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DEL CINISMO Y EL PRINCIPIO DE INCERTIDUMBRE

“EL CINISMO ES LA MEJOR HERRAMIENTA PARA CONOCER LA REALIDAD Y LA PEOR PARA CAMBIARLA”

No se trata de una frase más o menos feliz de algún pensador conocido, es una “obra” colectiva, producto de una noche de francachela pre-navideña. Eso sí, una vez pasada la resaca del mal servicio y de la comida vulgar y escasa, y atenuado el escozor provocado, a mayor abundamiento, por la cuenta del restaurante, uno se empieza a preguntar si hay algo que merezca la pena en esa frase, más allá de la simple ocurrencia.

En la época de los pioneros de la mecánica cuántica, el físico alemán Werner Heisenberg enunció el denominado principio de indeterminación que lleva su nombre.

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Según éste, es imposible conocer simultáneamente la posición y la velocidad de una partícula con total exactitud. La limitación no es fruto de la imprecisión de nuestros instrumentos de medida, sino que está en la naturaleza de las cosas, ya que la propia observación cambia la realidad al modificar inevitablemente el estado de lo observado. Por tanto, es imposible conocer algo sin cambiarlo.

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Si en el mundo físico un grado de conocimiento total implicaría una modificación absoluta del estado en que se encontraba su objeto antes de realizar la observación, ¿no es cierto justamente lo contrario en el ámbito de lo social? ¿No podría afirmarse que hay que elegir entre conocer la realidad y cambiarla, bajo una especie de “principio de exclusión”?

Cualquier intento de modificar la realidad parte de consignar cómo es ésta de hecho y de la subsiguiente valoración de cómo debería ser la misma conforme a la “esencia” que le es propia. Por tanto, el presupuesto de cualquier tentativa de cambio es una determinada concepción de las cosas. Pero la experiencia ha demostrado tozudamente que el intento de capturar la esencia aún del objeto más simple está condenado al fracaso. Entonces, en la base de todo cambio se encontraría un sistema de ideas sobre la realidad que necesariamente habría de suplantar a su verdadera naturaleza y de contaminar cualquier posible conocimiento  auténtico de aquélla.

Por el contrario, quienes no buscan cambiar nada en el mundo serían los que, con renuncia a cualquier intento de valoración de lo que hay, perseguirían tan solo fundirse con el torrente de los hechos con tal de sobrevivir o de hacerse más grandes como parte indiscernible de él. Entonces serían sólo éstos quienes, hechos uno con la realidad que los rodea, podrían de verdad alcanzar un conocimiento más inmediato y exacto de la misma, pero sin hacer otra cosa que reforzar la inercia de las cosas tal como son.

En definitiva, si ello fuera así, resultaría vana la pretensión de conocer para valorar y de valorar para cambiar, sería imposible todo progreso desde un ideal de justicia y, en último extremo, semejante ideal no tendría más entidad, por emplear una expresión propia de los viejos y simpáticos escolásticos, que la de un “soplo de voz” sin un referente real.

¿Entonces, es que sólo podemos elegir entre el dogmatismo delirante o el cinismo arribista?

El momento histórico parece sugerir que la respuesta es afirmativa, pero me gustaría creer que no es cierto, que no estamos ante “la hora de la verdad” que ha dejado al aire las vergüenzas de todos los ideales que en el mundo han sido, que la razón, a través de la cual nos relacionamos con nosotros mismos y con todo lo demás, abarca no sólo el pensamiento, sino también los afectos, los valores y la fe en la vida, y que lo único que pasa es que ahora mismo aquélla está atravesando un estado de sopor pasajero, y ya se sabe que el sueño de la razón produce monstruos.

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Feliz Navidad.

 

Imágenes: Wikipedia y Flickr

 

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POLÍTICA Y NEGOCIOS, NEGOCIOS Y POLÍTICA

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En su artículo “El padrino y las teorías del estado y del derecho” –

https://presnolinera.wordpress.com/2015/10/15/el-padrino-y-las-teorias-del-estado-y-del-derecho/ – el Profesor Miguel Presno desentierra una cuestión de honda raigambre en la Teoría del Estado y del Derecho; las razones de “la obligatoriedad del cumplimiento de las normas que emanan de los poderes públicos y si son diferentes a las que puede dictar una organización mafiosa”. Tras referirse a diferentes aproximaciones al problema y poner de manifiesto lo inseguro de los criterios utilizados para distinguir el poder normativo del Estado del que emana, por ejemplo, de la organización criminal de la familia Corleone, recalará en un punto de vista práctico de aceptación bastante amplia hoy en día:

