la “médico de refuerzo” la posibilidad de hidratarle o alimentarle de alguna manera a lo que me contestó que no procedía, que tenía los pulmones encharcados y que hidratarle era contraproducente.

¿Cuántas horas estuvo así? ¿Cuántos internistas de guardia había en ese momento en el Severo Ochoa?¿Tan ocupados estaban para que casi tres horas después todavía no hubiera subido ninguno?

Vuelvo a preguntar, ¿le gustaría ese trato si quien estuviera en esa cama fuera usted? ¿O prefiere el papel de familiar y experimentar los sentimientos de angustia, impotencia y abandono que pude experimentar yo  esa mañana?

Al cabo de un tiempo, la “médico de refuerzo” y la médico del traje verde y la chaqueta gris, vinieron a ver a mi padre.

Le pregunté a la médico del traje verde y la chaqueta gris por qué no había entrado hacía unas horas cuando estuvo en la puerta, la respuesta: es que estaba dormido.

¿Dormido? ¿Si un paciente está dormido no se le atiende después de llamar al  médico varias veces porque ha echado un cuajarón de sangre por la boca, tiene ruidos en el pecho y abre los ojos desesperado ?¿Se da más prioridad en ese hospital a que un paciente duerma que a tratar de paliar cuanto antes su malestar? ¿Cómo puede dar un médico esa respuesta?

Respuesta que además es falsa, y lo puedo afirmar con rotundidad y toda la seguridad del mundo, ella ni le vio, como dije antes se arrimó a la puerta de espaldas y se retiró, como si la llamaran de otro sitio o hubiese olvidado algo. Si fuera cierto, aparte de ver a mi padre, me hubiera visto a mí que estaba en la cabecera de su cama y no estaba dormida. ¡¡¡Qué falta de ética profesional, qué burla al enfermo y a su familia!!!!

Tras volver a auscultarle la “médico de refuerzo”, la otra ni se acercó, me dijeron que iban a tratar los ruidos en el pecho. Les dije que mi padre estaba muy mal, sin comer, sin recibir su medicación habitual, sin levantarse desde hacía una semana, con unos ruidos en el pecho cada vez más fuertes, abriendo los ojos de vez en cuando con cara de angustia y extendiendo las manos para apartarnos porque se estaba ahogando, que si no era posible facilitarle medidas de confort, sedarle, para que no sufriera, me contestaron que no, que la doctora de paliativos que le estaba llevando había dejado escrito en su historia el viernes que el paciente había experimentado cierta mejoría.

Dicha doctora puso una transfusión de sangre a mi padre el jueves por la mañana, el jueves por la tarde y el viernes por la mañana se le veía algo mejor, más despierto y hablando algo más, pero a partir del viernes a medio día volvió a empeorar.

Nosotros veíamos a mi padre muy mal, a lo largo de la semana planteamos  a la doctora de paliativos que en el caso de darle el alta considerábamos que no era un enfermo para estar en una residencia, que si le podrían trasladar a un hospital de paliativos. Negativa rotunda, que no, que esos hospitales son para pacientes que están en sus últimas semanas….madre mía que visión de futuro!!!! Si eso lo hablamos con ella el miércoles, el jueves y el viernes y mi padre falleció el domingo….es verdad que mi padre en los últimos once meses había estado muy grave en muchas ocasiones y siempre había remontado, por decirlo de alguna manera, porque su estado general era cada vez peor, pero esta vez era distinto, si lo veíamos los familiares, si él mismo quería irse porque no podía con más sufrimiento.

Siguiendo con el último día de mi padre, entorno a las cuatro y media o cinco, vino la enfermera y le puso un aerosol…..¿un aerosol con los ruidos que tenía en el pecho? ¿si hacía varios días que se los habían quitado?

En torno a las 18:00 horas, su nieta que estaba con él,  avisó a la enfermera de nuevo para que llamara a un médico porque veía a su abuelo respirar con mucha dificultad:

Sobre las  18:30 horas, volvió a subir la médico del traje verde y la chaqueta gris. Se le volvió a plantear la posibilidad de sedarlo porque se le veía inquieto y angustiado cuando abría los ojos. Respuesta: que no, que la referida doctora había dejado escrito que había experimentado una mejoría el viernes y que ella entraba de guardia al día siguiente y que vería al paciente.

