Posts Tagged 'Brecha social'

ESE OTRO “NACIONALISMO” QUE NOS SEPARA

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Empezaron por prohibir a los judíos compartir los mismos espacios que los arios, así que, pasado un tiempo, un judío y un ario ya no podían ser amigos, porque no tenían nada en común. Finalmente, como se habían convertido en desconocidos, cuando empezaron a llevarse a los judíos a los campos de concentración muchos arios pensaron que algo malo habrían hecho”.

Este es el resumen dramatizado que me hicieron hace algún tiempo del proceso que culminó en el genocidio de los judíos en la Alemania nazi. El tema surgió al hilo de una conversación sobre el nacionalismo en Cataluña, porque en el nacionalismo muchos ven el mismo sustrato del totalitarismo: la negación de un espacio común, más allá de las diferencias entre los individuos, y es cierto que, en los casos más extremos, el “otro” puede llegar a ser tan ajeno que incluso se pierda de vista su condición humana.

Sin embargo, creo que la situación de Cataluña sólo es un síntoma más que expresa, y a veces por su impacto eclipsa, un proceso más profundo y generalizado que consiste en el progresivo estrangulamiento de ese espacio común ciudadano y que pone de manifiesto el agotamiento de nuestro actual modelo político, social y económico. Estoy convencido de que el “fundamentalismo nacionalista” es sólo uno de tantos agresores de dicho espacio colectivo – https://escritodesdelastripas.wordpress.com/2014/04/12/la-secesion-como-sintoma-de-todos/ -.

La tasa AROPE (“At Risk Of Poverty or social Exclusión”) es uno de los indicadores de la estrategia Europa 2020 de la Unión Europea. Combina tres conceptos: el riesgo de pobreza, la carencia material y la baja intensidad en el empleo. Se define como aquella población que está al menos en alguna de estas tres situaciones. En España la mide el Instituto Nacional de Estadística – http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INESeccion_C&cid=1259941637944&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayout . De su última actualización se desprende que dicha tasa se situó en España en un 29,2% en 2014, con un repunte del 1,9% (790.801 personas con cara y ojos) respecto de 2013 – http://www.20minutos.es/noticia/2579829/0/arope/maximos-pobreza-espanoles/2014/ -. Paralelamente, la brecha entre las retribuciones de los directivos y administradores de las empresas del Ibex 35 y las del común de los trabajadores ha aumentado en el mismo período – http://cincodias.com/cincodias/2015/08/23/empresas/1440353141_811224.html -.

Creo que merece la pena dedicar unos minutos a la ponencia que hizo Michel Sandel para Ted Talks en relación con este fenómeno (en inglés con subtítulos en castellano):

Sus palabras reflejan respecto de la desigualdad social la misma preocupación que a muchos inspira el nacionalismo: de proseguir la tendencia actual, la sociedad únicamente estará dividida en dos clases de personas que no irán a curarse a los mismos sitios, ni a aprender a los mismos centros, que no pisarán las mismas zonas de las ciudades ni respirarán el mismo aire; no tendrán nada en común. Pero la democracia, reflexiona Sandel, requiere la disponibilidad de un cierto espacio común a todos y las desigualdades económicas, más allá de un cierto límite, levantan una barrera que impide cualquier clase de encuentro entre las personas.

Es cierto que las leyes raciales de Hitler comenzaron su siniestro rodaje prohibiendo a los judíos pasear por los mismos parques que los arios; la supresión del espacio físico va de la mano con la del espacio político y ambas pueden acabar en la de la propia persona. Volviendo al caso de la desigualdad económica, en un mundo dividido entre ricos y pobres, ¿quién duda de que muchos ricos pensarían que todos esos extraños “algo habrán hecho” para merecer su pobreza? Por desgracia ya no es infrecuente escuchar voces que apuntan en esa dirección; ya hay quien defiende la aplicación de impuestos regresivos para incentivar un mayor esfuerzo en el trabajo con el fin de tributar menos, como si el trabajo colgara de los árboles y como si ser pagado con cicatería fuera una elección del desfavorecido.