La clave radica en suponer que el ordenamiento estatal es válido cuando, en su conjunto, es eficaz; es decir, cuando excluye la vigencia de otro entramado jurídico. Así, podemos suponer que el ordenamiento es válido y, por tanto, es obligado cumplir sus normas cuando es efectivo (…).El conjunto del ordenamiento estatal, la “legalidad”, encuentra así su fuente de “legitimidad”; la razón por la que debe ser obedecido. Ahora bien, la trama vuelve a complicarse y nos resulta muy inquietante cuando, como ocurre en la ficción de El Padrino pero también en no pocas ocasiones en nuestra realidad, esa legalidad no está al servicio de la libertad, la igualdad, la justicia o el pluralismo, sino que puede “comprarse” con dinero o con influencias, como se refleja en la conversación entre el senador Pat Geary y Michael Corleone, donde el primero condiciona la obtención de la licencia para un casino en Las Vegas, cuyo coste es de 20.000 dólares, al pago de 250.000 dólares y el 5% de las ganancias de los hoteles que explota en el estado de Nevada la “familia Corleone”. El no va más de esta preocupante analogía lo ejemplifica el propio Michael Corleone cuando, en otra escena, sentencia: “la política y el crimen son lo mismo”. Resulta, o tendría que resultar, obvio que es una afirmación disparatada pero, y eso debería preocuparnos, parece que cada vez hay menos gente que la considere una exageración, a lo que no debe resultar ajeno el hecho de que más de un cargo público considere, parafraseando de nuevo a Michael Corleone, que el ejercicio de sus funciones “no es política, sólo negocios”.

Recojo el guante de dar entrada a la realidad social en el análisis del fenómeno jurídico para tratar de seguir un poco adelante con la reflexión del autor.

Nancy Fraser, profesora de Filosofía y Política en la New School for Social Research realizó una ponencia en un seminario celebrado en en 2012 en Berlín titulado “Rethinking Capitalist Crisis”, donde vinculaba los problemas derivados de la crisis actual con la lógica del neoliberalismo.

(en inglés y alemán)

Si atendemos a la idea expuesta a partir del minuto 7,40 de su intervención, veremos que las afirmaciones acerca de política y crimen o política y negocio que parecen perturbar a Presno, no es que a muchos ya no les parezcan disparatadas, sino que viajan a bordo de un tren de alta velocidad camino de su legitimación ideológica.

Como puede verse, Fraser halla la dinámica que denomina “mercantilización ficticia” (fictitious commodification) en la raíz de la crisis. Tal dinámica consiste en el intento de mercantilizar todos los elementos que operan como presupuestos (preconditions) de la producción de los verdaderos bienes y servicios, entregándolos a las fuerzas de unos mercados que se dicen “autoregulados”; los presupuestos citados por aquélla son la fuerza de trabajo, la naturaleza (en la que, supongo, incluye la energía) y el dinero, pero creo que podría añadirse sin dificultad el conjunto de realizaciones y logros que la sociedad en su conjunto ha ido poniendo a disposición de todos a lo largo del tiempo incluyendo, singularmente, la organización social y jurídica.

Entonces, ¿de qué extrañarse ante afirmaciones como las señaladas por Presno en su artículo? Es cierto que cada vez con mayor intensidad se viene considerando que todos y cada uno de esos elementos subyacentes que operan como presupuestos de la producción son también bienes sometidos a las reglas del mercado, es decir, que se compran y se venden. Desde esa posición ideológica (aunque muchos de quienes la sostienen piensen que ellos no tienen ideología, que ya sólo en algunos países queda ideología, y así les va…) es coherente terminar por pensar que la política, como todo lo que se compra y se vende (es decir, como “todo”), es sólo un negocio más. Que vamos por ese camino muchos lo vienen demostrando hace tiempo, no sólo desde la corrupción, en los casos más graves, sino desde la falta de empatía hacia quienes tienen menos poder; estoy seguro de que el sonoro “¡que se jodan!” o el despectivo “como si tienen que irse a Finlandia” con que nos atragantaron hace no tanto siguen sonando en los oídos de muchos.

La reacción química funciona en dos sentidos y en ambos es igual de peligrosa, porque la consideración del orden político como un producto de mercado supone la disolución de la política en los negocios, pero, a la vez, la disolución de los negocios en la política, es decir, que el gran poder económico se convierta completamente en una carta de naturaleza que permita a su minoría de poseedores decidir sobre cuanto afecta a toda la comunidad y, en última instancia, sobre el destino de los otros.

Por tanto, si ese es el camino que llevamos, pienso que nadie debe tener dudas de que no sólo nos dirigimos hacia el vaciamiento constitucional, sino de que, desde la más pulcra justificación ideológica y en nombre de la libertad de comprar y vender, acabarán quebrando el espinazo moral de nuestra sociedad, si es que aún queda algo de él. Menos mal que todo lo que no es sostenible acaba por hacerse el hara-kiri con su propia absurdez o su propia insidia.

 

Foto: vavel.com

ESE OTRO “NACIONALISMO” QUE NOS SEPARA

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Empezaron por prohibir a los judíos compartir los mismos espacios que los arios, así que, pasado un tiempo, un judío y un ario ya no podían ser amigos, porque no tenían nada en común. Finalmente, como se habían convertido en desconocidos, cuando empezaron a llevarse a los judíos a los campos de concentración muchos arios pensaron que algo malo habrían hecho”.