Más tarde, sobre las 20:15 horas, cuando yo volví al hospital y vi a mi padre, le dije a la enfermera que por favor, llamara  a un médico. Curiosa respuesta, que si yo quería llamaba a los médicos pero que vamos, había estado ya por la tarde y ya le había visto. Le dije que sí, que por favor, llamara a un médico. Creo que ella, ya debería haber vuelto a insistir ante el estado del paciente.

Al cabo de un rato, volvió a subir la médico del traje verde y la chaqueta gris, pero esta vez, afortunadamente, acompañada de un médico. Ella ni se acercó a mi padre. El médico le auscultó e inmediatamente dijo que ese hombre estaba muy malito y que le iban a poner una perfusión con morfina, haloperidol, primperan y otros medicamentos para evitarle sufrir, nos advirtió que a partir de ahí podía durar horas o varios días.

¡¡POR FIN UNA PERSONA QUE ACTÚA CON  PROFESIONALIDAD, SENTIDO COMÚN Y EMPATÍA EN EL HOSPITAL SEVERO OCHOA!!

No sé exactamente a qué hora le pusieron la perfusión, quizá las 21:00 o 21:30 horas,  pero a las pocas horas, a las 06:37 del domingo, falleció con cara de paz.

Paz por la que estaré siempre agradecida al médico que vio la situación que los familiares llevábamos viendo días y tomó una decisión ante el estado del paciente para evitarle sufrimiento, sin tirar la pelota a otro tejado y que sean otros los que resuelvan. Le deseo lo mejor en su carrera profesional.

A lo largo del tiempo en el que se desarrollaron los hechos relatados arriba, experimentamos dolor, angustia, soledad, impotencia, rabia, abandono…en el Hospital Severo Ochoa y vimos a mi padre con la angustia reflejada en su rostro, en sus manos y en sus movimientos.

Por favor, que no ocurran situaciones similares en el futuro, sean profesionales y practiquen la empatía. Si no están dispuestos, es una pena…se han equivocado de profesión!!!!!!

Y recuerden, sus pacientes son seres humanos al igual que lo son ustedes.

Hace años que el vaso de la sanidad pública se arrastra al límite del desbordamiento. ¿Qué consecuencias cabía esperar si, de repente, se producía una sobrecarga importante del mismo?

Vivíamos en la base de un volcán apartando la vista del cráter. Icod de los Vinos es un bonito pueblo al pie del Teide, pero al menos el Teide está tan monitorizado como debería tener derecho a estarlo cualquier paciente en un hospital.

Ahora es fácil salir cada día a la ventana a aplaudir a los profesionales sanitarios, entre ellos a los muchos que desde hace años encadenan (o viven encadenados a) contratos consecutivos de tres meses de duración, pero hubiera sido mejor para todos haber “aplaudido” al sistema público de salud hace tiempo y de otra manera más efectiva.

Eso sí, aunque desgraciadamente ya sea tarde para muchos, nada nos impide cambiar de rumbo y, entre otras medidas, seguir aplaudiendo a los sanitarios mediante la regularización inmediata de sus indignas condiciones de trabajo.

Hay ámbitos en los que la limitación del déficit público es una excusa patética, cuando no criminal y, por si todo eso fuera poco, antieconómica.

Con razón dice un viejo refrán que “lo que no va en lágrimas va en suspiros” y con no menos razón dice otro que “lo barato sale caro”.

 

Foto: desbordamiento del Manzanares en 1947. Crédito flickr

MEDIOCRIDAD

–  La verdad es que uno no vale para nada; ni música, ni poesía, ni pintura, ni prosa, ni ciencias, ni derecho…

– Pues yo estoy bastante satisfecho. En nuestra mediocridad cumplimos una función crucial: somos átomos no fisibles e impedimos que esa especie de reactor nuclear que es cualquier comunidad de simios feroces cubiertos de telas se transforme en una bomba atómica. O, si prefieres un símil menos prosáico, la mayoría parecemos seres sin voz y a veces ocupamos el espacio insignificante del insecto que vive en una grieta, pero porque somos el silencio que hay entre el final de cada nota y el principio de la siguiente; lo único capaz de dar a cada una de ellas su propio relieve e inyectar ritmo en la música.