La existencia de un espacio – físico, político y social – común como lugar de encuentro de los ciudadanos es un elemento fundamental de la democracia, pero a la vez aquél sólo puede ser el fruto de ésta. Por eso, si en España queremos darnos una mínima oportunidad – que no certeza – de convivencia no basta con tratar de suprimir el secesionismo o cualquier otro síntoma de agotamiento de nuestro actual marco de convivencia legislando “contra el enemigo” – https://escritodesdelastripas.wordpress.com/2015/02/06/prontuario-para-deteccion-de-iniquidades-y-atropellos/ – , sino que es necesario emprender el camino de la renovación de éste mediante la regeneración democrática.

Tomo prestadas las palabras del Profesor de Derecho Constitucional Miguel Ángel Presno Linera, “invitado” ocasional de este blog – https://presnolinera.wordpress.com/2015/09/23/normas-y-formas-para-la-regeneracion-democratica/ -:

En mi opinión, la regeneración democrática significa mucho más que luchar contra la corrupción; exige también limitar las “inmunidades del poder” y propiciar que el pueblo gobernado sea, en la mayor medida posible, pueblo gobernante. Para ello haría falta, entre otras cosas, garantizar la transparencia institucional, promover lacontrademocracia y asegurar una representación realmente representativa.

En lo que a la transprencia se refiere, la Ley vigente (19/2013) deja mucho que desear: el acceso no es parte del derecho fundamental a recibir información, prevé múltiples y muy genéricos motivos de denegación, configura un silencio negativo, no exige lo necesario a los obligados, como, por ejemplo, el conocimiento de sus agendas (reunión Fernández Díaz/Rato),… Además, se mantiene la opacidad en otras normas, como la de financiación de partidos, los reglamentos parlamentarios (prevén sesiones y votaciones secretas) o la Ley de secretos oficiales (podrán ser declaradas «materias clasificadas» los asuntos, actos, documentos, informaciones, datos y objetos cuyo conocimiento por personas no autorizadas pueda dañar o poner en riesgo la seguridad y defensa del Estado)… Por si fuera poco, el sistema vigente obstaculiza el debate público y el control parlamentario: se abusa delDecreto-Ley, en el Congreso de los Diputados la mayoría debe admitir la creación de las comisiones de investigación y las comparecencias de miembros del Gobierno,…

Por lo que respecta a la contrademocracia ciudadana o contrapoder articulado a partir de los movimientos sociales, que sirva para mantener las exigencias de servicio al interés general por parte de las instituciones, hay que recordar las carencias en materia de iniciativa legislativa popular, referendos, propuesta de reforma constitucional,…

No conozco otra forma duradera de estar juntos que no sea el “yo gano, tú ganas” (aunque cada uno ganemos menos de lo que nos gustaría). Pretender auparse permanentemente sobre las cabezas de los demás es como vivir sentado sobre bayonetas.

 

Fuentes: http://matemolivares.blogia.com/2014/052702-arope-indicador-de-riesgo-de-pobreza-o-exclusion-social-en-aumento-en-espana..php

Foto: Taringa.com

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LA SECESIÓN COMO SÍNTOMA DE TODOS

Freud

España siempre ha sido un país de contrastes. Desgraciadamente, hace ya tiempo que el paisaje que dibujan tales contrastes me trae la imagen de esas explotaciones mineras salvajes que dejan todo devastado y lleno de residuos tóxicos a su alrededor.

Hace no mucho la OCDE emitió un informe que ponía de manifiesto que España es el país miembro donde más han aumentado las desigualdades sociales: entre los años 2007 y 2010 el 10% de la población española más pobre perdió prácticamente un tercio de sus ingresos, mientras que los del 10% más rico bajaron tan sólo un 1%. Ese informe no contabiliza los efectos de la crisis de la deuda, ni de los recortes en el gasto social, más intensos a partir de 2011, ni el incremento de impuestos indirectos o la disminución de los salarios que han tenido lugar después.

El informe de Unicef titulado “La infancia en España 2012 – 2013” destaca que la cifra de menores de edad que viven en hogares que se desenvuelven por debajo del umbral de pobreza se aproximaba a los 2.200.000 el año pasado, tras haber crecido alrededor de un 10% el pasado año. Eso sitúa a nuestro país en el peor lugar de la Europa de los 15 en cuanto a ese lamentable indicador.

Las anteriores cifras no son más que la expresión descarnada de una creciente fractura social que se refleja casi en tantas facetas como los ojos de una mosca:

–        Unos impuestos indirectos que suponen una carga que va de “significativa” a “intolerable” para las rentas más bajas, mientras que son “el chocolate del loro” para las más altas. La última vuelta de tuerca en este aparente propósito de separarnos a unos de otros ha sido la reducción del IVA sobre productos de lujo al 4%.