Este es el resumen dramatizado que me hicieron hace algún tiempo del proceso que culminó en el genocidio de los judíos en la Alemania nazi. El tema surgió al hilo de una conversación sobre el nacionalismo en Cataluña, porque en el nacionalismo muchos ven el mismo sustrato del totalitarismo: la negación de un espacio común, más allá de las diferencias entre los individuos, y es cierto que, en los casos más extremos, el “otro” puede llegar a ser tan ajeno que incluso se pierda de vista su condición humana.

Sin embargo, creo que la situación de Cataluña sólo es un síntoma más que expresa, y a veces por su impacto eclipsa, un proceso más profundo y generalizado que consiste en el progresivo estrangulamiento de ese espacio común ciudadano y que pone de manifiesto el agotamiento de nuestro actual modelo político, social y económico. Estoy convencido de que el “fundamentalismo nacionalista” es sólo uno de tantos agresores de dicho espacio colectivo – https://escritodesdelastripas.wordpress.com/2014/04/12/la-secesion-como-sintoma-de-todos/ -.

La tasa AROPE (“At Risk Of Poverty or social Exclusión”) es uno de los indicadores de la estrategia Europa 2020 de la Unión Europea. Combina tres conceptos: el riesgo de pobreza, la carencia material y la baja intensidad en el empleo. Se define como aquella población que está al menos en alguna de estas tres situaciones. En España la mide el Instituto Nacional de Estadística – http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INESeccion_C&cid=1259941637944&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayout . De su última actualización se desprende que dicha tasa se situó en España en un 29,2% en 2014, con un repunte del 1,9% (790.801 personas con cara y ojos) respecto de 2013 – http://www.20minutos.es/noticia/2579829/0/arope/maximos-pobreza-espanoles/2014/ -. Paralelamente, la brecha entre las retribuciones de los directivos y administradores de las empresas del Ibex 35 y las del común de los trabajadores ha aumentado en el mismo período – http://cincodias.com/cincodias/2015/08/23/empresas/1440353141_811224.html -.

Creo que merece la pena dedicar unos minutos a la ponencia que hizo Michel Sandel para Ted Talks en relación con este fenómeno (en inglés con subtítulos en castellano):

Sus palabras reflejan respecto de la desigualdad social la misma preocupación que a muchos inspira el nacionalismo: de proseguir la tendencia actual, la sociedad únicamente estará dividida en dos clases de personas que no irán a curarse a los mismos sitios, ni a aprender a los mismos centros, que no pisarán las mismas zonas de las ciudades ni respirarán el mismo aire; no tendrán nada en común. Pero la democracia, reflexiona Sandel, requiere la disponibilidad de un cierto espacio común a todos y las desigualdades económicas, más allá de un cierto límite, levantan una barrera que impide cualquier clase de encuentro entre las personas.

Es cierto que las leyes raciales de Hitler comenzaron su siniestro rodaje prohibiendo a los judíos pasear por los mismos parques que los arios; la supresión del espacio físico va de la mano con la del espacio político y ambas pueden acabar en la de la propia persona. Volviendo al caso de la desigualdad económica, en un mundo dividido entre ricos y pobres, ¿quién duda de que muchos ricos pensarían que todos esos extraños “algo habrán hecho” para merecer su pobreza? Por desgracia ya no es infrecuente escuchar voces que apuntan en esa dirección; ya hay quien defiende la aplicación de impuestos regresivos para incentivar un mayor esfuerzo en el trabajo con el fin de tributar menos, como si el trabajo colgara de los árboles y como si ser pagado con cicatería fuera una elección del desfavorecido.

La existencia de un espacio – físico, político y social – común como lugar de encuentro de los ciudadanos es un elemento fundamental de la democracia, pero a la vez aquél sólo puede ser el fruto de ésta. Por eso, si en España queremos darnos una mínima oportunidad – que no certeza – de convivencia no basta con tratar de suprimir el secesionismo o cualquier otro síntoma de agotamiento de nuestro actual marco de convivencia legislando “contra el enemigo” – https://escritodesdelastripas.wordpress.com/2015/02/06/prontuario-para-deteccion-de-iniquidades-y-atropellos/ – , sino que es necesario emprender el camino de la renovación de éste mediante la regeneración democrática.

Tomo prestadas las palabras del Profesor de Derecho Constitucional Miguel Ángel Presno Linera, “invitado” ocasional de este blog – https://presnolinera.wordpress.com/2015/09/23/normas-y-formas-para-la-regeneracion-democratica/ -:

En mi opinión, la regeneración democrática significa mucho más que luchar contra la corrupción; exige también limitar las “inmunidades del poder” y propiciar que el pueblo gobernado sea, en la mayor medida posible, pueblo gobernante. Para ello haría falta, entre otras cosas, garantizar la transparencia institucional, promover lacontrademocracia y asegurar una representación realmente representativa.