– ¡Genial! ¡Bravo por la industria del libro de autoayuda! Plas, plas, plas, plas, aplausos. Pero no creo que eso quite a nadie mínimamente despierto el peso de la conciencia de su vulgaridad.

– Ni falta que hace; mira a Mozart.

– He oído Mozart, ¿no?

– Sí, el decía, al menos por boca de Tom Hulce* “yo soy una persona vulgar, aunque mi música no lo sea”.

Por cierto, sé que también es bastante vulgar apoyarme en un diálogo de película, sobre todo siendo de Hollywood, pero es que, aunque ya voy entrando en años, nunca llegué a conocer al músico en persona. Y esa es otra “sombra” que comparto con muchísima gente.

 

*https://www.lavanguardia.com/cultura/20180604/443979282040/tom-hulce-mozart-amadeus.html

FILÓSOFOS

– ¡Abuelo! ¿Qué tal va esa vida? – Dijo el muchacho, que venía de visita al pueblo, al encontrarse por la calle con su abuelo.

– De ancha bien, hijo, de ancha bien. De larga, no se sabe. – Contestó aquél, sin perder un ápice de su aparente estado de ataraxia.

A la pregunta de “¿qué es el hombre?” respondió Heidegger que el hombre es un ser “para la muerte”. Como consecuencia, la única existencia auténtica sería la de quien no utiliza su vida para ponerse una venda en los ojos que le oculte la presencia del rostro de aquélla.

¿Podríamos definir al filósofo como aquella persona que necesita escribir quinientas páginas para explicar lo que cualquier hombre sencillo es capaz de mostrar a su nieto dando un paseo?

CEREMONIA DE GRADUACIÓN

Dijo un autor que no recuerdo (por la mezcla de lucidez, amor al absurdo y sensibilidad, probablemente francés) que únicamente tendría sentido decir que dos personas han estado casadas cuando la vida de una de ellas se ha acabado, porque sólo entonces se podría asegurar si esa relación, en la que ya no cabe incertidumbre futura, fue o no fue de verdad un matrimonio.

Con la misma lógica, cabría pensar otro tanto del conjunto de nuestra vida. En el instante último podríamos optar entre taparnos los ojos o bien organizar una especie de ceremonia de graduación íntima en la que uno, desdoblado en maestro, discípulo e invitado, se entregaría a sí mismo un certificado inmaterial en que constaría algo así como: “ESTO HA SIDO LA VIDA DE UN SER HUMANO QUE HIZO LO MEJOR QUE SUPO Y PUDO” y se regalaría un aplauso a la misión cumplida antes de salir del escenario.

Cuando yo era niño no había ceremonias de graduación – menos mal que no sabían lo que se estaban perdiendo las tiendas de ropa, los salones de eventos y los establecimientos de licores -, si acaso, en alguna ocasión, un refresco en vaso de plástico con patatas fritas y ganchitos en el patio del colegio, disfrutando de una tarde luminosa sin ser aún asfixiante. Pero el día en que me daban las vacaciones yo solía celebrar mi propia ceremonia con la paz y la satisfacción que se me desbordaban por las costuras al irme a dormir; en ese momento estaba profundamente convencido de que la palabra “septiembre” era sólo un soplo de aire sin significado alguno y de que cerrar los ojos equivalía a salirse de las correas y los engranajes del tiempo.

Buenos o malos alumnos, grandes deportistas o patosos, más o menos admirados por los compañeros, bien considerados por los profesores o no tanto, ¿quién de nosotros hubiera considerado el fin de curso como una tragedia? No importaba nada lo que había sido o lo que habría de ser, porque entonces cualquier cambio te envolvía como un tejido fabricado con  los hilos cómodos y ligeros del “aquí” y el “ahora”.