–        Los (afortunados) que cobran en nómina y no tienen escapatoria ante los impuestos frente a los (afortunados) que trabajan por cuenta propia y son más difícilmente controlables para un sistema tributario que es de los que más asfixia a algunos y menos recauda para todos.

–        Los que aún tienen un trabajo que cumple su función – permitir una vida digna – frente a los que tienen uno o varios que no la cumplen o a los que, simplemente, no tienen ninguno.

–        Aquellos desempleados que aún reciben prestaciones y aquellos otros, cada vez más, que, carentes de ellas, van deslizándose hacia las fronteras de la protección del sistema.

–        Las rentas del trabajo, cada vez más depauperadas, frente a las del gran capital, que brillan lozanas, en muchos casos bajo cielos extranjeros.

–        Colectivos sucesivamente presentados como enemigos públicos desde el poder: funcionarios, profesionales de la sanidad pública, profesores de la educación pública. Ya se sabe: “divide y vencerás”.

–        Diputados y senadores que ya se han ganado el derecho a su pensión tras haber cotizado durante un período ridículo, por una parte, y el común de los mortales, que no sabemos qué va a pasar con nosotros, por otra.

–        Partidos mayoritarios que barren de un eructo cualquier posible alternativa antes de que ésta pueda cruzar las puertas de las Cortes y partidos minoritarios luchando por escalar el Annapurna de una ley electoral pensada para dejar fuera del Parlamento a cuantos más mejor.

–        Un sistema financiero que, tras enriquecerse con una orgía de préstamos vuelve a hacer su agosto a costa de todos los que estamos pagando los platos rotos de su bacanal.

–        Una maquinaria del estado que se tira en plancha a defender a los imputados “de pata negra”, aunque ha mostrado bastante más desapego cuando se trataba de aplicar las mismas garantías a personas corrientes.

 

Este panorama, que nos remite a aquella irónica afirmación de Anatole France: “La Ley, en su magnífica ecuanimidad, prohíbe, tanto al rico como al pobre, dormir bajo los puentes, mendigar por las calles y robar pan”, es el de una sociedad “centrífuga” que va apiñando en el centro a determinados elementos y va desplazando hacia fuera al resto.

Está de plena actualidad la posible secesión de Cataluña, mirada generalmente con cierta inquietud en cuanto constituiría un fenómeno de desintegración nacional de escala “macroscópica”, pero quizás nos cuesta algo más reparar en que el propio tejido social está inmerso en un proceso de desintegración que afecta a cada punto de su urdimbre.

A finales del s. XIX Freud postuló que las emociones reprimidas, incapaces de ser expresadas de forma directa, daban lugar a síntomas neuróticos.

En el caso de la entonces llamada “histeria”, afirmó que la emoción se transformaba en un síntoma físico que, a menudo, expresaba los síntomas del paciente de forma simbólica. Así, una opresión en la garganta podía expresar incapacidad para “tragarse” un insulto, o un dolor en la zona del corazón representar que el paciente tenía el corazón “roto” de forma metafórica.

Si existe una conciencia colectiva – y supongo que algún sustento debe de tener cualquier expresión de nacionalismo – y, como correlato, un inconsciente colectivo, me pregunto si, al margen de otros factores, la apuesta secesionista de determinados segmentos políticos y sociales de Cataluña y su correspondiente eco en el resto de España, no podrían ser en este momento la expresión colectiva, a la manera de los síntomas neuróticos analizados por Freud, de una situación de desintegración colectiva mucho más generalizada, difusa, inquietante y no del todo reconocida y aceptada que la que se refiere sólo a las relaciones entre Cataluña y el resto de España. Esa desintegración de fondo no se referiría al concepto de nación como tal, pero afectaría directamente al sustrato social que está en la base de aquél; estaríamos hablando de la extensión progresiva, como las grietas de un impacto en un cristal, de la brecha social antes mencionada.

No quiero terminar sin dejar claro que no estoy tildando de neuróticos a quienes apoyan la independencia de Cataluña – una postura, para mí, plenamente respetable -, sólo pretendo proponer una perspectiva diferente sobre una situación que tal vez está diciendo algo de todos nosotros y no sólo de los independentistas.

 


Una frase:

"El tiempo es lo que impide que todo suceda de golpe."

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