En lo que a la transprencia se refiere, la Ley vigente (19/2013) deja mucho que desear: el acceso no es parte del derecho fundamental a recibir información, prevé múltiples y muy genéricos motivos de denegación, configura un silencio negativo, no exige lo necesario a los obligados, como, por ejemplo, el conocimiento de sus agendas (reunión Fernández Díaz/Rato),… Además, se mantiene la opacidad en otras normas, como la de financiación de partidos, los reglamentos parlamentarios (prevén sesiones y votaciones secretas) o la Ley de secretos oficiales (podrán ser declaradas «materias clasificadas» los asuntos, actos, documentos, informaciones, datos y objetos cuyo conocimiento por personas no autorizadas pueda dañar o poner en riesgo la seguridad y defensa del Estado)… Por si fuera poco, el sistema vigente obstaculiza el debate público y el control parlamentario: se abusa delDecreto-Ley, en el Congreso de los Diputados la mayoría debe admitir la creación de las comisiones de investigación y las comparecencias de miembros del Gobierno,…

Por lo que respecta a la contrademocracia ciudadana o contrapoder articulado a partir de los movimientos sociales, que sirva para mantener las exigencias de servicio al interés general por parte de las instituciones, hay que recordar las carencias en materia de iniciativa legislativa popular, referendos, propuesta de reforma constitucional,…

No conozco otra forma duradera de estar juntos que no sea el “yo gano, tú ganas” (aunque cada uno ganemos menos de lo que nos gustaría). Pretender auparse permanentemente sobre las cabezas de los demás es como vivir sentado sobre bayonetas.

 

Fuentes: http://matemolivares.blogia.com/2014/052702-arope-indicador-de-riesgo-de-pobreza-o-exclusion-social-en-aumento-en-espana..php

Foto: Taringa.com

DOGMA DE FE

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La verdad es que no estoy muy enterado de esas cuestiones, pero me suena que hace varios años la Iglesia consideró permisible la inseminación artificial, siempre que se utilizara el siguiente procedimiento: como es pecado masturbarse, el esperma debía obtenerse en el curso de una relación sexual lícita. La manera más eficaz de lograrlo era reteniendo el fluido en un preservativo, pero como el uso de anticonceptivos también es pecaminoso, el preservativo tenía que estar perforado para que no obstaculizara la fecundación. Para aprovechar el semen que quedaba retenido se cerraba el extremo contrario al orificio practicado y se estrujaba el preservativo, convertido así en una especie de manga de pastelero.

Aquello me dejó a medio camino entre la risa y el pánico. Primero te sientes transportado al extremo de lo grotesco, pero inmediatamente algo bien distinto te golpea la conciencia: los actos descritos son de tal crudeza, están tan ciegamente subordinados al fin perseguido y a las limitaciones impuestas por el dogma, que llegan a perder por completo su sentido propio y a desligarse de realidad. El discurso exhala tal falta de humanidad que roza lo psicopático y esto produce escalofríos, porque sin el freno interior de la empatía los únicos límites que conoce el psicópata son los que logren imponerle los demás por la fuerza. Hemos llegado a eso muchas veces a lo largo del tiempo y, a mi juicio, sucede siempre que el pensamiento encalla en el dogma y logra arrastrar tras de sí a los sentimientos más básicos del ser humano.

En la antigua Roma el deudor respondía de sus obligaciones con su propia persona. En caso de que sus bienes no fueran suficientes para hacer frente a sus deudas, su acreedor podía venderlo como esclavo para cobrarse con el precio obtenido.

Si no me falla la memoria, fue en el s. XVIII cuando el Parlamento Inglés abolió la pena de muerte por robo.

Tal y como atestigua Dickens, en el s. XIX las prisiones inglesas estaban llenas de deudores insolventes, pero esa tentativa se consideró, no sólo inhumana, sino poco práctica y hoy en día el Convenio de Roma de 1950 prohíbe que los estados signatarios impongan a sus ciudadanos penas de prisión por el sólo hecho de que éstos no puedan hacer frente a sus obligaciones contractuales.

Ya en el plano interno, la legislación española desde antigüo ha contemplado límites a la posibilidad del acreedor de embargar bienes del deudor. De este modo, no sólo son inembargables las herramientas de trabajo, sino el salario mínimo y el lecho cotidiano, por ejemplo.

Por continuar con el caso de España, en el año 2003, gobernando José María Aznar, se aprobó en nuestro país la Ley Concursal, al menos teóricamente orientada, no a la satisfacción íntegra de los acreedores, sino a obtener soluciones que permitan garantizar la viabilidad de las empresas en dificultades económicas y, más recientemente, el Gobierno de Mariano Rajoy ha puesto en marcha los planes de pagos a proveedores, que en la práctica ofrecen a los acreedores de los Ayuntamientos la alternativa de renunciar a una parte de lo que les es debido y cobrar pronto o verse en riesgo de no hacerlo jamás.

Resulta patente que, a lo largo de la historia, la protección de los intereses materiales ajenos ha ido amoldándose a la convicción de que existen otros valores tanto o más dignos de ser preservados que aquéllos, y estoy convencido de que no hay ningún país de la UE donde el derecho interno otorgue carácter absoluto a la protección de los derechos de crédito. No creo que nadie pueda decir que esta tendencia histórica haya socavado los cimientos de la economía o la paz social,  más bien al revés, y sin embargo los sorprendente es que parece que el principio del pago íntegro e incondicionado de la deuda soberana ha alcanzado la categoría de dogma en el contexto de la UE, de forma que éste se ha convertido en un fin sagrado que justifica cualquier consecuencia que pueda desencadenar o cualquier sufrimiento que se pueda imponer en su nombre.