¿Existe una transformación cultural capaz de ayudarnos a perder el miedo a la propia muerte o hay que aceptar que hemos abandonado para siempre esa ligereza del dejarse ir junto con nuestra juventud?

INDEPENDÈNCIA

– El otro día le decía yo a un amigo independentista: “¿Sois conscientes de la dificultad que os supone el hecho de que, por ejemplo, Tarragona quiere seguir siendo España y el Valle de Arán no quiere ser ni español ni catalán?” Y el tío va y me contesta: “Sí, no te preocupes, somos plenamente conscientes de donde tendremos que bombardear”.

– Veo que, al contrario que tú, tu amigo puso el dedo en la llaga.

– ¿¿¿En la llaga de qué???

– De que el principal problema para la independencia de Cataluña es que los independentistas más feroces, sin saberlo, son muy españoles.

GUERRA Y PAZ (editado)

¿Es posible que el odio, la crueldad y la violencia hayan estado al servicio de la evolución del hombre alguna vez?

Para desarrollarnos como especie hemos necesitado cooperar (o sea, ponernos de acuerdo) y también nos ha hecho falta fuerza de trabajo con un cierto nivel de inteligencia (o sea, humana). ¿Y qué hemos hecho históricamente cuando nuestro grado de desarrollo económico no ha permitido, o no ha hecho recomendable, comprar esta última? Pues arrebatarla (es decir, esclavizar “al otro”), y ya está, ¿no?

¿Cómo hemos logrado sentirnos “uno” con los semejantes con quienes cooperamos y “otro” respecto de los que esclavizamos? Sabemos del intenso poder que tiene lo simbólico en el funcionamiento de nuestra mente (a la ventaja de poder leer se contrapone el inconveniente de que, por ejemplo, somos mucho más “programables” que un gato); tal vez hayamos utilizado símbolos con la fuerza necesaria para empujarnos a hacer ese “trabajo”.  ¿Y si  la guerra no ha sido sólo el medio de apoderarnos de la fuerza de trabajo ajena, sino, a la vez, uno de los principales símbolos de diversidad que hemos construido para poder hacerlo?: “Si estamos en guerra es porque somos distintos y, como somos distintos, es legítimo hacernos la guerra?

¿El “derecho” del más fuerte cumplió en su momento una función útil y legítima, si se la considera como una pieza esencial de nuestro proceso civilizador, o fue tan sólo una expresión más de la destructividad humana? ¿La defensa filosófica y jurídica de ese supremacismo fue cinismo, psicopatía o perspicacia sin complejos?

El sentimiento de pecado original, ¿no será realmente nuestra necesidad de barbarie para lograr ser más civilizados?

Si esa necesidad existió históricamente, ¿nuestra conciencia de nosotros mismos nos permite hoy ya buscar otros caminos?

¿Los desequilibrios en la distribución de riqueza que hoy existen cumplen igualmente una función útil y legítima en el marco de nuestra evolución como especie,  son una expresión de justa retribución al que se la merece o simplemente dejan a la vista una parte de nuestro cerebro animal? ¿La defensa filosófica y jurídica de esta situación es cinismo, psicopatía o perspicacia sin complejos?

¿Mientras parte de los países en desarrollo mejoran sus condiciones de vida aumenta la pobreza en el primer mundo? Si es así, ¿estamos importando pobreza?

¿Puede considerarse la pobreza un elemento de primera necesidad en la producción de bienes y servicios a precios que aún resultan asequibles a la mayoría?

El preguntarse si las relaciones de riqueza y de poder son la expresión de fuerzas más profundas que quizás apunten a nuestra identidad como especie, ¿es una muestra de ingenuidad trasnochada, de pura estupidez sin más calificativos, es un ataque contra la libertad individual o constituye, sencillamente, un acto de terrorismo?

REFLEXIÓN

Si en la jerga de los profesionales modernos, viajados y cultos se llama “headhunters” a los ténicos de recursos humanos externos a la empresa, ¿¿¿¿por qué a los internos no se les denomina “asskickers”????


Una frase:

"El tiempo es lo que impide que todo suceda de golpe."

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