No obstante, incluso antes de las recientes elecciones griegas empezaron a aparecer signos de que una visión diferente del problema estaba ganando fuerza entre los expertos, como pone de manifiesto, por ejemplo, el siguiente artículo (en inglés) de Odette Lienau, profesora de la Cornell University Law School – http://blogs.lse.ac.uk/europpblog/2014/07/28/it-is-time-that-we-reconsidered-the-principle-that-states-must-always-repay-their-sovereign-debt/ – y, ya tras las urnas, el manifiesto (en francés) firmado por trescientos economistas y profesores universitarios de varios países – http://blogs.mediapart.fr/edition/que-vive-la-grece/article/050215/nous-sommes-avec-la-grece-et-leurope – o el artículo publicado en prensa la semana pasada por Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía http://www.huffingtonpost.es/joseph-e-stiglitz/una-fabula-griega-sobre-m_b_6641144.html.

En el primero, la autora expone que el cumplimiento estricto de las obligaciones en relación con la deuda soberana, sin importar las circunstancias ni los condicionantes que han llevado a contraer aquélla, no es una regla escrita en las estrellas, sino el producto fraguado en el último siglo por determinados factores políticos, corrientes ideológicas y, señaladamente, por el proceso de reconstrucción del sistema financiero internacional tras la Segunda Guerra Mundial. No obstante – señala la autora -, en otros momentos el rechazo de la deuda soberana no ha dañado la reputación de los estados ni ha impedido su financiación posterior y, por lo tanto, la citada regla del cumplimiento estricto no puede entenderse como una necesidad esencial inherente al funcionamiento del mercado.

El manifiesto citado en segundo lugar hace hincapié en el fracaso de las políticas impuestas a Grecia hasta el momento y apela al realismo al considerar que la deuda actualmente existente es insostenible y nunca será devuelta, mientras que una mayor flexibilidad por parte de los acreedores favorecería el relanzamiento de la economía griega.

Finalmente, el artículo de Stiglitz incide también en el fracaso de la “medicina” de la Troika y destaca la cuota de responsabilidad que corresponde a los acreedores en la situación creada, al tratarse generalmente de instituciones financieras con mayor capacidad de evaluar los riesgos asociados a los préstamos, así como la necesidad de crear un proceso ordenado que dé a los países una oportunidad de comenzar de nuevo, como fue el caso de Alemania tras la II Guerra Mundial. En relación con este último punto, adjunto un enlace al llamado “Plan Morgenthay” sobre el futuro de Alemania tras la contienda, que prefiero no pensar a dónde nos habría conducido de haberse llevado a cabo – http://es.wikipedia.org/wiki/Plan_Morgenthau-.

En definitiva, los tres textos abogan por una posición más flexible por parte de los acreedores si se quiere abordar el problema de la deuda y del futuro de la Unión Europea con un enfoque constructivo y, en definitiva, realista.

En fin, tras presentar a tanta eminencia y dejar al amable lector con ellos si así lo desea, vayan un par de observaciones por cuenta propia.

La primera es que, cuando hay un problema en una relación, raramente las enseñanzas que de él se pueden extraer son unilaterales. La regla del estricto cumplimiento “caiga quien caiga” sólo sirve para engañar a los expertos financiadores profesionales sobre sus propios errores al no haber sido más diligentes “a priori”– o menos ambiciosos – al evaluar la situación económica de los prestatarios y sus posibilidades reales de devolver lo recibido. Ya que ahora está de moda tratar a los estados como empresas, quizás no sería malo que las prácticas del mercado llevaran a imponer a los países una auditoría periódica de su economía, llevada a cabo por un organismo internacional con garantías razonables de independencia. Esto también redundaría en beneficio de los ciudadanos y de la propia democracia, puesto que permitiría a aquéllos tomar sus decisiones en las urnas con más conciencia de la realidad y, por tanto, más libremente. Desgraciadamente, en este campo de la transparencia, creo que al menos España suspende. Sin ir más lejos, mientras que al amparo de nuestra Ley de Protección de Datos no hay problema en incluir a las personas físicas con deudas en ficheros de morosos, para protección de los prestamistas, la reciente Ley de Transparencia permite a la Administración denegar información si ésta tiene implicaciones económicas, también a mayor gloria de las entidades financieras.

La segunda es que si la economía es, como el derecho o el lenguaje, un producto genuinamente humano, no tiene ningún sentido que la aplicación de sus principios acabe abocando a resultados gravemente inhumanos. Y si se ha llegado a esto es porque, en alguna parte del camino, como si se tratara de un espíritu maligno que habita en las profundidades del bosque, nos hemos dejado secuestrar por algún dogma que nos ciega. Habrá que liberarse de él y volver a abrir los ojos.

Quizás no sea difícil de explicar la hostilidad de la mayoría de los gobiernos europeos frente a los planteamientos de Grecia. Como en la fábula del vestido nuevo del emperador – que había sido estafado e iba desnudo, pero nadie se atrevía a ponerlo de manifiesto –, si a Grecia le fuera medianamente bien por una vía diferente muchos gobernantes tendrían que reconocer que han hecho algo injusto y estúpido imponiendo a sus ciudadanos los dictados de la Troika.

HISTORIAS CON INTENCIÓN: EL CAMPESINO DEVOTO

Anterior: Craso (https://escritodesdelastripas.wordpress.com/2012/09/13/historias-con-intencion-craso/)

Érase un hombre muy devoto que todos los días pedía a su dios que le diera una buena cosecha. Día tras día iba al santuario de la aldea y rezaba para poder tenerla ese año. Pasó el tiempo y la cosecha no se producía y no podía entender por qué su dios no le escuchaba. Transcurrieron los días y, aunque mantenía su firme e inquebrantable devoción, nada había cambiado. Un día decidió dirigirse a su dios diciéndole:

–          Mi Señor, he venido aquí sin interrupción en días soleados y de tormenta, con frío y calor, he cumplido mis rituales correctamente, ¿por qué no me escuchas?, ¿por qué has olvidado mi cosecha?

Y entonces, ese día su dios le respondió:

–          No te he olvidado, y estoy presente cada día en tus plegarias, pero al menos ¡planta tú las semillas!

Esta anécdota, sacada de un libro de crecimiento espiritual (1), trata de ilustrar “una actitud devota y pasiva, que evita la responsabilidad y el compromiso personal, en espera de recibir alguna gracia especial” y que generalmente encierra un profundo escepticismo acerca de la propia capacidad para llevar a cabo una transformación y una gran sensación de impotencia, basada en una falta de valoración personal.

Creo que estas consideraciones, hechas a propósito de la transformación personal, son en el fondo aplicables a la consecución del cualquier reto, a la superación de cualquier dificultad. Sin ir más lejos pueden venir al pelo para explicar la devoción de nuestro ínclito Presidente hacia las recetas económicas de la llamada Troika, que ya están matando a otros países enfermos. Una devoción que, en su éxtasis místico, lleva a ese personaje a olvidar sistemáticamente, como el labrador del cuento, que, para que algo crezca, además de someterse a Dios hay que plantar semillas.

Espero equivocarme, espero que el Mariano se algo más que un incapaz, un tonto de solemnidad que para contar hasta veinte necesita quitarse los zapatos. Preferiría pensar, como muchos, que es un canalla que, de forma metódica, quiere expoliar a España en beneficio de quienes luego le devolverán el favor (2). Preferiría pensarlo porque, como dijo alguien “la maldad descansa de vez en cuando, pero la tontería no”.

¡Ay Marianico, Marianico!, ¡qué ganas tengo de verte untado de brea, emplumado y paseado, Castellana arriba, Castellana abajo, ante las multitudes! Eso sí, la brea la pagas tú, que no estamos para dispendios.

 

(1)    El placer de meditar; Juan Manzanera; Edic. Dharma

(2)    http://ataquealpoder.wordpress.com/2012/08/24/banco-malo-gobierno-malo-insurreccion-buena-2/

HISTORIAS CON INTENCIÓN: CRASO

Anterior: Solón https://escritodesdelastripas.wordpress.com/2012/06/13/historias-con-intencion-solon/

Marco Licinio Craso (ca. 115 a. C. – Junio de 53 a. C) fue un relevante aristócrata, general y político  romano de la era tardorepublicana, más conocido como Craso el Triunviro, por las razones que veremos inmediatamente.

La importancia de Craso en la Historia proviene, sobre todo, del apoyo financiero y político que brindó al joven y empobrecido Julio César, apoyo que permitió a éste embarcarse en su propia carrera política. Llegó a un pacto secreto con César y Pompeyo, el llamado Primer Triunvirato, para hacerse con el poder en Roma.

Su riqueza provenía de los bienes raíces y el “alquiler inmobiliario” y, como curiosidad histórica, se le atribuye el mérito de haber sido el organizador del primer servicio contra incendios de Roma. Los bomberos estaban dirigidos por Craso, que no daba orden de apagar el fuego si el dueño del edificio en llamas no se lo vendía a precio de saldo en ese mismo instante. Así, los infortunados preferían asegurarse un poco de dinero en el acto, antes que transformarse en propietarios de unos restos calcinados. Para asegurar que sus bomberos tuvieran siempre trabajo, se sospecha que Craso también organizó las primeras brigadas de “incendiarios” de las que se tiene referencias en la Historia. Este ejemplo de iniciativa y sagacidad comercial demuestra a las claras, mal que les pese a ese puñado de progres rabiosos que aún alborotan nuestras calles de cuando en cuando, que la mejor forma de gestionar los intereses comunes de manera eficaz es a través de la iniciativa privada guiada por el ánimo de lucro.

A pesar de su proverbial riqueza, Craso ansiaba la gloria militar, pero más que nada por afán de justicia distributiva. Sí, he dicho “distributiva”, pero no se me asusten, no hablamos de “justicia distributiva” en el sentido engañoso que da a esa expresión el populacho, no. Craso era consciente de que cualquiera que alcanza el éxito lo hace subido a hombros de otros, pasados y presentes, pero ni se le pasaba por la cabeza devolver parte de lo recibido a la llamada “sociedad”, ese concepto tan informe y maloliente como la chusma que se identifica con ella. Tal “distribución” hubiera sido una injusticia porque la chusma, obviamente, no merece nada, si no no sería chusma, sino que se contaría entre los de “buena estirpe” por obra y gracia de la selección natural. No, Craso, desde la cima de la gloria, decidió tomar las armas para compartir esa gloria con su patria, concepto este último que, a diferencia del tan manido de “sociedad”, sí que está transido de coherencia y solidez pues, como es bien sabido, la patria es ese ente sublime que se engrandece y brilla tanto más cuanto más sufren y encogen los que la integran.

En fin, que nuestro prohombre, guiado por tan noble propósito, se distinguió en el mando del ala derecha del ejército de Sila en la batalla de la Puerta Colina, aplastó la revuelta de los esclavos liderada por Espartaco – ¡eso es olfato para los negocios, pensar en los beneficios de la Universal Pictures a 2.000 años vista! – y, finalmente, se puso al frente de una campaña contra los partos en la que, por desgracia, encontró la muerte junto a su hijo y varias legiones en la batalla de Carras.

¡Qué animales! No cabe duda de que esos partos eran unos bárbaros incapaces de entender las nuevas ideas ni de respetar la meritocracia.

 

Fuente: Wikipedia

HISTORIAS CON INTENCIÓN: SOLÓN

Solón (muerto en 559 A.C.) ha pasado a la historia como legislador ateniense. Nacido en el seno de una familia acomodada, fue comerciante y poeta y destacó por su sentido de la justicia junto con una gran habilidad política.

Estando Atenas al borde de la guerra civil por las tensiones existentes entre los ricos terratenientes y sus siervos, un grupo de ciudadanos, en la confianza de que actuaría de modo imparcial, propuso a Solón que se hiciera cargo del gobierno de la ciudad. Los ricos consintieron porque Solón era rico y los pobres porque era honrado, y así se dio carta blanca al sabio legislador para que reformara la constitución y las leyes de Atenas. Solón no defraudó y redactó normas que, en ciertos aspectos, han sobrevivido hasta la actualidad.

Según las leyes atenienses de aquella época, si alguien incumplía sus obligaciones de pago frente a su prestamista, éste podía tomar posesión del deudor y de su familia y venderlos como esclavos para cobrarse con el precio obtenido. La crueldad de esta norma había llevado a que los pobres se organizaran en grupos para protegerse y rescatar a los que habían sido reducidos a la esclavitud como consecuencia de la usura. La primera reforma de Solón fue prohibir que se usara a cualquier persona, incluso con su consentimiento, como garantía de una obligación. Los que habían sido esclavizados fueron liberados y los que habían sido vendidos a los extranjeros regresaron a Atenas como hombres libres. También ordenó el perdón de todas las deudas pendientes y la cancelación de las hipotecas constituidas sobre la propiedad. Parece ser que el sabio ateniense no satisfizo a nadie, porque ni los ricos ni los pobres lograron todo lo que buscaban. No se produjo una completa redistribución de la riqueza, como querían los pobres, y los ricos se mostraron muy descontentos con la pérdida de las cantidades que se les debían. Sin embargo, cuando los atenienses experimentaron los buenos resultados que, con el tiempo, ofrecieron las reformas de Solón, éste volvió a ser objeto de su admiración, y así ha pasado a la historia.

La influencia ejercida por Solón sobre el convulso panorama de sus conciudadanos resulta difícil de explicar solamente desde la perspectiva de la habilidad política, y menos aún, de la técnica legislativa. La actuación del sabio concita la idea de ataraxia, esa disposición de ánimo propuesta por varias escuelas de la filosofía griega gracias a la cual, mediante la disminución de la intensidad de nuestras pasiones y deseos, alcanzamos el equilibrio emocional y la fortaleza del alma frente a la adversidad.

En su libro “Oriente y Occidente” Luis Racionero aborda la ataraxia desde una perspectiva más amplia. Parte del humanismo como la más hermosa contribución de Occidente a la cultura mundial: los hombres vivían en una relación de dependencia ante los estados totalitarios y los imperios hasta que, en Grecia, el hombre se reveló por primera vez contra esta situación. Dicha rebelión se convierte en mito a través de Prometeo, el titán que robó el fuego a los dioses para regalarlo a los hombres.  Según dicho autor:

 “De todas las maravillas que lograron los griegos, entre todas las visiones que concibieron, la más trascendente fue el humanismo: la rebelión prometeica contra la autoridad y las fuerzas ciegas (…)

Pese a los innumerables libros escritos sobre ella, la cultura griega resulta difícil de comprender; hay un elemento no racional, un estado de ánimo, un ángel indefinible en la vida griega que no se puede explicar, pese a ser lo que más la caracteriza. Una maravillosa obra de arte como la vida griega no se consigue con leyes ni tratados filosóficos, tiene que venir de un estado de ánimo que sólo puede dar una experiencia interior. (…); instantáneamente viene a la cabeza la palabra <<ataraxia>> (…) ¿Qué se oculta tras la ataraxia que hizo a los griegos, entre todos los pueblos, soñar más bellamente el sueño de la vida? Ningún libro lo ha explicado todavía, y no podrá hacerlo porque lo escrito en el frontispicio de Delfos y en la sonrisa hermética, sólo se explicaba dentro del tempo; y los templos han desaparecido, los misterios se han perdido. Las experiencias de los misterios que vivieron Platón, Píndaro, Esquilo, Praxíteles y todos los creadores de la ataraxia griega no existen ya. (…)

La ataraxia es un estado de ánimo, y por lo mismo, difícil de comunicar con palabras.(…) Era una transmisión no verbal, de mente a mente, cuerpo a cuerpo, como la sonrisa de Praxíteles. Cuando Constantino clausuró los misterios, la vida de Grecia perdió su fuerza interior, aquel poder formativo del espíritu que, según Plotino, engendra la belleza en las formas materiales.”

Resulta significativo que Racionero se refiera al reinado de Constantino como el hito que marcó la disolución de ese poder espiritual que llamamos ataraxia. Constantino fue el primer emperador romano que se convirtió al cristianismo y éste, al menos en la versión que ha llegado hasta nosotros, y que el propio Constantino se dedicó tenazmente a depurar, es una religión muy centrada en el peso del pecado, en el peso de la deuda del ser humano. Nunca he sido capaz de entender el tema de la redención, porque que a pesar de que, supuestamente, aquélla tuvo lugar por la pasión y muerte de Jesucritos, el rito se empeña en hacernos repetir machaconamente que “he pecado mucho, de pensamiento, palabra, obra y omisión”. Es decir, no hay nada que pueda uno hacer para librarse del pecado, no hay nada que pueda hacer para librarse de su deuda. Bajo un peso tan asfixiante, no tiene nada de particular que la fuerza espiritual, la ataraxia, se desvaneciera, o al menos entrara en hibernación esperando mejores tiempos.

De Solón a Constantino parece que la paz espiritual de Grecia se mueve al compás del peso de las deudas asumidas. Hoy en día no se trata sólo de la paz espiritual y no se trata sólo de Grecia; probablemente la supervivencia de la civilización dependa de nuestra capacidad de decidir qué deudas estemos dispuestos a asumir y cuáles no.

Escritas en 1993, estas palabras de Luis Racionero podrían ser de antes de ayer:

“Por uno de los desconcertantes avatares de la historia, esta creación sublime de la cultura griega, el humanismo, ha degenerado en el vulgar y agresivo individualismo de la época actual. Pese al intento italiano por reinterpretar el ideal griego en el hombre universal del Renacimiento, al intento español por reinterpretarlo en el individualismo quijotesco, o el intento inglés de reinterpretarlo en el individualismo romántico, la burguesía mercantil e industrial banalizó estas alternativas y acabó imponiendo el individualismo del negociante: el empresario competitivo, agresivo y utilitarista. El individualismo de la cultura europea actual es una mutilación del ideal griego; es el retrato de Dorian Grey del hombre dórico, marchitado por veinte siglos de comercio y usura. (…)

El individualismo es una opción noble y heroica si es movido por un sincero altruismo interior, ¿quién no se emociona ante las incomprendidas rarezas de don Quijote?; pero cuando es movido, como hoy día, por el ideal utilitarista de lucro, poder y egoísmo, el individualismo es repugnante. Éste es el dilema que confronta hoy a Occidente: su mejor invención ha traído consigo un ideal humano despreciable, totalmente opuesto a lo que el individualismo griego se proponía en su origen. El individualismo sólo es beneficioso cuando nace de una serenidad interior como la griega, cuando el hombre, al obrar individualmente, está escuchando dentro de sí las innumerables resonancias entre todas las cosas y con los demás hombres.”

Repito que, en mi opinión, la supervivencia de lo que entendemos como civilización está en juego. Ya no creo que sea exagerado decir que, con los intereses económicos como justificación de cualquier barbaridad, al amparo de una sedicente libertad de empresa, nos hallamos en una encrucijada similar a la que supuso el advenimiento del nazismo. Y en esta encrucijada yo espero que el próximo domingo el pueblo griego elija, no desde el miedo, sino desde la serenidad que da la fuerza interior. Entonces, a lo mejor les toca empezar a pasar miedo a otros y a ver de nuevo la luz a muchos más.  

 

Créditos:

Luis Racionero, Oriente y Occidente, Edit. Anagrama

Foto: http://www.imagenesdeposito.com/nacionalidades/17159/caras+pintadas+con+la+bandera+griega.html


Una frase:

"El tiempo es lo que impide que todo suceda de golpe."

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